viernes, 25 de enero de 2013

CÁNCER....


A veces la vida te sorprende con noticias que cambian tu vida. Cosas importantes que dejan todos tus problemas, tan pequeños como son.

Hoy estamos con vida, respiramos, nos alimentamos, queremos y nos enojamos; reímos y lloramos; pero quizás mañana o algún día, dejaremos de hacer eso, o las personas que queremos o se nos hacen indiferentes, lo dejaran de hacer, o simplemente, ya no lo hacen.

En verdad, hay cosas realmente importantes y no imaginarias, que luego nos inventamos.

Imagina que eres un ser con muchos seres vivientes que están dentro de tu cuerpo. Parece que tu mente y tu comportamiento diario, se olvida a veces de ellos, pero ahí están, son millones. Esos pequeños seres son células que cumplen diversas funciones dentro de ese gran biosistema que es tu cuerpo. Aquel que tienes, con el que respiras, comes, con el que te ves todos los días en el espejo; tu cuerpo, pequeño, chico, grande, fuerte, débil, que importa su tamaño, peso y complexión; sabes que es tu cuerpo, porque todos los días lo utilizas para trasladarte de un lugar a otro; porque lo alimentas, porque a veces lo sientes cuando subes alguna escalera, cuando corres, caminas y lo ejercitas para recordarte que existes.

Imagina que ese cuerpo tuyo, conformado por células, cuenta con algunas celulitas que se comportan de diferente modo, que crecen de manera incontrolada, al grado de recorrer partes de tu cuerpo y realizar funciones, que hacen deteriorarte, destruirte, consumirte, en pocas palabras: lograr tu muerte.  

¡Eso es el cáncer¡.

Quizás para entender bien esa palabra, necesitaríamos de algunos términos médicos, citologos; hablar de neoplasias, metástasis, tumores, estromas, tejidos conectivos y vasos sanguíneos; hablar de otros términos, inentendibles, para nuestro lego humano, para nuestro pequeño e insignificante conocimiento de hacer grandes las cosas chicas e importantes las cosas, que en verdad no lo son.

Quizás lo importante del cáncer, es saber que es; tener la fuerza de voluntad para aceptar el padecimiento, la valentía para luchar y obviamente, la fe, para curarse.

Se necesita la comprensión, el apoyo, la solidaridad de los seres queridos; la humildad para someterse a los designios de dios; la esperanza de vivir y de seguir viviendo; de entender de la vida sus verdaderos significados.

Pidamos a esa conciencia universal, eterna, perpetua, inmutable; sus mejores ideas y bendiciones, para poder curar a las personas que padecen de esta enfermedad.

Demos a esa conciencia universal, un minuto de nuestra reflexión, por este padecimiento.

Recemos por nuestros enfermos y hagamos empatía con ellos, para terminar con este mal. Simplemente, hagamos conciencia:
Quisiera decir más, pero no puedo....¡No puedo¡.... ¡Perdonen mi silencio¡  ...

domingo, 13 de enero de 2013

LA CIUDAD CON LUZ


 
Existen ochenta mil cosas que mi cabeza no logra comprender. En verdad no entiendo  y es que si entendiera, me preocuparía tanto, que en verdad, no podría seguir escribiendo lo que ahora estoy leyendo.

Recuerdo que Dios dijo – ¡Hágase la Luz¡ - y la luz se hizo. Así de fácil, como un verdadero milagro.

Pero realmente, el milagro, no es que dios haya hecho la luz, en el día de la creación; el milagro verdadero, es que todos los días, ayer, hoy y mañana, desde siempre y espero que por siempre, se genere y se siga generando esa luz, que nos permite a todos, a ti y a mí, a seguir utilizando este medio de comunicación visual que es el internet.

Sin luz, ninguna computadora prende. Sin luz, ninguna batería de celular o de una laptop o de alguna tableta, podía seguir funcionando. Sin luz, no habría movimiento. Sin luz, no podríamos comunicarnos.

Es más sin luz, no tendríamos televisión, radio, refrigerador funcionando, licuadora y hasta el aparato de control remoto. No podríamos utilizar el sistema de transporte colectivo “metro”, tranvía o trolebús; el congestionamiento vial sería un caos, con la descomposición de los semáforos; no habría iluminación en las calles, no habría “luz”.  

