viernes, 22 de marzo de 2013

¡ESCRIBIENDO A DIOS¡


 
De vez en cuando, hay que escribirle a dios. No al Papa, ni al Dalai Lama, ni tampoco al Califa, ni al más ostentoso o humilde ministro religioso; simplemente, escribirle a dios, darse uno permiso para hablar con él, reírse y porque no, cuestionarlo.

De vez en cuando, hay que conocer a dios. No la Biblia, ni el Sagrado Corán, tampoco los fascículos "Despertad" o "Atalaya"; simplemente conocer a dios, sentirlo a través de la música, el arte, la reflexión, la contemplación de la naturaleza.

De vez en cuando, hay que reclamarle a dios, por su sordera, ceguera y terquedad. Por su infinita sabiduría que no parece sabia, por su omisión y eterna pasividad, de permitir un mundo desigual, esclavizado, en guerra y con mucha hambre.

De vez en cuando, hay que tener valentía para aceptar a dios y darse cuenta, lo insignificante que somos, no solamente para el universo, ni para la existencia de la humanidad. Finalmente en esta vida, en nuestros destinos, pasamos más tiempos, muertos que vivos. ¡Por eso no somos nada, ni nadie¡. Sólo somos ... un pedazo infinito de dios.

Dios esta en todas partes, ahí, allí y allá; arriba y abajo; atrás y adelante; dios es esa es la lección que debemos aprender, dios está en la gratitud del amigo, en el amor de los padres, en la admiración de nuestros semejantes, en el enamoramiento de los amantes; dios está en la casa y también en el trabajo; en el cielo y en la tierra; en el agua, en el fuego, en el viento; dios está en el fluido de la electricidad, en lo que comemos y no comemos; en lo que bebemos y respiramos en cada instante de nuestra vida.

 
 
Dios está en este momento; en cada neurona de nuestro cerebro, en cada cromosoma de nuestros genes, en la ley de la gravedad y en los electrones que se convierten en ondas, que nadie ve, pero que existen; dios está en la relatividad del universo y en cada pensamiento, en cada segundo del tiempo eterno y también en el albedrío de nuestros actos. Dios está en la letra de los poemas y en las partituras de las canciones; está en los trazos del dibujante y en la escultura más viva de todas y todos, la que nos gusta tocar, sentir y explotar.

Dios está en el relajo y también en la tristeza; en el aburrimiento y en el momento; en la paz y en la guerra, en la tranquilidad y la hostilidad.

Dios está en la maldad de mi enemigo, en la envidia, la injuria, el odio, en el soberbio y orgulloso; esta también tontamente, como cada acto incomprensible e indignante que a veces, nuestra pequeña humana cabeza mortal no logra entender, pero si reprochar; está ahí, pasivo, eterno, inmutable, inmovil, pero en constante acción; en cada bendición o maldición que hagamos, como queriendo equilibrar el universo, para mostrarnos por siempre, la diversidad de conciencias, decisiones y errores de nuestras vidas.

Dios esta en este instante y estará también mañana. Tan grande y yo tan pequeño.

¡Algún día estaré con dios y él, estará conmigo¡.

 
 

domingo, 17 de marzo de 2013

LA REVOLUCIÓN PAPISTA.


 
Si efectivamente, habrá criticones que se lancen a criticar  a diestra y siniestra, la designación del nuevo jerarca de la autodenominada Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.

¡Total¡. Si el papa hubiera sido Italiano, las críticas de todos modos hubieran llegado por tratarse un italiano; si hubiera sido de otra nacionalidad, fuera polaco o alemán, e inclusive español, de todos modos lo hubieran criticado; y si hubiera sido argentino, pues de todos modos también. Ese detalle nos hace recordar que dios es Maradona.
 
 

 ¡Total¡. Si de lo que se trata es criticar, la iglesia católica, tiene mucha historia de donde cortar; una infinita cantidad de calificativos y leyendas oscuras que enumerar; habría que consultar la historia y cualquier mente sensata, podía sanamente reprochar el cumulo de errores e incongruencias de lo que una institución religiosa debiera ser y no lo es.  

