miércoles, 31 de diciembre de 2014

CUANDO UN AÑO TERMINA


 
Cuando un año termina, debería terminar uno también con sus propios vicios y errores; en verdad, dejar atrás aquello que lo hace sentirse mal e iniciar, con el año nuevo, un nuevo ser, una nueva persona, un nuevo espíritu, con muchas historias que escribir.

Pero a veces no ocurre esto. La diferencia entre un año y otro, es solo un día; específicamente un segundo, de un mes, de uno de los tantos días del calendario civil. Entonces, cualquier cronometro puede anunciarnos, que el año “viejo” término y que inicia otro año “nuevo”; pero eso no es cierto, la mayoría de las personas no son “viejas” para convertirse en “nuevas”; peor, siguen siendo las mismas y cada día, cada segundo, envejecen … ¡Hasta morirse¡.

¿Entonces que debe aprender uno con esta fecha decembrina del fin de año?.

Uno debería de aprender, a “mirar” el pasado, pero no con tristeza, de saber que aquellos días no volverán, sino con el gusto de haber vivido lo que vivió. De ahí, que la primera lección que nos debe dar un año nuevo que inicia, es la oportunidad de darnos cuenta, que nos encontramos ante la incertidumbre, el desconocimiento de lo que vendrá, no sabemos qué ocurrirá y si las personas que queremos y que nos rodean actualmente, podrán acompañarnos a lo largo de los siguientes doce meses. Entonces uno debe de aprender a que en la vida, nada es estático, todo está en movimiento, aunque pareciera la vida inmóvil, eterna, sin chispa alguna, saber que ese “instante”, es sólo pasajero, que los malos momentos, son sólo eso, “malos momentos”, que a lo largo de nuestro trayecto, seguiremos conociendo personas, cosas, nuevas historias y vivencias por experimentar.

Siempre faltará el dinero, nunca es lo suficiente, como tampoco el tiempo, las necesidades, los encuentros desamorosos, las decepciones; siempre, pero siempre, existirá el riesgo de enfermarnos, desde una insignificante gripe, hasta cualquier padecimiento desconocido e indeseable; siempre, pero siempre, viviremos en ese constante peligro, de saber que hoy estamos, pero que mañana, quizás ya no.

Y entonces, en estos días uno debe de pensar en cosas demasiado profundas. Pero con la debida serenidad de no ahogarse en un vaso de agua; sonreír ante la desgracia, reírse de la desdicha, de la mala suerte, del infortunio; contar de uno al diez hasta el infinito, hasta darse cuenta que respira uno, que la vida, los meses, los años siguen; y que nuestro estado financiero de amigos, de buenos y malos momentos, debe de incrementarse en todo lo posible, solo para hacernos mejores personas (y desde luego mejores deudores pagadores).

No quisiera despedirme del año que se va, sino quisiera despedirme de mis miedos, de mis enojos, de mis decepciones, de mi melancolía depresiva que me hace morirme cientos de miles de veces, en una vida lineal y aparentemente eterna, en lo que el único que envejece, es uno mismo.

Quisiera despedirme, de la sensación de la derrota, de la invocación del fracaso, del miedo a la aventura, al riesgo, del emprendimiento; quisiera despedirme de aquellos recuerdos que atormentan y arrepienten el alma, de aquellos segundos pesados, sin sentido y con los peores pensamientos y emociones que uno puede acumular.

No quisiera despedirme del amor, de la amistad, de la esperanza, de la fe; tampoco del trabajo, ni de las ilusiones. No quisiera jamás despedirme, de las personas que amo y de aquellas, a las que tengo que cuidar y entregar, no solamente mi vida, sino mi alma entera.

No quisiera jamás despedirme de la patria, del prójimo, del planeta, de la humanidad. No quisiera jamás despedirme, de la mirada noble de un perro, de las piruetas de un gato o de los canticos de los pájaros; no quisiera jamás despedirme del sol, del viento, del agua, del calor; ni de los caminos y montes, con paisajes de atardeceres y amaneceres realmente hermosos; no quisiera jamás despedirme, de los placeres mundanos, de los instantes felices, de la música, un buen baile, un beso, un abrazo, un buen segundo.

No quisiera despedirme de lo bello, lo justo, de lo virtuoso.

No quisiera jamás despedirme …de ti que te quiero tanto.

 

lunes, 22 de diciembre de 2014

EL MAZINGER Z DE CHIMALHUACAN


 
 
El arte, es el instrumento mediante el cual, el artista transmite y comunica una emoción estética, a un auditorio. Esa emoción artística, es algo agradable o sensible, que logra percibir la persona que contempla esa obra artística. De tal forma, que si somos críticos de arte, sabemos que cuando escuchamos una melodía musical, o vemos a una bailarina de ballet, o leemos un buen libro o apreciamos una buena pintura o fotografía, inclusive, si vemos una muy buena película y dicha obra, después de verla y reverla, nos genera algo emocionalmente, ya sea desde la alegría o la tristeza, estamos sin duda alguna, ante una obra artística.

Sin embargo hay arte, que no pareciera arte y que inclusive, genera enojos, molestias, mofas, criticas mordaces y a veces, hasta burlas. Puede suceder que si eso ocurriera, la obra del artista sea incomprensible, ante los sentidos vulgares de la gente común y corriente, que poco o nada sabe, sobre el “verdadero” arte. En fin, ser un crítico del cine, del teatro, de la música, de todas y cada una de las bellas artes, incluyendo la escultura, es sin duda alguna una tarea, que no cualquier persona puede desempeñarlo correctamente. Supongo yo, que ser crítico de arte, exige quizás, tener una amplia cultura cognoscitiva y comparativa de lo que pretende criticar.

Al menos en mi persona, no pretendo ser un crítico de arte, quizás mis apreciaciones sean demasiado vulgares y soeces y lleguen inclusive a la burla o al escarmiento público; posiblemente sea un tipo corriente que no sepa apreciar las cualidades y atributos de una verdadera obra artística. Quizás y seguramente, mis conocimientos básicos del taller de artes plásticas que curse en la Secundaria 4 o bien, mis conocimientos básicos y elementales de la materia de Estética I y Estética II que curse en el CCH Azcapotzalco, que no me permiten hacer, ni mucho menos juzgar o valorar, el talento artístico de personas, que por algo, bien o mal, ahí están; y que también, por algo, bien o mal, hacen, lo que ninguna otra persona podría hacer, incluyéndome yo. ¡Por eso son artistas¡.  ¡No cualquier persona lo puede hacer¡.

 

Pienso por momentos que las obras artísticas, no escapan de la crítica, ni tampoco que la aparición de estas, generen politización. Pienso pues, por citar un ejemplo, lo que fue la Estatua de la Libertad, de Nueva York; un regalo del gobierno francés de 1886, al pueblo de los Estados Unidos, para conmemorarle un centenario de su independencia; pero también, para dejar un precedente, de la “amistad” entre dos naciones hermanas, casi casi gemelas, por el año en que ambas parecieran.  No hay que olvidar que Estados Unidos de América es una nación que surgió a consecuencia de su guerra de la independencia frente a la Corona Británica (1776), y que Francia, la fraternal, libre e igualitaria Francia, naciera de la gesta heroica de su revolución (1789).

 Y es que, pareciera que el arte es frívolo, es superfluo, es plena vanidad; pareciera que solamente se da entre determinadas personas; no en la clase vulgar, sino en las personas “cultas”, con cierto destello de nobleza o de intelectualidad.

Solamente así me explico que después de la terrible guerra civil que tuvieran los Estados Unidos, y de la guerra Franco-prusiana de los franceses, así como de su vergonzosa derrota con México (el “Vietnam” del siglo XIX); ambas naciones, tuvieran la ocurrencia, de sellar su “pacto de amistad”, con la construcción de una majestuosa obra, que hiciera recordar a la humanidad, lo que alguna vez fue hace más de dos mil trescientos años, el Coloso de Rodas, una de las siete maravillas del mundo antiguo.  

 

No dudaría de las críticas que la población neoyorkina de los años 1880’s, hiciera sobre la construcción de la Estatua de la Libertad. Quizás, no faltaron las voces críticas que dijeran que el pueblo de Nueva York, tenía mucho más necesidades, que el de crear una obra escultórica que no aportaba absolutamente nada al a población. ¡Al carajo pues las amistades entre las naciones¡, las ideas de libertad, igualdad, fraternidad;  al carajo ese símbolo de libertad, nada de frivolidades, ni de obras monumentales, el pueblo de Nueva York, pide pan, no estatuitas de fierro y de marfil.

