domingo, 27 de noviembre de 2011

LA GRAN LECCION DEL CODIGO AMBIENTAL


Quisiera escribir muchas cosas, pero no sé por dónde iniciar. Podríamos hablar sobre los derechos colectivos y la forma en que estos se ejercen, decirles por ejemplo, que los derechos ambientales son derechos colectivos y que lo realizado en el Hemiciclo Juárez de la Alameda Central de la Ciudad de México, fue precisamente, la vivencia de un derecho colectivo; podría decirles eso y más … pero la verdad, es que la experiencia vivida el día sábado 26 de noviembre del 2011 fue mucho más que eso.
Hace años José Vasconcelos, quien fue Rector de la Universidad Nacional de México, dijo al protestar en su cargo, palabras más, palabras menos, que no venía trabajar en la Universidad, sino que la Universidad, debía de trabajar para el pueblo. El ideólogo intelectual de la revolución mexicana, concibió una Universidad Nacional al servicio de su pueblo, un claustro del conocimiento, pero no elitista, sino para servir a los hombres y mujeres del país, marginados por su pobreza, su ignorancia, por el olvido. Fue él, quien acuño el lema: “¡Por mi raza, hablara mi espíritu¡.”
José Vasconcelos, Ser humano, polémico por sus amoríos e ideas por momentos radicales, deja a sus profesores y estudiantes una gran enseñanza, nos lega la identidad de sentirnos auténticamente universitarios, de tener un escudo y un lema, de saber que la Universidad Nacional surge, no como la creación intelectual del gobierno dictatorial de Porfirio Díaz derrocado por el movimiento armado revolucionario, sino como el gran proyecto cultural e ideológico, del México revolucionario.
La Universidad en las calles, la que salió y tomo las plazas públicas en los movimientos estudiantiles de 1929, 1968, 1986 y 1999; siempre salió a la calle para protestar, para inconformarse en contra de las políticas de sus propias autoridades escolares, o bien, en contra de la represión gubernamental y la violación a las garantías de asociación previstas en la Constitución.

Esa Universidad, que yo sepa y perdonando posiblemente el error que pueda cometer, salió por primera vez a tomar una plaza pública, pero no a protestar, sino a proponer. A demostrar que la actividad política, no necesariamente es electoral o que esta implique rebeldía, protesta, enojo, inconformidad, inclusive hasta violencia física o verbal; no se mentó la madre a nadie, no se hizo rechifla a nadie, no se insulto al gobierno, ni tampoco a ningún candidato presidencial o partido político; no se dijo que lo antes dicho estaba mal, simplemente se tomo la tribuna, para proponer, para hacer valer en forma pacífica y respetuosa,  los instrumentos legales que promuevan la democracia y la participación ciudadana en la gran Ciudad capital de nuestra Republica Mexicana.
Y es por eso, que estoy contento, en serio, haber tenido la experiencia de tomar una tribuna, fue no solamente una práctica escolar para el profesor, lo es también para los alumnos. Saber que el artículo 9º constitucional no es letra muerta, que en un régimen de libertades, el derecho ciudadano se ejerce cuando se aprovecha el espacio público, que es de todos, para hacer una propuesta, una petición; más aún, cuando esa propuesta no necesariamente tenga un matiz violento, de odio o rencor, sino que dicha propuesta, es propositiva, proactiva, creativa, que además de constituir una lección en el aprendizaje de los futuros abogados, es también, una propuesta que tiene como objetivo principal insertarse en el ordenamiento jurídico, para hacer valer los derechos ambientales a favor de los que transitamos en esta Ciudad.

