domingo, 9 de octubre de 2016

CUANDO EL 68 DEJO DE SER 68. O BIEN, LA INCOMODA AMNISTIA POLITICA DE LA CIUDAD DE MÉXICO.



 Hay historias que pretenden pasar desapercibidas, un presente que los medios de comunicación, pretenden borrar, ignorar; pero que sin embargo, la percepción esta ahí presente; próximos a cumplir los cincuenta años del movimiento estudiantil de 1968, de una generación de hombres y mujeres que van muriendo gradualmente; hoy nos enfrentamos con graves retrocesos, estudiantes desaparecidos y un gobierno, temeroso, poco sensible, como el que existe en la Ciudad de México.

Claro lo advertimos en su momento, la forma de protestar tenía que cambiar, innovarse; y también hablamos de la necesidad de moderar el lenguaje, pero cierto es, que lo que ocurrió en la Ciudad de México, concretamente desde el 1º de diciembre de 2012, ha existido un grave retroceso en materia de los derechos a la libertad de expresión, de manifestación, de protesta; el fantasma de la represión, el autoritarismo y la soberbia de las autoridades, amenaza con convertir un gobierno que orgullosamente se decía de izquierda, en un gobierno frio, insensible, sin memoria histórica de sus orígenes y de su legitimación social.



Desde el 26 de julio de 1968, no se había registrado un operativo policiaco como el de aquel entonces.  Aquella vez, siendo presidente de la Republica Gustavo Díaz Ordaz y el Jefe del Departamento del Distrito Federal, Alfonso Corona del Rosal, estudiantes del Poli, la UNAM, habían tratado de ingresar al zócalo, cuando se suscitó un zafarrancho entre comerciantes y policías, ocasionando por los menos 500 heridos y decenas de detenidos; estas manifestaciones violentas culminaron con el ingreso del ejercito a las instalaciones de la Preparatoria de San Idelfonso, misma que se “abrió” con un bazucazo, dando con ello la enérgica protesta del entonces Rector de la UNAM Javier Barros Sierra, así como el pliego petitorio estudiantil, en el que se pedía entre otros puntos, la Libertad de los Presos Políticos, la Destitución de los Jefes Policiacos, la Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto; al igual que deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos.
La historia del 68, se sabe en que se terminó; sus repercusiones políticas y sociales, generaron, un severo cuestionamiento a la legitimidad, de los gobiernos priìstas emanados según ellos, de la “Revolución Mexicana”, un descredito a la figura presidencial, antes admirada, después repudiada, (hoy burlada); así como el desprestigio histórico que enfrenta el Partido Revolucionario Institucional.



Cuando todo parecía haber cambiado; y que los hechos de sangre ocurridos en Aguas Blancas Guerrero en 1985, Acteal Chiapas en 1996, San Mateo Atenco en 2006; eran sólo nota periodística sensacionalista; ocurrieron hechos violentos, que ponen a prueba, la convicción ideológica de un gobierno que se dice ser emanado, de esas luchas históricas sociales, de 1968, 1971, 1985 y 1988.   

La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, en sus recomendaciones 7/2013, 9/2015, 10/2015, 11/2015 y 11/2016, ha documentado una serie de abusos policiacos, detenciones arbitrarias; tan sólo el día 1 de diciembre del 2012, en el operativo “Transmisión del Poder Ejecutivo Federal” en el que participaron 5,172 elementos en 195 vehículos, según informes de la propia policía, todos los elementos policíacos que intervinieron en dicho operativo, se encontraban desarmados.



Aquella vez se registraron actos vandálicos en las instalaciones del Hotel Hilton, en una tienda OXXO, en los restaurantes KFC y Wings, en una Sucursal de la Comisión Federal de Electricidad, en el viejo edificio de la Contraloría General del Distrito Federal, la tienda y el restaurante Sanborns, las sucursales bancarias Banorte y Bancomer; en la recién remodelada Alameda Central y hasta en el propio Hemiciclo Juárez. Las detenciones se llevaron a cabo entre la Avenida Juárez y Avenida Balderas; en las calles de Filomeno Mata y 5 de Mayo, Regina y 20 de Noviembre, Eje Central y Avenida Juárez, Eje 1 Norte y F.C. de Cintura, en diversas calles de las colonias Doctores, Centro, Juárez, Tabacalera, Morelos.

En otra manifestación, realizada esta el 10 de junio del 2013, con motivo de la conmemoración del “Halconazo” del 10 de junio de 1971; se llevaron a cabo 22 detenciones; en la manifestación del 2 de octubre del 2013, por los hechos ocurridos del 68, existieron 53 personas agraviadas por detenciones arbitrarias; en la manifestación del 22 de abril del 2014, 5 agraviados más.



En síntesis. La “paz social” que se había vivido desde 1971, fue finalmente interrumpida, desde el 1 de diciembre del 2012; y a partir de ese año, se han venido suscitado una serie de arbitrariedades, que no solamente la Comisión de Derechos Humanos ha documentado, sino también, los Jueces de Distrito en Materia Penal, quienes han otorgado amparos, a quienes fueron víctimas, no de una política represora del Distrito Federal, sino de una policía ineficiente, y de un aparato de procuración de justicia, deficiente, improvisada, que no sabe cómo actuar en determinados momentos.  Eso sin decir desde luego, a un aparato judicial que sin ejercer su autonomía de un poder independiente, absurdamente convalido, pésimas investigaciones y acusaciones, en contra de personas, que pudieron haber sido inocentes de las faltas que les imputaron, pero nunca culpables, por pensar diferente.



En razón a ello, se ha promovido en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, la Iniciativa de Ley de Amnistía en favor de todas aquellas ciudadanas y ciudadanos a quienes se haya ejercitado o pudiera ejecutarse acción penal derivada del ejercicio de la libertad de expresión y manifestación en la ciudad de México, entre el 1 de diciembre de 2012 al 1 de diciembre de 2015.