Sin embargo, un periodista como Joseph Pulitzer, a través de su periódico New York World, emprendió una campaña en los medios, con el objeto de que el pueblo neoyorkino se sintiera identificado con la escultura por construir y pudiera ser participe, de una de las grandezas humanas que daría orgullo e identidad, no solamente a Nueva York, sino al mismísimo pueblo de los Estados Unidos de América.

 

En fin, la Estatua fue diseñada por el Arquitecto Fréderic Auguste Bartholdi y dirigida su construcción, por Gustave Eiffel. (Este último ingeniero, especializado en construir puentes y también una inmensa torre, que le daría identidad, a una ciudad Europea de nombre Paris Francia); así pues, nadie duda que la Estatua de la Libertad,  es sin duda alguna, uno de los símbolos y  emblemas, que mayor identidad y orgullo, da a una nación, como los Estados Unidos, no se diga, la Torre Eiffel para Paris Francia; y así sucesivamente podría citar otras obras escultóricas, se me viene a la mente, el Cristo del Rio de Janeiro Brasil.

¿Por qué entonces objetar que en una población de apenas 614 mil habitantes, que tiene casi menos el número de habitantes a la Ciudad de Frankfurt Alemania con más de 670 mil habitantes, no pueda aspirar a tener una obra monumental como la Estatua de la Libertad de New York, o la Torre Eiffel de Paris, o bien, el Cristo Redentor de Rio de Janeiro?.

 

Se me viene a la mente, que esa población de 614 mil habitantes, se encuentra en el Estado de México, que tiene una población según las cifras del INEGI, con un índice bajo en pobreza, además de tener el 94% de su población ocupada, con una tasa de 5.7% de desocupados. Su promedio de escolaridad es de 8.03, o sea, en promedio, todo chimalhuaquense tiene estudios básicos hasta segundo año de secundaria. ¡Quizás esa escolaridad promedio, no le permita apreciar una obra artística escultórica, que pueda dale orgullo e identidad¡.
 



Chimalhuacán, es un Municipio que se conforma de 15 localidades, una urbana y todas las demás restantes rurales; de esas localidades rurales, cuatro de ellas, cuenta con un grado alto de marginación, es decir de una pobreza extrema. Esas localidades son la Colonia 17 de marzo, la Pista de los Corredores, la Xochiaca Parte Alta y Zapotla.

Chimalhuacán colinda con los municipios de Nezahualcóyotl, La Paz, Chicoloapan y Texcoco; el Municipio tiene su cabecera en Santa María Chimalhuacán; sus tres villas en San Agustín Atlapulco, San Lorenzo Chimalco y Xochitenco; así también cuenta con cinco barrios antiguos, treinta y tres barrios nuevos, cuarenta y tres colonias, trece fraccionamientos, nueve parajes,  dos ejidos y dos zonas comunales.

El gobierno federal destinó en el año 2014,  la cantidad de 50 millones de pesos a Chimalhuacán.  El Ayuntamiento dispuso que de esa cantidad, 40 millones se fueran para la construcción de un auditorio en la Escuela de Bellas Artes y otros 10 millones de pesos, para la construcción de un área deportiva en “la Laguna” de la Zona Comunal de San Agustín.   

El Plan de Desarrollo Municipal de Chimalhuacán 2013-2015 establece una serie de metas ambiciosas. Por ejemplo, se propuso incrementar el número de policías municipales, la construcción de un parque industrial, propiciar nuevos mercados para la venta de la cantera y la aceituna; la construcción de tres centros de desarrollo comunitario: San Agustín, Xochiaca y Xochitenco; así como la construcción de un Hospital para el Ejido Santa María Chimalhuacán; dotarle a esta última población, de drenaje y agua potable; pavimentar 1,500 calles, construir espacios públicos, jardines, plazas, parques recreativos, construir edificios administrativos del ayuntamiento, gestionar un campus de la Universidad Autónoma del Estado de México que oferte la carrera de medicina, así como aumentar de 6 a 15 carreras profesionales que imparta el Tecnológico de Estudios Superiores Chimalhuacán; transformar la banda de Chimalhuacán en toda una orquesta sinfónica, dar a conocer e incentivar, la casa de Cultura, el Museo Arqueológico, la Escuela de canteros, así como la Escuela Superior de Bellas Artes.


 
Pero lo más sorprendente de todo ello, y que al menos de una lectura al Plan de Desarrollo Municipal no aparece el menor indicio,  es la construcción de esa escultora gigantesca llamada “Guerrero Chimalli”, una majestuosa obra escultórica, que según el dicho del Presidente Municipal Telésforo García Carreón, representa “…la transformación del municipio en los últimos 14 años”; obra colosal que no tiene nada que pedirle en tamaño y dimensiones, que la Estatua de la Libertad, o el Cristo Redentor de Rio de Janeiro, inclusive, mucho más alto que el Ángel de la Independencia. Obra que recuerda a un guerrero, “cuyo escudo protegerá a los habitantes de la pobreza”, según las declaraciones del Gobernador Mexiquense Eruviel Ávila; y cuya hacha en su brazo derecho, nos hace recordar, el movimiento cívico y social, de la antorcha campesina.


Así, el Guerrero Chimalli, más conocido como el “Mazinger Z”, cuidará a los chilmahuaquenses, de la pobreza, la inseguridad, la pobreza, el desempleo; será el emblema que haga sentir a los mexiquenses de dicha región, en orgullosos de su antepasados; la escultora impresionante, que logre comunicar definitivamente , el principio, destino y fin, de aquellos viejos territorios caciquiles, compuestos por luchadores sociales aclamados por los más humildes mexicanos, necesitados todos ellos de casa,  comida y sustento.

El costo de semejante obra, 35 millones de pesos …. Y lo mejor de todo esto, es que su artista, Sebastian,  además de ganarse la inmortalidad en las páginas de la historia del arte chimalhuaquense, no cobrara honorarios por haber creado semejante cosa.

Una obra, para todos los que tuvimos una infancia, viendo las aventuras de Koji Kabuto en el Canal 5  XHGC; que crecimos viendo al Tio Gamboin,  pegados en la televisión de lunes a viernes, todas las tardes, convencidos en la lucha frontal e ideológica, de los profesores Kabuto y Morimori,  por resistir las fuerzas oscuras del Doctor Gel, el Baron Ashura, del  siniestro Conde de Capitado, el malvado Duque Gorgón; que siempre supimos que ante las bestias mecánicas, nuestra Ciudad, siempre, pero siempre …

Sería protegida, por el Guerrero de Chimalli…..  

 

¡Ni siquiera por Boss¡

 
 
 

  

viernes, 19 de diciembre de 2014

¿Y SI MÉXICO SE "ARGENTINIZARA"?. México y Argentina. Historias paralelas.


 
A propósito de los peritos argentinos que trabajan intensamente en la identificación de las osamentas y restos de los posibles 43 estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal de Ayotzinapan, no me queda más que preguntar:  ¿Y si México se “argentinizara”?, ¡imposible¡. México y Argentina son dos naciones hermanas latinoamericanas, pero cada una de ellas ha crecido de manera separada e independiente.

Sin embargo, cuando ocurren hechos como los de Tlataya o los de Ayotzinapan, donde la intervención de las fuerzas armadas o policiacas, asesinan y en el otro de los casos, “desaparecen” a personas de la sociedad civil, no nos queda más que reflexionar esta pregunta; cuestionarnos, si con las violaciones a los derechos humanos antes citadas, no nos estaríamos “argentinizando” (me refiero desde luego a la Argentina gobernada por los militares, no la actual);  habría que entender un poco la historia de nuestro país vecino y tratar de especular, a la luz de la historia, si es posible que México, tenga alguna experiencia autoritaria como la que tuvo Argentina.

Si ese fuere el caso. ¿Qué nos falta o que nos sobra, para ser o no ser, como Argentina?.

