sábado, 11 de octubre de 2014

¡ECHEVERRIA EN DEFENSA DEL POLITÉCNICO Y DE LA UNAM¡ .... ¿...?




En mi pasado blog dije que la Universidad Nacional Autonoma de México y el Instituto Politécnico Nacional, ya no responden al ideal del nuevo “Estado” Mexicano.   Hable pues, de la necesidad de una “nueva UNAM” y también, desde luego, de un “nuevo Politécnico”. Me toca en este blog y en los siguientes, tratar de definir en que consiste ese nuevo proyecto educativo.  Para ello resulta importante, remontarnos a sus antecedentes históricos.

La vieja UNAM fue la que construyo el régimen priísta con la creación de Ciudad Universitaria por el expresidente Miguel Alemán Valdes.  No la UNAM que se fundó con el funcionario porfirista Justo Sierra allá por 1910, ni tampoco la que presidió José Vasconcelos en los años 20’s, o la de Manuel Gómez Morín, fundador del PAN y acérrimo crítico de la política popular y revolucionaria de Lázaro Cárdenas, quien no debemos pasar por alto, que fue el creador del sistema político priísta presidencialista, además de ser el “padre” del Instituto Politécnico Nacional, allá por los años 30’s del siglo XX.



La vieja UNAM, aquella que fue la creación del régimen priísta, terminó siendo “ingrata” con el “gobierno revolucionario (institucional)”, que la creó. No basto que la estatua de Miguel Alemán Valdés fuera dinamitada, (algo que nunca ocurrió con la estatua de Lázaro Cárdenas que se encuentra en la Unidad Zacatenco del “Poli”); sino que también, la ruptura entre la UNAM y el PRI-Gobierno se da en 1968, con la revuelta popular estudiantil, cuando un “empleado” de ese régimen autoritario, el Ingeniero Javier Barros Sierra, decidió apoyar a los estudiantes revoltosos y no, a su jefe, el Presidente Gustavo Díaz Ordaz.  

El expresidente Luis Echeverría Alvarez, (sucesor de Gustavo Díaz Ordaz),  busco la reconciliación con la Universidad Nacional. Aunque no realizó ningún acto de ajusticiamiento, ni político ni jurídico con los autores del genocidio del 68, mucho menos, con los del “halconazo” del 71, si al menos, el régimen de Echeverría, fue uno de los principales promotores de la mayor expansión educativa y universitaría que nunca antes de haya registrado. Durante su administración, se creó un nuevo concepto de educación medía superior, como lo fue los Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH’s), así como cinco unidades profesionales multidisciplinarias, desconcentradas del Distrito Federal, las denominadas Escuelas Nacionales de Estudios Profesionales (ENEP´s) que se encuentran en Acatlán, Cuautitlán, Iztacala, Zaragoza y Aragón; así como los Institutos de Geofísica, Geología, Geografía, Astronomía, Física, Biología e Investigaciones Biomédicas. La UNAM en el sexenio echeverrista, elevo su presupuesto de 565 millones a 3 mil 580 millones de pesos. (¡Casi seis veces¡).




El Instituto Politécnico Nacional también recibiría un premio ante su actitud ingrata por la revuelta estudiantil del 68. Su “indemnización” consistiría en multiplicar cuatro veces su presupuesto que recibía en 1971, a la cantidad de mil 957 millones de pesos. Además fue en esa administración, que se creó la escuela Nacional de Homeopatía, las Unidades Xocongo, Culhuacán, Tepepan, Tecamachalco y la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Ciencias Sociales y Administrativas UPICSA, ubicada en Iztacalco.  Asimismo le fueron entregados al Politécnico 750 hectáreas de la exhacienda de “El mayorazgo” ubicada en Milpa Alta Distrito Federal, para construir ahí, la Ciudad de la Ciencia y laTecnología, donde existiría el Centro Interdisciplinario de Ciencias de la Salud, de Ciencias Exactas y Tecnológicas, de Ciencias Sociales, “para el beneficio de la educación popular y del desarrollo del país”.