Sin embargo, las autoridades del Distrito Federal, han parecido mostrar a dicha iniciativa, una resistencia, a otorgar amnistía, a todas aquellas personas que en ejercicio a su legítimo derecho de protestar o que bien, fueron confundidos por vándalos, o bien, que pudieron haber sido inclusive vándalos.  Pareciera que ese miedo, deriva también, de la cultura de polarización de denostar a personas con calificativos de “chairos”, “pejezombies”, “anarketos”; quizás también de partidizar el asunto a favor o en contra de un candidato presidencial, (por cierto, no de mi simpatía), o bien, pareciera también, que la acción del Estado, deriva de su intolerancia a un grupo de población que piensa y actúa diferente; que por alterar el orden jurídico y la paz social, merecen penas privativas de libertad, que exceden inclusive, en algunos casos, a los delitos de homicidio; condenando a cientos de jóvenes, a manchar su vida cívica, con antecedentes penales, con delitos de robo, daño a la propiedad ajena e inclusive, con delitos, valorados por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como inconstitucionales, tales como Ultrajes o Ataques a la Paz Publica.



La Amnistía es una solución normativa de indulgencia que se justifica como una solución de equidad para suavizar la aspereza de la justicia penal, cuando esta se da por motivos políticos, económicos o sociales. Para ello la Suprema Corte ha definido las leyes de amnistía como “olvidar ciertas infracciones”, “dar por terminados los procesos”, “suprimir la persecución del delito”.

Sin embargo, algunos funcionarios del Gobierno de la Ciudad de México, muchos de ellos, con una hoja académica ilustre en conocimientos jurídicos penales, se han atrevido afirmar, que la Asamblea Legislativa, no tiene facultades para legislar en materia de amnistías, sopretextando, que la Constitución, no le confiera expresamente dicha reforma.

Es decir pasan por alto lo señalado en el artículo 122 apartado B de la Constitución Política, dice, que los “Los poderes federales tendrán respecto de la Ciudad de México, exclusivamente las facultades que expresamente les confiere esta Constitución”  y que para ello, el artículo73 fracción XXII de la citada norma constitucional, faculta al Congreso de la Unión, conceder amnistías, por delitos cuyo conocimiento pertenezca a los tribunales de la Federación.

O sea, no existe nadie, en este momento, que pueda legislar amnistías por delitos que sean de conocimiento de los tribunales de la Ciudad de México; pregunto, si la federación no tiene esa facultad y tampoco, dicen que la tiene la Ciudad de México o el Distrito Federal; ¿entonces quien carajos tiene esa facultad?.  ¿El Congreso del Estado de México?. … ¡No sean absurdos¡. ¡No pretendan mostrar una inteligencia para encubrir un autoritarismo injustificable¡. ¡Dejen de quedar bien con sus jefes¡. La política no es para cobrar rencillas, mostrar rencores; la política es para solucionar problemas y buscar siempre, la conciliación de todos nosotros.



Claro que podemos hacer discusiones bizantinas en materia constitucional, sobre las facultades de las autoridades legislativas, antes y después de la reforma constitucional del 29 de enero del 2016, que otorgó al Distrito Federal, la calidad de un Estado más de la federación mexicana, denominada “Ciudad de México”; sea pues el marco jurídico que utilicemos, antes o después de la reforma constitucional, en ambos casos, la Asamblea legislativa si puede reformar en materia de amnistías. Si puede legislaren materia penal, porque así lo decía el viejo artículo 122 Base Primera, Fracción V, inciso h),  del que se deduce que desde luego, que si el órgano legislativo tenía ( sigue teniendo)  las facultades para crear, modificar, inclusive suprimir tipos penales; entonces: ¿porque no podría emitir amnistías?, si la amnistía es una forma, de extinguir la acción penal; si el propio Código Penal del Distrito Federal, en su artículo 94, reconoce esta causal de extinción de la pretensión punitiva. Pero aun suponiendo tengamos dudas sobre la interpretación de las normas respecto a las facultades del poder legislativo para emitir una ley de amnistía, entonces hagamos uso, de la interpretación pro-persona, a favor de los derechos humanos, consagrada en el artículo primero de nuestra Constitución Política. 

Sin embargo, el problema no es la cuestión jurídica, mucho menos la controversia constitucional; el problema es, que sopretextando razones jurídicas, (positivistas normativistas violatorias de los derechos humanos), no quiera resolverse un problema político, alegando argumentos poco serios, inteligentes y absurdos; el problema es también, que no se tenga la sensibilidad, ni tampoco la memoria histórica de dos hechos fundamentales, la primera de ellas, de la legitimidad política del que emana el gobierno actual de la Ciudad de México, cuyos antecedentes derivan de 1997 y estos a su vez, de las luchas sociales que surgieron con motivo del conflicto estudiantil de 1968;  la segunda, el razonamiento lógico de que una amnistía, es una razón política, de una política de Estado, que es éste, quien tiene la capacidad soberana de “crear”, “modificar”, y hasta de “extinguir”, el Derecho que lo rige y lo limita.  ¡Absurdo sería pensar, que el derecho es algo estático, algo escrito, algo que no pueda modificarse¡.



Hombres como Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada, Lázaro Cárdenas, Manuel Ávila Camacho, admitieron amnistías, contra personas que traicionaron o conspiraron contra la patria, inclusive, quienes se rebelaron contra ella;  los siniestros personajes del México autoritario, populista y corrupto, como Luis Echeverría y José López Portillo, lo hicieron en su momento, contra individuos que cometieron delitos de robo, homicidio, secuestro, emanadas de la guerrilla contestaría a la represión de 1968 y de la llamada “Guerra Sucia·”; ¡Vaya¡. Hasta el odiado Carlos Salinas de Gortari, “el usurpador”, aun y con toda su política autoritaria y neoliberal (y antiperredista), promovió amnistía contra los zapatistas que se levantaron en armas.

