martes, 30 de agosto de 2016

TODOS SOMOS JUAN GABRIEL


Soy miembro de una generación, de hombres y mujeres, que nacimos y crecimos con la música de Juan Gabriel, ahora conocido por todos, como “El Divo de Juárez”.  ¿Qué podría decir, si ya todo está dicho, o casi, está todo dicho?.  Decir por ejemplo, que Alberto Aguilera Valadez, nació en Paracuaro Michoacán y creció en Ciudad Juárez, Chihuahua; que vivió en un orfanato hasta que se escapó de él, cuando tenía 14 años de edad; o decir, que cuando llegó a la Ciudad de México, dormía en los parques públicos y que inclusive, fue huésped, de la Penitenciaria Lecumberri.

Juan Gabriel es un ejemplo de esos mexicanos, valiosos que lucha contra la adversidad; por eso es grande; porque su grandeza le permitió sobrevivir en un país autoritario, que hizo posible, superar los monopolios empresariales, los prejuicios sexuales y hasta los conservadurismos musicales, culturales e intelectuales.

No quisiera hablar de estos detalles, quisiera mejor platicarles, de cómo fue mi vida con Juan Gabriel. Un pasaje “oculto”, que el régimen autoritario que nos gobernó (y que pareciera nos sigue gobernando), tuvó por oculto, por más de 30 años.  

Mi Señor Padre, siempre fue un fanático de la compra de libros, de tal forma, que en mi infancia, en el departamentito en el que vivíamos, ubicado éste en la Colonia Guerrero, nunca tuvimos sala, sino teníamos biblioteca.

En uno de esos libreros, recuerdo bien, un libro de pasta guinda, intitulado, “Juan Gabriel y Yo”, escrito por Joaquín Muñoz; se trataba de una biografía no autorizada, sobre la vida oculta de Alberto Aguilera Váladez, escrito con cariño por cierto, en las letras de un hombre, que confesaba, además de ser el “apoderado legal” de Juan Gabriel, ser su “amigo” y haber tenido el encargo, del propio Juan Gabriel, de escribir su biografía.



Lo más curioso del libro, era que en el mismo, se denunciaba el homosexualismo de Juan Gabriel, a quien se le comprobaba “dicha conducta”, con varias fotografías a color, donde se mostraba Juan Gabriel, besando a hombres y teniendo como parejas sentimentales, inclusive, a varios miembros de la comunidad artística. Recuerdo ahí, el cantante Oscar Athie, en ese momento, novio de Ericka Buenfil y otros aseguran, que se encontraba también, el esposo de Rocio Durcal.

Era apenas un niño de 10 años de edad; estos hechos ocurrieron antes de los sismos de 1985; así que mi padre, o quizás mi abuela Zenaida, ejerciendo voto de censura en la vida familiar, nos quitó el libro, lo escondió, se perdió, se olvidó con el paso del tiempo. Fue para mí terrible ese acto de censura en mi vida familiar; era una joya al morbo ese libro, el cual, no alcance a leer, quizás por el miedo, a que me descubrieran leyéndolo.

Inclusive, fue testigo de varias conversaciones, ahora sé “mojigatas”, donde mi abuela Lucrecia, proveniente de Poza Rica, decía, “¡Pobrecito, ya dejen a ese hombre en paz¡” y una de mis tías decir, en tono de enojo y asombro: “¡Mamá, ese hombre, incurrió en pecado¡”. Era un ser anti bíblico, que ofendía a Dios y que por ese hecho, no debía ser bendecido, aunque su música rítmica y celestial dijera otra cosa.

Entonces, Radio Variedades y Radio Felicidad, estaciones ubicadas en la vieja “AM”, transmitían, “La hora de Juan Gabriel”, donde se repetía interminablemente, su exitosa melodía, en el primer lugar de las listas de preferencias musicales, la canción de Querida. Y como siempre, en el aburridísimo programa semanal dominical, llamado “Siempre Domingo”, que literalmente, era “Siempre lo mismo”, su conductor estrella, Raúl Velasco, nunca hizo mención del libro; tampoco lo hizo, Paty Chapoy, con su programa diario, “El mundo del Espectáculo”, que salía de lunes a viernes, a las 5 de la tarde”; tampoco, el programa, de Video Éxitos, conducido por Gloria Calzada; nadie, absolutamente nadie, hizo referencia a ese libro censurado y prohibido; ni los periódicos, la Prensa, el Universal, que era los que llegaban a mi casa, se hacía referencia a ese texto. Únicamente el Semanario Alarma, el cual, daba seguimiento al caso, pero ya desde una perspectiva, de acusar al autor de la obra, Joaquín Muñoz, a quien bautizaban sensacionalmente “la Joaquina”, de haber mentido y falsificado las fotos, en aras, de chantajear a Juan Gabriel, con cantidades millonarias.

Así pues, el gobierno y su televisora monopólica, Televisa, decretaron que no había pasado nada; que Juan Gabriel, no era lo que parecía, que era “tan hombre” como José Alfredo Jiménez, o como el mismísimo Jorge Negrete; que estaba prohibido, hacer cualquier referencia a sus preferencias sexuales. ¡había que olvidar y censurar, ese escándalo¡.