Quizás, cuando fui estudiante de secundaria o de bachillerato, no logre entender la importancia de este tema científico, no logre entender eso de las Leyes de Coulumb, tampoco las ecuaciones o el tema de las pilas y la resistencia; ¿Por qué diablos, mis maestros no me enseñaron este tema, con la debida seriedad que ameritaba?. ¿Por qué no me lo enseñaron con la misma pasión y coraje, con el que enseñaban Historia de México, Economía o Teoría Política?. Quizás de haber entendido el tema de la luz y la electricidad, mi visión hubiera sido otra y la forma de escribir este tema, no hubiera sido tan burda y lerda como lo que ahora estoy leyendo.

Pero en fin, el tema de la luz y la electricidad, (ya sea electrostática, electromagnética y electromagnetismo), me fueron tan aburridos, que no les tome la debida importancia; ni tampoco logre entender los descubrimientos de Tales de Mileto, Otto de Guericke, Benjamin Franklin, Charles Coulomb, Alessandro Volta, ni otros tantos nombres que desconozco y que quizás, mi vida ignorante, me impida conocerlos. ¿Quizás me sea más fácil entender el tema de la electricidad, con lo que a continuación voy a reflexionar?.

La electricidad es movimiento, es un flujo como el agua que recorre un rio o una  tubería, sólo que corremos el riesgo que si la tocamos, sin las debidas precauciones, puede darnos “toques”, inclusive, hasta electrocutarnos, al grado de matarnos.

La electricidad, es la fuente de energía, con lo cual permite que los artefactos y  maquinas que utilizamos todos los días, puedan funcionar y seguir funcionando. Ya sea desde el teléfono celular que siempre cargamos junto con la cartera y las llaves, o bien, el foco que nos ilumina en la habitación en la que nos encontramos; ya sea también el ventilador, la secadora, la aspiradora, el refrigerador, el horno de microondas, la plancha, la licuadora; todos, pero todos los aparatos eléctricos que podamos observar y que se le haya ocurrido inventar Thomas Alva Edison, Steven Jobs o cualquier otro tecnólogo de fama mundial, que aún desconocemos mencionar.

Tan sólo la Ciudad de México, ocupa el 1% del territorio nacional, pero consume el 30% de la energía eléctrica que genera el país. ¡Una cantidad realmente considerable¡. Tan sólo en el Distrito Federal (excluyendo de ello a las familias que habitan en los municipios conurbados del Estado de México), existen por lo menos, 2.4 millones de casas que cuentan con energía eléctrica, 2.2 millones de refrigeradores, 2.3 millones de televisores, 1.9 millones de lavadoras, 1.2 millones de computadoras, 2.8 millones de tomas instaladas de energía eléctrica; más otros millones de aparatos electrodomésticos, que exigen diariamente, cantidades de energía eléctrica.

De ahí, que uno de los servicios públicos encomendados al Estado, es precisamente, satisfacer esa necesidad citadina, de consumir todos los días, energía eléctrica.

Para entender esta problemática y hacer posible, que por lo menos, 8.9 millones de habitantes de la Ciudad, cuenten con la luz eléctrica, se requiere por lo menos de tres acciones logisticas. Generar, transmitir y distribuir energía eléctrica.

La electricidad – cosa misteriosa  que no sabemos que es, si son fluidos, magnetismo, átomos -  se manifiesta en diversas formas, entre ellas, a través de la luz.  No es algo que se “crea” como arte de magia, simplemente, es algo que ya existe en el planeta. El papel del humano es captar esa energía que hay en el ambiente, “intervenir” en la naturaleza, para poderla transformar  en electricidad.

De tal forma, que la materia al igual que la energía, ni se crea, ni se destruye, sólo se transforma. De tal manera, que es imperativo saber que la energía eléctrica, es consecuencia de otro tipo de energía que la causa.

¿Quién causa esa energía?. ¿Qué hay antes de esa energía eléctrica?.  Puede haber carbón mineral, el petróleo, gas natural, el aire, el agua, el sol, procesos químicos, o bien, “energía nuclear”.

La luz se “produce” a través de “plantas generadoras”, que logran esa transformación de la energía en electricidad. Dichas plantas, trabajan las 24 horas y pueden ser de varios tipos, ya sean termoeléctricas, nucleoeléctricas, geotérmoeléctricas, hidroeléctricas. La Ciudad de México, no genera su propia electricidad, no tiene planta, está la obtiene  de las plantas generadoras de Tula Hidalgo y del Valle del Estado de México, cerca de la zona arqueológica de Teotihuacán, en un porcentaje equivalente al 33%. El resto de la electricidad, se obtiene de otras plantas generadoras, ubicadas en el Golfo (Tuxpan-Altamira) que proporciona el 41%, el pacifico (Desembocadura del Rio Balsas 19%) y el Sureste (7%). Así las cosas, nuestra Ciudad no es sustentable en generar su propia luz, pese que absorbe, el 30% de la electricidad a nivel nacional.