Es un absurdo que las autoridades del Gobierno de la Ciudad de México, que algunos legisladores de la Asamblea legislativa del Distrito Federal, no tengan, ni la mínima sensibilidad, que las personas antes citadas tuvieron con sus compatriotas; triste e inadmisible sería que un partido político como el PRD, cuyo origen es precisamente, su incorporación en la vía pacífica y legal, a partir de los beneficios de las amnistías que concedió el régimen priísta durante los setentas, sean ahora ellos, los que se opongan hacer uso de este recurso legal.  

Los exgobernadores de Chiapas Javier López Moreno, el del Oaxaca José Murat o el de Guerrero Rene Juárez, promovieron ellos amnistías contra grupos armados por móviles de reivindicación social. Hasta el polémico Gobernador de Veracruz Fidel Herrera lo hizo también en Veracruz. Sin embargo, para sorpresa de muchos, el Gobierno de la Ciudad de México, corre el riesgo, de no tener la grandeza, que dice tener: “Una ciudad de libertades”.

No quisiera pensar que la mayoría de los diputados de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, mayorité en contra, un dictamen debidamente fundado y motivado, que da cauce legal a lo que podría ser, la primera amnistía política, de un gobierno perredista.



Un dictamen, que por cierto, fue aprobado por diputados acusados de “reaccionarios”, de “derecha”, de “partidos traidores” o “partidos sectarios mesiánicos” o “partidos chicos”; un dictamen que busca la amnistía a los presos de la protesta social,  la indemnización a quienes fueron víctimas de detenciones arbitrarias y la investigación de quienes fueron los responsables, de los hechos violentos ocurridos aquel 1 de diciembre de 2012 y de las fechas consecuentes.

Eso era lo que tanto exigía el movimiento estudiantil de 1968,  ahora, no solamente se pide la derogación de los delitos de ultrajes y ataques a la Paz Publica, (inclusive declarada inconstitucional por la propia Suprema Corte); sino también la indemnización y el deslinde de responsabilidades.

Hay momentos en que la historia da oportunidades a corregir errores, para que los gobernantes así, muestren grandeza, nobleza e inteligencia.

Ojala, el doctor Miguel Ángel Mancera Espinosa la tenga.


viernes, 16 de septiembre de 2016

PORQUE SI PROCEDE LA RENUNCIA DEL PRESIDENTE ENRIQUE PEÑA NIETO.


Me ha llamado mucho la atención en estos ultimos días, la cantidad de mensajes y memes,  inclusive hasta de marchas en plenas fiestas patrias, pronunciandose por la renuncia del Presidente Enrique Peña Nieto.

Quizás las últimas manifestaciones donde se pidió la renuncia de un Presidente fue en la época de Porfirio Diaz, hace más de cien años, Presidente quien si supo renunciar, con toda dignidad, al cargo que tenía; pero en el caso de Enrique Peña Nieto, pregunto: ¿Si procede o no esta renuncia?. Me ha tocado inclusive conocer los argumentos populares que piden, la renuncia del mandatario, alegando, “que motivos sobran”, y por citar algunos de ellos, aluden la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapan, la Casa Blanca, la tesis plagiada y por último, su vergonzoso papel, en haber invitado a la Ciudad de México, al candidato presidencial de los Estados Unidos Donald Trump.


Es valido, que los ciudadanos manifiesten este deseo; inclusive que desfilen por las calles y avenidades de la Ciudad, pidiendolo a gritos; aunque quizás, mas de una voz, como la mía, consideran que las fiestas patrias, se rinde culto a la solemnidad de nuestra Nación Estado, no al individuo; y que por ende, resulta lamentable, confundir una cosa con otra.

No obstante ello, me deja reflexionando y pensando: ¿Si es posible o no, la renuncia de un Presidente en México?.

Olvidándome de cualquier posición subjetiva, empática o apática sobre quien ostenta el cargo de Presidente de la República, procedo a dar mi opinión jurídica al respecto.


El articulo 87 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala expresamente:  "Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande."

Dicho precepto, establece la facultad de la “Nación”, a demandar al Presidente, en caso de que este no desempeñe leal o patrioticamente el cargo de Presidente; si no lo ha hecho por el bien de la República o bien, lo ha hecho, perjudicando la “prosperidad de la Unión”, es decir, a las 32 entidades federativas que conforman la República Mexicana.

La cuestión que aquí nos ocupa, es quien ostenta la representación de la “nación”, pues la expresión es demasiada ambigua, conforme a diversos criterios jurisprudenciales, sociales e inclusive históricos. Alguien podría decir, que por nación, se refiere al “gobierno federal”, como lo ha hecho el Poder Judicial de la Federación en multiples ejecutorias dadas a la interpretación del artículo 27 constitucional; otros más dirán que Nación se refiere al Estado, lo cual, nos obligaría a exponer un multiple de teorías respecto a esa “entidad” tan abstracta que es el Estado; otros más, dirían que sería “el pueblo” y otros más, dirán que sería el “Congreso de la Unión”, pues finalmente los diputados representan al Pueblo y la Cámara de Senadores, representa a las entidades federativas que conformen la Unión (de nuestro simbólico pacto federal).

¿Qué pasaría si una manifestación de ciudadanos suscribe una petición acompañada de cientos o miles de firmas, pidiéndole a la Cámara de Diputados o a la de Senadores o ambas cámaras, solicite éstas, con fundamento en el artículo 87 constitucional, al Ejecutivo Federal, es decir, al Presidente, la renuncia a sus cargo. Al menos, esta solicitud, constituye un derecho de petición, garantizado en el artículo 8° constitucional, lo que obligaría al Poder Legislativo responder el escrito, respuesta que tendría que ser, debidamente fundada y motivada; dando origen también, a que la respuesta que se promueva, la misma pueda ser impugnada, ya sea por los ciudadanos manifestantes, los diputados o senadores inconformes con la respuesta institucional o inclusive, hasta por el propio Presidente.

Si la petición no se dirige a ninguna de las Cámaras, bien podría entregarse la misma, en la Residencia Oficial de los Pinos, oficina, donde por cierto, despacha el Ciudadano Presidente de la República.