Pero también hay que decir, que poco se sabe de la iglesia católica; y más aún, poco se sabe de las órdenes religiosas; los críticos de la iglesia no logran diferenciar a un benedictino, de un agustino, de un franciscano, un dominicano o en este caso concreto, de un jesuita. La Iglesia católica lamentablemente en esta época, ha convertido a sus clérigos, dos categorías: los pederastas y los no pederastas.

En mi caso, cuando hablo de la Iglesia católica, no hago más que recordar el bando conservador que pacto con los estadounidenses y franceses en el siglo XIX, para la ocupación militar de México; me hace recordar su postura reaccionaria contra la revolución mexicana y su triste papel, corrompedor e hipócrita que muchos de sus representantes han tenido.

También me hace recordar, de vez en cuando a un Miguel Hidalgo, a un José María Morelos, inclusive, hasta un Fidel Castro o un Subcomandante Marcos, ambos educados por jesuitas; me recuerda también, a las frustradas revoluciones en centroamericana, en especial a los jesuitas asesinados en el Salvador, y a los teólogos de la liberación, tan criticados y censurados por Juan Pablo II.

 Me hace recordar algunos filmes, muchos de ellos aburridos y otros de mera ciencia ficción o comedia para pasar el tiempo; se me viene a la mente, “Las Sandalias del Pescador” de Anthony Quinn, “Ángeles y Demonios” de Tom Hanks, El Padrino III de Al Pacino, o bien,  esa película cómica Habemus Papam de Nanni Moretti, cuya voz de fondo en la película, se escucha a la cantante Mercedes Sosa.

Lo cierto es, que la designación de un nuevo papa en la Iglesia Católica, me deja muchas reflexiones, que quisiera compartir.

El tema de la santidad, como una cualidad humana, una virtud ética; ser santo, es una aspiración que cualquier persona debe tener, para ser bueno, puro, incorruptible. Es un estado espiritual y moral de la persona, que muchos están lejos de alcanzar.

Que importante es ser “Santo” en estos días de tanta gente “cabrona”. Pareciera que la “santidad” es sinónimo de pendejez e inclusive otros más lo confunden con la ignorancia, holgazanería, la nobleza o el fanatismo religioso; y en verdad, no es nada de eso; un tipo Santo, puede ser desde un monje tibetano que ora en su monasterio ajeno a la moral maoísta comunista, o un líder indú como Mahatma Ghandi que lucha por la independencia de su patria; o inclusive, porque no, hasta un humilde sacerdote o pastor o líder de cualquier iglesia religiosa, que lidia por dignificar su pequeña comunidad.
 
 

La designación de un nuevo líder religioso, debe despertarnos un poquito la conciencia global; hacernos sentir ante todo, que somos personas y que deberíamos tener la capacidad, para exigir al semejante y exigirnos a nosotros, una pequeña dosis de santidad; olvidarnos pues, aunque sea un instante de nuestras vidas, de los rencores, envidias e hipocresías diarias; de aquellos “pecados” pequeños o grandes, como les llama la iglesia; o bien, esos vicios, como bien dice la ética; y que obviamente tenemos todos los seres humanos y que constituyen sin duda alguna, en causa de nuestra infelicidad.

 La designación de un nuevo Papa para la Iglesia católica, debe también abrirnos un poco la conciencia, de por lo menos entender la doctrina del catolicismo; no me refiero a lo que dicen esos 66 libros que conforman la Biblia y aquellas discusiones dogmáticas, que muchos ministros religiosos hacen, citando libro, capitulo y versículo bíblico; me refiero a otras fuentes documentales de la doctrina católica, como pueden ser la variedad de encíclicas papales, o bien, la que podemos encontrar en el catecismo de la Iglesia Católica, en sus 945 parágrafos; o en los 1739 cánones que conforman el Código de Derecho Canónico y que muchos de ellos, constituyen fuente histórica, para algunos tópicos jurídicos, como lo es la teoría del acto jurídico, de las personas o del derecho familiar.

En fin, se me viene a la mente, la doctrina social de la Iglesia, en el que se establecen principios morales de la persona, la libertad, la ley natural, de los derechos humanos, del bien común, de la familia, de la empresa, del mercado, de la autoridad política, el medio ambiente, de la democracia, de la sociedad civil; en fin, no es admisible, ni sano, que se critique a la iglesia católica del siglo XXI, con los argumentos del pensamiento crítico de la Reforma del siglo XVI o de la ilustración del siglo XVIII; suponer que la iglesia no evoluciono en su pensamiento, es mostrar con todo respeto, una soberbia intelectual y falta de metodología para encontrar una acertada critica acorde a la verdad.