 El proceso de transformación (o generación) es algo complejo y aburrido para una cabeza que no sepa de esos temas, sólo puedo decir, que en la mayoría de los casos, el agua, acompañada de “calentadores”, imanes y turbinas que constantemente se mueven, son los que hacen posible, la generación de electricidad.

La electricidad, esa cosa tan “rara” como lo es la vida o el dinero, es un flujo que se manifiesta a través de la “corriente” y el “voltaje”. La corriente eléctrica viaja a través de alambres cubiertos de cables, mientras que el voltaje, es la potencia de esa corriente.  Ambas se unen en una sola. De ahí que la electricidad, requiere ser transmitida y para ello se construye toda una infraestructura como las subestaciones que nivelan los voltajes, así como redes de transmisión que se destinan, para el uso industrial, agrícola o residencial.

La Ciudad de México cuenta con 120 subestaciones de electricidad, que suministran luz a toda la Ciudad. Pero como ya dijimos anteriormente, existen más de 2 millones de hogares que requieren de dicha energía.

¿Cosas me preocupan, que aún no he podido decir?. La electricidad, es vista como una fuente alterna “no contaminante”; inclusive, hay quienes ingenuamente proponen, la sustitución del vehículo de combustión interna que si contamina, por vehículos eléctricos que “no contaminan”. Como si eso fuera el problema ambiental atmosférico. Vehículos eléctricos que no echan humo.
 
 

La Ciudad de México, circulan entre 3.7 millones a 5.5. millones de vehículos diariamente. ¡Enorme cantidad¡. Dichos vehículos, que contribuyen en el 80% de la contaminación atmosférica, únicamente logran movilizar apenas el 20% de los transeúntes en la Ciudad. El problema no es ese, el problema es algo más complejo.

Si decidiéramos sustituir todos los vehículos de combustión interna en vehículos eléctricos, no existiría la suficiente energía eléctrica para poder cargar la batería de nuestros autos. Tan sólo imaginemos a tres millones de automóviles, “cargándose” de noche, conectados todos ellos de los enchufes de sus casas, harían todos ellos una impresionante descarga que generaría un “apagón” en la Ciudad. ¡No hay voltaje¡

Lo triste de esta “solución ecológica alternativa”, es que no hay luz eléctrica para poder alimentar a todos vehículos eléctricos que podrían circular en la Ciudad. Se necesitaría generar más electricidad y para poderla generar, se necesitaría, obviamente de más petróleo para poder movilizar a todas esas turbinas y maquinarias que hacen posible la transformación de la energía.

La mala noticia de todo esto, es que el petróleo, es cada vez un recurso natural no renovable, más costoso de obtener; su falta de sustitución por otra fuente de energía, hace posible, que tarde o temprano, esta ciudad, mi querida e insigne Ciudad de México, no tenga viabilidad la utilización del vehículo. ¡Peor aún¡. No se logre generar la luz que se necesite. Esto significa:  ¡Que mi Ciudad se apague¡.

Generar electricidad, es el próximo reto que tendremos los seres humanos que afrontar. No es cuestión de políticos, ni de proyectos ideológicos o partidistas, es una cuestión de inteligencia, de recursos humanos, intelectuales, de innovación y creatividad; de pensar y proyectar la Ciudad de los próximos cincuenta años. Se requiere sin duda alguna, de sustituir el esquema de energía basada en el petróleo, en otras fuentes alternas de energía, como pude ser el sol, el aire, o inclusive, la basura.

Se requiere, no que Dios haga la luz con su dedo omnipotente, omnipresente, inmutable y eterno, ordenando la creación de la luz; se requiere más que eso, se requieren de ingenieros, técnicos y gobernantes que se olviden de pensar en ganar las próximas elecciones y piensen, como seguiremos conservando, este nivel de vida.

No quiero pensar, que mi vida se acabe, el día que no tenga “luz” para cargar mi celular, mi tableta o laptop; de poder prender mi computadora, mi televisión y conservar mis alimentos en el refrigerador; de trasladarme inclusive, ya ni siquiera en carro, sino en el transporte colectivo Metro.

Sin luz no habrá computadoras, ni internet, ni los sistemas informativos de software’s y hadware’s que tanto promete esa visión futurista en riesgo del colapso ecológico. De seguir con nuestra visión basada en el uso del automóvil y del aprovechamiento irracional del petróleo, el futuro jamás llegará.