No solamente Echeverria quiso congraciarse con el Politécnico y la Universidad, sino que también emprendió la creación de nuevas opciones educativas en el Distrito Federal  y en toda la República Mexicana.

Fue durante su administración, cuando se crearon seis universidades en el interior de la República: En 1973 nacerían la Universidad Autonoma de Aguascalientes y la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez; en 1975 nacerían otras tres, la Universidad Autónoma de Baja California Sur, Universidad Autónoma de Chiapas y la Universidad Autónoma de Nayarit; para el año de 1976, nacería la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Pero no solamente eso, apoya también la educación técnica, con la constitución de cinco Institutos Tecnológicos Regionales.  



Por lo que se refiere a la Ciudad de México, en 1973 crea un organismo público descentralizado llamado “Colegio de Bachilleres” y posteriormente en el año de 1974, crea una nueva Universidad, la Autónoma Metropolitana (UAM), con tres campus: Azcapotzalco, Xochimilco e Iztapalapa. La nueva Universidad tendría características muy peculiares a la UNAM y al Politécnico. Sería una nueva opción educativa, crítica, que serviría también para dar cabida, a los intelectuales exiliados argentinos y chilenos, que huyendo de sus gobiernos totalitarios, encontraron oportunidades de empleo en nuestro país.  

La UAM, nacería quizás inspirada en lo que fue la Casa España de México, escuela creada en 1938 que acogió a los exiliados españoles de la guerra civil y que con el paso del tiempo, se convirtió en el Colegio de México. Fue precisamente en los años sesentas, en el periodo del presidente Adolfo López Mateos, cuando adquirió dicho nombre y no fue, sino hasta 1976, cuando el régimen de Echeverría, otorgó a dicha institución educativa, el inmueble y la infraestructura educativa que tiene actualmente.

Fue también en esa administración echeverrista, siguiendo la tradición agrarista cardenista, cuando la educación agrícola, es reconocida al rango de licenciatura y no de estudios técnicos. Tan sólo en 1974, nace en Texcoco Estado de México,  la Universidad Autónoma de Chapingo, con un lema por cierto, que resulta una mezcolanza entre zapatista y marxista: “¡Enseñar la explotación de la tierra, no la del hombre¡”. También en ese mismo año, se crearía la Escuela Superior de Agricultura Tropical en Villahermosa Tabasco. Posteriormente, en el año de 1975, se crea en Torreón Coahuila, la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro. De igual forma, se crean estudios técnicos agropecuarios, con la creación de 17 Institutos Tecnológicos Agropecuarios en toda la República Mexicana, así como 76 centros de estudios tecnológicos agropecuarios.



Luis Echeverría Álvarez, ha sido y justo es reconocerlo, uno de los grandes impulsores de la educación universitaria. No solamente “indemnizó” a los estudiantes y la clase intelectual de izquierda, afectada, perseguida, reprimida y encarcelada por las revueltas estudiantiles de 1968 y 1971, sino que también, se congració con las fuerzas armadas, al crearles también su Universidad del Ejército y las Fuerzas Armadas.

La política educativa de Echeverría, fue promotora de un concepto diferente que por momentos hacía recordar la educación socialista de la época cardenista. Aunque no fue reformada la Constitución, si fueron promulgadas la Ley Federal de Educación en 1973, así como la Ley de la Educación para los Adultos, (creándose posteriormente el Instituto Nacional de Educación para los Adultos INEA).

Echeverría quiso ser recordado como un gran estadista en materia educativa. No le bastaron 542 millones de libros de texto gratuito, que ni José Vasconcelos, jamás hubiera concebido, sino que también en dichos libros, con las severas objeciones de los diputados panistas de aquella época, propugnaban por superar, el “paso de la reacción de las minorías insignificantes”, “de los que se oponían a todo avance”, de aquellos que vivían del pasado y temían del futuro; aquellos, que querían “…. detener la historia costa del sacrificio del pensamiento, perpetuar la ignorancia y malograr la imaginación creadora, reprimiéndola en las viejas estructuras mentales, en el prejuicio y en la pobreza moral de los intereses creados”.   