Los nativos de Argentina no se comparan a los nativos de México. En territorio de Argentina, no floreció ninguna cultura, como las que habitaron en Mesoamerica, no existieron los mayas, ni los toltecas, ni los aztecas; contrario a ello, los territorios de Argentina, fueron alguna vez dominio de los incas y fue Perú, por así decirlo, el territorio “madre” o “raíz” de la actual Argentina. Cuando llegaron los españoles a conquistar esa región sudamericana, lo hicieron a través del sometimiento y conquista de los incas, donde después, pudieron edificar el Virreinato de Perú. Digamos pues, que México tendría quizás mayor coincidencia con la República de Perú, pero de ninguna forma, lo puede tener con los argentinos.


Argentina no sabe lo que es y fue ser imperio; y mucho menos sabe, lo que significa haber sido conquistado. No existió pues en su historia, ningún personaje como Hernán Cortez ni Francisco Pizarro. Los enormes terruños de la Argentina de hoy, eran solo llanos en los cuales, pasaron inadvertidos por cientos de años, hasta que finalmente, allá por el año de 1776, los españoles decidieron fundar el Virreinato del Rio de la Plata, el cual era totalmente independiente, del Virreinato de Perú.  El surgimiento de un nuevo puerto Buenos Aires, daría una nueva identidad, a esa región sudamericana. Entonces lo que vendría siendo Argentina de aquel entonces, se conformaría por los territorios del actual Uruguay, Paraguay y Buenos Aires.

Todavía no se independizaba Argentina, cuando fue víctima de las agresiones militares de los ingleses. Su experiencia de “conquista”, la vivieron precisamente con los ingleses y no con los españoles; y esa experiencia la vivieron además de manera triunfante, no derrotista como ocurrió con sus vecinos los peruanos y desde luego, a los mexicanos.

Fue allá por los años 1806 y 1807, cuando la Corona Británica había decidido reconquistar América, en su guerra contra Francia-España; así que las dos expediciones que realizaron los ingleses, fracasaron y generaron en la clase política del virreinato del Rio de la Plata, la necesidad de buscar su propia independencia política de la Corona Española. Corría entonces el año de 1810 y con ello, la primera revolución de América Latina. La Revolución de Mayo de 1810.
 

Argentina sería el primer territorio Americano, después de Estados Unidos y de Haití, en proclamar su independencia. Lo haría en una Junta Militar, su declaración de independencia fue el 25 de mayo. No existió pues, ninguna conspiración descubierta, ni tampoco un cura de pueblo que llamará a los indios a liberarse contra los “gachupines”. La Revolución de mayo de los argentinos, es el movimiento político que encabeza esa cúpula militar virreinal, que decidió separarse de los españoles, en los momentos en que políticamente, no existía Rey de España; y en las cuales también, las ideas políticas de la ilustración, concretamente de la revolución francesa y de la independencia de los Estados Unidos, estaban generando conciencias revolucionarias.

El acta de la independencia de Argentina, la emitió el Congreso de Tucumán el 9 de julio de 1816. Fue en esa fecha en que nació Provincias Unidas de América del Sur.

Entonces pienso que quizás los argentinos, les paso algo parecido a los mexicanos. En México la fecha oficial de la independencia se dio el 27 de septiembre de 1821 y no el 15 de septiembre de 1810, como muchos creemos; pareciera que algo ocurre con los argentinos, la fecha de su independencia es el 25 de mayo de 1810 y no otra.

Y es que la guerra de la independencia que enfrentaron los argentinos fue cruel, larga, difícil, se dio no solamente en tierra, sino también por mar. La guerra de independencia de Argentina, fue también la de Paraguay, la de Uruguay, Chile, Perú y Ecuador;  fue la guerra de Sudamérica entera por resistir el ataque de los españoles. ¡En México claro que también hubo guerra de la independencia, pero no se compara con las de Sudamérica¡. La guerra de independencia de México, era de México y para los mexicanos; una guerra que encabezaban líderes populares como eran en aquel entonces, los sacerdotes de las parroquias provincianas, una guerra liderada por el pueblo, gente pobre y humilde, peleando en contra del gobierno, de clase pudiente y dominante; sin embargo, las guerras de independencia de Sudamérica, son las guerras de la cúpula militar separatista, contra la cúpula militar de la corona española. Una guerra pues entre militares, cuyas tácticas y estrategias, fueron más cruentas y mucho más destructivas. Así pues, los héroes de la independencia sudamericana (y por ende de Argentina), se compone de generales de verdad. Su experiencia castrense en el campo de batalla, no tenía nada que pedirle, a la de los franceses, rusos, ingleses, austriacos con sus célebres batallas napoleónicas. En Argentina, la experiencia militar nace desde la resistencia a la conquista de los ingleses y continua, en su lucha contra los españoles. Por eso hay que entender que Argentina, nace con una moral guerrera totalmente diferente. Ellos entendieron la guerra profesional como una ciencia para conseguir sus fines políticos; nada que ver con las rebeliones populares que encabezaban Hidalgo, Morelos, Guerrero, que al carajo mandaron a los militares que al menos en teoría, si sabían hacer guerritas. (Ignacio Allende y Juan Aldama). 

La independencia de Argentina, se parece más a la de los Estados Unidos, que la de México.  Inclusive, la historia de Argentina, se parece también más a dicha nación que la de los mexicanos. Pareciera así, que los mexicanos y los argentinos, no tenemos nada en común.

Y es que sus héroes patrios como Manuel Belgrano, José Rondeau, o José de San Martín, no tienen nada que ver, con los héroes patrios de México. Manuel Belgrano no murió derrotado, más que por la pobreza en la que incurrió luego de haber erogado tantos gastos para sus causas militares; José Rondeau desempeño varios cargos públicos en la Argentina independiente, murió de edad nomás de hacerse “viejito”; José de San Martín, todavía tuvo tiempo para retirarse de la milicia y después, irse a viajar a Francia. Los argentinos no saben, el sentimiento de tristeza que tienen los mexicanos, de saber que sus héroes patrios como Miguel Hidalgo, José María y Morelos o Vicente Guerrero, hayan muerto traicionados, sometidos, derrotados en campaña y finalmente fusilados. Pareciera que la historia de los argentinos se escribió con triunfadores, la de México, fue con fracasados.  
 

Argentina como México, también tuvieron problemas con sus vecinos. México los tuvo con Estados Unidos, al grado que llegó a una guerra con éste; mientras que Argentina, las tuvo con Brasil, Paraguay, Perú, Bolivia, Inglaterra y hasta con mercenarios alemanes y españoles.  Ambos países, también tuvieron conflicto con Francia y también en ambos países, se dieron las constantes pugnas por implementar la forma de gobierno, si era el federalismo o el centralismo. En el caso Argentino, la pugna federal llego a tal grado que se detonó la guerra civil contra Buenos Aires, mientras que la guerra en civil en México, fue contra la Iglesia Católica, posteriormente, contra Francia quien impuso en México una monarquía sostenida por un ejército franco-argelino.

Los argentinos nunca conocieron un gobierno monárquico. Sus derrotas militares con los brasileños no fueron tan drásticas como las derrotas mexicanas. A lo más, Argentina perdió el territorio de Uruguay, pero en cambio, México, perdió la mitad de su territorio nacional ante los Estados Unidos. Argentina, tuvo una guerra, donde recupero ante Paraguay lo que había perdido ante Brasil; en cambio, México, no tuvo guerra alguna en el que saliera triunfante. Los anhelos del general López de Santa Anna de invadir a Cuba, jamás los pudo cumplir México.

 Argentina nunca conoció en el siglo XIX la trayectoria de un político civil. Sus principales líderes, pertenecieron al estamento militar. El liderazgo de los políticos argentinos se ganaba en los campos de batalla; en cambio,  el liderazgo de los políticos mexicanos, era el de los civiles, respaldado éste por los militares. Situación difícil de construir en países como el nuestro. Donde la tentación militar termino con la republica civil que estaba construyendo nuestro país en la época pos juarista. En ese aspecto, Porfirio Díaz, pareciera más un militar con sangre argentina y Benito Juárez, es lo más próximo que tienen los mexicanos, a los héroes patrios de los Estados Unidos; concretamente a su homologo y contemporáneo: Abraham Lincoln.

