sábado, 30 de noviembre de 2013

Historia de la Revista Por Qué?. ....




En la historia del periodismo mexicano, existen periódicos, revistas, semanarios, que logran marcar huella y ser, notorios testimonios, de la época en que se vive.

Sucedió en el porfiriato con el “Hijo del Ahuizote” o el Diario Regeneración, que editaban los hermanos Ricardo, Enrique y Jesús Flores Magón. Sin esas fuentes periodísticas, no podríamos entender el ideario de la revolución y por consiguiente, la arbitrariedad de la dictadura de Porfirio Díaz.

Los hermanos Flores Magón, no solamente a través de su prensa, fueron críticos recalcitrantes del porfirismo, sino que también, fueron precursores de ese movimiento social armado, llamado Revolución Mexicana, de tal forma, que dichos periodistas, pese haber sido hostigados y encarcelados por el régimen porfirista, se convirtieron en importantes activistas políticos, al grado de elegir éstos la vía armada, para el derrocamiento del dictador.

Sin embargo, cuando hablamos del siglo XX, nos preguntamos: ¿Qué Semanario podíamos identificar, como el mejor testimonio, de los peores días del autoritarismo priísta mexicano del Siglo XX, concretamente de la época diazordacista-echeverrista, que abarcó la década de los 60’s y 70’s?  ¿Qué periodista mexicano, pudo haberse sentido la reencarnación de Ricardo Flores Magón y pasar de su profesión periodística, a su faceta de activista política y posteriormente de guerrillero?.

Sin duda alguna, la respuesta la encontramos en la revista: ¿Por qué?; y en su creador y Director fundador. El periodista Mario Renato Rodríguez Menéndez.



Mario Rodríguez Menéndez, originario de Yucatán, empezó su carrera periodística en 1958, emigró a la Ciudad de México en 1963, donde colaboró en diversos medios,  entre ellos la Revista Sucesos, del cual llegó a ser su Director.

En 1966, fue invitado por el Presidente de la República Gustavo Díaz Ordaz, para cubrir la visita de éste, en su gira a la República de Guatemala. Eran los tiempos en que la oficina de la presidencia, pagaba a la prensa y hasta el sueldo de los periodistas,  a través de “salarios” no reconocidos oficialmente, llamados “chayotes”, mediante los cuales se les pagaba a reporteros, periodistas, “críticos” y hasta intelectuales, de esa clase política emergida en el priato.

No solamente, se pagaba la prensa mexicana con los recursos públicos que otorgaba el gobierno priísta revolucionario de aquellos ayeres, pagando publicidad gubernamental, sino también, el régimen se daba el lujo de suministrar el papel a través de su empresa monopólica PIPSA, con el que se editaban todos los diarios, revistas, semanarios y hasta los cuentitos, que circulaban en los puestecitos de periódicos, distribuidos éstos, a través de una organización cuasi sindical-empresarial, que monopolizaba las plazas y las calles del país e impedía a través de un ejército de golpeadores y “madrinas”, el ejercicio de la prensa libre, para editar, distribuir y comercializar, los periódicos y revistas, que pudieran representar, una crítica al gobierno.

Fue así que el periodista yucateco Mario Menéndez Rodríguez entendió cuál era su posición dentro del régimen.   Ser un lacayo del sistema y hacer cualquier nota, respecto a las obras y discursos demagogos pseudorevolucionarios, que encabezara el Ciudadano Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos y de su camada de fieles súbditos, todos ellos pertenecientes, al Partido Revolucionario Institucional.

Quizás fue ese viaje, el que hizo pensar a Mario Menéndez Rodríguez, el sentido de su vida. No solamente acompaño al Presidente Díaz Ordaz a su gira por Guatemala, sino que fue contactado, por el grupo guerrillero de las “Fuerzas Armadas Rebeldes”. Convivió con ellos en sus campamentos y desde ahí, no solamente entendió, sino vivió la experiencia revolucionaria propuesta por el Comandante Ernesto Guevara, la de focalizar la rebeldía, en “un Vietnam”, “dos, tres, cuatro Vietnams” y los necesarios para liberar América Latina del imperialismo yanqui.

Corría el año de 1966 y Mario Menéndez regresaría a la Ciudad de México, para continuar con los ediciones de la revista Sucesos y contactar desde su posición como Director de dicho semanario, a su amigo, el comunista Víctor Rico Galán, quien lo invitara a formar parte, del Movimiento Revolucionario del Pueblo.