Sin embargo, siempre fue un curioso de los puestos de periódicos; me gustaba leer todo lo que encontraba en la mano, así que fui un lector de Kalimán y de una serie de historietas, que ya habrá momento de hablar de ellas; sin embargo, en esas búsquedas en los puestos de periódicos, leía las portadas del Semanario Alarma, el cual, podía leerlo íntegramente con el peluquero que me cortaba el pelo; fue ahí, donde la revista amarillista de México, especializada en “Nota Roja”, daba cuenta del escándalo de Juan Gabriel. Es decir, su homosexualismo descubierto y las demandas civiles y penales, que el “divo” había interpuesto, contra su “ex amigo” y autor del libro, al grado que, lo recuerdo muy bien, el libro salió de la circulación y su autor, recibió, reclamaciones millonarias, que terminaron, refundiéndolo en la cárcel, por haber querido extorsionar y “acusar falsamente”, al “Divo de Juárez”.

Recuerdo también, que después la Revista Alarma, dió a conocer, otro “escándalo”, donde se hablaba de la demanda de reconocimiento de paternidad en contra de Juan Gabriel; dicha nota, obvio, era quizás, para tratar de “cubrir” su homosexualidad, pretendiendo crear el escenario de ser un “hombre irresponsable”; tiempo después, la Revista Alarma, cambió de tema, con motivo de los sismos del 85, luego, poco a poco, de manera gradual, fue desapareciendo la revista de los puestos de periódicos; mientras que el libro, que mi abuela Zenaida, celosamente recogió y escondió, nunca jamás apareció.

Es un misterio familiar, saber, donde carajos quedo ese libro.

Los años pasaron, los discos de Juan Gabriel continuaron, nunca se tomó el tema de ese escándalo, ni aun en los programas de Verónica Castro, ”Mala Noche, No”, transmitido por el Canal 2, cuando su invitado especial, era el mismisimo Juan Gabriel y cuyo programa, duró tanto, que empezó a las 11 de la noche, de un día entre semana y que terminó, a eso de las 6 de la mañana del día siguiente; para dar pie, al noticiero matutino Hoy Mismo, conducido por Guillermo Ochoa. Nunca antes había ocurrido eso en a historia de la televisión.




¡Entonces era un estudiante de Secundaria y me valía un comino la música comercial¡. Odiaba a Raúl Velasco y todo aquello que tenía sello o marca comercial de Televisa.  De veras, no se imaginan lo terrible que era vivir, en una sociedad, donde solo existe una sola televisora y lo que es peor, tener conciencia de ello.

Cuando fui estudiante del CCH, mi entonces novia, era una coralitas de la UNAM, que presumía cantar en las salas de conciertos más importantes del país, como lo era la Sala Nezahualcoyotl o inclusive, el Palacio de Bellas Artes; al grado tal, que recuerdo, que se había escandalizado, de cómo un sujeto como Juan Gabriel, hubiera cantado en el Palacio de Bellas Artes; manchando con ello, el recinto artístico mas importante del país; entonces, yo de manera irónica y burlona le decía, que simplemente había cantado, en “el otro Blanquita”, refiriéndome obviamente, la comparación del palacio de bellas artes, con el viejo “Teatro Blanquita”, que hasta ese momento, era ya la última carpa que sobrevivía de la Colonia Guerrero.

Lo que más me sorprendió, es que mi Papa, hombre que siempre veía como un hombre recio, bueno para los golpes y que “nunca se rajaba”, había comprado todos los discos de Juan Gabriel, al grado tal, que lo escuchaba una y otra vez, quedándose maravillado de sus canciones, los cuales decían, “tenía ritmo” y cuyas composiciones, decía, que eran “bien chingonas”. Nunca dude de la masculinidad de mi padre, en aquella sociedad machista y con un padre, educado de esa forma, mas bien, tenía que aceptar que la música de Juan Gabriel “tenía algo raro”. 

Pues si tenía que reconocer, que esa estrella de televisión, no era de Televisa, sino era una estrella del país entero. Recuerdo bien, en aquel 1994 o 1995, cuando surgió la llamada “guerra de las televisoras”, entre Televisa  y TV Azteca, donde muchas de las estrellas de Televisa, se habían ido a cantar a programas de TV Azteca o que habían ido a cantar a Telemundo, pero cuyos conciertos, eran transmitidos por TV Azteca.

Entonces, recuerdo ver, muchas estrellitas de televisión, como Daniela Romo, Yuri y otros más, hablar de su lealtad a Televisa, pidiendo perdón a la televisora, por dicha afrenta; sin embargo, Juan Gabriel, no lo hizo. El siguió cantando a donde se le pegaba la gana, a tal grado, que Televisa, nunca pudo ejercer sobre Juan Gabriel, su clausula de exclusividad, sino que fue al revés. Fue Juan Gabriel, quien vetó a Televisa.



Entonces, el “Divo de Juárez”, me cayó bien. Había mandado a la chingada, a la importante televisora del país y eso me hacía ver a Juan Gabriel, como una estrella de televisión, cuyo país le quedaba chico. Era un hombre excepcional y universal. Después, Televisa cedió ante la grandeza de Juan Gabriel, termino musicalizando el trema de algunas de sus telenovelas, mientras que Juan Gabriel, se volvió un personaje, propiedad de su público y no, de una simple televisora.

Aquel año 2000, nuevamente Juan Gabriel volvió a ser sujeto de escándalo. Un promocional a favor del candidato priísta, Francisco Labastida y una melodía pegajosa, que decía: “¡Ni Temoc, ni Chente¡, ¡Francisco será Presidente¡. ¡Ni PRD ni PAN, ni PRD ni PAN; el PRI es el que va a ganar¡”. Dicho spot político, despertó una serie de críticas en contra de Juan Gabriel; empezando por Vicente Fox, el candidato presidencial del PAN, que hacía mofa de la canción.

