domingo, 27 de abril de 2014

JUAN PABLO II UN "SANTO" ANTIPRIISTA.



La canonización de Juan Pablo II me deja muchas cosas que pensar.

No le dejo a reconocer a Juan Pablo II su gran liderazgo evangélico, su enorme carisma y su vocación espiritual. Eso me consta, porque fui testigo de ello, en las visitas que hizo a la Ciudad de México. 

Jamás olvidare la devoción de la gente, las personas que se aglutinaban en las calles y avenidas al verlo pisar, la cantidad de "voces" criticas y disidentes al catolicismo, que callaban, al verlo pasar. 

La postal que jamás olvidaré fue su encuentro con el Comandante Fidel Castro. Ese para mi, desde mi alma latina, fue el encuentro del siglo. La postura de ambos hombres y los discursos que cada uno de ellos se dijo, son verdaderas piezas literarias en la lectura política, que cualquier politólogo debe de analizar.



Sin embargo, hay cuestiones que le reprocho.


Su congruencia de liberar los pueblos sujetos al régimen totalitario de la Unión Soviética, no fue congruente, con los pueblos de América Latina sujetos a dictaduras militares auspiciadas por la política exterior intervencionista e imperialista de los Estados Unidos. 


Su aberración a la "Teología de la Liberación", permitió y desistió de cualquier acción política y espiritual, tal como ocurrió con el caso de los ministros religiosos Monseñor Romero o de los jesuitas que murieron asesinados por el gobierno represor de El Salvador. Pareciera que en la moral de Juan Pablo II ellos merecían morir, porque eran comunistas.
Contrario a ello, Juan Pablo II fue enemigo del PRI, logró evidenciar su política hipócrita y simuladora, supuestamente anticlerical, cuando logró derrotar moralmente al gobierno de José López Portillo, al haber hecho su primera visita en México, en el año de 1979. Situación que orilló la renuncia de un priísta distinguido y congruente como era Jesús Reyes Heroles, quien era en aquel entonces, el Secretario de Gobernación y cuya prensa controlada por el régimen de aquel entonces, logró ocultar. 




Su aberración al PRI (parecido al PCUS, en ser partidos "únicos", "revolucionarios" y autoritarios), no solamente logró el reconocimiento de personalidad jurídica de la iglesia católica mexicana, nulificada desde la época de Benito Juárez, sino que también tuvo el descaro de apoyar sutilmente a Vicente Fox y al PAN en el año 2000, cuando canonizaron de un sólo golpe, "sin que nadie se hubiera dado cuenta" a treinta santos mexicanos, que murieron en la persecución política de la cristiada, auspiciada y promovida, por los fundadores del PRI. Ese partido que perdió en el 2000 y que para fortuna y desgracia de muchos, regresara en el 2012.


En fin, quizás podré perdonarle sus apreciaciones políticas inclusive hasta antipriístas, lo que no podría perdonarle y le reprocharía por siempre, fue su encubrimiento o su falta de neutralidad, para no haber investigado y sancionado, a uno de los peores pederastas que han desprestigiado a la Iglesia Católica mundial y que para variar, era de nacionalidad mexicana. Que sepan todos: Juan Pablo II toleró a que Marcial Maciel, cometiera abusos sexuales a infantes y jóvenes seminaristas, por más de cincuenta años. 




Y lo más indignante todavía, nuestras autoridades (priístas, panistas y perredistas), junto con sus medios de comunicación (Televisa y TV Azteca), nada dijeron, como tampoco nada dicen el día de hoy, sobre ese criminal sexual, de nombre Maciel, que ensombrece y pone en duda, la investidura de "santo" que acaba de recibir, el "papa Peregrino". 


¡En fin¡. Juan Pablo II, aquel que líder carismático que pensé que era, ¡No es mi Santo¡. 

Espero que el Papa Francisco, lo pueda algún día ser:

jueves, 17 de abril de 2014

MI ENCUENTRO CON DIOS. (Según mis memorias).



A veces piensas que vives una vida aburrida.  Un tiempo pesado en el que los sonidos más cercanos, los sientes, huecos, vacíos, perturbadores; donde cada segundo es un instante de tedio, con una pequeña dosis de angustia.