¿Qué ocurrirá dentro de cincuenta años?. Dios mío, porque estudie Derecho y no Física, para poder solucionar este problema.

Porque los niños y los jóvenes que se educan en nuestras aulas, no entienden este problema que se viene. ¿Porque diablos tienen que aprender conceptos incomprensibles, sin poderlos aterrizar a los verdaderos problemas que nos aquejan?

El fin del mundo, no fue el 22 de diciembre del 2012; el fin del mundo, será el día en que haya oscuridad.

 
 
 

 

sábado, 5 de enero de 2013

PORRAS, PORROS Y PORRISMO EN LA UNAM


 
Había que acabar con los católicos, retrogradas, reaccionarios, conservadores, enemigos de los senderos de la Revolución Mexicana, que se habían incrustado y perpetuado en las aulas de la Universidad Nacional de México.  El clero había hecho posible rebelarse contra el gobierno revolucionario de Plutarco Elías Calles, desconocieron sus leyes y el principio republicano laico de la separación del Estado y la Iglesia; odiaban a Juárez, al Presidente y a las conquistas sociales emanadas de la revolución. ¡Eran los últimos porfiristas que habían sobrevivido a la etapa violenta de la revolución¡

Las organizaciones estudiantiles abundaban los católicos por todos lados, ellos eran los que habían politizado las elecciones presidenciales de 1929 y 1946; su estúpido lema, de “Este hogar es Católico, No se acepta propaganda comunista”, había frenado por completo a la educación socialista, eran ellos, los que ponían en riesgo el triunfo de la revolución, con sus ideas anacrónicas de primero enseñar el catecismo, antes que alfabetizar.

Hombres como Antonio Caso y Manuel Gómez Morín, habían frenado las ideas progresistas de Vicente Lombardo Toledano de enseñar educación marxista; amparados éstos bajo la falaz idea de la “autonomía universitaria”, habían impedido que el ideal revolucionario (cardenista) de la educación socialista, llegará también a las universidades. Ni siquiera la negativa de darle recursos económicos a la Universidad Nacional había frenado el avance de las juventudes católicas, contrario a ello, se habían fortalecido, en la defensa de sus “buenas costumbres y credos”.

La discusión entre el modelo de Universidad tradicional defendida por los grupos católicos conservadores, frente a la visión socialista, propuesta por los gobiernos revolucionarios, se volvió caótica, cuando en 1933, el entonces Director de la Escuela Nacional de Jurisprudencia Rodolfo Brito Foucher, apoyado por un grupo de estudiantes activistas de las juventudes católicas, iniciaron una huelga en el que solicitaron la renuncia del Rector Roberto Medellín, mismo que ante las duras presiones, terminó por presentar su renuncia.

Desde las oficinas de la Policía Secreta del gobierno revolucionario, se instrumentó el plan secreto para acabar con los “conejos”, así se les llamaba a los activistas católicos, sinarquistas, reaccionarios, financiados por el Arzobispado de la Ciudad de México y que se habían adueñado de la Universidad de México. Los “conejos”, habían aumentado no solamente en simpatizantes, sino también en figuras notables, algunos de ellos eran distinguidos académicos, líderes estudiantiles que encabezaban las sociedades de alumnos en las distintas escuelas que conformaban la Universidad, inclusive dirigían la Confederación Nacional de Estudiantes y la Federación Universitaria.  Una “sociedad secreta”, auspiciada desde el Vaticano, por el Papa Pio XI, quienes financiaban la constitución de la Acción Católica, movimiento político disfrazado de socialista, que conformaban en distintas naciones de Europa y de América Latina, grupos de activistas, tales como la Juventud Obrera Católica, la Juventud Estudiantil Cristiana, la Juventud Universitaria Cristiana, Juventud Agraria Cristiana y la Juventud Independiente Cristiana entre otros.

Resultaba obvio que la intromisión de sociedades secretas católicas, financiadas por el Vaticano y altos jerarcas de la Iglesia Católica en México, era un tema político de seguridad nacional. Habían enfrentado al Presidente Plutarco Elías Calles, agitado a los campesinos y organizado grupos guerrilleros o de agitadores profesionales, que habían puesto en jaque al gobierno revolucionario, con la guerra civil cristera. Inclusive, muchos de sus miembros, eran fanáticos, dispuestos asesinar al Presidente de la República; lo habían hecho ya con el general Álvaro Obregón.
 