La llegada de un nuevo Papa Francisco I y la renuncia del anterior Benedicto XVI, me deja muchos cosas pensando; una de ellas, es la oportunidad histórica de que la Iglesia católica se refunde. ¡Es un imperativo moral y espiritual que muchas almas necesitan hoy en día¡.

Como “laico” de la Iglesia católica, así considerado en la doctrina católica, pero más como persona con plena capacidad de conciencia y crítica, me gustaría que la Iglesia convocara a un Concilio Vaticano y se pronunciara sobre la nueva fe, la nueva moral, la nueva religión, la nueva sexualidad, que debe tener la Iglesia y sus fieles.

 

 La Iglesia debe modernizarse, si su papel es evangelizar; debe ser incluyente con los “laicos” y “no laicos”, independientemente de sus preferencias espirituales, religiosas, sexuales, ideológicas; debe abordar tópicos de gran trascendencia científica, como la intimidad de las personas, la competencia del sistema económico global neoliberal; pronunciarse sobre asuntos de gran interés bioético que limita o cuestiona el progreso tecnológico de la ciencia, como lo es la natalidad, el control de la mortalidad, la clonación de seres humanos.

La Iglesia pues, debe modernizarse, dejar esos hábitos conservadores e innovar, su estilo de predicar, inclusive, adaptarse a las necesidades de una sociedad biodiversa, tecnológica, critica. Inclusive, abordar temas delicados, que atentan contra el instinto de todo ser humano, como lo es el celibato de los ministros religiosos.
 
 

Cuando hablemos de la Iglesia católica, olvidémonos por favor de los Borgia y la cantidad de papas hipócritas y criminales que han existido; olvidémonos también de suponer a los jerarcas de la iglesia como cómplices de gobiernos nefastos, pues finalmente, como instituciones burócratas, compuestas por seres humanas, no están excentas de fallas y atienden como a las demás naciones, a “razones de Estado”.

Sólo como un humilde “simpatizante” de la doctrina cristiana contenida en el catolicismo, me atrevo a solicitar, que el mundo requiere de un liderazgo con capacidad de crítica, a un sistema económico mundial que se caracteriza por la especulación financiera, por el aumento de la pobreza, por la pérdida de los valores y el deterioro ambiental.

Espero que la visión de un jesuita y de un latinoamericano, tenga mucho que decir.

¡Espero, la revolución de la Iglesia¡.

 

  
 

domingo, 10 de marzo de 2013

LA REVOLUCION BOLIVARIANA


 
 
El 29 de septiembre del año 2012, escribí en mi blog, “¿Bolivarianismo en México?. ¡Imposible¡.

Aquella ocasión, hice un estudio comparativo entre la historia de México y la de Venezuela, concluí diciendo, que en México, no había conocido a un caudillo victorioso y libertador, de la talla de Simón Bolivar; también dije que la vocación democrática en Venezuela era mucho más profunda, que la que se había vivido en nuestro país. Concluí diciendo, que Venezuela no había vivido la fase “revolucionaria” que tuvo México.  De ahí mi afirmación, de que Simón Bolívar era su líder libertador, mientras que Hugo Chávez, terminaría siendo su líder revolucionario.

Ahora que ha muerto el líder revolucionario y de ver en redes sociales, todos los comentarios a favor y en contra del exmandatario venezolano, conviene hacer ahora una breve reflexión, de que es eso de “Bolivarianismo” y “Socialismo del Siglo XXI”, del que tanto refirió en vida el Comandante.

Intentaré pues, hacer una breve síntesis de Bolivarianismo.
 
 

El Bolivarianismo es ante todo, una doctrina latinoamericana, que tiene como su principal, “ideólogo”, a Simón Bolívar.