México logro construir una república con leyes civiles, dirigida por un militar como lo fue Porfirio Díaz, el cual, termino siendo derrocado cuando se gestó la revolución mexicana que demandó inicialmente el sufragio efectivo y la no reelección. Sin embargo, en Argentina, gobernó el general Julio Argentino Roca y otros militares, los cuales, nunca fueron derrocados y si en cambio, eran sucedidos mediante elecciones democráticos.

El “milagro económico” del México porfirista y el de Argentina de inicios del siglo XX, lo fueron las políticas de promoción a la inversión privada extranjera y sometimiento a las exigencias sociales de los obreros y campesinos.  El caso Argentino adiciona la inmigración europea, sobre todo la de italianos que pisaron territorio argentino en búsqueda de oportunidades y también, sin olvidar las políticas racistas y genocidas de los gobiernos argentinos respecto a su intención de exterminar a los pueblos indígenas de Argentina. Porfirio Diaz, claro que también lo hizo en México con los yaquis de Sonora, pero los militares Argentinos, lo hicieron con el territorio sur de Argentina, en una visión pionera muy semejante al de los americanos, con la “conquista del oeste” en sus guerras contra indios apaches.

Argentina nunca tuvo una revolución social como la que ocurrió en México. Nunca pudo visualizar un país, sacudido en una guerra civil y popular por ideales de mejores condiciones de trabajo y reparto agrario de los inmensos latifundios. Argentina no vivió ese proceso, porque sus gobiernos democráticos del Partido Autonomista Nacional y la Unión Cívica Radical, fueron coincidentes en su posición antiobrera y antisindical.  La revolución social de Argentina, llegaría con posterioridad a los golpes de estado encabezados por los militares y con el restablecimiento de un gobierno militar más, como el que encabezó el general Juan Domingo Perón, durante los años cuarenta y cincuenta.
 
 

Juan Domingo Perón es lo que más se le parece a Lázaro Cárdenas en México. Un líder político militar, antimperialista y simpatizante del movimiento obrero. Es la Argentina de Perón, cuando se logra el pacto político entre militares y sindicalistas, cuando se reconoce y se fortalecen las leyes del trabajo, de seguridad social y la construcción de un movimiento sindicalista fuerte; es también durante el “peronismo”, cuando se promueven las luchas sociales feministas, encabezadas por quien fuera la primera esposa del general Perón, la señora María Eva Duarte de Perón, conocida también como “Evita” o simplemente, Eva Perón.

Resulta difícil entender un movimiento peronista en México, por la sencilla razón, de que en México, tuvo una revolución y conto con líderes políticos que pudieron edificar un Partido Político de unidad como en su momento lo fue el PRI y una central obrera poderosa, como lo fue la CTM, liderada por su eterno líder vitalicio Fidel Velázquez. Cuando Perón lo hizo con el Partido Justicialista y su central obrera “CGT”, México, estaba en ese aspecto, demasiado avanzado, diría yo, insuperado.

Resulta también difícil para México, asimilar un fenómeno social como Eva Perón. Inadmisible en la cultura machista mexicana, que una primera dama sobresaliera a la figura del Presidente. Lo más parecido a Eva Perón es Martha Sahagún de Fox, con la radical diferencia, que la señora “Marthita”, no contaba con la carisma de Evita, es más caía mal y nadie duda, que le restó el liderazgo que tenía su esposo, el expresidente Vicente Fox, quien ante los ojos del pueblo mexicano, se veía como “mandilón”; más aún, si doña Martita o la “Jefa” como le decían se hubiera muerto, nadie absolutamente nadie, le hubiera llorado; a diferencia de Evita, que logro aumentar la legitimidad de su marido, que se convirtió con su imagen y recuerdo nostálgico, en el lado rosa o romántico, del peronismo.

Eva Perón es el marco de referencia de su gran imitadora, de quien fuera moralmente su “suplente”; nada que ver con la primera esposa del general Perón. María Estela Martínez, conocida, como “Isabelita”. Su ineficiencia en el gobierno, le valió su desconocimiento y derrocamiento militar.
 
 
 
 

Sin embargo, algo deberíamos aprender los mexicanos de los argentinos y eso es, el liderazgo político de las mujeres. La actual Presidenta de Argentina Cristina Kirchner, es ejemplo de ellos. Veo difícil en México, que la esposa de un ex presidente pueda convertirse en Presidente. Y si bien, pudieran existir actrices y estrellas de la farándula artística como en su momento fueron Eva Perón y María Estela Martínez puedan ocupar cargos públicos de gran trascendencia en la conducción nacional, difícilmente, gente como Gabriela Rivero, alias “La Gaviota”, la esposa del Presidente de México Enrique Peña Nieto, pueda ganarse la simpatía del pueblo, ni aun, con todo el aparato ideológico televisivo del emporio telenovelero en México y en el mundo. Por muy pagada que se encuentre. 
    
 

 


Pero en fin, México debería aprender mucho de Argentina.

Perón es un símbolo de patriotismo y de todas las bondades del discurso social, radical, revolucionario, laico, reformador y nacionalista que pudo haber tenido Argentina. México, no pudo existir un Perón, porque para ello tuvo un Benito Juárez, un Ricardo Flores Magón, un Emiliano Zapata, un Álvaro Obregón, un Lázaro Cárdenas. No obstante ello, el liderazgo de Juan Domingo Perón, en su forma “valiente”, “retadora”, “bravucona” de los poderes facticos argentinos, inclusive del imperialismo americano, eso es algo que nunca ha tenido nuestro país. Perón, fue antes de Fidel Castro en los años sesentas y mucho antes, del Comandante Hugo Chávez, en la primera década del siglo XXI; fue sin duda alguna, uno de los  enemigos públicos de los Estados Unidos.  México, ha carecido de ese tipo de liderazgos, si acaso Pancho Villa, pero nada ver este típico personaje folclórico mexicano, “roba-vacas” y “secuestra-trenes” a lo que fue el generalísimo Perón.

Juan Domingo Perón, desde mi perspectiva de extranjero analizando la historia patria de Argentina, es la máxima ilusión nacionalista de los argentinos, pero también su gran decepción. En eso se parece, al general Antonio López de Santa Anna  de ilustre memoria en el pueblo  México. Perón se traiciona así mismo y peor aún, traiciona, a los jóvenes que creyeron en él.  Qué bueno que murió Perón. Nada hubiera sido peor, que el mismísimo Perón, terminara con el peronismo.

Quizás, aquí viene la parte importante de mi reflexión. En esa década turbulenta de finales de los sesentas e inicios de los setentas, cuando en México, se pone en riesgo la legitimidad del PRI y de su máximo líder político, el Presidente de la República, a consecuencia de los movimientos estudiantiles de 1968 y 1971; en el caso argentino, son los jóvenes, los que promueven el regreso de Perón y se lanzan algunos de ellos, en movimientos subversivos y guerrillero, como lo fueron los “montoneros”, lo más parecido en México, a los que hoy llaman “anarketos”.   

“Montoneros” logra aprehender a un expresidente de Argentina y “ajusticiarlo”. Eso nunca ha ocurrido en México, aún no ha llegado el día en que los “anarketos” secuestren a Salinas y lo “ejecuten”.   
 

Peor aún, existen escenas tristes que no tienen comparativo alguno en la historia de México. Cuando el general Perón, luego de su exilio en Europa, por más de 17 años,  regresa Argentina, allá por el año de 1973 y para ello, se convoca a la población argentina, en un lugar llamado Ezeiza, a reencontrarse con su viejo líder. La historia de lo ocurrido en ese lugar se me hace triste, indignante y abominable. Una concentración masiva de más de dos millones de transeúntes, agredida por francotiradores e infiltrados, con una cantidad de cientos de muertos desconocida, que hace que el 2 de octubre de Tlatelolco, sea sólo un juego de niños.

Triste más aun, fue que el general Perón, no respondió a esos trágicos hechos con indignación, con molestia, con enfado; sino peor aún, clasificando a muchos de sus fieles seguidores como “infiltrados”, inclusive hasta de “estúpidos” o “imbéciles”. Es como si Andrés Manuel López Obrador, ofendiera así a las juventudes de MORENA.  Algo, que por el bien de sus huestes, no lo desearía.
 