Su visión hace que también se constituya el CONACYT. Consejo Nacional para las ciencias y la Tecnología, donde logra unificar a la comunidad científica del país y de las instituciones nacionales de enseñanza superior. Quintuplica cinco veces el presupuesto en sus seis años de gobierno, de 8 mil millones de pesos en 1970, a 40 mil millones en 1976. Se auto elogia en su gran obra revolucionaria, y es por eso que visita la Organización de las Naciones Unidas y promueve desde esa tribuna mundial, la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados, en el que exige a los países del “primer mundo”, la transferencia tecnológica”. Pero nadie le hace caso, el liderazgo del “Tercer Mundo” y de los “no alineados” lo encabezaba el comandante Fidel Castro, Presidente de Cuba, así que Echeverría, líder en su tierra, decide crear otra institución educativa más, pero ésta con proyección internacional, a la cual llamaría “Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo”.  

Luis Echeverría Álvarez busco con todas estas obras, ser el “nuevo Lázaro Cárdenas” y también, ser el “nuevo Miguel Alemán Valdés”, quien para poder igualar su obra de construir una Ciudad Universitaria, creyó que ampliando su infraestructura educativa tanto de bachillerato como profesional, tanto de la Ciudad de México, como de la República Mexicana, recibiría el “perdón” de los estudiantes. Contrario a ello, cuando todavía siendo Presidente y quiso inaugurar un año escolar en la Facultad de Medicina de la UNAM, recibió de los estudiantes, chiflidos, insultos, mentadas de madre y hasta una pedrada que no lo mato, pero si al menos lo descalabró. ¡Una calva ensangrentada sería pues, su única cuota de sangre con la que pagaría por sus crímenes del 68 y 71¡



Había recibido una agresión de “reductos minoritarios proclives a la autodenigración y fáciles presas de la provocación interna y externa”.  Jóvenes fascistas manipulados por la CIA o por las “agencias externas”, que con lenguaje pseudorrevolucionario, trabajaban por encargo de grupos interesados en el atraso tecnológico, científico, cultural del país, para hacerlo objeto de la dominación extranjera.  

El Presidente Echeverría busco la conciliación con los estudiantes y por eso, hablaba constantemente en sus discursos de la “apertura democrática”, pero eso realmente significó, ofrecer “oportunidades” a los egresados de las Universidades a sumarse a la burocracia gubernamental; en la repartición de cargos y emprender las obras sociales, que el presupuesto público le permitía hacer.



Nada hizo contra las instituciones educativas que profesaban clandestinamente, su culto religioso católico, en contravención, al artículo tercero que establecía la obligatoriedad de la educación laica. Inclusive, aun cuando el Estado (priísta), tenía la facultad de desconocer sus estudios, títulos y diplomas que estos repartían, nunca lo hizo: el caso era, que por omisión, el gobierno priísta permitía que existieran universidades católicas.

Fiel quizás a la política “conciliadora” de su antecesor el Presidente Manuel Ávila Camacho, nada hizo contra la Universidad Iberoamericana nacida en 1943, cuya doctrina educativa era jesuita; o bien, contra la Universidad Lasalle, que en el nombre, llevaba la marca cristiana de aquel sacerdote, teólogo y pedagogo francés, de nombre San Juan Bautista de La Salle, canonizado por el Papa León XIII en 1900; institución educativa que existía desde 1962.

Pero más aún, nada tampoco hizo contra la gran institución educativa formada por el clero mexicano, concretamente, los “Legionarios de Cristo”,  quien a través de su gran líder espiritual (además de pederasta), Marcial Maciel, había fundado desde 1964, la Universidad Anáhuac.   



El lenguaje revolucionario de Luis Echeverría Álvarez no tocó absolutamente, con el pétalo de una rosa, a su enemigo histórico, el Clero. La Constitución, concretamente los artículos 3° y 130, era (como siempre lo había sido), “letra muerta”.  Lo único que hizo el régimen de Echeverria, fue censurar la guerra cristera de los años veinte y hacer como si la Iglesia Católica mexicana, no existiera.