Simón Bolívar es el gran líder político y estratega militar, que hizo posible la libertad de las naciones latinoamericanas:  Colombia, Ecuador y Venezuela fueron las naciones liberadas por el caudillo, que alguna vez conformaron la nación más poderosa de todo el continente Americano, la denominada “República de la Gran Colombia”. Nación bioceánica, con gran poderío militar, que había logrado abolir las castas de la sociedad virreinal y liberado del yugo imperialista español, habiéndolos vencido militarmente; esa gran nación, logró su independencia gracias a la Unidad Latinoamericana, a países como Haití, independizado desde 1804, quien a través de su presidente Alexandre Petión y a los libertadores de Chile y Perú, José de San Martin y Bernardo Hopkins, lograron construir el gran proyecto de unificar a toda Sudamérica.  

La Unificación de Sudamericana, fue el gran motor ideológico, político y militar de Simón Bolívar. Venezuela debe su existencia gracias al apoyo del Caribe y de las naciones del Suramérica. Quizás por eso, el espíritu chavista hizo posible, retribuir esa deuda moral con el Caribe, al adoptar a Cuba, como su nación hermana; a Bolivia, Ecuador, Uruguay, Brasil y Argentina, como sus grandes socios comerciales; la “revolución bolivariana”, revive el ideal de la unificación suramericana, aquella que hizo posible Giuseppe Garibaldi en Italia u Otto Von Bismark en Alemania,  pero que en Suramérica, fue traicionada por la Oligarquía sudamericana.

El gran adversario de la revolución bolivariana, fue la oligarquía sudamericana. La que logró traicionar y derrocar a Simón Bolivar, al grado de envenenarlo; y de haber provocado la fractura de la Gran Colombia y de las naciones latinoamericanas, en pequeños Estados que permanecen aún a la fecha, divididos.

Hugo Chávez Frías, doscientos años después, es la reencarnación de Simón Bolivar, su resurrección, convertida al igual que él, en un militar que lucha, ya no contra el imperio español, sino contra el nuevo imperio mundial de los Estados Unidos de América; de ahí que ser revolucionario bolivariano, implica a luchar a toda costa, contra el nuevo imperio.
 


La “revolución bolivariana” es de Suramérica, para todos los latinoamericanos; su objetivo político, es resistir y vencer al imperialismo americano que desde la independencia de las naciones hispanoamericanas, ha intervenido política y militarmente, para frenar su proceso de unificación y de desarrollo industrial.

Y esa gran proyecto revolucionario, debía de tener sus cimientos ideológicos, en tres vertientes importantes; la primera de ella lo era la democracia liberal del sufragio efectivo, a través de elecciones limpias y libres; la segunda, a través del espíritu nacionalista e indigenista que siempre ha caracterizado a las naciones latinoamericanas; la tercera finalmente, fueron los cimientos teóricos de Marxismo-Leninismo, principales críticos del sistema político capitalista.

Sin duda alguna una contradicción estos tres principios de la revolución bolivariana, incompatibles inclusive en las filas tradicionales de la izquierda; el Fidel Castro de los años sesentas, jamás hubiera imaginado que en la republica admiradora del Chavo del 8, organizadora de los certámenes “Miss Universo”, fueran los militares y los “creyentes de Cristo”, quienes a través de los procedimientos electorales inventados por la burguesía capitalista, fueran los que lograran continuar con su ideal revolucionario.

El ideal democrático de la revolución bolivariana, nace desde el verdadero libertador de Venezuela, que no fue Simón Bolivar, sino Francisco de Miranda; influenciado éste por los ideales liberales de la revolución francesa y de la independencia de los Estados Unidos, buscó ante todo fundar, una República. Un gobierno que no fuera monárquico, que fuera fiel y exacto reflejo de la democracia americana, con una constitución y procesos electorales, en el que se renuevan periódicamente los poderes.
 
 

Venezuela dividió entonces sus etapas evolutivas, en la Primera, Segunda, Tercera y Cuarta República; en cada una de esas etapas históricas, se dividió la historia de Venezuela.  La “Primera República”, la inició Francisco de Miranda quien fuera derrotado por los españoles; la “Segunda” y “Tercera República” la inició y la restauró respectivamente Simón Bolivar, pero terminó siendo traicionada por la oligarquía venezolana. Su último líder, fue el general Marco Pérez Jiménez, quien al no garantizar los intereses de los Estados Unidos, para frenar el avance del comunismo internacional, terminó por construir artificialmente, la “Cuarta República”.