Nada le hubiera gustado al joven periodista, participar activamente en la conformación de dicho grupo, pero más su pasión por el periodismo. Le gustaba imaginar que algún día, la revolución socialista estallará en México, pero luego se entristecía, eso parecía imposible. Las conciencias más nacionalistas del siglo XX, habían traicionado los ideales de la revolución mexicana. Vicente Lombardo Toledano y Lázaro Cárdenas del Rio, habían traicionado ambas la causa revolucionaria, al aliarse con la burguesía nacional y haber apoyado la candidatura presidencial del priíista Gustavo Díaz Ordaz. 

Era triste reconocer la situación. América Latina se sacudía en la constante rebelión contra los gobiernos autoritarios impuestos por Washington, tal como lo había hecho Cuba; mientras que en México, la clase media, proletaria y campesina, consentían la represión contra médicos, telegrafistas, maestros, ferrocarrileros. Lo peor de todo, votaban por el PRI.



En ese año de 1966, Mario Menéndez Rodríguez, recibió una invitación del Comandante Fidel Castro para visitar la isla. Acudiría al IV Congreso Latinoamericano de Estudiantes, además de participar en los festejos del inicio de la revolución cubana, el célebre asalto del 26 de julio al Cuartel Moncada. Fueron días gratos, más aún, la inolvidable experiencia, de lograr la primera entrevista exclusiva concedido a un latinoamericano con uno de los lideres revolucionarios más importantes del mundo y compartir con él, sus eruditas opiniones, marxistas-leninistas sobre la lucha por el comunismo mundial.

Regresaría muy motivado a la Ciudad de México e inspirado, por los periodistas americanos que alguna vez entrevistaron a Castro antes del triunfo de la Revolución, fue que se lanzó a Venezuela, a internarse en las montañas de Iracara y entrevistar al Comandante en Jefe, de las fuerzas Armadas de Liberación Nacional, Douglas Bravo. Dos meses convivió en la Sierra, antes de tomar la cual fue su decisión más importante de su vida. Buscar y entrevistar a como diera lugar, al segundo hombre más importante de la América Latina revolucionaria: al Comandante Ernesto Che Guevara.



Convivió con los guerrilleros venezolanos, le señalaron éstos el camino al Departamento de Santander Colombia, donde pudo contactar con el Ejército de Liberación Nacional. Ellos lo llevarían a Bolivía, donde se encontraba en la insurgencia armada en comandante Che Guevara. ¡Era el año de 1967¡.  

Mientras eso ocurría, el ELN asentaba fuertes golpes a la burguesía colombiana. Corría inmediatamente a su hotel Torquemada, ubicado en Bogotá,  para dar nota propagandística de la revolución colombiana; hasta que sin haberse dado cuenta, fue seguido y aprehendido por los agentes del servicio secreto de la DAS, quienes procedieron a interrogar al periodista mexicano, para que diera las coordenadas y demás referencias, para encontrar a los guerrilleros.   

Encarcelado Mario Menéndez, pidió el apoyo del consulado mexicano, quien intervinó para interceder ante el Presidente de Colombia Carlos Lleras Restrepo, para que lo indultara y lo dejará en libertad.   Seguramente el Secretario de Relaciones Exteriores Antonio Carrillo Flores, informó de lo anterior, al Secretario de Gobernación Luis Echeverría y éste al Ciudadano Presidente Gustavo Díaz Ordaz. El nombre de este periodista sería clave, para la conspiración internacional que se planearía en contra de México.

Luego de las gestiones diplomáticas del gobierno mexicano, Mario Menéndez fue liberado de las cárceles colombianas y regreso a México, quedando frustrada su intención de entrevistar al Comandante Che Guevara. Triste fue su sentir, cuando se enteró que Ernesto Guevara había sido capturado y posteriormente ejecutado.  