Así es la semana santa. Semana en la cual, el mundo occidental judío cristiano, conmemora la muerte de uno de los personajes históricos más misteriosos de la existencia humana sobre la faz de la tierra.

Piensas y sigues sin entender, porque el mundo no se dividió en un “antes” y “después” de Napoleón, de Hitler o de un Kennedy; no te das cuenta, que Jesús, es el punto cero de la recta numérica de la historia, que cada día del calendario, es un día más de distanciamiento y  de recuerdo, a quien fuera uno de los personajes más notables de todos los tiempos.

Conocí a Jesús, porque era un cuadro de la pared de mi casa. Cuando despertaba todos los días, era lo primero que veía desde mi cama. Una imagen bendita que mi abuela me decía, que era “papá dios”, un ente misterioso, cuya cabeza curiosa de un niño de tres años, no lograba entender, porque decían que “estaba en todas partes”.

Ese dios, supe que estaba en la iglesia, así lo aprendí porque me lo enseñaba doña Juanita, una adorable anciana que día a día, quería convertirnos a santos, a mis hermanos y a mí. No sé cuántas veces rezaba el padre nuestro o el ave María, ni lograba entender, porque una vez mis hermanos se casaron, y es que me dijeron que no era matrimonio, ni tampoco novios, sino que eran mis hermanos y que lo que estaban haciendo, era la “primera comunión”. Seguía en verdad sin entender, que dios fuera por momentos, símbolo de aburrimiento en un templo silencioso, donde no podías jugar, patear, llorar o hacer berrinche.

Me encuentro con dios, fue hasta 1984, cuando aprendí a conocer la calle. Entonces tenía los diez años de la edad y me enfrentaba ante un mundo desconocido, que las enciclopedias de mi casa, no alcanzaba a descifrar. Ese gran misterio que para mí representaba “la calle”.

Como todos los sábados y domingos, doña Juanita pasaba por mi casa, primero para el adoctrinamiento a la primera comunión, después, para la “misa de niños”.

Me encantaba leer, me apasionaba hacerlo, no solamente aprendí a conocer a dios, en las películas de blanco y negro de Enrique Rambal, no solamente, porque mi abuela me platicaba de él, o porque mi papa, todas las mañanas lo escuchaba rezar en voz baja. Aprendí a conocer a dios, porque doña Juanita, cada semana, nos platicaba de él.

Pero, en verdad que no me acuerdo lo que me decía. Lo que si recuerdo, es que cada sábado o domingo, tenía la valiosa oportunidad de salirme de mi casa y pisar, ese universo tan extraño que era para mí, la calle.

Era libre para caminar por las banquetas de mi querido barrio, tan lleno de borrachos y maleantes, que aún no podía identificarlos como gente “mala”. Mi conciencia aún no estaba maleada con la moral cristiana del bien o del mal, pero sin embargo, sabía que detrás de esos discursos religiosos y aburridos, a veces incomprensibles, se encontraba la amistad de mis grandes amigos. Cesar, mi gran amigo con el que aprendí la importancia de que te gustaran las niñas de la escuela, entre ellas Maribel; y con el cual,  jugabas las guerritas con mis soldaditos de plástico y mi fortaleza de madera, al mismo tiempo que él te mostraba, la colección Jedi, de todos los muñecos de la gran zaga de Star Wars. Marca Lili- Ledy.

El padre Abel Fernández, como todos los domingos predicaba la misa “para niños”. En dicha ceremonia, encontraba mis compañeros de la primaria Juan Tellez Vargas. Maravillado yo, entendí desde niño, que la vida escolar, era también, vida social en la religión. Vida social fuera de las familias, vida social con los amigos. Vida comunitaria en mi colonia Guerrero.

 Tu vida escolar adquiría sentido. Estabas en quinto de primaria y entendías e valor de una escuela pública, donde tus padres, ya no discutirían jamás sobre quien debía de pagarte la colegiatura. Tu escuela, aunque fuera pobre, era del gobierno y por ese hecho, era un bien comunitario, un bien de todos, un bien, al que debías de sentirte identificado, por forma parte de él.