 

Pero en fin, un país construido con militares, acostumbrados a jugar a las guerritas, no era de extrañarse, que fueran ellos, los que tomaran el control político del país, en una etapa de la historia de Argentina, al que le llaman “Proceso de Reorganización Nacional”.  Los militares, se dedicaron a declarar su guerra al “terrorismo” y desaparecieron a cuanto disidente, comunista, agitador, rebelde pudieran hacerlo.

Un pueblo argentino, idiotizado también con el mexicano, y no con las telenovelas sino con el futbol. Solo en Argentina fue posible, que se organizar un mundial de futbol, al más estilo de las olimpiadas de Berlín 36 de Adolf Hitler  o inclusive, del mundial de Futbol de Italia 34 organizado bajo el régimen de Mussolini. El mundial de Argentina de 78, no solamente es lo que más se le parece, sino un ejemplo más, de cómo las cúpulas del poder, pueden coaligarse con esa poderosa empresa privada del futbol, llamada FIFA, para entretener y distraer el pueblo, en sus peores momentos. 
 

Es el pueblo de Argentina, que dominado bajo el terror y bajo el falso patriotismo nacionalista e imperialista, se lanza a una  guerra, con la reivindicación nacionalista, de recuperar los territorios despojados de las Islas Malvinas. Eso nunca lo ha vivido México. Nunca ha existido un líder que convoque al pueblo a rebelarnos contra los Estados Unidos para la recuperación de Texas, mucho menos un Sadam Hussein que invada Kuwait; el caso de las guerras de las Malvinas, es el capítulo con el cual, la dictadura militar de Argentina pretende legitimarse para borrar su pasado brutal y autoritario y con el cual, también, lamentablemente para la clase política militar de dicho país, es su sepulcro eterno, ante la derrota contundente de los británicos.

Mucho deberíamos aprender los mexicanos de los argentinos. Saber por ejemplo, que fueron ellos los que innovaron esa modalidad de desaparecer a los adversarios políticos, a los enemigos o terroristas del Estado. Genocidas como Hitler los mataba y los quemaba, Stalin los mandaba a las granjas, pero en el caso de los militares Argentinos, los sedaban y los aventaban al mar, para que no estuvieran ni “muertos”, ni “vivos”, sino simplemente “desaparecidos”; eso es una situación jurídica novedosa que les garantizaba a los militares, su total impunidad.
 

Pero en fin, México había tenido pasajes de autoritarismo, como los que encabezaron Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, civiles, no militares; cuyos muertos y desaparecidos, son apenas un poquito más del medio millar, nada comparable a los diez mil desaparecidos que se dieron en Argentina.

Claro que habrá mucho que aprenderle a los argentinos,  aprender en ellos, que sus gobernantes tuvieron la voluntad política de juzgar a esa clase política militar, que cometieron crímenes de lesa humanidad. Algo que en México, jamás hemos visto. Ningún presidente de México, ha sido juzgado, por sus crímenes en el amparo del poder, ni mucho menos por sus actos de corrupción, el único que fue juzgado, fue el Presiente Luis Echeverría y su juicio, fue tan secreto y discreto, que nadie, pocos diría yo, se percataron de ello. La lucha electoral del 2006, opaco lo que debió de haber sido el juicio histórico más importante en la historia de México.  ¡Pero en fin¡. En México, la Televisión y un futbol mediocre, basta para distraer al pueblo. Más aun, cuando el América es el campeón.

Si México se “argentinizará”, sería solamente para aprender de ellos, lo que mejor tienen. Sin duda alguna, un espíritu triunfador. Momentos de gloria y de patriotismo. Liderazgos femeniles, una lucha inquebrantable por la defensa de los derechos humanos y el combate a la impunidad.

Eso deberíamos aprender a los argentinos. Saber que las juventudes radicales, pueden ser en cualquier momento traicionadas por sus líderes y aplastadas salvajemente por sus enemigos.

Saber, que Argentina, como México, diario construyen una forma de gobierno, que aspira a construir pueblos felices, sin problemas, con un porvenir exitoso.

Así es la historia de Argentina, más aun, cuando en el Vaticano, cuenta con uno de sus máximos representantes. Tan cercano de dios, como el mismísimo Diego Armando Maradona.

Y todo esto ocurre, cuando los peritos argentinos identifican lo que al parecer son los restos humanos, de otros “desaparecidos”, que no de sus queridos compatriotas, sino para vergüenza nuestra, de nuestros paisanos, los mexicanos.
 
 
 
 

domingo, 9 de noviembre de 2014

¡CRIMEN DE ESTADO¡ ...¿QUE HACER?



Pronto estaremos ante la presencia del hecho más vergonzoso en la historia contemporánea de nuestro país. En una época en la que la clase tecnócrata gobernante celebra con júbilo la aprobación de las “reformas estructurales” y el ingreso de México a la modernidad global (neoliberal), queda evidente que ese Estado Mexicano, ni es tan moderno, ni tan neoliberal (al menos en lo político), como dice ser; ni mucho menos éste puede garantizar a la inversión extranjera que tanto invoca su llegada, las mínimas condiciones de seguridad que requieren para invertir en nuestro país. Menos aún, puede garantizar a sus gobernados, sus legítimos derechos a manifestarse, asociarse, protestar, ya ni siquiera, ni de vivir.

Y es que lo ocurrido en Iguala Guerrero, deja a la clase política mexicana, como una “Republica Bananera”, que no tiene el mínimo respeto, a los valores fundamentales universalmente aceptables, como es el derecho a la vida, a la libertad, a la dignidad.

La historia de un crimen. 



La historia oficial cuenta que una cédula del cartel del fallecido Beltrán Leyva, formo un grupo delictivo llamado "Guerreros Unidos", el cual, manda en la región guerrerense, entre ellos, al quien fue Presidente Municipal de Iguala Guerrero. 

Resulta pues, que el 26 de septiembre, la esposa del Presidente Municipal rendiría su "informe de gobierno", el cual, al tener conocimiento que un grupo de estudiantes de la Normal de Ayotzinapan, habían secuestrado cuatro camiones, con el objeto de trasladarse y acudir a dicho evento, con la intención de "sabotearla"; fue que la susodicha, solicitó el apoyo del cartel de "Guerreros Unidos" y de los empleados de éste, quienes son los elementos de la Policía Municipal de Iguala, para impedir que llegaran los estudiantes normalistas armarle el “mitote”.  

De tal manera, que los "malandrines" de dicho cartel, apoyados con sus "empleados", los policías municipales, impidieron que los estudiantes normalistas llegaran al evento; estos no se dejaron, se enfrentaron, se hizo la trifulca, hubo balazos y hasta seis muertos; luego algunos estudiantes huyeron y fueron perseguidos; una vez que fueron alcanzados por los "poli-narcos", cuarenta y tres de ellos fueron "detenidos", para llevárselos a la Oficina de la Policía de Iguala. 

De ahí, miembros de otra corporación, los de la Policía Municipal de Cocula, se llevaron a los estudiantes "detenidos", en camiones de redilas, al basurero municipal de Colula, donde al parecer, durante el traslado de los estudiantes,  murieron o se desmayaron quince  de ellos asfixiados; después de que dicho camión llegara a su destino aventaron los quince estudiantes (muertos o desmayados) a una barranca, donde procedieron a ejecutar uno a uno los otros “sobrevivientes” que no se habían muerto o desmayado.

Los sicarios le preguntaron uno a uno de ellos, a que grupo pertenecían (refiriéndose si eran o no los del cartel enemigo), ellos respondían que “eran estudiantes”; de manera fría y despiadada uno a uno fue ejecutado.

Una vez muertos los 43 estudiantes, juntaron sus cadáveres y procedieron a quemarlos. Los sicarios, apodados “El Bimbo”, “El Primo”, “El Paja”,  “Guereque”, “Peluco”, “El duva”, “El Huasaco”, “El Terco”, “El Chereje”, juntaron diésel, gasolina, llantas, leñas, plástico y todo aquello que encontraron en el basurero. Una colosal torre de fuego, se debió de haber alzado en el cielo, con un aberrante olor a muerto, durante las más de doce horas que el fuego consumió a los cadáveres hasta reducirlos en cenizas.

Una vez convertidos en cenizas, piedras, huesos, aquella muchedumbre de “basura humana”, los sicarios procedieron a juntar los “restos”, en bolsas de plástico, para tirarlos al rio San Juan.     