Así que, ni aun la popularidad de Juan Gabriel, hizo posible que el PRI ganara la presidencia del año 2000. El pueblo de México, no es tan tonto como parece, creo que es peor, pero en ese momento, no le dió su voto al PRI de Juan Gabriel.

Al año siguiente, se supo que Juan Gabriel había sido encarcelado por sus deudas al fisco, entonces, el gobierno era del PAN y se hablaba, de un escándalo más de Juan Gabriel; cuentan que el PRI había negociado con la estrella, para que elaborara un promocional a su partido, con la promesa, de que se le perdonarían sus deudas fiscales, lo cierto es, que el PRI perdió la presidencia y Juan Gabriel, tuvo que pagar, hasta su último peso. 

Por cierto, nunca escuche una canción, un comentario o una letra, despotrificando contra hacienda, el gobierno, el Presidente o alguna autoridad, ningún comentario de odio o de reproche. Juan Gabriel, como siempre, permaneció callado.




En fin, muchas anécdotas que contar.  Llegaron los tiempos de cambio, se empezó hablar de la discriminación, de los derechos de los comunidades LGBTTT, de la competencia en los medios de comunicación, de la llegada del internet, de otros cambios tecnológicos que revolucionaron el mundo.  El mas notable de ellos, el canal Youtube de Juan Gabriel, donde sus ùltimas canciones, logran tener, de 40 a 52 millones de vistas. Una cantidad insuperable.

Después el polémico Juan Gabriel, mandó hacer su serie de televisión, cuyos derechos los compró la empresa Disney y cuya transmisión, lo es por TNT, Telemundo y TV Azteca. Lo mando hacer, porque como buen todo hombre que sabe que se acerca su fin, quiso contarle al mundo entero su historia. Unos lo hacen escribiendo sus memorias, mi padre fue uno de ellos, otros más, como en el caso de Juan Gabriel, lo hizo mandando hacer una serie de televisión, que ni Karla Estrada, ni el corporativo Televisa, pudo equiparar y hacer.

En fin, que podría esperar de Juan Gabriel.

Una “juangabrielamanía”, la revelación de melodías inéditas, de discos postmortem, de secretso relevados.

Espero ansiosamente, que ese libro que leí de niño, “Juan Gabriel y Yo”, reaparezca a la venta y no tanto para satisfacer mi morbo, sino como una manera de comprobar una hipótesis, que en estas líneas traduzco.

Juan Gabriel nunca fue un activista de los derechos de las comunidades LGBTTT, sin embargo, creo que tampoco quiso hacerlo, prefería que se le reconociera mas como músico compositor, que como miembro de una comunidad en constante lucha política, exigente de sus derechos.

Sin embargo, cuando pienso en ese misterioso libro, que lamentablemente, nunca apareció, libro donde se revelaba el homosexualismo de Juan Gabriel, tengo la sospecha, de que él hizo publicar ese libro, como queriendo “salir del closet” y en ejercicio de una rebeldía, que la televisión monopolica, lo tenía atado.

Y dado el escándalo que dicho libro generó, la reacción de la sociedad, machista y conservadora, trato de “ocultar” lo evidente.

No dudaría que los hombres cercanos a Juan Gabriel, empresarios de las televisoras y disqueras, censuraron la noticia y simularon, un chantaje, un pleito entre un perverso apoderado, Joaquín Muñoz, que había intentado extorsionar a Juan Gabriel, con mentiras, aprovechándose de su carrera artística. Tampoco dudaría, que el círculo más cercano a Juan Gabriel, su amiga, madre de su hijos y los amigos del ambiente que lo rodeaban, lo aconsejaron, continuar con ese silencio, apostando al olvido.

Sin embargo, estoy seguro, que ese libro reaparecerá y que la verdad, tarde o temprano, siempre brota.

Lo que diga ese libro, en nada afecta la imagen del gran divo.

Nadie puede escatimar que Juan Gabriel rompió los paradigmas de la masculinidad ranchera; en un país de machos, de “Negretes”, “Infantes” y hasta de “chentes Fernández”, un hombre “amanerado”,  “joto”, “marica”, “puto”, como les llaman despectivamente, logró vencer los muros de los prejuicios ideológicos, sociales, culturales, religiosos y hasta musicales. 

La gran aportación de Juan Gabriel, no solamente es su música y su concepción artística de lograr conjuntar el mariachi con la orquesta sinfónica; de “actualizar” la cultura artística mexicana, generada en la era de la posrevolución, a la época actual global; de haber vencido el poderoso monopolio de Televisa, que establecía sus patrones ideológicos, para controlar las masas, en beneficio del viejo sistema priísta que quería controlar todo, las fronteras, los pesos y hasta las ideas de sus gobernados.

Juan Gabriel es grande, porque nos hace sentir más que mexicanos, nos hace sentir humanos, con la capacidad de llorar, de reír y lo que es mejor, de bailar.

Juan Gabriel no necesito defender sus derechos, pues aun habiendo sido víctima del autoritarismo mexicano, concretamente, de la corrupción del sistema de procuración e impartición de justicia, que lo llevo encarcelarlo injustamente, uno acusado de robo y otro más, acusado de no pagar impuestos; o de haber sido víctima de  los monopolios empresariales, que tenían el control de la distribución, difusión y comercialización de la música; o de la cultura machista, homofóbica, que denigra, discrimina, golpea y hasta asesina a seres humanos de preferencias sexuales distintas a las heterosexuales; Juan Gabriel aun y con todo eso, logra superar el poder político, el poder económico, el poder religioso y hasta el poder familiar. (Abuelitas que escondían libros prohibidos).