Eso es lo que aprendes a los diez años. Eres un niño, juegas pelota en el patio del lugar en el donde vives, al que le dicen vecindad, pero que sabes que no lo es, porque así te lo dicen tus padres. Vives ahí, aceptando tu clase y tu condición social. Vives encerrado en un pequeño departamento  y como cada fin de semana, acudes a la doctrina para tu primera comunión y después, el domingo en la mañana, cuando tus papas ven Chabelo en la Televisión, te despiertas y tu madre, te entrega la bolsa de arroz, de frijol o de aceite, que le tienes que entregar al padre en señal de limosna.

Entonces oyes los primeros comentarios de tu padre, quien se queja de la “limosna” del padre, con sus palabras directas, pone en duda la honradez del sacerdote, quien dice que esos alimentos, serían repartidos para los pobres, no para él. No logras entender, ni crees literalmente sus palabras. Llevas la despensa que te entrega tu madre y cuando ya estás en misa, haces entrega entre las bendiciones y las melodías celestiales, que escuchas en el templo.

Esa niña no te hace caso, pero sabes que Maribel vive enamorada de Cesar. Se gustan pero no se hablan. Tu amigo Cesar tiene novia, pero la novia, no sabe que es la novia y que ella es Maribel. Eres testigo del primer romance de tu vida y entiendes por vez primera, lo que significa los corazones rojos y las canciones de enamorados.

Tu vida, ya no es de lunes a viernes en la escuela y haciendo tus tareas, las cuales copiabas de las estampitas, las monografías o de aquella revista semanal que adquirías en los puestos de periódicos “Tareas e Ilustraciones”. Ahora también tu vida, es lo que ocurre en el catecismo y después en la misa. La presencia del Padre Abel en tu vida es importante, aprendes que el pobre que da dos pesos, dio  más dinero que el rico que entregó cinco pesos. Sabes entonces, que el mundo se vive en dos clases, la clase pobre que lo entrega todo y es la elegida de dios y la clase rica, que es pecadora, que ofende a dios con su robo y opulencia y al que debes de perdonar antes de arrebatarles sus riquezas.  - ¡Tu padre es un comunista¡ - Escuchas esa palabra por vez primera en tu vida, pero no te importa, vives los mejores días de tu vida y entiendes otros valores, que ni la familia, ni la escuela te los ha enseñado. Aprendes amar a la comunidad, amar a los semejantes, aprendes a que si haces el bien a los pobres, amas y te congratulas a dios. Entonces, a tu corta edad de diez años, esos rezos aburridos de padre nuestro, Ave María y hasta el Credo, les entiendes otro significado.


El día de tu comunión, tus padres quieren que portes el mejor traje, te compran en Mercado de Lagunilla, el traje completo, zapatos, moños y velas, así como tus libritos de hojas doradas y pasta blanca; recibes el rosario y vistes, lo que vendría siendo, tu “primer traje”. Es una fecha importante para ti, domingo 7 de julio de 1985, pero también para tus amigos. Cesar ahí lo tienes, igual como tú, pero con vestimenta no tan ostentosa como la que portas, entonces observas y te sientes mal por la forma en que te encuentras vestido. El Padre Abel se da cuenta y en un acto de justicia revolucionaria, te quita el saco, te quita el moño, te quita también la vela; te deja solo con la camisa en blanco y el pantalón, además te uniforma con todos los demás niños, como si estuvieras en la Escuela. Tus padres se ofenden, porque el padre es un “comunista”, que no tenía porque haberte quitado tu traje de primera comunión, pero a ti te importa un bledo, te conviertes igual que los demás, eres igual que Cesar, tu gran amigo y tú al igual que él y que a su novia Maribel, y todos ellos, tus compañeros del catecismo y de la escuela, recibirán todos juntos su “primera comunión”.

El acto simbólico será cuando recibes la hostia y entonces rezas, es una experiencia importante en la historia de un infante. Sabes que eres bendito, que en ese momento, estas perdonado por las veces que te peleaste con tus hermanos, por las veces que tirabas la comida que te daban tus papas, o no te comías la torta que te hacía tu mama, la cual dejabas olvidada en la mochila, o por las mentiras que a veces decías, por las maldades que le hacías a otros niños, por la cantidad de veces que jugabas pelota en el patio de tu casa y rompías los focos o azotabas con la pelota las puertas de tus vecinos, para echarte a correr y esconderte. ¡Estas perdonado de todos tus pecados¡. Perdonado inclusive, hasta por aquella vez, que sin querer queriendo, le rompiste los lentes a tu amigo. Perdonado, por las veces que reprobaste los exámenes y perdonado también, por no estudiar y hacer tus tareas, por hacer las travesuras a tus compañeritos de doctrina, por ser un vago de las calles de tu colonia, diciendo que vas al catecismo, cuando lo que hacías, era irte con tu amigote Cesar a conocer la calle.