Así las cosas, el Gobierno Federal asume el control de la investigación y con todo "su poder", emprendió la búsqueda de los estudiantes desaparecidos; habiendo movilizado a cientos de peritos, más de 1,200 policías y soldados, para llevar a cabo la infructuosa búsqueda, inclusive, llegó ofrecer recompensas de 60 millones de pesos, para que dijeran, donde estaban los estudiantes desaparecidos. Esperemos que las recompensas no hayan sido cobradas por los mismísimos sicarios.

Hoy la explicación que estaremos próximos a oír, se nos dirá ante los medios de comunicación "casi monopólicos", que también existió otra "confusión". Y es que lo que nos dirán, es que el cartel de los "rojos" se infiltró en los camiones en que se transportaban los estudiantes normalistas de Ayotzinapan, motivo por el cual, "el otro cartel de "Guerreros Unidos", en su guerra contra dicho cartel, procedió alcanzarlos y después a ejecutarlos. (los mataron pues, después averiguaron). 

De tal manera, que la tesis de la "confusión" (de estudiantes a narcotraficantes), se reforzará con la aparición de las "fosas", que corresponderá a los cadáveres de la banda de los "rojos", así como también, a la confesión que proporcionaran los autores materiales respecto a su lamentable "confusión". Por lo tanto, no habrá "crimen de Estado", ni siquiera "crimen de municipillo alguno"; la verdad legal y oficial, se construirá en base a la "teoría de la confusión" y al "ajuste de cuentas", entre dos bandas de criminales. Y es que los "sicarios" son tan brutos, que ni siquiera sabían, que eran estudiantes
. 

Asi pues,  los estudiantes “desaparecidos”, fueron vil mente ejecutados y después, escondidos, para que nadie, absolutamente nadie, ni los más de 1, 200 policías y agentes federales, que los buscaron, ni los cientos de miles de manifestantes tanto en la Ciudad de México, como los del todo el país;  ni los “memes” de las redes sociales, pudieran dar con ellos. Desaparecidos de la faz de la tierra y ejecutados al mas estilo sanguinario de los nazis.

Este es el profundo desprecio que la clase gobernante y los delincuentes tienen sobre la vida humana. Ninguna consideración hacia al semejante. ¡La vida no vale nada¡. Con profundo desprecio, maldad y crueldad, el “poderoso” en razón a su fuerza, a su status de poder y condición armada, puede no solamente someter, o sobajar una voluntad humana, sino que también puede exterminarla, como se le plazca. ¿en dónde quedan los sentimientos de piedad, de misericordia; tan viles y despreciables son esos “poderosos”, que no se doblegan ante las leyes divinas y religiosas del “no mataras”.  No se trata de un problema de educación, sino es un problema de actitud, de valores, de moral, ¿hasta dónde hemos llegado entre tanta corrupción y simulación?. Que no hemos aprendido como seres humanos, que el derecho a la vida, es un derecho fundamental. ¡Que quien le priva la vida un semejante, es como si acabara con la humanidad entera¡

¿Crimen de Estado?



Y es que el Estado de Derecho en nuestro país, realmente, es la de un Estado sin derecho alguno, y eso lamentablemente, no solamente es una vacilada, es simplemente, una pena. ¿Dónde queda nuestras instituciones?, ¿nuestros policías que deben protegernos?, ¿nuestros gobernantes que deben respetar nuestros derechos?, ¿en dónde quedan nuestros funcionarios que deben informarnos?. ¿Dónde queda las ansias de miles de voces inconformes, que no encuentran en la calle, otra manera de manifestarse y reprocharle al gobierno, que le ha traicionado su confianza.

Lo ocurrido en Iguala y la muerte de esos cuarenta y tres estudiantes, deben hacernos a todos los mexicanos reflexionar. Este país, ya no puede edificarse sobre tanta sangre humana. ¿Qué no nos duele?. Los estudiantes normalistas “desaparecidos”, pudieran ser nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros vecinos; no se trata pues de un hecho noticioso o “lamentable”, se trata de la vida de jóvenes, que con o sin motivo, nunca, pero nunca, debieron de haber recibido el trato cruel e inhumano que recibieron. Asesinos los sicarios de la delincuencia organizada, a los que oficialmente, las investigaciones de la Procuraduría General de la República arrojan como los responsables materiales. ¡Asesinos mil veces asesinos¡ los policías de Iguala y Colula, que ni la parafernalia  de portar un uniforme, una charola y la representación del Estado, velaron por la seguridad ya no de sus semejantes, sino la de sus ciudadanos, a quienes debe respetar sus más elementales derechos. ¡Asesinos, mil veces multi asesinos¡, a la clase política partidista, que poco les importa quienes pueden ser los gobernantes de sus pueblos.

“¡Crimen de Estado¡”. Eso grita la sociedad lastimada, enojada, consternada. El Procurador General de la República, ha dicho que el Municipio de Iguala, no es de ninguna forma, el Estado Méxicano. ¿Entonces de que estamos hablando?. ¿crimen de “microEstado”?, ¿de crimen de municipio de Estado?; ¡Crimen solamente de Municipio, sin Estado?.  

Lo ocurrido en Iguala, si es un crimen de Estado, por la sencilla razón, de que lo ocurrido ahí, habla del actuar de una entidad estatal, de un poder jurídico constitucional, que es el Ayuntamiento, el cual “no se gobierna sólo”;  que tratándose de la materia de seguridad pública, debe de coordinarse, con la policía del Estado de Guerrero y para sorpresa o no del Presidente de la República, también con la policía federal, del cual, él, resulta ser el jefe directo.  

En efecto, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala expresamente en su artículo 21, que la seguridad pública, es una función a cargo de la Federación, el Distrito Federal, los Estados  y los Municipios, que comprende la prevención de los delitos; la investigación y persecución para hacerla efectiva, …la actuación de las instituciones de seguridad pública – así sea el Municipio de Iguala o cualquier otro de la República Mexicana – debe regirse por los principios de legalidad, objetividad, eficiencia, profesionalismo, honradez y respeto a los derechos humanos.

Si los estudiantes normalistas incurrieron en faltas, en todo caso, la policía debió de haberlos detenido y abrirles las respectivas averiguaciones previas para determinarlas su responsabilidad penal, respetándole todos y cada uno de sus garantías procesales y derechos humanos, como debe de ser en cualquier Estado de Derecho; más no entregarlos a un cartel de delincuentes, para que procedieran ajusticiarlos.

Esa policía que no actuó en cumplimiento de sus funciones legales y constitucionales, es la misma que se vio beneficiada de las aportaciones que la Federación otorgo al Estado de Guerrero y a los municipios de éste, por concepto de subsidios en materia de seguridad pública.

De ese dinero, el Ayuntamiento de Iguala presupuesto 68 millones de pesos, de los cuales, recibió de la Federación 12 millones más, manejando un total de 80 millones de pesos, ¿para qué?. ¡Para desaparecer a estudiantes¡. Para cuidar la honorabilidad e integridad de la “primera dama” del Municipio y no a sus ciudadanos, aun así estos fueren unos gritones activistas y hayan “secuestrado” unos autobuses de servicio público de transporte. Les guste o no inclusive a los recalcitrantes críticos de la protesta social, los estudiantes normalistas, ante todo, eran humanos y como seres humanos que eran, se encontraban dotados de una serie de derechos irrenunciables, como la vida, la libertad y la dignidad, que nadie, absolutamente nadie, ni mucho menos las autoridades municipales del Estado de Guerrero, les podía suprimir.

Llama la atención  el informe rendido en el año 2013 por el entonces Presidente Municipal José Luis Abarca; refiere éste que la Policía, “no solamente es la responsable del orden, la tranquilidad y la seguridad d las personas, así como de su libertad y patrimonio, sino trascedente, pues lo que ocurra en esta materia tendrá repercusión a nivel estatal y nacional”, y en efecto, no se equivocó. La responsabilidad policiaca de un Municipio, es responsabilidad del Estado; este, de ninguna forma, puede excluírsele de los ámbitos jurídicos de distribución de competencias. Pues lo ocurrido en Iguala, aunque no haya intervenido autoridades federales, si constituye desde luego, le guste o no al Procurador, en un crimen de Estado.