Juan Gabriel nos hace todos, decir con orgullo, que tenemos algo de él y que él, se llevó algo de nosotros.

Por eso decimos con mucho orgullo:

¡Todos somos Juan Gabriel¡.




domingo, 28 de agosto de 2016

LOS OTROS SANTA ANNA´S



Es momento de ir "aclarando" cosas,  de ir descubriendo aquella parte de la historia, que el monopolio priísta, con tanto éxito, logró construir en el siglo XX, a base de tantas mentiras, que hoy en día, seguimos creyendo como "grandes verdades" y que también hoy en día, nos siguen mintiendo. Cosa curiosa que para atacar al PRI, seguimos creyendo en sus mentiras. 

La verdad de las cosas, es que nos han engañado durante siglos, la perdida de más del territorio nacional, no se debió a "un" sólo hombre, ni tampoco, este sólo hombre "vendió" el territorio nacional, como algunos mal informados dicen.  Esa es una mentira, que se inventó en las oficinas de la Secretaria de Educación Publica, para complacer, al gobierno de los Estados Unidos de América, en aras, de responsabilizar a un sólo hombre, sobre el maldito destino de nuestra patria. porque era más fácil y mas cristiano, aceptar la traición, que la rapiña.

Es hora, de que vayamos sabiendo la verdad, de lo que fuimos capaces los mexicanos de hacer, en el peor momento de nuestra historia.


Eso es lo que trato de describir en la primera parte del Tesoro de Santa Anna.

En 1844, el Congreso, es decir los diputados de aquel entonces, autorizaron al gobierno de Antonio López de Santa Anna, la cantidad de 4 millones de pesos, para financiar un ejercito de expedición, que acudiría a Texas, a continuar, la "segunda parte", de la frustada campaña militar de 1836.  

La situación política de aquel entonces, era la misma de hoy o quizás peor, Texas se autoproclamaba un país independiente y su respectivo Congreso, elegiría, si anexarse o no, a los Estados Unidos de América.

Por ello, el gobierno mexicano se dividió en dos posturas, una de ellas, consistía en buscar la negociación política, para que el territorio texano, fuera reconocido como un país independiente y con ello, recibir una indemnización que podía ascender entre los 8 a los 25 millones de pesos, me refiero a los pesos de aquel entonces; mientras que la otra postura, era iniciar una campaña militar del ejercito mexicano al suelo texano, para someter a los separatistas y con ello, defender militarmente el suelo mexicano. 

Lo cierto era, que del otro lado, los Estados Unidos de América, habían ejercido una presión diplomática, para que no solamente México reconociera la independencia de Texas, la cual según ellos, databa desde 1836; y por la otra parte, ejercían presión también a los texanos, para que estos se anexaran de una vez por todas y para siempre, a la federación de los Estados Unidos de América. 

Por lo tanto, en México, para tratar de disuadir a los Estados Unidos de America, sobre la provincia de Texas, fue que nuestro gobierno, el de aquel entonces, busco acercamientos con Gran Bretaña, con Francia, inclusive con España; las posturas políticas de aquel entonces, iban, desde pedir dinero prestado para financiar una futura guerra, hasta convertir a México, en una especie de país "protectorado" de dichas naciones y otras posturas más, consistían en no pedir apoyo, sino confiar en la Virgencita de Guadalupe quien iluminaría la capacidad de nuestros militares, para defender el territorio nacional. (Estoy hablando en serio).  Militares, que en teoría, además de ser muy patriotas, eran "buenos" para la guerra, pero la verdad de las cosas, es que solo eran buenos, para hacer "golpecitos" de Estado. 

¿Que fue lo que pasó entonces?

Antonio López de Santa Anna era Presidente de México y su simpatía, era por la opción de la guerra, no por la negociación política; no hay que perder de vista, que Santa Anna, en ese momento, no después, era partidario de la independencia mexicana. Fue por ello, que solicito el préstamo de 6 millones de pesos, aclaró nuevamente, de pesos de aquella época, pero "algo" misterioso ocurrió con ese dinero. "Se perdió", "alguien se le quedo", por no decir, "alguien o algunos se lo robaron". 

A consecuencia de ello, una asonada militar, ocurrida en el Estado de Jalisco, obligó  a Santa Anna "ausentarse" de la Presidencia, para ir a combatir los rebeldes.  Pero este hecho nunca ocurrió, el dinero nunca apareció y no solamente la estatua y la pierna de Santa Anna fueron derribados y exhumados por la "chusma" que protestaba, sino que un nuevo gobierno asumiría el control del país, al mismo tiempo, que Santa Anna, sería vencido, detenido, encarcelado y en consecuencia, sería también juzgado por las armas.

¿Pero que pasó entonces?. 

El gobierno de Joaquin Herrera trató de buscar la negociación política y convencer a los militares mexicanos, muchos de ellos, simpatizantes del general Mariano Paredes Arrillaga y otros del general preso, Antonio López de Santa Anna; trató de convencer ambos partidos, para no irse a la guerra, dada la debilidad de nuestros regimientos y la pobreza de nuestro erario.