La historia no acaba ahí. Cesar te pide que lo acompañes al curso para ser monaguillo. Aceptas que no hay nada mejor que acompañarlo. Que el catecismo no había terminado, que ahora deberías de seguirte preparando, para que fueras un ayudante del sacerdote, en tu camino directo a la santidad.

Acudes a tus ceremonias los días sábados y aprendes a echar relajo. Tienes toda la iglesia para ti y obedeces, las instrucciones que te dan los seminaristas. Aprendes a distinguir en que momento debes tocar la campana, cuando el sacerdote repite la formula sacramental de la consagración. ¡Eres feliz y el padre, te da tu primera misa¡.

Domingo 15 de de septiembre de 1985.

Ahí están tus padres apoyándote en tu carrera santa, aunque el padre sea un comunista y se robe la despensa. Están apoyándote, tu padre y tu madre, porque lees la primera lectura y porque también, esperas desde tu banca, el momento en que debes de tocar la campaña dos veces, cuando el Padre Abel, mencione la formula sacramental de la consagración.

Eres feliz, lo haces bien, cargas con la copa de hostias y eres testigo, como los vecinos de tu comunidad, reciben cada uno de ellos, la sangre y el cuerpo de Cristo, con el que quedan perdonados sus pecados.

Al día siguiente, reanudas tus actividades en el recién año lectivo de tu sexto año de primaria.
Inicia, la semana ….Sólo piensas en la siguiente misa.

Pero ya no habrá más misas, ni tu participación de monaguillo continuará.

Un fuerte sismo sacude a la Ciudad de México, aquel jueves 19 de septiembre de 1985.

Tu colonia desconcertada, los semáforos sin servir, escuchas y recibes algunos panfletos de nombres de muertos y desaparecidos, eres testigo de que el Padre Abel llora, ves el carro de tu tia destrozado, tu hermano sobreviviente narra como quedo entre los escombros; mientras tanto, tus vecinos duermen todas las noches en las calles; sabes también, que algunas vecindades de la colonia se cayeron y que seguir durmiendo en aquel departamentito, puede representarte la muerte.

Entonces observas en esa pared de tu cama, la misma imagen de “Papa Dios” que te ha venido acompañando desde que tienes uso de razón.

Sabes por los noticieros lo que esta ocurriendo en tu ciudad, se habla de miles de muertos y edificios derrumbados y  lo que es peor.

Tu iglesia ….

¡También se cayo¡.

¡Entonces, aprendes a conocer a Dios¡.

¡Y tu amigo Cesar, te abandona...¡









domingo, 6 de abril de 2014

CINE, PORFIRIO Y LA REVOLUCION MEXICANA HOLLYWOODENSE. ..




Ya existía el teléfono, la prensa y el cine en la época de don Porfirio Díaz. La radio se acababa de inventar pero aun no llegaba a México.  La reglamentación existía, pero aún no se tenía concebido la utilización de los medios de comunicación, como un instrumento de control y propaganda sobre las conciencias.

Sin embargo, la máxima romana, “al pueblo pan y circo”, existía también en la sociedad porfiriana; el teatro de tandas, la fiesta de toros, el Jockey Club a la Alameda y desde luego, el nacimiento del cinematógrafo, son muestra de cómo el régimen porfiriano, trato de llevar a cabo, el cambio social que requería. Cambio, que no pudo consumar el Dictador.