 

Era obvio que no se quería resucitar la guerra cristera; el gobierno revolucionario, aun no estaba del todo consolidado, muchos de sus supuestos miembros, ni siquiera simpatizaban con la moral revolucionaria. Lázaro Cárdenas era acusado de comunista, por los propios miembros de su Partido. La clase política gobernante desconfiaba de las medidas políticas nacionalistas y revolucionarias implementadas. La reforma constitucional a la educación socialista, la nacionalización de los ferrocarriles, el reparto agrario y la expropiación petrolera, habían sido todos ellos acciones revolucionarias que lo único que provocaron, fue haber politizado y polarizado las elecciones presidenciales de 1940. Ni aun, las resistencias del propio régimen revolucionario y la nominación como candidato presidencial, a un hombre neutral y católico, como era Manuel Ávila Camacho, habían calmado los ánimos, de que el país, se dirigía al comunismo.

Estas tensiones políticas entre el gobierno y la Universidad, se vivieron durante la década de los años treinta. La Cámara de Diputados, consideraba a la Universidad como un bastión “reaccionario a la revolución”, por lo que para controlar y exterminar dicha oposición al régimen, ésta únicamente autorizó en el presupuesto de egresos y en calidad de “ultima vez”, una partida presupuestal de diez millones de pesos para la “Universidad Autónoma de México”, mismos que deberían ser reintegrados por dicha entidad en el espacio temporal de cuatro años. Igualmente, desde las esferas del poder público, se creó y se organizó la primera institución educativa de educación superior, acorde a las necesidades del modelo nacionalista y revolucionario. El Instituto Politécnico Nacional, cuyo lema institucional lo dice todo: “La Técnica al Servicio de la Patria”.  

Claro que el gobierno revolucionario no cesaría en su proyecto de reconquistar y someter a la Universidad. Pues, no podía dejar que una institución como esa, produjera la cantidad de cuadros enemigos del régimen nacionalista que se estaba construyendo. Tan sólo para los años 1939 y 1940, a consecuencia del triunfo militar de la Falange franquista en la guerra civil española, los movimientos católicos, conservadores, reaccionarios, católicos o de “derecha”, volvieron a tomar fuerza y aprovechando el año de la elección presidencial en 1940, decidieron apoyar al candidato opositor al régimen, a través de un general supuestamente “revolucionario”, llamado Juan Andrew Almazan, que lo mismo agrupaba, a la disidencia católica radical del movimiento excristerio y sinarquista, hasta los propios simpatizantes del gobierno revolucionario como lo eran el zapatista Antonio Díaz Soto y Gama y el general Joaquín Amaro, que consideraban a Manuel Ávila Camacho como una imposición de Lázaro Cárdenas; sin omitir desde luego, las huestes universitarias, representadas por Manuel Gómez Morín y el recién partido político de color azul y blanco, que serviría de fiel oposición al régimen priísta: Partido de Acción Nacional.
 


Se llegó a pensar, que el gobierno debería controlar a la Universidad a través del la designación de su rector, pero eso no podía ser, dado que la autonomía universitaria, era una autoridad colegiada, denominada Junta de Gobierno, integrada por personas afines a la “reacción”, los que designaban al Rector de la Universidad, situación que dejaba imposibilitado a los gobiernos revolucionarios, para intervenir en los asuntos de la Universidad.

 Entonces, el Presidente Manuel Ávila Camacho, en su afán conciliador y en su política de Unidad Nacional, dejo atrás los discursos revolucionarios radicales que habían tenido sus antecesores, no vituperaría a la Iglesia católica, ni llamaría tampoco a formar mas sindicatos o a convocar a una huelga general, tampoco amenazaría con otra expropiación; simplemente negoció con los funcionarios de la Universidad, para otorgarle de nueva cuenta recursos públicos, restituirle el nombre de “Universidad Nacional”, así como hacerle una considerable donación, de extensos terrenos ubicados en el Pedregal de San Ángel.

El Rector Rodolfo Brito Foucher, acepto la tregua e inició las negociaciones para la elaboración de un gran proyecto, de gran envergadura en la historia de la Universidad Nacional. La fundación y construcción de la Ciudad Universitaria.

El “nuevo contrato” celebrado entre la Universidad y el gobierno revolucionario, sería a través de la promulgación de la Ley Orgánica de la Universidad Nacional Autónoma de México, publicada el 30 de diciembre de 1944.
 


La conciliación llegaría a su máximo grado, en 1946, con la designación del candidato presidencial del Partido Revolucionario Constitucional, Lic. Miguel Alemán Valdés. Egresado de la Escuela Nacional de Jurisprudencia de la Universidad Nacional Autónoma de México y quien no dudaría, en darle los recursos económicos necesarios a su alma mater, para la construcción y modernización, de la Institución de Educación Superior más importante del país.