La “IV República”, fue diseñada por el Imperio de los Estados Unidos, a través de dos personajes públicos de la oligarquía venezolana, Rafael Caldera y Rómulo Betancourt, quienes formaron el partido político: Acción Democrática y el COPEI, Comité de Organización Política Electoral Independiente”; la Cuarta República inició con la firma del “Pacto de Punto Fijo”, que permitió terminar con los gobiernos militares y crear de esa forma, los gobiernos civiles.

Los “gobiernos civiles”, se caracterizaron por su corrupción, su prepotencia, su derroche, la privatización de los recursos naturales de Venezuela y con ello, la adopción del sistema económico neoliberal. El “MVR” “Movimiento Quinta República”, fue el que encabezo un militar golpista Coronel Hugo Chávez, que al ser frustrada su tentativa de golpe de Estado, su movimiento republicano, terminó por convertirse en “MBR”: “Movimiento Bolivariano Revolucionario”.
 
 

Por lo tanto, la república Bolivariana es un concepto que conjuga dos ideales, el sistema político republicano democrático, con el ideal de Simón Bolivar.

La República Bolivariana, no es la Republica Socialista de Cuba ni tampoco es equiparable, con las repúblicas soviéticas o la República Popular de China; Venezuela a diferencia de esos países, es capaz de legitimar su liderazgo, mediante los procesos electorales, a las que tanto ha rehuido los hermanos Fidel y Raúl Castro en Cuba, por considerar éstos diseños políticos, inventados por la burguesía capitalista.

La República Bolivariana, legitima y refrenda su posición política, mediante las urnas, que en vía de elecciones y de referéndum, adoptan una Constitución y la creación de nuevos poderes, que modernizan el ideal clásico tripartita de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial; al crear en dicho modelo de gobierno, los poderes ciudadano y electoral.

No existe por lo tanto, un Buro del Partido Comunista, a la usanza de la dictadura del proletariado soviética, imitada por los Cubanos y los Chinos; la república bolivariana legitima su ascenso al poder, a través de las elecciones democráticas, al estilo del régimen priísta en México.

Luego entonces, Hugo Chávez, fue el “Dictador” electo democráticamente, no llegó al poder a través de una revolución como ocurrió con Lenin en la extinta Unión Soviética, o como Mao Tse Tung en China o Fidel Castro en Cuba; Hugo Chávez, fue candidato y ganó la presidencia democráticamente.

El espíritu nacionalista e indigenista de la revolución bolivariana, es quizás otra de sus expresiones ideológicas. La América Indigenista, conquistada, sometida y explotada por los españoles durante cinco siglos y después por los americanos, ha sido uno de los principios en el que se centra ésta nueva revolución.

Eduardo Galeano es el ideólogo de esta nueva revolución, pero también detrás de él, figuran varios personajes; cada nación en Latinoamérica proporciona su propio teórico y caudillo revolucionario; México lo hace con Francisco Villa, Emiliano Zapata, Lázaro Cárdenas y José Vasconcelos; Perú con Túpac Amaru y Víctor Raúl Haya de la Torre quien creó el partido “APRA”: Alianza Popular Revolucionaria Americana; Nicaragua con Cesar Augusto Sandino y el movimiento “FSLN” Frente Sandinista de Liberación Nacional; Guatemala con Jacobo Arbenz, El Salvador con Farabundo Martí y el movimiento “FSLN”; Colombia con Jorge Eliecer Gaytán y las FARC “Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia”, Argentina con el general Juan Domingo Perón; y así sucesivamente, con la tradición caudillista y revolucionaria de América latina, sin omitir desde luego a dos iconos revolucionarios, Fidel Castro Ruz y Ernesto el “Che” Guevara.
 
 

El espíritu latinoamericano, es la esencia de la revolución bolivariana, su indigenismo vinculado con la pobreza, así como con la riqueza y explotación de sus recursos naturales;  hace de la región, el gran fracaso del proyecto económico neoliberal impuesto en los años noventa. Hugo Chávez, vocero de la revolución, se erige en el gran representante de ese espíritu latinoamericano, sometido y conquistado por el coloniaje español y americano.

Finalmente los cimientos teóricos del marxismo, son resucitados en Venezuela, luego de la catastrófica caída del “socialismo real”, de la caída del “muro de Berlín” y de la desintegración de lo que fue la Unión de la República Soviéticas Socialistas.