Quizás y debo confesarlo fue una idea descabellada desde el principio, no había conocido al menos en mi carrera profesional, de licenciado en derecho, algún maestro que hubiera tenido la inquietud de tomar una plaza pública para manifestarse; tampoco, supe de algún maestro que incitara a sus alumnos, para organizar un mitin; es más, mi experiencia universitaria siempre relacionó las protestas estudiantiles, como producto de una “minoría ruidosa”, inconforme, rebelde, identificada con los colores rojos y negro y la efigie del Che Guevara, simples nostálgicos del 68, ultras “Cgh’eros”, simpatizantes radicales de las ideologías izquierdistas, comunistas, marxistas-leninistas; simples “globalifóbicos” como alguna vez les llamara el expresidente Zedillo.
Pero realmente la política no es así, no necesariamente debe ser de protesta, tampoco partidista, ni electoral; la democracia es una forma de gobierno, en la que puede manifestarse electoralmente, pero también, participativamente; las iniciativas populares o la recolección de firmas para convocar a referéndums, plebiscitos o consultas ciudadanas, son ya una realidad en el Distrito Federal y lo serán próximamente a nivel federal, cuando la reforma política sea aprobada por el Congreso de la Unión; serán validas, cuando existan reguladas en los ordenamientos jurídicos, en el caso del Distrito Federal, ya lo es, desde la publicación de la Ley de Participación Ciudadana; pero por muy validas que lo sean y estas se encuentren publicadas en la Gaceta o en el Diario Oficial de la Federación, no podrán ser jamás reales y efectivas, sino existen los ciudadanos que convoquen y los que avalen, los que apoyen, los que se sumen, los que firmen, los que asistan y ocupen el espacio público. La política no es opinar en un café o en el ciberespacio; la política debe pasar de la teoría a la práctica, de la palabra al hecho. No hay mejor manera que aprender el concepto de democracia, de libertad de expresión y de asociación, el de ciudadanía y también la acción de la iniciativa popular, sino se vive, sino se experimenta, sino se ocupa realmente la plaza pública para manifestarse, tomar la tribuna, un micrófono y expresarse libremente, sin censura, sin inspectores, sin permisos ni autorizaciones de ninguna autoridad gubernamental. La democracia es una fiesta ciudadana, es una fraternidad, es una firme convicción de que si se pueden cambiar las cosas.

Debemos aprender todos que no hay imposibles, que las únicas limitantes estarán siempre, no en lo que digan los demás, sino en lo que nosotros pensemos. Las “ideas locas”, dejan de ser “locas”, cuando estas se ponen en práctica. Cuando se toman en serio y dejan de ser una fantasía. Quizás hace cuatro o cinco meses cuando se propuso esta iniciativa, quizás se haya tachado al profesor o a sus alumnos de clase, como ilusos; pero la verdad, cuando  esta idea se llevo a cabo, dejo de ser una idea “loca” y se convirtió en una idea real, posible, en espera de realizarse.
Todos nos preparamos para esta práctica. Me prepare a mi mismo como profesor, para llevarla a cabo sin dudar; la organice o me falto organizarla como debió de haber sido, pero finalmente fue lo que fue. Nunca había visto el Hemiciclo Juárez tan grande, tan majestuoso, nunca había entendido su estructura arquitectónica, sus columnas griegas y ese diseño semicircular, majestuoso monumento inaugurado por don Porfirio Díaz, monumento que ha sido testigo de varias marchas, manifestaciones, mítines; no es sino cuando uno se sube a la tribuna, cuando experimenta el verdadero valor de la democracia, de la discusión, de la tolerancia. Sentirse ciudadano en la republica griega, es tan real, cuando se es mexicano y se habla en público, en el Hemiciclo Juárez.
Ese día, a esa misma hora, se llevo a cabo otro evento, para sorpresa de muchos, tanto de ellos, como de nosotros. Fue el evento convocado por las redes del Movimiento de Regeneración Nacional que encabeza su candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, quien solicito también ocupar el mismo espacio y a la misma hora. No hubo disenso, los dos eventos pudieron llevarse a cabo, dando una muestra de civilidad democrática, haciendo una diferencia de una causa de la otra. Los partidarios de la “República Amorosa” aprovecharon el intermedio y utilizaron la misma tribuna, para promover a su candidato presidencial y dieron también la bienvenida al proyecto de Iniciativa Popular de Código Ambiental. Esa es la democracia, sumar, no restar; multiplicar, no dividir; es ganar-ganar y no perder-perder; no es saber con enojo e indignación, que el más fuerte, el más tramposo, el más rico o mentiroso, sea el que siempre gane; la democracia y vivir la democracia, es sentir la fraternidad, que no es más que el tercer valor que propugnaron y nos enseñaron los revolucionarios franceses: libertad, igualdad y fraternidad. ¡Claro que es posible convivir todos en paz¡ si es posible respetar las diferencias, esa es la democracia y ese es el principio ambiental de la biodiversidad, saber y reconocer que existen diferencias, aceptar con gusto que hay pluralidad de personas, de personalidades y también de formas de pensar.