Sin embargo la revolución tenía que continuar. Logro juntar algunos fondos, quizás algunos préstamos otorgados por el propio gobierno priísta, para editar ahora su propia Revista, el Semanario ¿Por qué?.  Nada mejor que la técnica priísta de tener a los enemigos cercanos para poderlos controlar; Gobernación entonces encabezada por Luis Echeverría, no tenía la mínima duda sobre la calidad de “espía” Mario Menéndez Rodríguez, se trataba de un infiltrado del comunismo internacional. Había estado en Guatemala, Cuba, Venezuela y Colombia. Por decreto de la Dirección Federal de Seguridad al mando del Coronel Fernando Gutiérrez Barrios, se detectó que dicho periodista, era un agente secreto del gobierno soviético cubano. Evidencia clara y contundente, de que la conjura contra México, estallaría sin duda alguna, en aquel olímpico año de 1968; y que sería nada menos y nada más, que la Revista ¿Por Qué?, su órgano de difusión.

Las condiciones estaban dadas para la revuelta de “mayo mexicano”. Los estudiantes de las principales universidades públicas del país, se levantarían casi en armas, en una revuelta popular, financiada, promovida, por el comunismo internacional; la cual sería difundida, en un pasquín de quinientos mil ejemplares semanales, con fotografías sanguinarias de soldados golpeando a estudiantes, dignas de compararse con la popular Revista Alarma, líder en el periodismo policiaco amarillista de la “nota roja”.



Pero en cambio, el amarillismo político de la izquierda comunista mexicana, se encontraba en el Semanario ¿Por Qué?. Desde sus páginas, el Secretario de Gobernación Luis Echeverría, acordaba con su jefe el Presidente, sobre la amenaza comunista. No tenían la mínima duda de que Menéndez a través de su revistaba, incitaba la juventud no solamente a la protesta, sino al levantamiento armado.


Los sucesos del 2 de octubre en Tlatelolco, no bastaron para aplacar la revista sensacionalista de Menéndez, quien se dedicó no solamente a difundir la matanza realizada a los estudiantes, sino también a denunciar a los funcionarios corruptos, que se estaban enriqueciendo con la construcción del Metro en la Ciudad de México.


Mario Menéndez decidió cambiar de nombre, se llamó “Rodrigo” y ostentándose como amigo personal de Fidel Castro, formó una célula guerrillera a la que llamo Ejercito Insurgente Mexicano. Tenía la plena confianza, que sería en la Selva Lacandona en Chiapas, donde debía de armarse el próximo foco guerrillero en su lucha che guevarista contra el imperialismo americano. Ahí en la selva, en su doble personalidad de guerrillero, fue contactado por estudiantes de universidades tanto de la Ciudad de México, como de provincia, a quienes les platicaba, sus experiencias militares con el difunto Ernesto Che Guevara, así como también,  lo que había visto desde un palco de Tlatelolco. Les decía, que México vivía una dictadura militar y que el verdadero jefe del país, no era el Presidente Díaz Ordaz como hacía creer la prensa vendida, sino que lo era, el general Marcelino García Barragán, el Secretario de la Defensa Nacional. En su ideario revolucionario, la guerrilla mexicana debía de incitar la intervención armada de los Estados Unidos, para que de esa forma, el pueblo entero se levantara en armas, dando con ello origen, a un nuevo Vietnam.

Mientras eso ocurría en la selva lacandona, en la Ciudad de México no aparecía el Director de la Revista ¿Por Qué?. Los rumores decían que había sido secuestrado, otros sostenían que andaba en la guerrilla, pero realmente andaba en Yucatán, dando cobertura al fraude electoral cometido por el PRI en agravio del PAN. 

¿Pero quién era ese misterioso hombre?. Los informes que elaboraba el Secretario de Gobernación, impregnaba al infiltrado comunista, un toque humorístico. Su guerrilla era de sólo veinte estudiantes, marxistas lenninstas, que soñaban con formar un foco guerrillero en Chiapas, a unos pasos del Rio Usumancita, para poder salir corriendo en cualquier momento y brincar a Guatemala al otro lado del rio, en caso de un ataque del ejército mexicano.

La guerrilla no ofrecía ningún peligro, pese a las fotografías escandalosas que el Semanario ¿Por Qué?, publicaba sobre la nueva revolución mexicana; un periodista-guerrillero de doble personalidad, pero quizás psiquiátricamente, un romántico idealista, por momentos mitómano, algo aburguesado, que con las ganancias de su exitosa revista, lograba financiar su propia guerrilla. Más conocida por los altos círculos de las oficinas del servicio secreto mexicano, como la guerrilla de “Pánfilo Ganso” y su “foco fundido”.