Imaginen nada más, del lado estadounidenses, ya se contaba con buques de vapor y vías de ferrocarril para desplazar la tropa, además de que sus soldados, eran empleados; mientras que del lado mexicano, había que hacer una enorme caminata, con soldados descalzos y en el mejor de los casos, "huarachudos", de la Ciudad de México, hacía el norte, con soldados, no pagados, sino levantados de la "leva".  Sin buques de guerra que navegaran por la costa, ni vías de ferrocarril que les ahorrara el esfuerzo de caminar. 

José Joaquin Herrera trató, a toda costa, de buscar la negociación política, toco las puertas de los gobiernos de Francia, España, Inglaterra, pero ninguno de ellos, quiso apoyar al gobierno mexicano; no daba confianza nuestro país; y así fue; ni los mismos mexicanos, se tenían confianza, ni mucho menos a su Presidente, quien habiendo sido electo democráticamente en 1845, terminó siendo removido, por una asonada militar encabezada por el general Mariano Paredes Arrillaga. 

Llama la atención, que la actitud "conciliadora" del entonces Presidente José Joaquin Herrera, no haya sido correspondida o quizás, fue mal interpretada. Antonio López de Santa Anna quien se encontraba preso y con amplias posibilidades de ser fusilado, se le perdonó la vida, se le amnistió; y con el dinero y el poder que éste tenía, se exilió a Cuba, para desde la isla caribeña, planear su regreso.  ("Recuperar" nuevamente la Presidencia). 

El general Mariano Pares Arrillaga, quien en su carácter de militar debió de haber prestado obediencia al Presidente, no lo hizo. Los informes previos a la guerra, hablaban que a finales de 1845, daban cuenta, de los movimientos del ejercito americano, ya sobre el suelo y las costas de Texas, así como en las provincias de California y Nuevo México; de ahí, que José Joaquin Herrera, cociente de las posibilidades y limitaciones de nuestro ejercito, buscó siempre la negociación política, pero jamas pudo llegar a ese Acuerdo; por ello, no descartó la opción militar "defensista", y fue por eso, que ordenó que el ejercito mexicano, se trasladara al norte del país, a reforzar al general Mariano Arista encargado de las operaciones militares en defensa del suelo mexicano (texano). 

Sin embargo, el general Mariano Paredes Arrillaga, en vez de dirigirse al norte y apoyar con sus miles de elementos, a su connacional, Mariano Arista, decidió dirigirse a la Ciudad de México, a destituir, por la "vía revolucionaria", a Jose Joaquin Herrera, a quien consideraba, además un "traidor". (Su delito, era negociar, el no estallamiento de la guerra). 

Así que el "otro Santa Anna", no fue Antonio López de Santa Anna, sino Mariano Paredes Arrillaga. 

Mariano Paredes Arrillaga, tras dos intentonas fallidas de golpe de Estado, pensó mas en su capricho de querer ser Presidente de México y no, la de cumplir con su lealtad institucional, de ser, necesariamente, un defensor del suelo patrio. ¡Él es, con todas sus letras "OTRO SANTA ANNA"¡.

José Joaquin Herrera dudó también de su capacidad negociadora y conciliadora; no logro convencer a los que querían la guerra con los Estados Unidos y tampoco a los que querían que México, fuera una nación protegida por los europeos; ni unos, ni los otros. 

Los Estados Unidos por otra parte, recibieron con gusto la anexión de Texas y tratando éstos de buscar una negociación pacifica al problema, fue que mandaron a un embajador especial, de nombre John Slindell, quien vinó a negociar la "paz", es decir, no solamente buscaba la entrevista con el Presidente José Joaquin Herrera, para el reconocimiento de Texas, como provincia americana, sino también, buscaba la "compra" de los territorios de Nuevo México y la Alta California.

Notése que López de Santa Anna, no estaba en México, estaba en Cuba por esos días. 

Para bien o para mal, de unos o de otros, John Slindell, nunca fue recibido. Su visita a México, fue la excusa, para que los "salvadores" de la patria, en vez de reforzar militarmente el norte del país, como se requerían, defendiendo al suelo mexicano-texano, se dedicarón a denostar al Presidente de México, a quien acusaron de vil traidor.  

Por eso desde ese entonces, es un deporte popular, insultar al Presidente de México.

Los americanos, siempre buscaron la opción militar. Y los políticos de aquel entonces, denostaron la opción política de la negociación, acusando de "traidor a la patria", a quien se sentara hablar con los americanos. 

Por eso destituyeron a José Joaquin Herrera.

Si se hubiera optado por la negociación política, se hubieran recibido 25 millones de pesos y se hubieran salvado miles de vidas mexicanas y no, los 15 millones, que se recibieron una vez culminada, la frustrada guerra. Quizás, hasta se hubiera conservado, la soberanía mexicana, sobre los territorios de Nuevo México y Alta California. 

¡Pero no, pudo más nuestro orgullo nacional, que nuestra razón¡. 

Por otra parte, los que destituyeron al Presidente Herrera, eran partidarios, de que México, fuera una colonia más, de España, de Francia o de Inglaterra; es decir, en aras, de no caer en las "garras" de los americanos, prefirieron mil veces, sobajarse a los europeos.  Cómo después ocurrió en 1862, con la intervención francesa.

Y obvio, los nacionalistas de aquel entonces, no veían esa salida viable, tampoco la negociación. Pues ellos, eran partidarios de la guerra. 

¿Y adivinen, quien era el principal líder político que estaba a favor de la guerra? 

¿Ya saben quien?. 

¡Sorprendánse¡. 

¡Antonio López de Santa Anna¡. 

 ¿Y el dinero, que creen?