Poco le llamo la atención al Presidente Echeverría enterarse que por esos años, un nuevo equipo de Futbol Americano, que no fuera el “Poli” o la “UNAM”, ganara el torneo estudiantil universitarios. No eran “los burros” o “los pumas”. ¡Eran los Borregos del Tecnológico de Monterrey¡.



La Institución educativa, denominada “Instituto Tecnológico de Estudios Superiores Monterrey”, había nacido desde 1943, como una “escuela de negocios”. Dicha institución había suprimido la tesis profesional como requisito para la titulación de sus egresados, habiéndole sustituido, por el manejo del idioma inglés, a través de un certificado TOEFL con una puntuación mínima de 520 puntos. No era para más, el fundador de dicha institución era Eugenio Garza Sada, hijo del fundador de la Cervecería Cuauhtémoc, quien contaba con estudios militares en Western Academy, así como de ingeniería civil, por Massachusetts Institute of Technology. Su ideología no era a favor del régimen revolucionario que tanto pregonaba Echeverria y su partido el PRI, o el que se aclamaba en las universidades públicas del país, a través de esos jóvenes “pseudorrevolucionarios” que habían agredido a Echeverría. La visión de aquel empresario, era algo así que podía identificarse, como de “derecha”, “conservador” o “reaccionario” y obviamente, a favor, de los intereses imperialistas.

Si Echeverría no había hecho nada contra las escuelas del clero católico mexicano, si al menos hizo algo, contra el mentor del Tecnológico de Monterrey. Bastó que desde las oficinas de la Dirección Federal de Seguridad, uno de sus agentes especiales, de nombre Héctor Escamilla Lira, se infiltrará a las filas de la guerrilla “23 de septiembre”, haciéndose pasar por “simpatizante de la causa”, para llevar a cabo la ejecución del ilustre empresario.

El móvil no fue, la amenaza que representaba el Tecnológico de Monterrey para el sistema educativo nacional. ¡Quizás Echeverría nunca lo considero así¡. Ninguna institución educativa, por muchos recursos económicos que obtuviera, podría competir con el sistema educativo público, construido éste, bajo el amparo de una identidad nacionalista y revolucionaria.



La verdadera causa de aquella ejecución, fue impedir que el empresario regiomontano adquiriera la primera cadena de periódicos ajenos al subsidio gubernamental, pues la Organización Periodística García Valseca dueños del “Sol de México”, mantenía pláticas, para venderle su red de periódicos de circulación nacional.

Echeverría impidió a toda costa, una prensa libre, (para evitar que se infiltrara la derecha); por eso, aquel agente infiltrado de guerrillero, ejecutó a sangre fría, al empresario norteño, sin importarle la ira de la sociedad regiomontana.

Así era el presidente mexicano Luis Echeverría Alvarez. Había que reivindicarse como un hombre de izquierda de la talla de Lázaro Cárdenas del Rio y de una visión progresista industrial, como lo era Miguel Alemán Valdés. Sin embargo, era tan autoritario, como lo había sido su antecesor Gustavo Díaz Ordaz.

Un hombre, que no vacilo en quintuplicar el sistema educativo nacional y de buscar a toda costa, la reconciliación con la clase estudiantil.

Un hombre, que había asesinado al mentor y fundador del Tecnológico de Monterrey …

Y que también, sin vacilar, había asesinado a cientos de jóvenes de las universidades públicas del país.  (Algo así como más de 500 desaparecidos).

¡Muertos y más muertos ….¡

Cómo los de Ayotzinapan … o Tlatlaya.







viernes, 3 de octubre de 2014

¿REFORMAR AL "POLI"? (El viejo y el nuevo Instituto Politécnico Nacional).



El 24 de septiembre del 2014, salió publicado en la Gaceta Politécnica, el Acuerdo por el que se Modifica el Reglamento Interno del Instituto Politécnico Nacional; la norma fundamental que regula a dicha institución educativa; en términos jurídico normativos, como si fuera el equivalente a la Constitución Política que rige al Estado Mexicano o bien, en términos estudiantiles universitarios, como lo que es el Estatuto Orgánico para la comunidad universitaria de la UNAM.