Hugo Chávez, adopta la forma de gobierno socialista, calificándola, de “Socialismo del Siglo XXI”, como si fuera una de sus tantas ocurrencias, equivalente a si cantará algún bolero o una canción ranchera mexicana; la revolución del socialismo del Siglo XXI, es la concepción teórica de Dieterich Steffan, que a diferencia del modelo marxista de la revolución violenta, Steffan propone un socialismo basado en el desarrollo regional, en una economía de equivalencias, que incluya una democracia participativa y protagónica, así como la conformación de organizaciones de base.
 
 

El nuevo modelo socialista, se funda en la ideal de que el valor de los bienes y servicios, el cual no debe basarse en las leyes del mercado, de la oferta y en la demanda, sino mas bien, en el “valor objetivo del trabajo”, que no es más que la equivalencia de los tiempos de producción y de la democracia participativa.

Ese socialismo del siglo XXI, reconoce la propiedad privada, y también, el mensaje evangélico cristiano, Cristo el primer líder socialista, que propaga su mensaje de amor y esperanza.

Su influencia internacional, hace posible el ALBA, Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América. Proyecto de colaboración y complementación política, social y económica, promovida entre Cuba y Venezuela, seguida de Bolivia y Ecuador; en oposición al Área de Libre Comercio de las Américas. ALCA.

La revolución bolivariana de Chávez, realmente no se parece en nada a la revolución socialista de Castro en Cuba, quizás, su único parecido radica en su espíritu antiimperialista en contra de los Estados Unidos, pero eso sí, jamás imaginaríamos a Fidel Castro mencionando a Cristo o sacando un rosario o una Biblia, mucho menos cantando o exhibiendo en su mano una Constitución de bolsillo, ni tampoco refrendando su presidencia y compitiendo contra la oposición en elecciones democráticas.  

La revolución bolivariana convertida en partido político, Partido Socialista Unido de Venezuela, me recuerda mucho al Partido Revolucionario Institucional en México, una organización partidista para ganar elecciones y legitimarse en el poder, con plena capacidad, para poder “interpretar” una revolución, que solamente ellos concibieron.

Me recuerda también a las camisas negras de Benito Mussolini e inclusive a los nazis de Adolf Hitler; no puedo evitar decir, que por sus camisas rojas, me recuerdan también a los priístas de México.

Es así como concluimos que la revolución bolivariana, se funda en esas tres premisas, sistema republicano democrático, regionalismo latinoamericano y socialismo del siglo XXI; sus ideales políticos serán puestos a prueba, cuando Venezuela tenga que enfrentar en sus próximos días, a su peor crisis económica.

Entonces quizás, la revolución bolivariana, se PRIítice, al mismo tiempo, que Hugo Chávez, se inmortalice como momia.

 

sábado, 2 de marzo de 2013

¡ELLOS SABEN COMO HACERLO¡


 
Ya se me había olvidado lo que era vivir en un régimen priísta. En verdad pensé que esos tiempos jamás volverían en nuestro país, añoranza, nostalgia, pequeños “Deja Vus” que hacen revivir, aquellos días de la hegemonía priísta en el cual, lo que decía el Señor Presidente de la República, era verdad, además de  ley suprema.

Le duela a quien le duela, así sean los más recalcitrantes críticos y opositores al régimen, pero lo que sea de cada quién, esos priístas cuando gobiernan, saben cómo hacer las cosas. ¡Lo peor de todo, es que las hacen tan bien, que el pueblo de México se le olvida los epílogos de esas historias macabras de corruptos encarcelados; que después de ser criticados, acusados, juzgados, repudiados; terminan legalmente siendo inocentes, bajo el amparo de la falaz decisión judicial que termina luego de seis años, por liberarlos.

Veamos un pequeño repaso de esas historias macabras de corrupción, impunidad y olvido.

Los viejos funcionarios porfiristas y simpatizantes del régimen dictatorial de Victoriano Huerta, terminaron siendo “revolucionarios”, bajo la bandera “constitucionalista”.  Los asesinos de los caudillos revolucionarios, terminaron por fundar el partido político más fuerte de todo el mundo, el invencible e inmortal Partido Revolucionario Institucional.
 