¡Nunca apareció¡. ¡Alguien se quedo con ese dinero¡.

Desde ese entonces, también hay "Casas Blancas". 

Y muchos "Santa Anna´s", que decidieron crear a su único "chivo expiatorio" de la desgracia nacional:  Antonio López de Santa Anna. 

Ya hablaremos en dos partes más, sobre quienes son los otros traidores a la patrias, cuyos nombres, la historia oficial priísta, que tanto enarbolan y defienden los "críticos" "progresistas", permanecen ocultos en el anonimato. 

Mientras tanto, para seguir descubriendo verdades ocultas, los invito a seguir leyendo ...

¡El Tesoro de Santa Anna¡. 





viernes, 5 de agosto de 2016

A MANERA DE PRESENTACIÓN; ¡EL TESORO DE SANTA ANNA¡



Escribir es una medicina que ayuda muchos a sobrevivir diariamente. Es la forma que tiene uno quizás de evadirse o de construir mejores realidades, en la que vive uno. Existe ficción, pero también realidad, se trata de vivir en un estado de las cosas, que aparentemente “no existe”, pero que sin embargo, ahí esta. 

Quien se vuelve escritor, se vuelve dueño de su mundo. Eso es mucho mejor, que inconformarse, molestarse o simplemente, amargarse.

Pero escribir y sobre todo, tratar de escribir una novela, uno debe de saltar todos los miedos y prejuicios que se tenga sobre esa actividad.  Quizás en lo personal, no tenga el talento para hacerlo, pero en esta vida, no importa el talento, sino la constancia; de nada sirve ser un maestro de las letras, sino se tiene la disciplina y la constancia para hacerlo. 

No es fácil escribir y reescribir periódicamente, más cuando uno, no es artista, ni estudio para hacerlo y se tiene una “vida oficial” donde uno realiza distintas actividades; cuando uno simplemente, no se dedica de tiempo completo a esta respetable profesión de escritor, cuando se destina al noble pasatiempo de escribir, únicamente el tiempo que le puede quedar uno libre.

Yo soy uno de esos escritores, que nunca pensó en dedicarse de lleno a esta actividad.  Pido disculpas a los que si son escritores. Pero bien saben Ustedes, que cuando uno escribe, lo hace para uno mismo, no para los demás. Que escribir, más que una enfermedad o adicción, es la medicina o sedante, que mata la ansiedad, la tristeza, el enojo, la desilusión, la falta de esperanza.



En los años 2004 al 2008, me encontraba trabajando en la Secretaria de Seguridad Pública del Distrito Federal y diariamente, recibía entre cuatro a diez promociones, (a veces hasta quince), requerimientos en el que se ordenaba cumplimentar juicios de amparo o preparar pruebas e informes, para los juicios laborales.  ¡Era una actividad desgastante¡, más por la oficina en la que me encontraba, ninguna ventana  la calle, nada de aire que recibiera, más que un aire acondicionado todo ruidoso y polvoriento, a veces hasta friolento; una oficina que si bien me daba privacidad, con los servicios de teléfono e internet, la mera verdad, había momentos en que me sentía atormentado de la “burocratitis”, esclavo de los requerimientos, represor de mis propios gustos y un auto censor de mis expresiones.



En ese tiempo, trate mucho con policías. Hombres y mujeres sencillos que laboraban o habían dejado, por alguna razón, de laborar. Pero ahí estaban visitándome diariamente y yo escuchándolos, atendiéndolos; no era para más, una Dirección General, quizás de las más grandes en el Gobierno de Distrito Federal, incluía una cuatro direcciones de área, cinco subdirecciones, trece jefaturas de unidad departamental y un universo de ochocientos trabajadores, que nunca termine de conocerlos, pero que sin embargo, trabajaban al servicio de la policía más grande de América Latina. Aunque en verdad, el policía, era lo menos que les importaba.

Sentía frustración no poder hacer nada de lo que debía hacer. Era una tarea imposible. Un mar no solamente de burocratismo, sino de corrupción, que se fue agravando por los hechos políticos suscitados en la Ciudad con motivo de la carrera presidencial del 2006.



Me convertí en el abogado “que complicaba todo”, que hacía trabajar las áreas de dicha dependencia, para “complicar” y “entorpecer” los asuntos, con la única consigna, dictada desde los círculos más altos del poder, de “no cumplir”, “no pagar”, “no reinstalar”. Había que limpiar la policía de sus malos elementos, algunos de ellos verdaderos pillos que sólo esperaban su reincorporación al servicio para tener, placa, charola y uniforme y continuar con sus actividades delictivas en perjuicio de los habitantes de la Ciudad; pero había casos que no era así, tipos o mejor dicho, policías, que amaban su trabajo, que tenían vocación, a quien no podía aceptar ni tolerar, que todo ese aparato burocrático, del que yo formaba parte, compuesto por más de ochocientos trabajadores, nos negáramos a no escucharlos, a bloquearlos, a entorpecerles y obstaculizarles la vida.



En aquel 2006, Andrés Manuel López Obrador, estuvo a punto de ser Presidente de la República. Varios funcionarios, cercanos al entonces Secretario, estuvimos plenamente convencidos de la necesidad de impulsar este cambio, aunque varios, no pensaban lo mismo; La verdad de las cosas, es que hasta dentro de las propias oficinas gubernamentales, existían personas indignas, verdaderos corruptos, que aprovechando su relación de cercanía con el Secretario o el Jefe de Gobierno, eran más pillos, que los policías a los que les complicaba la vida.