Esto ha causado, en forma inmediata, una insurgencia estudiantil que ni el movimiento estudiantil “Yo Soy 132” emanado de la Universidad Iberoamericana, puede comparársele. No es un movimiento partidista antipriísta o anti Peña Nieto, ni promueve la apertura de los medios de comunicación como lo hicieron los chicos de la Ibero en aquellos tiempos de contienda electoral.  Este movimiento estudiantil, puedo compararlo, sin duda alguna, como una mezcolanza de lo que fue el movimiento estudiantil de la UNAM de 1929, 1986 y 1999; no es desde luego un 68 o un 71; es un movimiento estudiantil que como tal, está impregnado de juventud, cantico y revolución.   El objeto principal del debate, no es la represión, ni el inminente triunfo de un candidato apoyado por la cobertura informativa de los medios cuasimonopólicos de comunicación; en este movimiento estudiantil, su discusión gira, en torno a un tema de índole académico.  Resulta pues, que en la casa y en semillero de los técnicos de la patria, ahora éstos: … ¿No quieren ser técnicos?.

Miles de gritos, abucheos, silbidos y hasta metadas de madre; variedad de carteles y opiniones son motivo de este nuevo debate nacional. ¿Privatizar el “Poli”?, ¿La técnica al servicio de las trasnacionales?, ¿La desaparición de las ingenierías para convertirlos ahora en “técnicos superiores”?, …¿Qué se discute ahora en este nuevo debate nacional, para que los ojos de la prensa no volteen a ver la desaparición de 57 estudiantes normalistas del Estado de Guerrero?.  ¡Que pasa entonces¡. … ¿Por qué el Secretario de Gobernación encara una manifestación multitudinaria de estudiantes, con los riesgos de seguridad ante “turbas” que pudieran no solamente chiflarle, injuriarle o aventarle de perdida un zápato, sino también de que el gesto pudiera ser mal interpretado por su jefe el Presidente, para truncarle su carrera política?  



No podemos entender al verdadero Politécnico, sino entendemos la historia de la Universidad Nacional Autónoma de México.  Dos instituciones públicas de educación superior, que fueron y aun en mayor medida, siguen siendo, los pilares fundamentales con los cuales se construyó el Estado Mexicano.  Pues el gran proyecto educativo de la “Revolución Mexicana” lo fue sin duda alguna, la creación del Instituto Politécnico Nacional y también, sin ánimo de equivocarme, el gran proyecto educativo del régimen priísta (en su época dorada), lo fue la Universidad Nacional Autónoma de México.  Dos instituciones hermanas, “Poli” y UNAM, que juntas escribieron la historia del México moderno; y que ahora, en la era global, posmoderna y neoliberal, parecieran ser contrarias al ideal con el que fuimos educados los mexicanos de hoy.

El Politécnico Nacional nace como una política estatista del expresidente Lázaro Cárdenas, en un momento en el cual la Universidad Nacional peleaba por su sobrevivencia, ante la embestida del gobierno cardenista de no apoyar con recursos públicos, el sostenimiento de la Universidad de México.

Cuando el Instituto Politécnico Nacional nació, la Universidad Nacional de México era, todo aquello que representaba el viejo régimen opositor a la revolución mexicana. El gobierno del Presidente Lázaro Cárdenas del Rio era la máxima representación del gobierno emanado de aquel movimiento social que los líderes burócratas, obreros y agrarios del país, le habían llamado “Revolución Mexicana”. No tenía porque apoyar una institución obsoleta y caduca que los grandes progresistas del México del Siglo XIX habían decidido clausurar, como lo fue en su momento Valentín Gómez Farías o el mismísimo Benito Juárez que no tenía la mínima intención de “abrir” como si lo hizo Maximiliano de Habsburgo; una institución “perfumada” y “afrancesada”, compuesta no por obreros y campesinos, sino por “catrines”, que  hacía recordar las ideas de grandeza del dictador Porfirio Díaz.