El gobierno por lo tanto, no cesaría en su intención de someter a la Universidad, lo hizo primero a través de los recursos económicos, aceptando restituirle el nombre de Universidad Nacional, lo haría aprovechando el momento cultural en que el país experimentaba; la difusión de una nueva era de liberación sexual, de baile de danzón, vicios y placeres; el ambiente de cabaret con el que colindaba el viejo barrio universitario, ubicado en el Centro Histórico, impregnada de borrachos, gánsteres y prostitutas, sería aprovechado al máximo para distraer a los estudiantes de su formación cristiana, para incitarlos al pecado y después al desmadre, permitiéndoles a estos, hicieran “novatadas” con los alumnos de recién ingreso, a los que les cortaban el pelo y los paseaban por las calles del centro histórico, tal cuera fueran perros.

La juventud universitaria, a la que años antes se le identificaba por su vocación cívica y católica, enemiga del régimen de los gobiernos priístas revolucionarios, fue cediendo ante la para que fueran “alivianados” y menos “persinados”; nada mejor que abaratar los precios de las localidades en el Cine Rio, Venus y Goya, ubicados en el barrio universitario, para que los estudiantes de la preparatoria y de las demás Escuelas de Estudios Profesionales, decidieran “matar clase” e irse de “pinta” al cine, para ver las películas de Lilia Prado, Ninón Sevilla, Pedro Infante, María Antonieta Pons, Cantinflas, Joaquin Pardave, Tintán, así como en género de gansteres o rumberas de un polémico productor y director, de nombre Juan Orol. 
“Goya-Goya”, fue la porra popular que vociferaban los estudiantes, encabezados por un estudiante preparatoriano delgado, apodado “Palillo”, por su complexión delgada, quien negociaba con el Cine Goya “boletos gratis” y quien acompañado de algunas de sus novias, aprovechaba la oscuridad del cine, para “cachondear”; de ahí que la porra universitaria, sería ¡Goya-Goya¡….¡Cachun-Cachun¡, agregando “Ra” “Ra”. La Universidad nacional adquiría identidad, como una institución de educación llamada a cumplir su misión histórica y patriótica, de darle sentido ideológico, científico, humanístico y artístico, a la nación revolucionaria, que crecía a tasas económicas, realmente espectaculares. Era el “milagro mexicano”, la industrialización del país, hacía posible, pasar de la sociedad agraria semi feudal, a una sociedad urbana e industrial, donde la ciudad de México crecía, a la misma velocidad de los automóviles.
La construcción de la Ciudad Universitaria, fue el regalo que el régimen corrupto y corruptor de la revolución mexicana, había donado a la Universidad Nacional Autónoma de México. Inmensas hectáreas, donde los arquitectos Mario Pani y Enrique de Moral, jugaban a recrear en los espacios, la gloria de sus ancestros aztecas, mezclada con ese espíritu nacionalista que impregnaba la revolución mexicana.



La construcción del Estadio Olímpico y las rivalidades entre las dos instituciones académicas del país, Politécnico y Universidad, encontraron en el deporte, principalmente en el futbol americano, su espacio de combate, polarización y obviamente, de desmadre. Eran finales de los años treinta e inicios de los cuarenta, cuando la Liga Mayor de Futbol Americano, comenzó adquirir popularidad los partidos entre las selecciones de la Universidad Nacional y el Instituto Politécnico.

No fue nada planeado, ninguna mente perversa estuvo detrás de este cambio, la aparición del radio, el cine, la moda, la música, fueron los factores externos que lograron que esa Universidad Nacional, se “descatolizara” y se volviera, además de un recinto de estudios profesionales, en una catedral del desmadre.

Quizás no fue el propósito de Emilio Azcárraga Vidaurreta, empresario hijo de emigrantes españoles, dedicado a la venta de automóviles y posteriormente, en concesionario de la radiofusora XEW; no es que la música “popular” dejará de ser sacra y se convirtiera en expresión plebeya de los sentimientos pecaminosos; tampoco fue la aparición del cine mexicano, inspirada en las grandes estrellas cinematográficos de Hollywood, ni tampoco la presión gubernamental de corromper el sindicato independiente de actores de la industria cinematográfico liderados por Jorge Negrete, a través de un líder esquirol, de gran arrastre popular como era Mario Moreno “Cantinflas”; no fue que llegara el Buggy Buggy, el Chachacha, o Dámaso Pérez Prado con todo “mambo”, así como el twis y el rock and roll; simplemente fueron los cambios en la forma de hablar, de vestir, bailar, de pensar; la Iglesia Católica no se modernizo, se estancó en su visión conservadora, no entendió las nuevas formas de liberar a la sociedad, no entendió que la juventud universitaria, prefería ya mil veces, irse a bailar con los amigos, que ir a misa con los padres.