Asistió también al evento, la Licenciada Virginia Jaramillo, también profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México en la Escuela Nacional de Trabajo Social y precandidata del PRD a la Jefatura Delegacional en Cuauhtémoc, quien realiza prácticas sociales con sus alumnos, en distintos puntos de la ciudad y que para coincidencia y fortuna de nosotros, se encontraba presente; estuvieron ellos y otras personas más; representantes del Tianguis Cultural del Chopo, así como del Tianguis del Comic que se encuentra detrás de la Plaza José Martí; asistieron también servidores públicos del Gobierno del Distrito Federal y el Secretario General de la Agrupación Política Nacional “Hombres y Mujeres de la Revolución Mexicana”, participaron las coralitas de la Escuela Normal de Especialización; entre los oradores, expusieron los estudiantes de la carrera de Derecho de la FES Aragón, el Consejero Universitario representante de los estudiantes de nuestra Facultad y también, una persona que en forma espontanea, recito un poema ecologista; fueron cientos de personas quienes transitaron por ese camellón y que pudieron estampar más de mil quinientas firmas en menos de dos horas.
¡Esa fue nuestra gran experiencia¡. Llevar a cabo una iniciativa popular de un Código Ambiental que logre concentrar, los principios generales del derecho ambiental mexicano. Una ley, que salga del sentir juvenil, universitario y académico, de los alumnos y profesores de derecho, que en forma incluyente, conciben, el reconocimiento de derechos ambientales para los que habitamos y habitaremos en esta Ciudad en los próximos años.
Continuaremos recabando firmas y seremos igual de tolerantes e incluyentes con cualquier otra expresión política; la ciudadanía debe aprender el verdadero significado de la actividad política, como el quehacer altruista más importante que los seres humanos nos hemos dado; los ciudadanos deben aprender, que la democracia, no es una competencia hostil, revanchista, intolerante, entre partidos y candidatos; deben aprender, que la política es solucionar problemas, llevar a cabo verdaderas cruzadas que promuevan cambios sociales, culturales y ambientales; los ciudadanos deben aprender que el espacio público, no solamente es el lugar donde pueden pasear, entretenerse, sino que también es y será el espacio, donde se puedan discutir y proponer la solución de los asuntos públicos.   
Viene mucho trabajo por realizar. Se deberán recabar las firmas que faltan para estar en posibilidad de presentar esa Iniciativa ante la Asamblea Legislativa, recinto representativo de los ciudadanos de esta gran urbe; deberemos también constituir una, dos y más asociaciones civiles que tengan proyectos sociales para procurar justicia; crear las organizaciones no gubernamentales donde los estudiantes y futuros profesionistas, puedan desarrollar sus habilidades, para poder prestar sus servicios a beneficio de la sociedad. El gran reto después de juntar las firmas, será, preparar a los egresados de la Universidad, no para que sean desempleados del sector público o privado, sino en formarlos y convertirlos en verdaderos  líderes sociales que logren cambiar la realidad social en la que viven. Lo que es mejor, darles las herramientas que les permita vivir de su trabajo altruista.
Fue un placer, haber experimentado, el socio drama del Congreso Aragonés y más aun, haber llevado la vivencia significativa, de ejercer los derechos colectivos.
¡Vendrán uno y mas mítines¡, ¡una y mas iniciativas populares¡, ¡uno y más estudiantes que ocupen plazas públicas y contagien a sus semejantes de esta forma de gobernar que es la democracia¡. ¡Vendrán mas estudiantes¡, ¡mejores ideas¡, ¡mejores propuestas¡; ¡vendrán detrás de mí, los futuros líderes. …¡
¡Vendrán Ustedes a cambiar el estado de cosas¡.