El Politécnico nace pues, como una respuesta del gobierno a la revolución mexicana, a una institución que representa, todo aquello que quería borrar el régimen revolucionario: El porfiriato.

La Universidad Nacional obtuvo su autonomía en 1929, tras una huelga estudiantil, en el cual, el sector estudiantil que lo encabezó, era opositor a esa visión anticlerical que representaba el gobierno revolucionario de Plutarco Elías calles. No por algo, la Universidad Nacional de los años veinte y treinta, tenía entre sus alumnos, a jóvenes católicos, muchos de ellos simpatizantes de los movimientos “cristeros” que habían tomado las armas, para derrocar al gobierno anticlerical de Calles, que se había dedicado a perseguir sacerdotes en su cacería genocida de imponer un Estado laico anticlerical.



Fue así como en 1934, a propuesta del Partido Nacional Revolucionario, se reformó el artículo 3° de la Constitución Política, para establecer que la educación que impartiera el Estado, sería socialista, además de excluir en ella, toda doctrina religiosa, para combatir el fanatismo y los prejuicios.  

¿Qué institución era la que tenía entre sus filas a esos fanáticos católicos?. Esa institución era nada menos, que la propia Universidad Nacional de México. Acusada e investigada desde las oficinas de la Policía Secreta del régimen revolucionario, de recibir apoyos e inclusive financiamientos del Arzobispado de la Ciudad de México; así como también de promover la conformación de “sociedades secretas” auspiciadas desde el vaticano, por el Papa Pio XI.   Una institución “reaccionaria”, representada por su Rector Manuel Gómez Morín, quien años después, manifestó su postura crítica al régimen revolucionario, al fundar con los “notables” de su época, al partido político opositor al sistema, llamado éste Partido Acción Nacional. (Quizás el nombre inspirado en el movimiento mundial “Acción Católica”, cuya principal característica era reclutar jóvenes católicos, muchos de ellos por cierto, estudiantes de la Universidad).

La administración de los rectores Fernando Ocaranza y Luis Chico Goerne, fueron testigos de los intensos ataques que uno de los hombres del sistema, el máximo líder obrero Vicente Lombardo Toledano, hacía para promover que la educación universitaria, fuera también socialista, de mera inspiración marxista. Gran mérito del maestro Antonio Caso, defender la “libertad de catedra” que debía de preservar y defender la Universidad, ante la embestida de ataques de un gobierno, inspirado en las modas autoritarias de la Europa de Stalin, Mussolini, Hitler y de la falange española.

Fue así, que en 1936 luego de amplios estudios realizados por Juan de Dios Bátiz, el Presidente Lázaro Cárdenas, decidió dar todo el apoyo del Estado, no a una institución conservadora impregnada de juventudes católicas, sino a formar una institución educativa impregnada con un alto sentido social, cuyos principales beneficiarios, fueran los hijos de los trabajadores y de los campesinos.

Por eso, nadie duda a más de ochenta años de la fundación del Politécnico, sea esa institución, la que mejor representa el ideal del sistema educativo de la revolución mexicana. ¡Revelación sorprendente para muchos¡. El Politécnico Nacional es mucho mas revolucionario que la propia UNAM¡.

Sin embargo, han transcurrido ochenta años y los tiempos cambian.  El mundo en el que se fundó el Instituto Politécnico Nacional no responde al de su creación; hoy, en Europa no vive bajo el yugo de las dictaduras totalitarias, ni el país, tiene los 19 millones de habitantes que tenían en aquel año de su fundación; la Universidad Nacional mucho menos, cuenta con juventudes de fanáticos católicos, ni son sin duda alguna, vestigio alguna de todo aquello que representa conservadurismo o el viejo catolicismo, que alguna vez le hizo la guerra al Estado mexicano.