Algunos filmes, son reflejo de esa transición de identidad universitaria y politécnica; actores populares como la pareja de Freddy Fernández “el Pichi” y Evita Muñoz “Chachita”, la doblista y cantante Evangelina Elizondo, el comediante Germán Valdes "Tin-Tan", el cómico bailarín Adalberto Martínez “Resortes” y hasta el clavadista y medallista olímpico Joaquín Capilla Pérez; personificaron todos ellos, aquel México posrevolucionario e industrial, en el cual, sin haberse propuesto el gobierno priísta de Alemán Valdes, comenzó a reducir los bastiones de las juventudes católicas, para sustituirlas, por las “porras” universitarias.

Es entonces cuando aparece formalmente, el primer líder “porro”: Luis Rodríguez alias “Palillo”, un joven carismático, por momentos burlón, prepotente y cínico, un “fósil” que no acreditaba las materias, pero que recorría todas las facultades de la Universidad y quien cobraba para hacer favores o trámites en las ventanillas burocráticas de la Universidad; el líder de la pandilla impune, que ninguna autoridad sancionaba, el que practicaba las “novatadas” a los estudiantes de recién ingreso, a quienes bajo la excusa del “examen médico”, a base de engaños los citaba en algún lugar de la Preparatoria de San Idelfonso, para posteriormente, al grito de “¡Desfile-Desfile¡”, en filas de cinco a diez alumnos, aplicarles a los recién universitarios, la “circuncisión” o la “tuberculina”, luego a base de amenazas, les cortaría el pelo a los alumnos ingenuos, para pasearlos por las calles como viles “perros”,  para luego llevarlos a una pulquería, a beber pulque con gargajos que él y su pandilla porril, escupían.

El polémico “Palillo”, que termino siendo Psicólogo, con doctorado en Paris y quien termino por casarse con la actriz Fanny Cano, era el que comandaba a los porristas de toda la Universidad del equipo puma de futbol americano y quien recibió todo el apoyo institucional a su “noble causa”, directamente de la oficina del Presidente de la República, con el aval de la Rectoría. Entonces los recursos públicos salpicarían en suéteres con el logo universitario, gorras, ropa deportiva, banderas y toda clase de estipendios, que convirtió a “Palillo”, en el estudiante más popular; bastaba su presencia en el Estadio Universitario, para generar el ambiente festivo que provocan los espectáculos deportivos.

Quizás las oficinas de la Dirección Federal de Seguridad, la “CIA Mexicana”, dependiente del Presidente de la República, no dudaron, que gente como “Palillo”, era la que requería para tener el control de la Universidad.

La temible corporación policiaca, integrada por Agentes del Servicio Secreto, entendieron que entre los medios de control que se debía de tener en las Universidades Públicas, incluyendo el Politécnico, era precisamente, tener gente como “Palillo”, igual de simpática, carismática, pedante, prepotente, criminal, que pudiera ser cabecilla de grupos estudiantiles que se comportaran como “hordas”, que aunque no estudiaran, cumplieran con la función de tener controladas a las universidades.

Entonces, la Universidad para que pudiera estar controlada, debía de ser vigilada, espiada, acosada, denunciada, representada, por los grupos porriles; sólo de esa forma, podían contrarrestar a la fuerza de los “conejos”, (juventudes católicas) que aun en menor grado, imperaban en las aulas universitarias, así como a los comunistas.

Los porros pues, fue el “ejército de orejas” (informantes) y “células de choque”, que se infiltraron en la Universidad, que amparados como alumnos inscritos en la Universidad, cumplían con sus funciones de espionaje, provocación y apoyo logístico financiero a los funcionarios de la rectoría simpatizantes del gobierno priísta y líderes de la porra. Muchos de ellos, temidos y conocidos por sus apodos: “Pistolo”, “Dager”, el “Pinky”, el “Principe”, el “Bruja”, el “Monovano”, el “Capullo”, el “Vejigas”, el “Manos de Palo”, el “Llanta Baja”, “Cuco Pelucho”, “Fakir”, el “Aracuan”, el “Turco”, el “Pelón valencia” y el “Upa el Cavernario”, por citar algunos de ellos. Encargados, no solamente de hacer desmadres en los eventos deportivos, sino también, a organizar eventos políticos, para ganar la legitimidad de la “representatividad estudiantil”, en las sociedades de alumnos, organizaciones estudiantiles como la la FNET Federación Nacional de Estudiantes Técnicos; aunado a  contrarrestar, a los grupos de activistas católicos y comunistas.