Plutarco Elías Calles

Lázaro Cárdenas del Rio, fue el primer presidente priísta que enseño ese gran lección, consistente, en que nadie debe de estar por encima del poder del Presidente, por encima de éste, nada ni nadie. Su poder omnipotente nos enseñó, que el Presidente de la República podía ser tan poderoso, para repartir tierra a los campesinos, expropiar el petróleo a las compañías petroleras extranjeras y desde luego, para mandar muy lejos, en un avión con destino a California Estados Unidos, a quien fuera el “Jefe Máximo de la Revolución”, don Plutarco Elías Calles.

Adolfo Ruiz Cortines, hombre austero y prudente, nada hizo contra las acusaciones de su antecesor Miguel Alemán Valdez, pero cuyo poder presidencial hizo derrumbar a los gobernadores de extracción “alemanista”, dejando el poder de los gobernadores de Guerrero, Chihuahua y de Tabasco, en “la nada”.  Acusados todos ellos, de haber violado las garantías individuales en sus respectivos Estados.
 
Gonzalo N. Santos
 
José López Portillo enfrentó el poder caciquil de Gonzalo N. Santos, aquel viejo general revolucionario, fundador del partido, perpetrador de los fraudes electorales de José Vasconcelos y Juan Andrew Almazán, dueño de su “rancho” llamado “El gargaleote” y también “Jefe de Jefes” del Estado de San Luis Potosí;  hombre cómico y polémico de frases célebres para la política corrupta mexicana, cómo aquella que decía:  “la moral es un árbol que da moras”, o bien, sus famosos hierros que aplicaba a sus enemigos: (encierro, destierro y entierro).  El Presidente López Portillo, le expropió su rancho, acabando políticamente con su poderío caciquil, no pudo hacer más, porque el viejo cacique murió de un infarto cerebral a los dos meses.
 
Arturo Durazo Moreno
 
Miguel de la Madrid Hurtado, quien con su política de “renovación moral”, dejó impune al expresidente José López Portillo y a su familia entera de las constantes acusaciones de corrupción que imperaban en su contra.  En cambio, dejo caer “todo el peso de la ley”, en el que fuera el Jefe de la Policía de la Ciudad de México, el general, que realmente no era general, don Arturo Durazo Moreno, quien se le acuso de todas las corruptelas del gobierno lopez-portillista, le hicieron hasta películas y biografías no autorizadas, hombre admirado, popular, despreciado, en verdad todo un “antihéroe” sólo comparable con Francisco Villa.  El “negro” Durazo fue acusado de contrabando, acopio de armas, abuso de autoridad,  de haberse enriquecido inexplicablemente, así como de ser el asesino intelectual de doce colombianos dedicados al narcotráfico, quien por cierto, además de torturarlos dejo sus cadáveres como vil basura en el rio Tula.  
 
Jorge Diaz Serrano
 
El otro corrupto encarcelado fue el entonces Senador Jorge Díaz Serrano, el quien fuera Director General de la empresa paraestatal Petróleos Mexicanos, también fue acusado de haber cometido fraude por 35 millones de pesos, siendo Senador de la República, fue desaforado y encarcelado; salió absuelto de todas las acusaciones en 1989. Cuatro años, obtendría su libertad, el “Negro” Durazo.
 
Joaquin Hernández Galicia
 
Carlos Salinas de Gortari y su detención espectacular a uno de los líderes sindicales más influyentes en la historia mexicana: Joaquín Hernández Galicia, alias "La Quina". Líder “moral” del que fuera poderosos Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, dueño de más de 30 edificios en Tampico, de 30 granjas “proletarias”, 134 tiendas populares, 300 carros tanque y una flota naval de 15 unidades; basto unas solas horas para que su poderoso imperio sindical cayera, en una decisión y acción de fuerza autoritaria, prefabricada y espectacular, que se le conoció como “El quinazo”.  Acusado de haber asesinado a un Agente del Ministerio Público, de acopio de armas, de mal manejo de los recursos sindicales, el líder senil sindical de 67 años, fue encarcelado y condenado a 35 años de prisión, habiendo sido reducida su sentencia a 13 años,  recuperado su libertad “anticipada” a sus 75 años de edad, en el año de 1997.
 