Pero hay quienes sostendrán, empezando por el Procurador General de la República, que lo ocurrido en Ayotzinapan, sólo constituye un hecho “muy lamentable”, pero de ninguna forma, “no es crimen de Estado”. 

Sostendrán  lo anterior, en virtud de que no existe ningún Estatuto internacional, ni disposición legal en nuestro derecho positivo mexicano, que defina tal figura. Hablaran inclusive de “moderar” el lenguaje y utilizar los términos jurídicos, de manera técnica, profesional y responsable. Argumentaran que los crímenes de Estado únicamente se dieron en la Alemania nazi y recientemente, en la Yugoslavia de Milosevic.  Dirán también que para que exista un “crimen de Estado”, los funcionarios responsables debieron de haber justificado su actuación con “Razones de Estado”, que debe existir una acusación formal de la comunidad internacional y los mismos deberán ser juzgados en todo caso por tribunales internacionales. Concluirán diciendo, que lo ocurrido en Iguala Guerrero, además de ser un hecho lamentable, demuestra como la delincuencia organizada “rebaso” al Estado.

Existe “crimen de Estado”, no solamente apelando la razón moral y psicológica, de que la frase por si sola, sacude conciencias, sino también, porque la razón del Estado, es brindar seguridad, paz, el bien común hacia los ciudadanos.  Cuando eso no ocurre, cuando el Estado permite que sea “otro” el que controle y ejerza la violencia, obviamente, estamos ante una actitud pasiva de ese mismo Estado, el cual debe proteger la seguridad, la vida, la libertad, los derechos, de sus gobernados. No es razón política, es mandato convencional, constitucional y legal, previsto en diferentes ordenamientos legales.

Es cierto Iguala, no es el Estado mexicano, pero si forma parte del Estado Mexicano. Nuestro sistema político es de índole federal, los municipios conforman las entidades federativas y estos a su vez, integran a la federación. Los recursos públicos, se administran y se ejercen por esos tres niveles de gobierno; tan sólo la seguridad pública, es un servicio en el que participan las tres entidades de gobierno, luego entonces, si los policías y los jefes de estos son servidores públicos, estos protestaron observar la Constitución Política, la cual establece a su vez, el imperativo de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos. Inclusive, deben prevenir, investigar, sancionar y reparar cualquier violación a los mismos.

Si la Policía Municipal de Iguala y Colula recibieron recursos públicos de la Federación, (SUBSEMUN), y aun en el supuesto de que no los hubiera recibido, eso no lo excluía de ninguna manera, a no acatar el mandato constitucional antes citado. Tampoco los eximía de observar los compromisos internacionales adquiridos por el Estado mexicano, en el deber fundamental de respetar la vida humana; tan sólo por citar alguno de estas obligaciones internacionales de derechos humanos, la Convención para la Sanción y Prevención del Delito de Genocidio, la Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura, la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada, por citar sólo alguna de ellas.

Reducir el “lamentable incidente” a una cuestión de delincuencia organizada, es tratar de evadir la grave responsabilidad tanto política e internacional, que el Estado mexicano ha adquirido mundialmente. Es suponer falazmente, que los municipios no forman parte del Estado mexicano, que los policías y los jefes de éstos, no protestan la constitución; que ninguna autoridad de este país, federal, estatal o municipal, deba cumplir ni con la Constitución ni los tratados internacionales en materia de derechos humanos. Es también reducir al derecho internacional de derechos humanos, a comparaciones absurdas, de “genocidios chiquitos” y “genocidios grandotes”, de macro violaciones históricas, a “hechos pequeñitos”, o “lamentables” como quieran llamarles.

Y es por esa razón, de que no basta las declaraciones del Presidente y de su Procurador, respecto a que lamentan el hecho; tampoco basta la “licencia” de quien fuera el Gobernador del Estado de Guerrero, ni tampoco el que existan más de 70 detenidos en la investigación por tan vergonzosos hechos; es necesario, que el Estado proceda a indemnizar a las víctimas de todos y cada uno de los desaparecidos, así como de la sociedad civil que se sienta agraviada por ese hecho, empezando por la Escuela Normal de Ayotzinapan.

Y es por eso, que sostengo, que el Presidente Enrique Peña Nieto debe ponerse a pensar si presenta o no su renuncia anteel Congreso. Si es que quiere contar con la legitimidad que lo llevo a su cuestionado triunfo electoral; debe poner a consideración del Congreso de la Unión, su renuncia, para que sea finalmente el Poder Legislativo, quien decida o no, aceptar la dimisión del cargo. Debe hacerlo, aunque no haya sido responsable jurídicamente de lo que haya ocurrido en Iguala,  hacerlo simplemente por conciencia ética, por salud pública de los ciudadanos, por decoro y dignidad de preservar su buen nombre, ante la historia del país.

¿Y si renuncia el Presidente?. 



Es cierto, la renuncia del Presidente no solucionará el conflicto en que está metido está el país, ni mucho menos le devolverá la vida a esos 43 jóvenes ejecutados. Cierto, muy cierto, la renuncia del Presidente, tampoco le devolverá el país la calma, ni reducirá el número de ejecuciones, ni los índices de corrupción, ni de impunidad; vaya, ni siquiera echara atras de las decisiones de la Corte respecto a las consultas populares, ni revocará las reformas energéticas, ni mucho menos, como sostienen algunos ilusos y enfermos del poder, permitirán que otros lleguen a la presidencia.

¡Pero tampoco pasara nada¡. ¡No habrá crisis política ni económica si presenta su renuncia¡. ¡¡Total se nombra otro¡. Puede inclusive su figura salir fortalecida y nuestra clase política, puede dar por lo menos la apariencia de quererse ganar por lo menos la credibilidad, que han perdido y por la cual, muchos de los ciudadanos, no se sientan representados.

Si para el caso de que el Presidente no le hiciera caso a su conciencia; entonces, los ciudadanos debemos ser capaces, de manifestar su inconformidad, a través de cauces legales, que vayan más allá de una manifestación multitudinaria.

No será con mentadas de madre, ni metrobuses quemados, mucho menos incendiando la puerta del Palacio Nacional, ni con carteles ni memes emotivos, la manera en que los ciudadanos recuperemos a nuestro Estado; no será tampoco convocando a una revolución armada, ni incendiando las oficinas del Ayuntamiento de Iguala o las del PRD, ni con anarquistas asumiendo funciones de niños caprichosos y berrinchudos, dignos únicamente de distraer el debate público en cosas superfluas. Lo será,  a través de acciones legales tendientes a imponer responsabilidades e indemnizaciones, a las víctimas y a la sociedad entera, profundamente lastimada.

Existe una responsabilidad penal de quienes los técnicos en derecho, se rasgaran las vestiduras para definir, si es o no un crimen de lesa humanidad. Los abogados penalistas sostendrán el debate que no fue la autoridad, sino la delincuencia organizada y que por ende, no existió jamás “crimen de Estado”, ni “crimen de lesa humanidad”, sino únicamente un conjunto de homicidios que se suman a la estadística oficial de la “nota roja” siempre sensacionalista. Al final, serán procesados decenas de funcionarios públicos y sicarios responsables, quizás muchos de ellos, más culpables de su propia ignorancia y de su poca calidad humana, con el riesgo de que algunos sean inocentes y utilizados como meros “chivos expiatorios”; después de todo, el final de esta historia quedará con la sospecha colectiva, de que los verdaderos responsables quedarán impunes.

La memoria histórica no debe quedar en el olvido, tampoco la responsabilidad del Estado. Si el Presidente de la República, el cual manifiesto mi simpatía hacia él, no presenta su renuncia, entonces, debe emprender una serie de acciones que demuestren la verdadera voluntad del Estado de impedir que este hecho vuelva a repetirse. De lo contrario, se me viene a la mente Luis Echeverría y “Los Halcones”,  se me viene a la mente y la preocupación, de que este Estado sin acciones serias, cada vez pierda credibilidad y esperanza.