Quizás Gobernación no hubiera hecho nada en contra del periodista guerrillero, de no ser, por varias bombas que estallaron en distintas puntos de la Ciudad de México, uno en el Diario Excélsior y otro, en las oficinas de la Revista ¿Por qué?. Quizás éste último una táctica distractora que de nada sirvió para detener a los subversivos.



Querían atentar contra el Presidente electo Luis Echeverría Álvarez. Esa fue la principal acusación que sostuvo la Procuraduría General de la República ante el Juez Eduardo Ferrer Mc Gregor, el mismo que estaba juzgando a los estudiantes sedicientos de la revuelta popular del 68; lo cierto era, que habían detenido a Mario Rodríguez Menéndez y a sus secuaces, quienes les instruyeron juicio por sus tácticas terroristas y subversivas en contra del gobierno legítimamente constituido. Los delitos fueron conspiración, invitación a la rebelión, asociación delictuosa, acopio de armas, fabricación de artefactos explosivos, daños en propiedad ajena, lesiones, etc, etc, etc.

Permaneció encarcelado el polémico periodista, al mismo tiempo que su Revista ¿Por Qué?, desapareciera gradualmente. La empresa gubernamental PIPSA le vendía cada vez más caro el papel y la revista se encogía cada vez más, hasta convertirse casi en una historieta del tamaño del popular cuentito de  Capulina.



La suerte de Mario Menéndez Rodríguez, cambió cuando el comando guerrillero de la ACNR que encabezaba el guerrillero Genaro Vázquez, secuestrara al Rector de la Universidad Autónoma de Guerrero y solicitara éste su liberación, a cambio de la inmediata libertad de nueve presos políticos, entre ellos, éste periodista.

Inmediatamente fue puesto en libertad y exiliado a Cuba. Donde permaneció los siguientes nueve años de su vida.  Ahí, fue condecorado por el gobierno socialista cubano.

La Revista ¿Por Qué?. Desapareció en septiembre de 1974. A penas cuando cubría la liberación de otro político secuestrado por la guerrilla de Genaro Vázquez, el Gobernador Rubén Figueroa. Tiempo después volvió aparecer la revista, pero ahora con el nombre de Semanario “¡Por Esto¡. Actualmente, su distribución es en Yucatán.

La guerrilla de “Pánfilo Ganzo”, se convertiría veinticinco años después, en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

El señor Mario Menéndez Rodríguez, aún vive y sigue siendo al día de la fecha, objeto de tantas críticas, rumores, chistes, elogios; y sobre todo, de misterios.

Lo peor de todo este relato, es que Mario Menéndez Rodríguez no se convirtió en Ricardo Flores Magón y el semanario ¿Por Qué?, no se convirtió en Regeneración.

La mala suerte, de no morirse a tiempo.



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domingo, 17 de noviembre de 2013

EL BUEN FIN A LA REVOLUCIÓN MEXICANA


 
 
En mis años de infancia y de juventud, alguna vez mis maestros me inculcaron que existió algo, que se llamó “Revolución Mexicana”.

Siempre en mis libros de textos, me preguntaba, porque la historia de México, terminaba con la Constitución de 1917. Me parece que no fue sino hasta mi libro de sexto de primaria, que la última nota histórica que reportaba, fue la expropiación petrolera de 1938 que hiciera el general Lázaro Cárdenas. Mi alma inquietante, no lograba entender, porque en la revolución, que había terminado en 1917, había continuado, después de la caída de Porfirio Díaz. Mis matemáticas elementales, no lograban explicar, el cúmulo de dudas, que entonces tenía.  ¿En qué momento la revolución había terminado?. ¿Porque los caudillos de la revolución habían muerto en circunstancias trágicas?.

Conocí un vecino que vivía en la calle de Zaragoza y Eje Uno Norte, en la colonia Guerrero, mi padre me decía, que él había sido un combatiente en las batallas de Celaya. Era el año de 1986 cuando conocí ese señor. No entendía la importancia de esas batallas. El señor era un "Dorado" y había perdido con su general Pancho Villa, los combates militares que decidieron el triunfo de Venustiano Carranza y el ascenso político y militar de Álvaro Obregón. ¿Qué no eran los dos revolucionarios?. ¿Qué no la última batalla había sido en Zacatecas?.