Raúl Salinas de Gortari
 
Ernesto Zedillo Ponce de León y su detención a uno de los personajes más polémicos de los últimos años, nada menos y nada más que el hermano del expresidente Carlos Salinas de Gortari, “don Raúl”.  Acusado de homicidio, enriquecimiento ilícito, narcotráfico, lavado de dinero y falsificación de documentos. Purgó pena por diez años en la cárcel de máxima seguridad “Almoloya de Juárez”, después en “Almoloyita”, pero luego salió absuelto de los cargos que le imputaron.  Una “prefabricación”, como diría su hermano Carlos, una cortina de humo para distraer a los mexicanos de la crisis llamada “el error de diciembre”.
 
Mario Villanueva Madrid, el exgobernador de Quintana Roo quien abandonó el Estado antes de su captura, luego de ser acusado en 1999 de narcotráfico y lavado de dinero por más cien millones de dólares; el mismo fue aprehendido en la administración foxista y extraditado a los Estados Unidos, donde fue juzgado por la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York; tras una negociación judicial, la fiscalía desistió 13 de los 14 cargos, habiendo aceptado haber lavado dinero por 19 millones de dólares y recibir una condena de 20 años. (En México se le absolvió de narcotráfico).  
 
La oposición cuando llegó al poder presidencial y en algunas entidades federativas, hizo y ha hecho realmente poco por abatir a los corruptos. 
El Gobierno del Distrito Federal ya gobernado por el PRD, Partido de la Revolución Democrática, ejerció acción penal contra quien fuera el Regente de la Ciudad en la administración zedillista, Oscar Espinoza Villareal, acusado de peculado y desvió de fondos por 420 millones de pesos, el político priísta de envidiable sonrisa, salió absuelto en el 2006 de los cargos que le imputaron.  Posteriormente, fueron acusados también de lavado de dinero y tráfico de influencias, a dos ilustres “luchadores sociales” de la izquierda mexicana, uno llamado Rene Bejarano de extracción sindical y el otro Carlos Imaz exlíder estudiantil.  Ambos absueltos.  Gustavo Ponce Meléndez, brillante funcionario quien se destacó como Secretario de Finanzas, fue acusado de lavado de dinero y de fraude genérico por más de 30 millones, hasta el día de la fecha sigue encarcelado.
 

Rene Bejarano

En el ámbito federal, los gobiernos emanados del Partido Acción Nacional, responsables de la administración del 2000 al 2012, resultaron ineficaces. Pese a la promesa del “gobierno del cambio” y de la creación de la oficina del “zar anticorrupción”, los gobiernos panistas poco o nada  hicieron en su afán por acabar con la corrupción; toda su fuerza fue empleada contra los carteles de la droga, pero poco hicieron para radicar también, a los carteles del poder político.  Los desvíos de recursos públicos para la campaña presidencial de Francisco Labastida Ochoa, fueron interrumpidos tras la amenaza de huelga del líder sindical petrolero Romero Deschamps; Andrés Manuel López Obrador fue ridículamente acusado de haber infringido una suspensión de un juicio de amparo, al extremo de desaforarlo como Jefe de Gobierno, para que finalmente el Juez de Distrito negara la orden de aprehensión en su contra;  el expresidente Luis Echeverría Álvarez fue acusado de genocidio treinta años después del “Halconazo”, para que finalmente la Suprema Corte se negará a revisar la sentencia dictada por el Quinto Tribunal Unitario del Primer Circuito que confirmó la prescripción del delito que se le imputaba;  Jorge Hank Rohn acusado de acopio de armas, fue liberado dentro del término constitucional por la Juez Noveno de Distrito en Baja California, por no existir pruebas en su contra; doce presidentes municipales del Estado de Michoacán, fueron detenidos y acusados de vínculos con el crimen organizado, pero también fueron liberados al no existir pruebas en su contra; en fin, una historia de frustradas acusaciones.

Ahora que regresa el régimen priísta, vuelve a caer otro personaje público, en este caso particular, la primera mujer corrupta en la historia de la política mexicana, hecho al estilo como lo saben hacer los priístas.  Pareciera que ellos, saben cómo hacerlo.

¡Definitivamente, tuve un “Deja Vu”¡.  

Elba Esther Gordillo

 
 
"El Quinazo"