Nadie podía con ellos, el Jefe de la Policía de la Ciudad de México, Manuel Mendoza Domínguez, estableció un sistema de “zonas de tolerancia”, en donde se encontraban las escuelas preparatorias para que estos porrillos pudieran hacer lo que se les pegara la gana. Muchos de estos porros, se convirtieron a la larga en “madrinas”, como lo fue el “Fakir”, Pepe López, el “Negro” Durazo, Manolo Prieto, Hugo Olvera, “Chato Pasta”; algunos de ellos se convertiría a la larga, en “abogansters”, como Bernabé Jurado, embaucador de sus clientes, capaz de comerse los documentos o bien, otros se convirtieron en diputados y hasta Jefes de la Policía.

Pero en fin, la organización porril creció en la Universidad, hasta conformar la Federación Estudiantil Universitaria, quien gozaría de algunas prerrogativas concedidas por las autoridades universitarias, como el otorgamiento de locales, así como “ayudas económicas”, financiadas por el PRI, para convocar a congresos estudiantiles.

El partido de Estado (PRI), se introduciría en las universidades y ganaría cada vez más adeptos, ya fuera entre estudiantes, porros, o  inclusive, hasta en comunistas. Al grado, que un Presidente del PRI, Alfonso Martínez Domínguez se le atribuye la frase: “El PRI no necesita escuela de cuadros, para eso tiene al Partido Comunista”.
 


Sin embargo, el ascenso a la presidencia de Adolfo López Mateos (1958-1964) y sus declaraciones “revolucionarias”, de decir que su gobierno, “era de extrema izquierda, dentro de la Constitución”, volvió sin proponérselo y quizás a espaldas suyas, a dar impulso al activismo estudiantil de tintes católicos, o supuestamente católicos, ahora calificados como “conservadores” o de “derecha”, activismo que se destacó por ser oposición extrema, a los grupos estudiantiles de “izquierda” que se identificaban como comunistas, los cuales, eran sin duda alguna, simpatizantes de Fidel Castro y la revolución cubana.

Entonces, la paranoia del comunismo hizo que en la Universidad se conformara el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), el cual tenía como misión, “combatir la intromisión del comunismo en la UNAM”.  Dicha organización adquirió fuerza, con sus campañas en contra del cine pornográfico, el tráfico de drogas, las “novatadas” o la intromisión soviética en la facultad de Economía; sirvió además  de aparato de presión en contra del Rector Ignacio Chávez, así como de organización estudiantil que contrarrestaba el activismo estudiantil de los estudiantes “democráticos”, identificados éstos, como simpatizantes del comunismo internacional.

No era de extrañarse, que el MURO, fuera la organización porril más importante en el México de los 60’s y en la Universidad Nacional. En la época en que el Rock and roll y las ideas “exóticas” del comunismo internacional triunfante Cuba, pusiera en riesgo, a la “juventud mexicana”.

No era de extrañarse, que el Secretario de Gobernación del Presidente Adolfo López Mateos y posiblemente líder máximo del MURO, era el Licenciado Gustavo Díaz Ordaz, quien años después, sería nominado por el PRI, como Presidente de la República.

 Entonces, las organizaciones porriles estaban consolidadas en el México de 1966, para poder expulsar y humillar a un Rector de la Universidad; consolidadas también, para poder servir de instrumento de control y represión, a efecto de poder denunciar y acusar, en cooperación con los policías y agentes secretos, a los comunistas y agitadores “saboteadores” de la olimpiada del México 68. Hechas, para servir a la patria, al partido y al presidente de la república y no responder jamás de sus fechorías.

¡La historia del porrismo, es una historia más de impunidad¡.



 


 
 
 
 Fuentes de Consulta
·         ORDORIKA, Imanol. Violencia y “Porrismo” en la educación superior en México.

·         MICHAELS, Albert L. Las Elecciones de 1940.

·         SÁNCHEZ GUDIÑO, Hugo. Génesis, desarrollo y consolidación de los grupos estudiantiles de choque en la UNAM. (1930-1990). Miguel Angel Porrúa. México 2006.

·         VELAZQUEZ ALLBO, María de Lourdes. El Movimiento Estudiantil en la UNAM, 1933. Revista del Centro Telúrico de Investigaciones Técnicas. CISMA.


·         http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/6509/pdfs/65lenero.pdf