No lograba entender esa situación histórica. Con mi hermano Roberto, veíamos las películas del Indio Fernández, inclusive hasta las telenovelas de María Félix y ambos nos cuestionábamos, desde nuestra joven e infanta edad, ¿porque los revolucionarios, se vestían de federales?. Porque si Zacatecas había sido la última batalla de los “federales”, porque seguían existiendo los mismos soldados de color beige, pero ahora llamados “constitucionalistas”. Es cómo si en México hubiera otra revolución y los soldados revolucionarios, terminaran vistiéndose de militares, con el uniforme verde olivo, diciendo éstos que habían ganado la revolución.

Aprendí a vivir todavía en una era revolucionaria, mi padre, admirador de esos años, compraba más libros sobre el tema. Los libreros de mi casa, que no lograron caerse en el sismo del 85, estaban a la vista para que los leyera. Me gustaba hojearlos y ver las fotografías de esos señores bigotones, barburos y sombreruros. Fue la revolución, fue en México.

Luego conocí a las hijas de Eduardo Soto y Gama. Fui a su casa, porque ahí recibía clases de catecismo a cargo de su hija Magdalena. No me gustaba tanto rezar, ni escuchar los rezos aburridos, dedicados a la Virgen María y a otras divinidades inexplicables; a esa edad infante, lo que te gusta es el futbol, ir a la calle, hacer travesuras, como aventar piedritas desde la azotea, jugar guerritas de corcho latas, o bien, tocar los timbres de las puertas de tus vecinos e irte corriendo lo más rápido que puedas, para que ellos no te cachen.
A esa edad, de once años de edad, apenas estas viviendo, estas aprendiendo; por eso te gusta meterte a las casas ajenas, fue así que ingrese a esa casa ubicada en la calle de Zarco casi esquina con Moctezuma, de allá mi amadísima Colonia Guerrero, sólo para darme cuenta que en la sala de ésta, se encontraban enmarcadas algunas fotografías en color sepia, donde un señor que no conocía, se acompañaba de nada menos y nada más, que del mismísimo general Emiliano Zapata.

-       ¡Papá¡. Los vecinos conocieron a Zapata.

Mi papá, sólo se rió y me volvió a mostrar esos libros, para enseñarme quien había sido Soto y Gama. Para mostrarme con evidencias científicas, que las estampitas y los libros de textos, tenían información cierta, pero limitada. La revolución no era una fantasía bíblica,  si había existido. ¡Pancho Villa y Emiliano Zapata no eran monografías de ninguna papelería escolar¡. Eran personajes reales, que habían vivido y combatido porque México fuera un nación más justa.

Mis padres, cada 20 de noviembre salían a desfilar. Vestían con unos pants, en aquellos aburridos días, en los cuales no había clases y donde las caricaturas del canal cinco se suspendían, para trasmitir en cadena nacional, como el Presidente José López Portillo desde su balcón presidencial, veía desfilar, a los obreros, campesinos, clase medieros y entre ellos, mis papás, a los que nunca pude ver en televisión.

Esa fue mi formación de infante. La revolución no era más que esos gorritos y carteles, que mi mamá nos regalaba, luego de asistir a los mítines y vallas que el sindicato petrolero organizaba a favor del candidato Miguel de la Madrid. “El próximo ladrón que le robaría el país”, pero que daba discursos en la Plaza de las Tres Culturas, ahí donde mi tío Toño nos llevaba y donde lo saludaba, como un vecino más, extendiéndole la mano, diciéndome que él, sería el próximo presidente.
¡El PRI siempre gana¡. ¡Nunca va a perder¡.

En fin, cuantos recuerdos me daba la revolución. Ver una película de Pedro Armendáriz interpretando a Pancho Villa, o bien, las telenovelas de blanco y negro, donde había unos combates militares espectaculares, que mi hermano y yo, recreábamos, cuando jugábamos soldaditos en la sala de la casa de nuestra abuelita.

¡La revolución algún día terminaría¡.

Esos días jamás volverían. Se fue la nostalgia, los discursos de los políticos, dejaron de decir la palabra mágica, “revolución”, “revolucionaria”, “revolucionarios”; el sustantivo revolucionario dejo de aparecer en el léxico del político mexicano, en forma gradual, hasta que finalmente sin darnos cuenta, desapareció.

¡No hay más revolucionarios en México¡.

Ahora, es el Buen Fin.