Lo curioso de esta situación, es que suponiendo, que la falta de respuesta o bien, la respuesta que este proporcionara (ya sea alguna Cámara del Congreso o el propio Presidente). fuera adversa a lo solicitado por los manifestantes, estos podrían recurrirla, ante un Juez de Distrito; inclusive, se podría ejercitar una acción colectiva con fundamento en lo previsto por los artículos 17 tercer párrafo en relación con el 107 fracción I de la propia Constitución; lo que podría derivar que la Suprema Corte pudiera ejercitar el caso y con ello, intervenir, en el proceso de renuncia del Presidente.


Al menos, la Suprema Corte, (en su décima época de existencia), podría interpretar los alcances del artículo 89 de la Presidencia, con lo señalado en el artículo 86, que dice, que el Presidente de la República, “sólo es renunciable por causa grave”, que calificará en todo caso, el Congreso de la Unión.

Que podríamos entender, por causa grave.


a)  Implementar el sistema económico neoliberal. Es decir, haber promovido las llamadas “reformas estructurales”,  siendo honesto, de eso no podría ser acusado; existen miles de politicos, academicos y uno que otro intelectual, que estan a favor de dichas reformas estructurales; inclusive, esas conciencias podrían alegar que atacar o impugnar esas famosas reformas, sería expresar un postura "conservadora", digna de un paradigma obsoleto de los siglos XIX y XX, no acorde, con las exigencias del mundo global en que nos encontramos inmersos.  En ese orden de ideas, tampoco se podría fincar ningun tipo de responsabilidad, ni siquiera “moral” al Presidente, pues además de que no es susceptible de valorarse dichas reformas, como algo “malo”, quien finalmente las aprobó, fue la mayoría de los congresistas y  las legislaturas de los Estados.


b)  Genocido de los estudiantes normalistas de Ayotzinapan. ¡Claro que es un hecho grave¡. Pero hasta donde apunta la investigación oficial, (de la llamada “verdad histórica), inclusive, la del Grupo Especial de la Comisión Investigadora de Derechos Humanos, no se logra acreditar algún nexo de responsabilidad, entre la desaparición de 43 estudiantes ocurrido el día 26 de septiembre del 2014, con el ciudadano Presidente. Hasta donde me encuentro informado, los nexos de responsabilidad, señalan, al expresidente municipal de Iguala Guerrero; y en  un régimen federal como el que nos encontramos, existen diversas cadenas de mando e instancias gubernamentales, para poder deslindar y en su caso determinar, si el presidente, ordenó, instruyó, decidió, cualquier acto violatorio de los derechos humanos, contra esos 43 estudiantes, lamentablemente desaparecidos. Por ende, veo con mucho escepticismo, proceda esta causa.



c)   Casa Blanca. La mancha de corrupción que recae sobre el Presidente, sobre la adquisición de este bien inmueble, claro que encuentra elementos para calificar de grave, la conducta de un mandatario, quien debiera ser el ejemplo, de quienes conforman el servicio público. ¡Obvio también¡, la investigación realizada, no goza de confiabilidad, por haber sido la misma practicada, por quien era un subalterno de un Presidente, lo que implica desde luego, una autentica burla a la inteligencia nacional.  Lamentablemente, aun, si el Presidente le fuera comprobado un caso de corrupción, ese hecho, no sería suficiente para considerar la procedencia de una “causa grave” y por ende, su renuncia al cargo.


d)  Tesis plagiada. La famosa tesis plagiada, que lo único que demuestra es que Peña Nieto si leyó mas de tres libros, al menos al citarlos o “plagiarla”, sería la acusación mas endeble de todas; pues la Ley General de Profesiones, ni seguramente, la normatividad que existe dentro de la Universidad Panamericana, o los acuerdos dictados por la SEP, prevé la posibilidad, de revocar titulos o cedulas profesionales por plagios de trabajos académicos; lo que además sería muy defendible, para considerar, si la conducta atribuida, corresponde realmente a un plagio, o bien, a un deficiente trabajo de investigación de nivel licenciatura. (Como tantos trabajos de tesis que abundan en las bibliotecas de las universidades).  A titulo personal, me inclino más por lo segundo.



e)    Promover la reforma constitucional de "matrimonio igualitario". ¡Para nada¡. Quizás los grupos llamados "conservadores", "profamilia", estarían a favor de ello; por atentar contra el dogma y el argumento de que el matrimonio proviene de "matris" que significa madre y que el matrimonio debe ser, entre hombre y mujer.  Ni los grupos "progresistas" o de "izquierda liberal", o los activistas LGBTTT,  han mostrado su apoyo a Enrique Peña Nieto, ni siquiera una critica de honestidad política positiva, he escuchado a favor de esta propuesta.  no dudaría, que esos grupos, auspiciados por poderes fácticos, puedan tener una fuerte influencia, en contra de quien representa la institución presidencial. 


f)    Entrevista con el candidato presidencial Donald Trump. Si el posicionamiento ofical que dio el Presidente y el referido candidato presidencial, fue vergonzoso para muchos mexicanos, no quisiera pensar, que fue lo que se dijo, en la entrevista privada.  ¡Claro¡. Habría que entender las cuestiones de protocolo, diplomacia o cortesia, entre dos personas, mas si una de estas vienen de la investidura presidencial; pero aun asi, aun con toda esa formalidad y “buenas maneras” que debe tener un funcionario publico que representa al Estado mexicano, la actitud del Presidente, no fue satisfactoria para muchas personas.

El artículo 108 de la Constitución señala que: “El Presidente de la República, durante el tiempo de su encargo, sólo podrá ser acusado por traición a la patria y delitos graves del orden común”.