El teatro de tandas, también conocido, como “teatro de barriada”, era considerada para la gente vulgar, fuente de vicio y prostitución. El gobierno del Presidente Diaz, instruyó a su Secretario de Instrucción Justo Sierra, para que impulsara una compañía teatral mexicana, que montara obras que contribuyeran a moralizar al pueblo y alejarlo de la popular zarzuela, también conocido como “género chico”. Nadie mejor que la compañía teatral de Virginia Fabregas, fuera quien promoviera “El Ateneo Mexicano”, pero el proyecto, no se consumaría, la demanda de las clases obreras, preferirían mil veces pagar por un espectáculo de humor rojo, que por sermones literarios. Y es que el teatro de calidad, no era negocio. Ningún célebre artista era conocido por el “popul”, más que por la clase oligárquica que gobernaba el país por décadas. Ejemplo de ello fue la cantante italiana Adelina Patti quien dio sólo cuatro conciertos en El Teatro Nacional de aquel año de 1886, en la que asistiría el Presidente y la Primera Dama, Carmelita Romero Rubio; después vendría la actriz dramática Sarah Bernhart, pero nadie la conocía. Se llevaría también a cabo la obra de “Cyrano de Bergerac” o la opera de Aida”. Sin embargo, el populacho apostaría más por pagar las tandas de los teatros ambulantes de Rosa Fuentes o Manuel Briseño, que se encontraban establecidos en la Colonia Guerrero.

Y es que nada mejor, que ver la española Soledad Alvarez, alias “La morronguita”, para despertar viejas pasiones; o ir a los salones de baile, para escuchar y bailar alegremente las polka de “las Bicicletas” de Salvador Molet; o ir a las plazas de toros de la Condesa, Bucareli o San Rafael. Cualquier espectáculo podía entretener a esa sociedad proletaria, pero nada mejor, que uno para cambiarle la conciencia: El cine.



Las imágenes en movimiento utilizando el cinematógrafo, fue patentado por los hermanos Lumiere en 1895.  Aunque bien, tanto Europa como en Estados Unidos se hablaban de diversas tecnologías que en el México porfiriano se desconocía. Inventos como el kinescopio o el kinetógrafo de Thomas Alva Edison, o las salas de cine que apenas se abrían en Nueva york, se encontraban aún muy lejos, de que algún día llegaran a la Ciudad de México, aun con mucho mayor razón, a cualquier otra provincia de aquel México prerevolucinario.

Fue así como el 6 de agosto de 1896, Claude Ferdinand Bon Bernard, concesionario exclusivo del Cinematográfico Lumiere en México, le presenta al Presidente de México Porfirio Díaz, el gran invento proveniente de Europa: El cine. Maravillado por las fotografías en movimiento, el Presidente convocó a los hombres de su primer círculo, para mostrarles el gran invento que hacía, que las personas pudieran ver a distancia como era Lyon o Paris en Francia, Roma Italia, Sevilla España; las ciudades europeas a las que México debía de convertirse. Maravillados la prensa mexicana y “los científicos” porfiristas, vieron las posibilidades que pudiera generar el cine, para un pueblo como el mexicano.

Inmediatamente, tras la exitosa presentación, Claude Ferdinand Bon Bernard registra las primeras vistas sobre el hombre fuerte de México, el padre de la patria, el gran estadista, el presidente, gran veterano de la intervención francesa, ilustre liberal, excelente político y administrador; las primeras películas realizadas en aquel México prerevolucionario, giraron alrededor de la figura del Dictador: “El general Díaz, paseando a caballo en el bosque de Chapultepec”; “El general Dìaz, acompañando a sus ministros, el desfile de coches”; “ El general Díaz recorriendo el Zocalo”; “El General Dìaz en carruaje regresando a Chapultepetl”. El general Diaz …. El general…




El régimen porfirista llevaría a cabo también, sus primeros cortometrajes sobre el México civilizado y la grandeza de su historia. “Indígenas al pie del árbol de la noche triste”, “El traslado de la campana de la independencia”, “Las fiestas patrias de 1896”; el cine nacional iría difundiendo entre los mexicanos de aquella época, dos mensajes importantes. El primero de ellos, la estabilidad política al mando de un gran patriota y estadista, llamado Porfirio Díaz, gobernante del mismo nivel, fortaleza  y confiabilidad de los cancilleres europeos franceses y alemanes; y el segundo, un México parisino, moderno, civilizado, pero también con paisajes costumbristas y nacionalistas. Se filma plazas de toros, carreras de automóviles en Peralvillo, vuelos aerostáticos o bien, aeroplanos. México, entra al siglo XX  como una nación moderna.  