No podía hacer nada contra ellos. Cuando uno forma parte del sistema, es más fácil, encajar en éste, a que el sistema entero, encaje en uno mismo. Eso es imposible. Quizás por eso me volví escritor. No podía aceptar que mi alma, mi intelecto, se corrompiera diariamente.

Y por eso, en señal de protesta, decidí aislarme y escribí cuanta porquería veía y no podía limpiarla. Lo hice en mi soledad, en mi aislamiento, en mi total secreto.

La guerra presidencial del 2006, (porque en verdad, fue una guerra entre el gobierno federal y el gobierno local), hubo batallas de requerimientos del juez o de hacienda, multas y más multas, oficios urgentes y extraurgentes, de 24, 6 y hasta de 2 horas, que había que desahogar, como si fuera uno soldado, dirigiendo a la tropa, para conseguir las copias, los nombramientos, los demás documentos y obviamente, las rubricas y después las firmas. Inclusive, hasta organizando las manifestaciones y apoyando en los plantones.  El ambiente burocrático en el que me emergí no me gustaba, pero me generaba adicción, me hacía reír, quería cambiarlo y en mi loca soledad, así lo hice, me burlaba de ellos e impartía la justicia, que desde mi escritorio no podría hacerlo.



En el 2008, fui designado a cumplir una misión importante, para abatir la corrupción dela Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal. Tome la decisión con gusto y vocación, porque la persona que me lo había ofrecido, me habló con sinceridad, con preocupación; porque realmente, pensé que contra esa guerra de corruptelas, de funcionarios prepotentes, de víctimas y delincuentes, había que hacer algo, para acabar este mal.

¡Pero no pude¡. No fue suficiente la experiencia de mis colaboradores que trabajaban intensamente para sacar el compromiso que desde los escritorios más altos del gobierno, nos ordenaban, “sancionar a los Ministerios Públicos corruptos”.

Mi escritorio lleno de quejas y denuncias, una base de datos en la que registraba los movimientos de todos y cada uno de los expedientes y una memoria humana, que quise convertirla en artificial, para tratar de ser más eficiente y eficaz en mi desempeño como Director.

Mas fechorías, más corruptelas, mas injusticias y arbitrariedades; y uno, con todo el poder del Estado, con toda la confianza de los altos funcionarios, sin poder hacer nada, a causa del tiempo que es corto, de los subordinados limitados en capacidades y de los frenos políticos, a favor de los amigos y de cumplir los “compromisos”.

Nunca quise que mi alma se corrompiera y por eso, continúe escribiendo, lo que ya había empezado.

Una Directora General me acusó de “litigar” contra la Secretaria, hecho por demás falso, porque lo que hacía en mis “ratos libres” de la oficina, era escribir mi novela.



Me hubiera gustado hacer muchas cosas, pero nunca, pensé, ni visualice algún negocio. No era un servidor público que formaría parte del problema, sino que era, una solución al mismo. Pero no pude, no me alcanzaron los clips, las grapas, la tinta, los oficios, los expedientes, los acuerdos y las decisiones; no me alcanzó el tiempo, ni los recursos humanos y materiales con los que contaba.

Sentí la experiencia de la guerra y de la frustración. Entre policías primero y después, entre Ministerios Públicos, había logrado cerrar la pinza de mi mundo imaginario. Un país convulsionado y polarizado en la política, de reformas energéticas que anunciaban la privatización del petróleo y de una resistencia, corrupta y desorganizada, que nada pudo hacer contra el despojo.

Decidí escribir en un mundo dimensional, alejado del tiempo y de la realidad; ese mundo fue precisamente, la guerra contra los Estados Unidos de América.

Escribí en horas de oficina, pero también en las llamadas “horas nalga”, al que tanto el Gobierno del Distrito Federal le gusta malgastar. Horas, donde los empleados ya están cansados, hartos, fastidiados y son más propensos para cometer errores, pero que los jefes, autoritariamente, ordenan hacerlo. Todo ello, en contravención a la Constitución a los Derechos Humanos y a las normas de trabajo.

Escribí en los fines de semana, era mi mejor terapia desvelarme los sábados y amanecerme en el domingo.



Lo hice, desde una casita en Tecámac, Estado de México, de esas que logre obtener a través de un crédito del FOVISSSTE. Una casita, ubicada en medio del campo, alejado de la Ciudad de México, donde únicamente escuchaba los grillos y donde mi esposa y mi hijo, se encontraban durmiendo.

Escribí e investigue en los libros que me hacían olvidar de todas estas tragedias citadinas en las que me vi envuelto. Al diablo la elección presidencial, la reforma energética, la detención de Ahumada, la desaparición de las niñas, los muertos del News Divine, la comparecencia del Procurador o el Contralor; al diablo, todas y cada una de esas noticias convertidas en expedientes, repletos de normas falaces, que un Tribunal o un vulgar cohecho, terminaba anulando. No podía ser parte de esa cochinada, de ese sistema corrupto y tentador, que nada hace a favor de la justicia, pero que todo lo hace, para salvarle el puesto y la carrera para algún funcionario o simplemente,  encubrir una mentira.

En diciembre del 2008, termine escribir “1847”. Quise hacer algo así como el Big Brother mexicano, pero no me salió. La novela que escribí, me pedía  que la escribiera. como ella misma me lo dictaba. Fue así, como gradualmente, en enero del 2010, termine “El Tesoro de Santa Anna”.