Resulta que por esta última frase, “delitos graves del orden común”, se genera otra ambigüedad interpretativa constitucional, pues en el sentido técnico penal, existen “delitos federales”, (que sanciona el Código Penal Federal) y los delitos del “orden común”, (que sancionan los Códigos penales locales de las 32 entidades federativas que conforman la República Mexicana).  Esta interpretación, bien podría subsanarse, con los criterios generales que establece el artículo 167 del Código Unico de Procedimientos Penales, donde se establece como “delitos graves”, el homicidio doloso, genocidio, violación, traición a la patria, espionaje, terrorismo, sabotaje, corrupción de menores, tráfico de menores y los delitos contra la salud.

Lo que significa que es más fácil acusar al Presidente de este tipo de delitos, que alguno relacionado con la corrupción, como lo fue  la adquisición de la llamada Casa Blanca.

Ahora bien, el delito de “traición a la patria”, lo prescribe el artículo 123 del Código Penal Federal, en el cual se establece las hipotesis normativas por las que el Presidente podría, no solamente ser acusado, sino también, las que en un hipótetico caso, el Congreso tendría que calificar para aceptar su renuncia.

Dichos delitos serían:

I.- Realizar actos contra la independencia, soberanía o integridad de la Nación Mexicana con la finalidad de someterla a persona, grupo o gobierno extranjero;  
IV.- Destruir o quitar dolosamente las señales que marcan los límites del territorio nacional, o haga que se confundan, siempre que ello origine conflicto a la República, o ésta se halle en estado de guerra;



VI.- Tenga, en tiempos de paz o de guerra, relación o inteligencia con persona, grupo o gobierno extranjeros o le dé instrucciones, información o consejos, con objeto de guiar a una posible invasión del territorio nacional o de alterar la paz interior;
XII.- Tratar de enajenar o gravar el territorio nacional o contribuya a su desmembración;
XIII.- Recibir cualquier beneficio, o aceptar promesa de recibirlo, con el fin de realizar alguno de los actos señalados en este artículo;

Un régimen transparente, exigiría conocer, la totalidad de las conversaciones sostenidas entre el Presidente y el referido candidato presidencial, a fin de corroborar si el presidente incurrió o no, en algunas de las responsabilidades antes señaladas.

Si el Presidente, acordó con esa persona, (con amplias posibilidades para ser Presidente de los Estados Unidos de América), realizar una serie de actos que atenten contra la soberanía nacional, es decir, pagar un muro que divida un territorio nacional de otro, atentar contra los limites o señales territoriales que actualmente existen, generar alteración en el orden público, dado que un muro de esa naturaleza podría alterar el orden social de las poblaciones fronterizas, enajenar, así fuera unos centímetros, el terreno en el que se construya el mentado muro, o recibir alguna compensación, por permitir cualquiera de las conductas antes señaladas; desde luego que constituye una conducta grave, que merece ser investigada y sancionada.

Al menos, serían de cinco a cuarenta años de prisión, la sanción corporal que merecería un acto de dicha naturaleza.

Podría inclusive, como mexicano, perdonar que un presidente no lea, o que haya “fusilado” su tesis; lo que no podría permitirse por ningún motivo, es que el Presidente, traicione a la patria.

La protesta del 15 de septiembre del 2016, es válida, me hubiera gustado que fuera en otro día y no el 15 de septiembre, pues las fiestas patrias, son fiestas a nuestra patria, no al individuo que ostenta el cargo presidencial; pero aun y con ese pequeño detalle que difiero, considero que la manifestación en cita, es legitima, es válida y aunque no haya estado presente en ella, coincido plenamente en ella, con dos acotaciones que lamentablemente, no alcanzo percibir en ellas en redes sociales.

La primera de ellas, es que aprovechando la existencia de una asamblea constituyente en la Ciudad de México,  los diputados que conforman dicho poder, deberían dar el ejemplo, de como acotar y limitar el poder del titular del Poder Ejecutivo en el ámbito local, a fin, de no replicar la formula presidencialista en la nueva entidad federativa que es la Ciudad de México. De esa manera, se podría contribuir, para ir terminando poco a poco, con este presidencialismo mesianico, autoritario y vende patrias. ¡Ojala. Así sea¡. El país, no debe fincar sus esperanzas, en lo que pueda hacer o deje de hacer, un solo hombre. ¡Preguntente a Santa Anna, como le fue en el 47¡   México, no esta más, ni un minuto más, para un régimen presidencial. No hay mesias que nos salven. La responsabilidad es de todos. Dejemos de creer en pensamientos mágicos.

La segunda de ellas, es que la renuncia no basta. Enrique Peña Nieto debe ser investigado. Si obran elementos, debe éste presentar su renuncia inmediatamente o iniciar las acciones legales antes las instancias señaladas, para promover dicha renuncia.



Si para el caso de que el referido señor, sea culpable.

Entonces, Enrique Peña Nieto, debe ser castigado, en los términos que establece el Código Penal. (de 5 a 40 años prisión, previa garantía de audiencia y legalidad).

Y no es que se me sume a la protesta “chaira”, ni al deporte nacional de odiar e insultar al Presidente, lo que deteriora a nuestra institucionalidad. Creo desde luego en la estabilidad del país, en la libertad de expresión y no me gustaría, que mi país, se convirtiera en una “república bananera”, como las que existieron en el caribe o en América Latina.   

Pero algo debemos aprender ….

Aceptar que el problema de Enrique Peña Nieto, el grito de la independencia confundido este como fecha de protesta y no de fiesta nacional; reflejan, la crisis no de un hombre que ocupa la presidencia.  Sino de un sistema constitucional que otorgó al ejecutivo, poderes casi absolutos.


Ojala que el constituyente de la Ciudad de México, así lo haga.

Pero lo dudo. Muchos de sus diputados, idolatran a su mesías, al grado de la enajenación; y con ese culto a la personalidad, propio de los regímenes políticos autoritarios, no creo que se revise el sistema presidencialista, sino por el contrario, el mismo será aun mas exacerbado.  



Para que pedir la renuncia de un Presidente ….si después, nuestra memoria perdona y olvida todos los delitos, para cuando llegue el nuevo Presidente.