Las primeras películas de aquel cine nacional, giran alrededor de los pasajes históricos del país. Conquista e independencia. “El suplicio de Cuauhtémoc” y “El Grito de Dolores”.  Pero también surgirían los primeros reporteros cineastas. Salvador Toscano, A. F. Ocañas, Enrique Rosas, Julio Lamadrid; no solamente grabaron las fiestas del centenario, sino que también, arriesgando su vida, transmitieron a ese público espectador, el resquebrajamiento del régimen y el inicio de la revuelta. Dieron cuenta, no solamente de las batallas militares que se llevaban a a cabo en Ciudad Juárez, sino también, del surgimiento de un nuevo líder político: Francisco I. Madero.  

Sin embargo, el derrocamiento del primer gobierno revolucionario, el de Francisco I. Madero, hizo que este también fuera transmitido, divulgado y conocido en los distintos rincones del país. El cine periodístico, mudo, en blanco negro, daba nota de lo que periódicos como El Imparcial, no informaba. Un país, sacudido en la violencia. Un país en guerra. Un cuartelazo. Una revolución en marcha. Una nación amenazada por los Estados Unidos.

El cine sin proponérselo, se convirtió en uno de los principales promotores del cambio revolucionario. Los cineastas no solamente filmaban los combates militares que se llevaban a cabo en varias plazas de la república mexicana, sino que también, difundieron la imagen de quienes eran los nuevos líderes de la revolución. De esa forma, en las carpas y  verbenas populares, donde aún no llegaba la ola de violencia que sacudía al país, se transmitía a manera de circo, no solamente corridas de toros, pelas de gallos, vuelos de aeroplanos; o aquellos corridos que se escuchaban en las carpas y en los salones de baile, donde se cantaba y bailaba “La cucaracha”, “Jesusita en Chihuahua” o “El abandonado”; sino también, lo que estaba ocurriendo en el país. ¡La Revolución¡



Las empresas cinematográficas norteamericanas llegan inclusive a filmar a la revolución, en particular, a uno de sus protagonistas: Francisco Villa.

Fue así como la empresa Mutual Film Company grabara las batallas de la revolución y no solamente eso, sino que grabaron una película de ficción denominada “The Life of General Villa”, en la que se reinventaba al caudillo para motivar la guerra y la justicia.  Interpretada la película por el mismísimo Pancho Villa, quien recibió un pago de veinticinco mil dólares, que le permitió desde luego, obtener una fuente más de financiamiento para su causa.

Villa, había firmado un contrato de exclusividad con la compañía cinematográfica, que le imponía algunas escenas que debía interpretar, montando su caballo, al extremo según, de llevar a cabo las batallas en plena luz del día, para que estas pudieran ser grabadas.

Y mientras eso sucedía, algunos de los espectadores del cine, como el abogado maderista y después villista, Martín Luis Guzmán, filmaría también su concepción de revolución, pero a través de una de las herramientas de la literatura. La pluma.  El joven testigo con su seudónimo de “Fosforo”, escribiría la descripción de la revolución para la Revista España, una publicación especializada en critica cultural, en donde el abogado cinéfilo, escribiría  para que “él lector lo viera con sus ojos”, la ecfrásis de la literatura de la revolución, es la copia, de aquel cine mudo en blanco y negro que conmovió al país entero. Sólo que en la mirada del joven escritor, confundiría la realidad, con la imaginación. La crónica periodística objetiva de la revolución, se convertiría, sin proponérselo, en la visión epopeyica, romántica y social, del nuevo género literario en el que sentaría sus bases ideológicas, el régimen posrevolucionario; .

El general Victoriano Huerta comprendió que aquel invento francés, era una de las principales fuentes de la revuelta. ¡Provocaba desordenes y escándalos¡. No bastaba matar a diputados y senadores disidentes, comprar armamento alemán o combatir a los rebeldes; ahora, debía de acabar con la industria del cine, antes de que este, acabará con la restauración de la paz y del orden.

El 23 de junio del 1913, se publicaría en el Diario Oficial, el Reglamento de Cinematógrafos. En él, se señalaban las condiciones para permitir la apertura y funcionamiento de cinematógrafos e instaurar las primeras medidas de censura.  

 El documental cinematográfico promovía en el público, los aplausos y abucheos de los protagonistas de la revolución. Mientras que los hombres de la revolución peleaban entre si y las fuerzas revolucionarias triunfaban, para después dividirse en facciones, constitucionalistas o convencionalistas; los cineastas, no solamente propagaban la guerra en México, sino también, lo que estaba ocurriendo en Europa. “¡La Gran Guerra¡”.