Los tiempos cambian y la Universidad Nacional también cambió. En 1946 el “gobierno revolucionario” del régimen priísta, logra lo que en ningún país de América Latina pudo hacer durante décadas, la “institucionalización” del poder civil y en consecuencia, la desmilitarización de la vida pública. No solamente eso, en aquel 1946 el “Partido de Estado”, el PRI, postula como su candidato presidencial a un egresado de la Universidad Nacional de México: el Licenciado Miguel Alemán Valdés.




Nada mejor que la reconciliación. El régimen pacta con la Universidad Nacional de México, a quien le devuelve su presupuesto público y le hace también una donación de terrenos al sur de la Ciudad de México, para que en ellos, se edifique la Ciudad Universitaria. Que mejor que los arquitectos Enrique del Moral y Mario Pani, para que fueran ellos los que diseñaran la mayor obra arquitectónica de toda la historia del país, producto de un gobierno profundamente nacionalista y con un discurso revolucionario de democracia y justicia social. Que mejor que sus maestros muralistas, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Juan O'Gorman, para que plasmaran en las paredes de los recintos universitarios, el ideal de un Estado emanado de las causas populares que además de haberle dado identidad a la patria mexicana, reivindicaron su proyecto social e ideológico: anticlerical, liberal, progresista, agrarista, siempre a favor de los trabajadores y obvio, antiimperialista, con un discurso oficial, en contra de los Estados Unidos de América.  

El México posrevolucionario de los años 40´s, 50´s y 60´s, es el México del “milagro mexicano”, la economía mexicana crece a grados sorprendentes y  por vez primera, el Estado mexicano adquiere una identidad nacional, un proyecto de nación, un ideal que se reproduce en cada miembro de la clase media mexicana, el sueño de una patria justa socialmente, donde los derechos de los trabajadores y campesinos, así como de la naciente “clase media”, se encontraba garantizada, a través de un Estado fuerte y presidencialista, socialmente revolucionario y con fuertes instituciones, muchas de ellas envidiables ante sus naciones hermanas de América Latina. Así las cosas, el régimen priísta construye la nación mexicana, con un grado de civilización y de superioridad, por encima de los países africanos y del medio oriente, que para esos años, acababan de independizarse.  

Es en ese México prospero, del pleno auge del “milagro mexicano”, cuando la nación cuenta con sus dos instituciones educativas: La Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Politécnico Nacional.

Qué maravilla de un país como el nuestro, que su propia clase gobernante, su Presidente, sus gobernadores, secretarios de Estado, sus ministros, legisladores y demás funcionarios, hayan podido ser, los egresados de las dos instituciones educativas, mismas que habían sido construidas por ese régimen revolucionario.
¡Pero esos tiempos cambiaron¡.

¡Quien quiera ver que la nación mexicana es la misma de hace ochenta, sesenta o cuarenta años, está totalmente equivocada¡.

El mundo no es el mismo … quien quiera entender la situación política, económica y social del México de hoy, con los mismos “ojos” de ayer, se encuentra también en un error.




La Universidad Nacional y el Instituto Politécnico, ya no responden al ideal del nuevo “Estado” Mexicano.   ¡Eso es una verdad¡. Se requiere de una “nueva UNAM” y también, de un “nuevo Politécnico”.

Pero lo importante de debatir algo tan serio para el futuro del país y de muchos jóvenes, es entender en que consiste ese “nuevo ideal”.

No creo que nuestra clase política crítica y opositora tenga la menor idea de lo que se avecina y de lo que se debe discutir.

Nada mejor que oponerse y protestar, bajo el argumento del “¡NO¡ ¡NO¡, ¡NO¡” …

¿Y el futuro irremediable e inevitable que se aproxima, quien carajos lo detiene?.

¿Una marcha multitudinaria?. … ¿Un Secretario de Gobernación audaz?.

¡O una juventud, critica e informada¡.

Me gustan los movimientos estudiantiles, pero no creo en sus victorias “pírricas”, ni en sus banderas neoconservadoras, fundamentadas en los mitos del pasado que construyó el régimen priísta;  así que pienso, que los procesos no se detienen, simplemente se encaran con inteligencia y con principios.

Y ese, es el futuro que debe construirse y por ende ….


¡Debatirse¡.