El problema, no es Enrique Peña Nieto, ni las “manifestaciones chairas”.

El problema, es que el sistema presidencialista, ya no responde a la nueva gobernabilidad que merecemos.

De no entender esto, corremos el riesgo, que para el 2018, la crisis aumenta, pues el sistema presidencialista, tan severamente cuestionado en este sexenio, no se salva, con el sistema presidencialista.

No podemos seguir fomentando una sociedad educada a “odiar” a los presidentes de la historia y en fincar sus “esperanzas” sexenalmente, en los candidatos presidenciales.






Lo que se trata, y eso debe discutirlo al menos el constituyente de la Ciudad de México, darle fin, al sistema presidencialista. (al menos en el ámbito local del Poder Ejecutivo local).   Con eso podríamos empezar. 



Pensemos por favor en el 2022, en el 2028, 2034, 2040, 2044  y en los siguientes años.

Pensemos de una vez, en el proyecto de país que queramos…

Y no nos desgastemos más, por la forma en que se peina o habla un imbécil que sólo esta de paso.









martes, 30 de agosto de 2016

TODOS SOMOS JUAN GABRIEL


Soy miembro de una generación, de hombres y mujeres, que nacimos y crecimos con la música de Juan Gabriel, ahora conocido por todos, como “El Divo de Juárez”.  ¿Qué podría decir, si ya todo está dicho, o casi, está todo dicho?.  Decir por ejemplo, que Alberto Aguilera Valadez, nació en Paracuaro Michoacán y creció en Ciudad Juárez, Chihuahua; que vivió en un orfanato hasta que se escapó de él, cuando tenía 14 años de edad; o decir, que cuando llegó a la Ciudad de México, dormía en los parques públicos y que inclusive, fue huésped, de la Penitenciaria Lecumberri.

Juan Gabriel es un ejemplo de esos mexicanos, valiosos que lucha contra la adversidad; por eso es grande; porque su grandeza le permitió sobrevivir en un país autoritario, que hizo posible, superar los monopolios empresariales, los prejuicios sexuales y hasta los conservadurismos musicales, culturales e intelectuales.

No quisiera hablar de estos detalles, quisiera mejor platicarles, de cómo fue mi vida con Juan Gabriel. Un pasaje “oculto”, que el régimen autoritario que nos gobernó (y que pareciera nos sigue gobernando), tuvó por oculto, por más de 30 años.  

Mi Señor Padre, siempre fue un fanático de la compra de libros, de tal forma, que en mi infancia, en el departamentito en el que vivíamos, ubicado éste en la Colonia Guerrero, nunca tuvimos sala, sino teníamos biblioteca.

En uno de esos libreros, recuerdo bien, un libro de pasta guinda, intitulado, “Juan Gabriel y Yo”, escrito por Joaquín Muñoz; se trataba de una biografía no autorizada, sobre la vida oculta de Alberto Aguilera Váladez, escrito con cariño por cierto, en las letras de un hombre, que confesaba, además de ser el “apoderado legal” de Juan Gabriel, ser su “amigo” y haber tenido el encargo, del propio Juan Gabriel, de escribir su biografía.



Lo más curioso del libro, era que en el mismo, se denunciaba el homosexualismo de Juan Gabriel, a quien se le comprobaba “dicha conducta”, con varias fotografías a color, donde se mostraba Juan Gabriel, besando a hombres y teniendo como parejas sentimentales, inclusive, a varios miembros de la comunidad artística. Recuerdo ahí, el cantante Oscar Athie, en ese momento, novio de Ericka Buenfil y otros aseguran, que se encontraba también, el esposo de Rocio Durcal.

Era apenas un niño de 10 años de edad; estos hechos ocurrieron antes de los sismos de 1985; así que mi padre, o quizás mi abuela Zenaida, ejerciendo voto de censura en la vida familiar, nos quitó el libro, lo escondió, se perdió, se olvidó con el paso del tiempo. Fue para mí terrible ese acto de censura en mi vida familiar; era una joya al morbo ese libro, el cual, no alcance a leer, quizás por el miedo, a que me descubrieran leyéndolo.

Inclusive, fue testigo de varias conversaciones, ahora sé “mojigatas”, donde mi abuela Lucrecia, proveniente de Poza Rica, decía, “¡Pobrecito, ya dejen a ese hombre en paz¡” y una de mis tías decir, en tono de enojo y asombro: “¡Mamá, ese hombre, incurrió en pecado¡”. Era un ser anti bíblico, que ofendía a Dios y que por ese hecho, no debía ser bendecido, aunque su música rítmica y celestial dijera otra cosa.

Entonces, Radio Variedades y Radio Felicidad, estaciones ubicadas en la vieja “AM”, transmitían, “La hora de Juan Gabriel”, donde se repetía interminablemente, su exitosa melodía, en el primer lugar de las listas de preferencias musicales, la canción de Querida. Y como siempre, en el aburridísimo programa semanal dominical, llamado “Siempre Domingo”, que literalmente, era “Siempre lo mismo”, su conductor estrella, Raúl Velasco, nunca hizo mención del libro; tampoco lo hizo, Paty Chapoy, con su programa diario, “El mundo del Espectáculo”, que salía de lunes a viernes, a las 5 de la tarde”; tampoco, el programa, de Video Éxitos, conducido por Gloria Calzada; nadie, absolutamente nadie, hizo referencia a ese libro censurado y prohibido; ni los periódicos, la Prensa, el Universal, que era los que llegaban a mi casa, se hacía referencia a ese texto. Únicamente el Semanario Alarma, el cual, daba seguimiento al caso, pero ya desde una perspectiva, de acusar al autor de la obra, Joaquín Muñoz, a quien bautizaban sensacionalmente “la Joaquina”, de haber mentido y falsificado las fotos, en aras, de chantajear a Juan Gabriel, con cantidades millonarias.