Los viajes aéreos de reconocimiento en el campo enemigo no solamente fueron aprendidos por los ejércitos de la División del Norte al mando del general Francisco Villa, sino que también, las guerras de “las trincheras” eran estudiadas una y otra vez, por el general constitucionalista Álvaro Obregón. Al final, después de revisar los filmes provenientes de la gran guerra europea,  la batalla militar-ideológica de la revolución mexicana se decidió en Celaya Guanajuato. Obregón perdería un brazo, pero Villa, perdería la revolución. Al mismo tiempo, que Carranza sería el nuevo Presidente y los cineastas mexicanos y extranjeros, comenzaran adquirir activos, que hicieran de su industria, una gran promesa para invertir y enriquecerse.

462 filmes fueron los que se dieron entre los años 1896 y 1916. Al menos 179 de ellos, fueron los que documentaron el derrocamiento de la dictadura porfirista y el “triunfo de la revolución”.  

El cine mexicano, hecho por mexicanos y por extranjeros, sirvió para el triunfo de la revolución. No hubiera sido posible, sin el patrocinio de “Cigarrera Mexicana”; tampoco sin los cines de la época, “El Salón Mexicano”, “Salón Rojo”, “La Metrópoli”, “Academia Metropolitana”, “Cine Palacio” y “Salón Ortega” y la empresa americana Mutual Film Company, con su gran actor de reconocimiento mundial: Francisco ”Pancho” Villa.

Frente a la necesidad porfirista de difundir a los países extranjeros, la visión de un México moderno, “afrancesado”; la oferta y la demanda del cine mexicano, se orientó en el documental de la revolución. Un pueblo que se levantaba en armas para derrocar a un gobierno tiránico. La revolución fue pues, el gran mensaje político de la segunda década del siglo XX.

El Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, convocaría a un nuevo Congreso Constituyente, con el cual, se legitimará su triunfo militar sobre los ejércitos zapatistas y villistas. Mientras eso ocurría, un empresario poblano de nombre Rafael Alducin y un ingeniero, de nombre Félix Palavicini, quien había sido diputado en el congreso constituyente, fundarían ambos cada uno por su parte, dos diarios nacionales de inspiración americana. “El Excelsior” y “El Universal”.



El segundo de los diarios, marcaría sin duda alguna, la gran pauta con la cual, el régimen constitucional se legitimaba en la restauración del orden, a través de una lucha armada, al que identificaban ésta como “revolucionaria”.

Venustiano Carranza, tras la muerte del “bandolero” de Emiliano Zapata y de la reparación de vías férreas y miles de líneas telegráficas, así como de la restauración de los correos y de los teléfonos, suspendidos y dañados, primero por la revolución y después por el bandidaje; anunciaba a los diputados en su tercer informe de gobierno, rendido el 1 de septiembre de 1919, la creación del “Laboratorio Cinematográfico”. 

Más de 80 mil metros de películas con vistas de los centros de trabajo, de las principales ciudades, de acontecimientos públicos, para demostrar la paz y la cultura mexicana.

La normalidad institucional a toda costa. La difusión de vistas cinematográficas, repartidas en todas las embajadas y consulados en las que México tuviera una representación diplomática, a fin de demostrarle al mundo entero, la paz y el orden constitucional restablecido.

Y así, mientras el cantante Enrique Caruso, invitado por el empresario taurino José del Rivero con el apoyo del Presidente Carranza, visitaba a México, cobrando cantidades estratosféricas por su presentación, o la actriz española, María Conesa, era objeto de rumores de sus amoríos con importantes políticos y militares revolucionarios; un filme de 12 episodios, sería estrenado en veinte salas; se trataba sobre la primera película de la revolución. “El Automóvil Gris”. Una película que no hablaba propiamente de la revolución, pero si de una historia que se desarrolla dentro de un contexto revolucionario. La Ciudad de México, asediada por una banda de rufianes que vestidos de militares, atemorizaron a la ciudad, con robos, homicidios, torturas, secuestros, raptos y violaciones de personas.   

Fue Enrique Rosas el director de esa primera película mexicana. Se trataba de un tema policiaco que constituía una apología del crimen y el cual, su exhibición generó una de las mayores audiencias del naciente cine mexicano.