 

sábado, 2 de noviembre de 2013

REVIVIENDO A GUADALUPE POSADA Y DIEGO RIVERA EN UNA NOCHE EN LA ALAMEDA


¿José Guadalupe Posada, Diego Rivera, Los Beatles y hasta la muerte, que tienen que ver?. Si a esto le sumamos, el Kiosco Morisco de Santa María la Ribera, don Porfirio Díaz, el día de muertos  y hasta el “Holloween”, obtenemos como resultado una estampa surrealista en la Ciudad de México,  de esas que rara vez, logran conseguirse.

¡Es más, nunca se habían conseguido¡.

José Guadalupe Posada, llegó a la Ciudad de México, proveniente de Aguascalientes, en el año de 1888.  Era un litógrafo comercial, ahora creo que se les llama “diseñadores gráficos”, se dedicaba hacer publicidad, lo hacía a través de los dibujos; se hizo famoso, porque es sus carteles publicitarios,  retrato la sociedad porfirista que le toco vivir. Sin habérselo propuesto, no solamente dotó al pueblo mexicano de identidad, sino que le agregó a una de sus tradiciones, un personaje característico, “La Catrina”, así como una infinidad de calaveritas, que hacen recordar esa fiesta solemne, popular y religiosa, que tienen los mexicanos con la muerte.

Los dibujos de Posada inspiraron en aquellos años del porfiriato, a un joven dibujante, alumno del pintor paisajista de la Ciudad de México José María Velasco, a formar su propio estilo de expresar su arte.



Aquel joven, guanajuatense, logro conseguir una beca por el entonces Secretario de Instrucción Pública del gobierno dictatorial de Porfirio Díaz, don Justo Sierra, así como del Gobernador de Veracruz, lo que le significó viajar a Europa y residir en Paris Francia, donde aprendió  a conocer la obra de Francisco de Goya, aquel viejo pintor español que logró retratar las revueltas populares de España, de la época de Napoleón Bonaparte.

¡En fin¡. Diego Rivera regresó a la Ciudad de México y colaboró en el gobierno revolucionario de Álvaro Obregón, a quien le prestó sus servicios artísticos bajo el auspicio del entonces Secretario de Educación Pública José Vasconcelos, para llevar a cabo, diversos murales, en honor al movimiento armado denominado por los gobernantes de aquel entonces, como “Revolución Mexicana”.

De esa forma, el grabadista testigo del porfiriato Guadalupe Posada, se perpetuaba en la inspiración artística de Diego Rivera, quien becado ahora ya no por Porfirio Díaz, sino por los gobiernos priístas que le sucedieron,  se dedicó a llevar a cabo una de las expresiones artísticas que le dio identidad cultural al país con su pasado, que le dio también ideología, así como conciencia social y revolucionaria.




Así fue como en año de 1946, en pleno despegue del llamado  “milagro mexicano”; Diego Rivera logró pintar en recién construido Hotel del Prado de la Ciudad de México, un mural de nombre “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”.  En ese mural, Rivera logra conjuntar la “Catrina” de José Guadalupe Rivera, con la nostalgia del México porfirista; así como de varios personajes históricos que van desde Hernán Cortes, Sor Juana Inés de la Cruz, Benito Juárez, Francisco I. Madero, Frida Khalo y otros más,  reunidos todos, en el primer parque público del país, la Alameda Central.  El mural es impresionante entre tantos celebres personajes, pues desde lejos, se alcanza ver también el kiosco morisco.

El mundo empresarial del siglo XIX tampoco escapa del arte y de la lucha social. Andrew Carnegie. Un magnate industrial y filántropo, nacido en el siglo XIX, proveniente de Escocia; había logrado conquistar el sueño americano, tras convertir su empresa, en el poderoso imperio de acero, que le permitía producir hierro, las vías férreas que industrializaron a los Estados Unidos de América, una flota de buques, así como mucho fierro, lo que lo hizo convertirse en su época, en uno de los hombres más ricos del mundo.

Carnegie conoció a varios políticos y empresarios de los Estados Unidos, sociólogos, filántropos y hasta ingenieros mexicanos, como lo fue José Ramón Ibarrola. Fue él, quien diseño inspirado en la arquitectura árabe, el Kiosko Morisco, con el hierro fundado en Pittsburgh, Pensilvania; y lo hizo para congraciarse con los americanos y celebrar con ellos, en Nuevo Orleans, el primer centenario del mayor envió de algodón de los Estados Unidos a Inglaterra; a fin de exponer a través de esta obra arquitectónica movible, la aportación cultural mexicana ¿árabe?, en el Pabellón de México de la Exposición Universal.  Luego el kiosko viajó a la Feria de San Luis Missouri, para finalmente, llegar la Ciudad de México, donde fue instalado enfrente del ex convento de Corpus Christi la Alameda Central.