Escrito el primer borrador, tuve que rescribirla. No me gusto. Tenía tantas faltas de ortografía, que donde ponía los ojos, encontraba el error que había cometido. Párrafos inentendibles y otros más, que tuve que cortar.

Lo difícil quizás no sea escribir. Sino reescribir.  Revisarse uno mismo. Criticarse y despedazarse uno mismo.



Esa paciencia de soportar la ansiedad de comenzar a trabajar, en mi proyecto personal y no en la prefabricación de una mentira contenida en un oficio, un acuerdo o in expediente, que sería utilizada para cubrir una estadística. Un informe oficial que nada aportaba para abatir la corrupción y cumplir la misión, que me habían encargado.  

El Tesoro de Santa Anna, le debo la capsula de escape, a mi realidad burocrática.

Dedo agradecer a muchas personas en esta presentación.



A la Licenciada Angélica López Pérez, mi alma gemela, que conoce, la verdadera historia.



Al Maestro Mario García Mondragón, quien después fue mi compadre; porque nunca supo lo que hacía, pero sabía, que algo hacía. (Creo que hasta la fecha, sigue sin saberlo).



Al Licenciado Manuel Esaú Cruz Cruz, por no molestarme en los momentos en que sabía que estaba escribiendo la novela.



A mi Q:.H:. Rubén Martínez, eso de desvelarse varias noches por una auditoria, no tiene más precio que la ingratitud y el despido injustificado.  jejeje.



A mi otro Q:.H:. el Licenciado Enrique González Tinoco, “Compayito”, por haberme apoyado y llevado la obra, a la lejana Toluca, acompañado de mi amada esposa, la Licenciada Deyanira Zárate.



Al Licenciado Francisco Gómez Guadian y a la Licenciada Mirna Juanita Ortiz Cornejo, por leer la obra y haberme hecho observaciones. De Guadìan, no olvido el placer, de hablar sobre la historia de México, más cuando en la conversación, se sumaba, el buen Licenciado Francisco Javier Ambriz Alvarado.  ¡Cómo extraño esas trivias¡. Nada mejor, que hablar de “nuestro general, Antonio López de Santa Anna”.



A mi amigo “Naquito”, el Licenciado Francisco Álvarez Rojas, por haberme apoyado solidariamente a mi tristeza en aquellos días, cuando mi obra no ganó el certamen del Bicentenario organizado por el Gobierno del Estado de México y en que había que sacar el “destajo” los papeles de la prepotencia y la corrupción.  ¡Cochito-cochito¡….¡Ven hijo, ven hijo¡….¡Ya no aguanto, ya no aguanto¡” ….

Ni que decir, del compañerismo, de "La 4" y de los chicos de servicio social, que llegaron para quedarse. 



A mi asistente Erick Mojica, alías “Erickson Microsoft Manos de Tijera”, por mantenerme actualizada la base de datos y haberme servido de asistente en aquellos días.



A la Licenciada Flor Elvia Dávila García, por su lealtad, su paciencia  y profesionalismo, por haber sido mi mano derecha y haberme ayudado “a sacar la chamba”, mientras yo revisaba y corregía el borrador. Mientras que todo el equipo, se la pasaba trabajando.






A Lulu, Martha, Marcela, Yanis, Cony, Jorge, Iván, Jaimes, Guillermo, Leonor, Catalina, Sandro, Huergo, Cesar Montalvo, Diana Sol, Rossy Yedra  y otras personas, que fueron parte de mi vida, durante los días que escribí esta trama.

A mi jefa Hilda, ejemplo de mujer, de sencillez, de constancia y disciplina.



Desde luego. No se la puedo dedicar a Ruth, por haberme confundido con los tipejos en los que ella se convirtió. Por no escucharme. Por dejarse llevar por el chisme y no por mis palabras. Por haberse corrompido y haber confundido la institución, con su visión patrimonialista. (Ella bien lo sabe).

Otras personas, ni siquiera valen la pena mencionarlas. Personas cuyos problemas chicos los hacían grandes, los problemas grandes no los entendían y lo que no entendían, nunca lo sabrán. 



Hoy presentamos, hasta donde yo sé, la primera blog-novela de mi país. Lo hago por este canal en facebook. La libertad de expresión, es el derecho a informar, a educar, a entretener, es algo que también se ejerce. Nadie, puede subrogarse autoridad moral, ni jurídica, para censurarme.

La presente obra, se la dedico a mis compañeros de oficina, con los que conviví durante todos esos años. No sé si algún día tenga tiempo de escribir esas memorias, bien valdría la pena describir como funciona la administración pública desde adentro, quizás en otro momento.

Estoy convencido que hay que innovar la literatura, educar al pueblo a la lectura, enseñar derecho y política a los lectores. ¡Son tiempos de cambio¡. La revolución informática modifica también, las nuevas formas de enseñanza, lectura y entretenimiento.

La entrega de cada capítulo está programada. ¡Será diaria¡. Me reservo el derecho de editar esta novela, en una versión impresa y quizás, con las modificaciones que la audiencia, atinadamente me observe.



Estoy convencido en estos días en que las altas esferas políticas de los Estados Unidos de América  hablan de México, es importante, hoy más que nunca, revisar y reinterpretar la historia, conocer que fue lo que llevó a que el pueblo y los gobernantes de aquel entonces, nos heredaran, la mitad de patria, que ellos recibieron.

Espero que el Tesoro de Santa Anna, nos dé a todos las respuestas que buscamos.

¡Gracias a todos¡.   




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