Así pues, el gobierno y su televisora monopólica, Televisa, decretaron que no había pasado nada; que Juan Gabriel, no era lo que parecía, que era “tan hombre” como José Alfredo Jiménez, o como el mismísimo Jorge Negrete; que estaba prohibido, hacer cualquier referencia a sus preferencias sexuales. ¡había que olvidar y censurar, ese escándalo¡.

Sin embargo, siempre fue un curioso de los puestos de periódicos; me gustaba leer todo lo que encontraba en la mano, así que fui un lector de Kalimán y de una serie de historietas, que ya habrá momento de hablar de ellas; sin embargo, en esas búsquedas en los puestos de periódicos, leía las portadas del Semanario Alarma, el cual, podía leerlo íntegramente con el peluquero que me cortaba el pelo; fue ahí, donde la revista amarillista de México, especializada en “Nota Roja”, daba cuenta del escándalo de Juan Gabriel. Es decir, su homosexualismo descubierto y las demandas civiles y penales, que el “divo” había interpuesto, contra su “ex amigo” y autor del libro, al grado que, lo recuerdo muy bien, el libro salió de la circulación y su autor, recibió, reclamaciones millonarias, que terminaron, refundiéndolo en la cárcel, por haber querido extorsionar y “acusar falsamente”, al “Divo de Juárez”.

Recuerdo también, que después la Revista Alarma, dió a conocer, otro “escándalo”, donde se hablaba de la demanda de reconocimiento de paternidad en contra de Juan Gabriel; dicha nota, obvio, era quizás, para tratar de “cubrir” su homosexualidad, pretendiendo crear el escenario de ser un “hombre irresponsable”; tiempo después, la Revista Alarma, cambió de tema, con motivo de los sismos del 85, luego, poco a poco, de manera gradual, fue desapareciendo la revista de los puestos de periódicos; mientras que el libro, que mi abuela Zenaida, celosamente recogió y escondió, nunca jamás apareció.

Es un misterio familiar, saber, donde carajos quedo ese libro.

Los años pasaron, los discos de Juan Gabriel continuaron, nunca se tomó el tema de ese escándalo, ni aun en los programas de Verónica Castro, ”Mala Noche, No”, transmitido por el Canal 2, cuando su invitado especial, era el mismisimo Juan Gabriel y cuyo programa, duró tanto, que empezó a las 11 de la noche, de un día entre semana y que terminó, a eso de las 6 de la mañana del día siguiente; para dar pie, al noticiero matutino Hoy Mismo, conducido por Guillermo Ochoa. Nunca antes había ocurrido eso en a historia de la televisión.




¡Entonces era un estudiante de Secundaria y me valía un comino la música comercial¡. Odiaba a Raúl Velasco y todo aquello que tenía sello o marca comercial de Televisa.  De veras, no se imaginan lo terrible que era vivir, en una sociedad, donde solo existe una sola televisora y lo que es peor, tener conciencia de ello.

Cuando fui estudiante del CCH, mi entonces novia, era una coralitas de la UNAM, que presumía cantar en las salas de conciertos más importantes del país, como lo era la Sala Nezahualcoyotl o inclusive, el Palacio de Bellas Artes; al grado tal, que recuerdo, que se había escandalizado, de cómo un sujeto como Juan Gabriel, hubiera cantado en el Palacio de Bellas Artes; manchando con ello, el recinto artístico mas importante del país; entonces, yo de manera irónica y burlona le decía, que simplemente había cantado, en “el otro Blanquita”, refiriéndome obviamente, la comparación del palacio de bellas artes, con el viejo “Teatro Blanquita”, que hasta ese momento, era ya la última carpa que sobrevivía de la Colonia Guerrero.

Lo que más me sorprendió, es que mi Papa, hombre que siempre veía como un hombre recio, bueno para los golpes y que “nunca se rajaba”, había comprado todos los discos de Juan Gabriel, al grado tal, que lo escuchaba una y otra vez, quedándose maravillado de sus canciones, los cuales decían, “tenía ritmo” y cuyas composiciones, decía, que eran “bien chingonas”. Nunca dude de la masculinidad de mi padre, en aquella sociedad machista y con un padre, educado de esa forma, mas bien, tenía que aceptar que la música de Juan Gabriel “tenía algo raro”. 

Pues si tenía que reconocer, que esa estrella de televisión, no era de Televisa, sino era una estrella del país entero. Recuerdo bien, en aquel 1994 o 1995, cuando surgió la llamada “guerra de las televisoras”, entre Televisa  y TV Azteca, donde muchas de las estrellas de Televisa, se habían ido a cantar a programas de TV Azteca o que habían ido a cantar a Telemundo, pero cuyos conciertos, eran transmitidos por TV Azteca.

Entonces, recuerdo ver, muchas estrellitas de televisión, como Daniela Romo, Yuri y otros más, hablar de su lealtad a Televisa, pidiendo perdón a la televisora, por dicha afrenta; sin embargo, Juan Gabriel, no lo hizo. El siguió cantando a donde se le pegaba la gana, a tal grado, que Televisa, nunca pudo ejercer sobre Juan Gabriel, su clausula de exclusividad, sino que fue al revés. Fue Juan Gabriel, quien vetó a Televisa.



Entonces, el “Divo de Juárez”, me cayó bien. Había mandado a la chingada, a la importante televisora del país y eso me hacía ver a Juan Gabriel, como una estrella de televisión, cuyo país le quedaba chico. Era un hombre excepcional y universal. Después, Televisa cedió ante la grandeza de Juan Gabriel, termino musicalizando el trema de algunas de sus telenovelas, mientras que Juan Gabriel, se volvió un personaje, propiedad de su público y no, de una simple televisora.

Aquel año 2000, nuevamente Juan Gabriel volvió a ser sujeto de escándalo. Un promocional a favor del candidato priísta, Francisco Labastida y una melodía pegajosa, que decía: “¡Ni Temoc, ni Chente¡, ¡Francisco será Presidente¡. ¡Ni PRD ni PAN, ni PRD ni PAN; el PRI es el que va a ganar¡”. Dicho spot político, despertó una serie de críticas en contra de Juan Gabriel; empezando por Vicente Fox, el candidato presidencial del PAN, que hacía mofa de la canción.