Lo que el Estado Mexicano debe de hacer



Por todo ello y atendiendo a la “experiencia” del Estado Mexicano, tomando como base la sentencia dictada por la Corte Interamericana de Justicia, el día 23 de noviembre del 2009, en el caso Rosendo Radilla, el Estado debe:

1.     Determinar la verdad histórica y legal, respecto a los hechos ocurridos los días 26 y 27 de septiembre del 2014, en Iguala Guerrero.   Esto implica continuar con la búsqueda de todos y cada uno de los estudiantes sobrevivientes y en su caso, en caso de presunción de muerte, deberá practicar las exhumaciones o recolección de restos, para que una vez, previamente identificados, los mismos puedan ser entregados a sus familiares, para efectos de que estos procedan en el ámbito privado, a realizar las ceremonias religiosas que les otorgue la comprensión y la solidaridad, que el Estado, no pudo darles. 

2. Realizar la investigación adecuada y sancionar, con todo el rigor de la ley, a los responsables de tan lamentables hechos. A fin, de  que este crimen no quede más en la impunidad.

3.     Reconocer a través del Presidente Constitucional, en compañía del Gobernador del Estado de Guerrero, del Presidente Municipal, así como de los funcionarios encargados de la seguridad pública, que los hechos ocurridos los días 26 y 27 de septiembre, constituyen un crimen de Estado y por ende, deben de aceptar su responsabilidad internacional y externar, una disculpa, no solamente a los familiares de las víctimas, sino también a la sociedad mexicana, profundamente consternada e indignada.

4.     Restablecer la memoria, en lo sucesivo, no solamente de los 43 estudiantes desaparecidos, sino también, de cada uno de los desaparecidos de este país, sean de nacionalidad mexicana o de otra, que hayan transitado al país y desaparecido en el mismo.  Restablecer su memoria, como se ha hecho, con los estudiantes asesinados del 2 de octubre de 1968, el 10 de junio de 1971, o bien, los 49 niños de la guardería ABC.   

5.     Proporcionar la atención psicológica a los familiares de cada uno de los 43 estudiantes, así como de los otros 6 que fallecieron el día de los hechos.

6.     Cuantificar la inversión que el Estado hacía por cada uno de los estudiantes fallecidos y desaparecidos, por concepto de daño material y lucro cesante, a fin de establecer una cantidad determinada y con ello proceder a la indemnización.

Para determinar el monto de la misma, resulta necesario presupuestar el gasto público que el Estado eroga para el sostenimiento de una Escuela Normal Rural, a fin de individualizar la cantidad por cada uno de los estudiantes desaparecidos y fallecidos y con ello, estimar, el importe de la inversión que se cubrió (en vida o en presencia del estudiante), así como de aquella cantidad que no alcanzó a cubrirse, (por desaparición o muerte).

Adicionalmente, deberá estimarse el lucro cesante, de los salarios y demás prestaciones que dejaron de percibir los estudiantes fallecidos y desaparecidos, de quienes pudieron haber sido egresados de dicha Escuela Normal Superior, estimando su vida productiva, al promedio de vida productiva de un profesor.

7.     Cubrir los gastos incurridos que han erogado cada uno de los familiares de los estudiantes fallecidos y desaparecidos, por sus viajes a la Ciudad de México y a las instancias internacionales, donde deseen acudir.

¿Y si demandamos al Estado?.



Lo más relevante de las acciones legales que deben promoverse en contra del Estado Mexicano, no es descabellado, iniciar una oleada de amparos colectivos, para que todo mexicano, pueda estar amparado de sus derechos humanos en contra de todas y cada una de las autoridades federales, estatales y municipales de este país.  El fundamento constitucional se encuentra en la propia Constitución, en lo que dispone el artículo 21 de la misma. “La actuación de las instituciones de seguridad pública se regirá por los principios de legalidad, objetividad, eficiencia, profesionalismo, honradez y respeto a los derechos humanos reconocidos en esta Constitución”; derechos que son progresivos y que se encuentran reconocidos tanto en nuestra ley fundamental como en las Convenciones Internacionales; pudiendo inclusive hacer valer lo dispuesto en el numeral 107 fracción I de la misma en el sentido de promover amparos colectivos.

Ya me imagino la escena, millones y millones de mexicanos, saturando los juzgados de distrito, pidiendo el amparo en contra de las policías de este país. Nada mejor forma de enaltecer y recuperar el Estado Democrático de Derecho, que ejerciendo los derechos que consagra éste.  Así la burocracia del poder judicial, desde el más humilde empleado de oficialía de partes, hasta los ostentosos ministros siempre tan criticados, pueden sensibilizarse de una acción judicial colectiva de una magnitud trascendental, lo que obligaría desde luego también, a “empoderar” realmente, nuestro Poder Judicial, con razones de frenar el poder presidencial y de ponerse siempre del lado, no de la legalidad, sino de la justicia; no de las razones técnicas “leguleyas”, sino de la sensibilidad de su pueblo.

Pero si esa  acción colectiva no bastara, si esos millones de amparos otorgados resultaran insuficientes para “sacudir” la conciencia nacional, entonces habría que demandar también la responsabilidad patrimonial del Estado. Pues finalmente éste tiene la obligación de indemnizar al ciudadano por los daños ocasionados por su actividades irregulares. Así pues, existe sin duda alguna, el daño patrimonial, para los ciudadanos usuarios de los servicios de seguridad pública en el Estado de Guerrero, quienes padecen todos ellos, el deficiente servicio que prestan sus Municipios.  No olvidar que si  la Federación entrego en el año 2014, la cantidad de 12 millones de pesos al Municipio de Iguala, por concepto de aportaciones al Fondo de Seguridad, mínima esa cantidad, es la que debería pagársele de indemnización a las familiares, víctimas de la agresión.  Tampoco debe pasar por alto, lo dispuesto en el artículo 113 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que establece el deber del Estado de indemnizar a los particular, por la actividad administrativa irregular que le haya causado afectaciones a los bienes y derechos de sus ciudadanos.

 Pero si todo esto fuera insuficiente, si la responsabilidad penal y patrimonial de tan aberrantes crímenes no fuera suficiente, que esperamos los ciudadanos para sumarnos a la protesta colectiva, de demandar la indemnización por daño moral en contra del Estado.

El daño moral es la afectación que sufren las personas en sus sentimientos, afectos, creencias; cuando se vulnere o menoscabe ilegítimamente la libertad o la integridad física o psíquica de las personas. Así lo establece el artículo 1916 del Código Civil Federal y la propia Constitución Política en su artículo 17, que prevé la posibilidad de promover acciones colectivas, las cuales se  encuentran reguladas en el Libro Quinto del Código Federal de Procedimientos Civiles.  

Demandemos a nuestro gobierno, por el daño moral que nos ha ocasionado; por la sensación de incomodad, de indignación, de frustración, enojo, lastima, de inseguridad, inclusive hasta de miedo, que nos ha causado su ineficiencia, su falta de gobernabilidad y credibilidad; lo ocurrido en Iguala puede ocurrir en cualquier parte del país y puede ocurrirle a nuestros hijos, hermanos, vecinos, a nuestro prójimo mexicano, que sin distinción de credo, sexo, ideología, religión, es tan igual y tan humano como somos nosotros.

Demandémoslo, porque una puerta del palacio nacional o inclusive el costo de un metrobús incendiado, es mínimo, ante los cientos de miles de millones de pesos que pueden hacerse exigibles, a través de una acción legal que haga sensibilizarse a un gobierno, que no oye el clamor de las calles abarrotadas de manifestaciones multitudinarias; de un gobierno, que también sacuda su conciencia y se haga sentir en el “bolsillo”, el cúmulo de demandas y reclamaciones cuantificables en cientos de miles de millones de pesos, de una sociedad molesta, inconforme, cansada de tanta ineptitud.

Una plaza de la Constitución saturada de voces inconformes, no duele tanto, cuando el Secretario de Hacienda de informe a su jefe el Presidente, el importe de la cantidad exigida. Cuando el Ministro Presidente de la Corte, sepa de la cantidad de promociones ingresadas, que ni las guardias de empleados, ni los secretarios de acuerdos de dichos juzgados, puedan dar cuenta de ello.

No hablemos de derrocar al gobierno por estos hechos, mejor hagámoslo trabajar. Hagámoslo recordar cuál es su función dentro de la sociedad a la que gobierna.

Mientras tanto me retiro triste y enojado, pensando la forma en que deberíamos como ciudadanos, manifestarnos y organizarnos por este hecho vergonzoso. De lo que me encuentro totalmente convencido, al terminar estas líneas, es que este blog, es notoriamente insuficiente.  



No sé que decir … 

Creo que debemos de actuar ...