Es quizás ese momento surrealista que Diego Rivera imaginó plasmar en su mural e inmortalizar en sus pinceles, a los forjadores de éste país.

La historia podría terminar ahí. Sin embargo sigue.

Mientras Diego Rivera pintaba el mural de un “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, quizás inspirado en aquella comedia romántica de William Shakespeare, “Sueño de una noche de verano”; cuatro niños ingleses de nombres John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr, habían sobrevivido a las bombas perdidas que los nazis aventaban a Inglaterra, en aquellos días de la guerra mundial, cuando Londres, Bristol, Clydebank, Sheffield, Manchester, Southampton, otras villas británicas, entre ellas Liverpool, era bombardeadas todos los días  por los alemanes.

Solamente los ingleses pudieron haber dado al mundo, un cuarteto de jóvenes músicos rebeldes, que conformarían una de las importantes bandas de rock, como lo fueron Los Beatles.




Este conjunto musical, tuvo la osadía de internacionalizar su música, con diversas giras mundiales, donde las ventas de sus discos crecían a grados desproporcionados, convirtiendo en caballeros a jóvenes rebeldes, greñudos y desarreglados y donde miles de sus fans, se desmayaban de escuchar sus melodías. “¡Un mal ejemplo para la juventud¡”. Fue lo que pensó, el Regente de Hierro, Ernesto Ururchutu, quien previo acuerdo con su jefe, el Presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, prohibió el concierto que los Beatles tenían programado realizar en México, en agosto de 1965, el estadio de la Ciudad de los Deportes.

La nostalgia beatlemaniaca, es uno de los componentes con los cuales, muchos jóvenes ceceacheros crecieron en la década de los ochentas y noventas.  En aquellas escuelas, fundadas en la época echeverrista, cuando el gobierno priísta indemnizaba a la Universidad Nacional Autónoma de México por la represión estudiantil de 1968, incrementando la oferta educativa de la educación preparatoriano, bajo el rectorado de Guillermo Soberón, creando un nuevo modelo educativo y con ello, generaciones de jóvenes rebeldes, influenciados por los Beatles, Jim Morrison, los Rolling Stones y también, por el sueño utópico de la revolución cubana, en la imagen inmortal de Ernesto “Che” Guevara.




Nada mejor que el disco Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, con la portada surrealista de su disco de acetato y esa música enigmática, cuyo sonido e imagen, guardan diversos secretos que han dado a la creación de mitos y leyendas urbanas, como lo es, que dicha imagen simboliza la tumba y muerte de Paul McCartney.




De esta forma, se unen José Guadalupe Posada, Diego Rivera, el capitalismo americano representado por el magnate Andrew Carnegie, la cultura árabe en el kiosKo Morisco y hasta el “Cuarteto de Liverpool”: Los Beatles; sólo falta otros elementos para terminar esta historia.

Los jóvenes ceceacheros egresados de los años noventas, con sus ideales utópicos culturales y revolucionarios, se conjuntan con los jóvenes nerd’s de Harvard University, con su espíritu empresarial, tecnológico y avasallador,  entre ellos Aaron Greenspan y Mark Elliot Zuckerberg, quienes crearían ambos, una de las redes sociales más importantes del mundo, el cual circula por el internet: Face Book.




La historia termina el 1° de noviembre del 2013, en la Leal e Insignie Ciudad de México, cuando jóvenes exceceacheros utilizando los recursos tecnológicos de las redes sociales, deciden conmemorar en un día de muertos, a la usanza de  la tradición mexicana del día de muertos, decidiendo para ello disfrazarse de catrinas, catrines y peladitos, para recordar a Guadalupe Posada y Diego Rivera y concentrarse todos ellos, en la Alameda de Santa María la Ribera, donde se resguarda el Kiosko Morisco, para llevar a cabo la estampa mexicana que se observa a continuación.

Decenas de transeúntes, conformaron esta estampa de historia, modernidad, cultura y globalización. Para mostrar el mundo, que la cultura mexicana, es y será siempre, inmortal.
Que la memoria de los grandes, será siempre grande….

Y que ni la muerte, ni los años venideros, podrán jamás olvidar.