La película, también despertó varias leyendas. Una de ellas, es que fue Carranza el principal interesado en hacer la película, en virtud de fomentar un cine nacional y no importar películas extranjeras. Otros sospechaban, que la película no había dicho la verdad, es decir, que un colaborador muy cercano a Venustiano Carranza, habían estado detrás de la banda criminal. Entre ellos, el general Pablo González, el mismo que había logrado la muerte del “bandido” de Emiliano Zapata y que para sorpresa de muchos, había sido el productor anónimo de la película y por ende, la misma sería utilizada como plataforma para su campaña presidencial.

Enrique Rosas, el mismo que había filmado también, el cadáver de Zapata, una vez este traicionado en la hacienda de Chinameca.

Sin embargo, pese que la película fue censurada, la misma hacía recordar, el año del hambre de ese México violento. Así como una ciudad anárquica, sin orden alguno.

Aunado a que los ladrones de la banda, vestidos con uniformes carrancistas, hacían lo que el “popul” ya sabía. “carrancear”. Los miembros de aquella pandilla, no se vestían de delincuentes, simplemete, eran “con-sus-uñas-listas”

Para las elecciones presidenciales de 1920, el pueblo decidiría quien sería su próximo Presidente y desde luego, no sería el productor anónimo de la película, Pablo González; tampoco sería el candidato Ignacio Bonillas a quien quería imponer Carranza. El candidato presidencial, sería aquel general gordito, manco y carismático, que había logrado vencer al mismisimo  "Pancho Villa".

Álvaro Obregón, sería el candidato presidencial y el cine mexicano daría nota de ello. 

Aun, pese que la exitosa película propagandística del general González, no logrará dar el resultado que éste hubiera querido. 




 BIBLIOGRAFÍA

·         DAVALOS OROZCO, Federico. El cine mexicano. Una industria cultural del siglo XX.  Tesis para obtener el grado de Maestro en Ciencias de la Comunicaciòn. Asesor Dr. Francisco Martin Pperedo Castro. Programa de Posgrado en Ciencias Politicas y Sociales. Facultad de Ciencias Politicas y Sociales, UNAM. Mèxico 2008.  http://132.248.9.195/ptd2009/enero/0638571/Index.html

·         LEAL, Juan Felipe. El cinematógrafo y los teatros. Anales del Cine en México 1895-1911. Vol 6. 1900: Segunda Parte. 3ª Ed. Juan Pablos Editor. México 2009. http://books.google.com.mx/books?id=7msw8BEB5XkC&pg=PT87&lpg=PT87&dq=soledad+alvarez+morronguita&source=bl&ots=815HAQiIKc&sig=qf0kQlYI0BhOLJZlw9oLlHCqZp8&hl=es-419&sa=X&ei=gvdAU9TYDNa2sASLrIHwDA&ved=0CCsQ6AEwAA#v=onepage&q=soledad%20alvarez%20morronguita&f=false


·         MARINO CARMONA, Hilda Lilia. La llegada del cine sonoro a nuestro país y la caída del teatro mexicano: perspectiva de El Espectador (1930). Tesis para obtener el titulo de Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Asesores. Dr. Francisco Peredo Castro y Mtro. Federico Dàvalos Orozco. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. UNAM. México 2012.  http://132.248.9.195/ptd2013/junio/099210485/Index.html.

·         MARTINEZ MARÍN, Lucio Ricardo. Del teatro a la Alameda. Las diversiones publicas en la Ciudad de México durante el porfiriato 1884-1910. Tesis para obtener el titulo de Licenciada en Humanidades. Asesor Dr. Enrique Canudas S. Unidad Iztapalapa Area de Historia. UAM. México 1991.  http://tesiuami.izt.uam.mx/uam/aspuam/presentatesis.php?recno=9394&docs=UAM9394.PDF

·         VALLEJO NOVOA, Leopoldo. El cine como sueño. La ecfràsis cinematográfica en la narrativa mexicana. (1896-1929).  Tesis para obtener el grado de Maestro en Letras. Facultad de Filosifia y Letras de la UNAM. Asesor Hector Manuel Perez Enrìquez. http://132.248.9.195/ptd2008/octubre/0635421/Index.html

-       http://laculturajuridica.blogspot.mx/2012/03/el-orden-constitucional-y-la-banda-del.html