Así que, ni aun la popularidad de Juan Gabriel, hizo posible que el PRI ganara la presidencia del año 2000. El pueblo de México, no es tan tonto como parece, creo que es peor, pero en ese momento, no le dió su voto al PRI de Juan Gabriel.

Al año siguiente, se supo que Juan Gabriel había sido encarcelado por sus deudas al fisco, entonces, el gobierno era del PAN y se hablaba, de un escándalo más de Juan Gabriel; cuentan que el PRI había negociado con la estrella, para que elaborara un promocional a su partido, con la promesa, de que se le perdonarían sus deudas fiscales, lo cierto es, que el PRI perdió la presidencia y Juan Gabriel, tuvo que pagar, hasta su último peso. 

Por cierto, nunca escuche una canción, un comentario o una letra, despotrificando contra hacienda, el gobierno, el Presidente o alguna autoridad, ningún comentario de odio o de reproche. Juan Gabriel, como siempre, permaneció callado.




En fin, muchas anécdotas que contar.  Llegaron los tiempos de cambio, se empezó hablar de la discriminación, de los derechos de los comunidades LGBTTT, de la competencia en los medios de comunicación, de la llegada del internet, de otros cambios tecnológicos que revolucionaron el mundo.  El mas notable de ellos, el canal Youtube de Juan Gabriel, donde sus ùltimas canciones, logran tener, de 40 a 52 millones de vistas. Una cantidad insuperable.

Después el polémico Juan Gabriel, mandó hacer su serie de televisión, cuyos derechos los compró la empresa Disney y cuya transmisión, lo es por TNT, Telemundo y TV Azteca. Lo mando hacer, porque como buen todo hombre que sabe que se acerca su fin, quiso contarle al mundo entero su historia. Unos lo hacen escribiendo sus memorias, mi padre fue uno de ellos, otros más, como en el caso de Juan Gabriel, lo hizo mandando hacer una serie de televisión, que ni Karla Estrada, ni el corporativo Televisa, pudo equiparar y hacer.

En fin, que podría esperar de Juan Gabriel.

Una “juangabrielamanía”, la revelación de melodías inéditas, de discos postmortem, de secretso relevados.

Espero ansiosamente, que ese libro que leí de niño, “Juan Gabriel y Yo”, reaparezca a la venta y no tanto para satisfacer mi morbo, sino como una manera de comprobar una hipótesis, que en estas líneas traduzco.

Juan Gabriel nunca fue un activista de los derechos de las comunidades LGBTTT, sin embargo, creo que tampoco quiso hacerlo, prefería que se le reconociera mas como músico compositor, que como miembro de una comunidad en constante lucha política, exigente de sus derechos.

Sin embargo, cuando pienso en ese misterioso libro, que lamentablemente, nunca apareció, libro donde se revelaba el homosexualismo de Juan Gabriel, tengo la sospecha, de que él hizo publicar ese libro, como queriendo “salir del closet” y en ejercicio de una rebeldía, que la televisión monopolica, lo tenía atado.

Y dado el escándalo que dicho libro generó, la reacción de la sociedad, machista y conservadora, trato de “ocultar” lo evidente.

No dudaría que los hombres cercanos a Juan Gabriel, empresarios de las televisoras y disqueras, censuraron la noticia y simularon, un chantaje, un pleito entre un perverso apoderado, Joaquín Muñoz, que había intentado extorsionar a Juan Gabriel, con mentiras, aprovechándose de su carrera artística. Tampoco dudaría, que el círculo más cercano a Juan Gabriel, su amiga, madre de su hijos y los amigos del ambiente que lo rodeaban, lo aconsejaron, continuar con ese silencio, apostando al olvido.

Sin embargo, estoy seguro, que ese libro reaparecerá y que la verdad, tarde o temprano, siempre brota.

Lo que diga ese libro, en nada afecta la imagen del gran divo.

Nadie puede escatimar que Juan Gabriel rompió los paradigmas de la masculinidad ranchera; en un país de machos, de “Negretes”, “Infantes” y hasta de “chentes Fernández”, un hombre “amanerado”,  “joto”, “marica”, “puto”, como les llaman despectivamente, logró vencer los muros de los prejuicios ideológicos, sociales, culturales, religiosos y hasta musicales. 

La gran aportación de Juan Gabriel, no solamente es su música y su concepción artística de lograr conjuntar el mariachi con la orquesta sinfónica; de “actualizar” la cultura artística mexicana, generada en la era de la posrevolución, a la época actual global; de haber vencido el poderoso monopolio de Televisa, que establecía sus patrones ideológicos, para controlar las masas, en beneficio del viejo sistema priísta que quería controlar todo, las fronteras, los pesos y hasta las ideas de sus gobernados.

Juan Gabriel es grande, porque nos hace sentir más que mexicanos, nos hace sentir humanos, con la capacidad de llorar, de reír y lo que es mejor, de bailar.

Juan Gabriel no necesito defender sus derechos, pues aun habiendo sido víctima del autoritarismo mexicano, concretamente, de la corrupción del sistema de procuración e impartición de justicia, que lo llevo encarcelarlo injustamente, uno acusado de robo y otro más, acusado de no pagar impuestos; o de haber sido víctima de  los monopolios empresariales, que tenían el control de la distribución, difusión y comercialización de la música; o de la cultura machista, homofóbica, que denigra, discrimina, golpea y hasta asesina a seres humanos de preferencias sexuales distintas a las heterosexuales; Juan Gabriel aun y con todo eso, logra superar el poder político, el poder económico, el poder religioso y hasta el poder familiar. (Abuelitas que escondían libros prohibidos).

Juan Gabriel nos hace todos, decir con orgullo, que tenemos algo de él y que él, se llevó algo de nosotros.

Por eso decimos con mucho orgullo:

¡Todos somos Juan Gabriel¡.