domingo, 20 de noviembre de 2011

UN LOCO LLAMADO FRANCISCO I. MADERO


Francisco, tuviste que haber estado bien loco para haber hecho lo que tuviste que hacer. ¡Mira que postularte como candidato a la Presidencia¡. ¡De plano estabas muy mal de tu cabeza, le hubieras hecho caso a tu papa y a tus hermanos, inclusive a tu propia esposa Sarita, pero no lo hiciste, creíste en lo que te decían los espíritus y todas esas patrañas que creen en los fantasmas chocarreros; ¿Cómo es posible que hayas expuesto al país entero, en tu ideal de democratizar al país, a una revolución armada?. ¡Estás loco¡. ¡Bien loco¡….¡Loco de remate¡.

Con toda tu fortuna, obtenida gracias a las leyes benevolentes del porfirismo, pudiste haber hecho otros negocios, no te basto ser bueno con tus peones y  tratar de ser buen jefe, buen hacendado, buen hijo, hermano, esposo; quisiste también ser buen mexicano y por eso te lanzaste a la vida “publica”, rompiste con la tranquilidad que te daba la estabilidad económica de vivir decorosamente, más que la inmensa mayoría de los mexicanos calzonudos y sombreruros, analfabetas y miserables que viven en el campo, sin saber leer y escribir; te lanzaste sin saber a dónde te lanzabas, enloqueciste cuando escribiste el libro de la Sucesión Presidencial y todavía enloqueciste más, cuando te atreviste a ver al Señor Presidente de la Republica, el General don Porfirio Díaz, sólo para obsequiarle uno de tus ejemplares. ¡Loco¡….¡Loco de remate¡. Quererte igualar con el mexicano mas patriota, el más valiente, el héroe de guerra de la intervención francesa, el que peleo con los conservadores, el que luchó junto con el Benemerito de las Amércias don Benito Juárez; el generalisimo mexicano estadista que industrializó el país entero y lo puso a la altura de las naciones más importantes del mundo, don Porfirio Diaz, me pongo de pie cuando escucho su nombre y tú, un simple desconocido; ¿en qué momento paso por tu cabeza la idea descabellada de ser Presidente?. Te hubieras quedado en tu casa, haciendo medicamentos homeópatas, o visitando las casas de tus peones, o viajando a Paris nuevamente, visitando algunas ciudades americanas; hubieras hecho cosas más importantes, pero no escribir un libro y menos aun, promover la formación de un partido político. ¿Partido Antireeleccionista?. ¡Que jalada es esa¡. ¿Acaso creíste que el régimen te iba a dejar hacer lo que tú querías?. Yo creo definitivamente, que tus estudios de Administración de Empresas que cursaste en la Escuela de Paris te hicieron daño; que acaso no te dijeron que México es diferente al mundo entero; pero no, tenias que hacerle caso a tus espíritus y el fantasma de tu hermano Raúl que te atormentaba; tenias que hacerle caso a tus sueños videntes ya tu intuición de que podías derribar al régimen.

Hay Francisco, en que broncas metiste al país entero, con tus ideas románticas del sufragio efectivo y la democracia electoral; que no te dijeron que en México las cosas son diferentes, que aquí no aplican esas cosas democráticas de la que tanto se pavonean los americanos; que no te dijeron que en México manda el mas cabrón, el mas chingón y tu panchito, eres muy noblezon para querer mandar y cambiar este país de jijos de la chingada; no eres ni tan cabrón, ni tan chingon como debieras serlo; eres chaparrito, barbudito, bueno, muy bueno, que tu bondad llega al pendejismo de creer que la gente es como tú, mira en que bronca metiste al pobre de tu hermano Gustavo, que perdió el único ojo que tenía que bien, a tu amigo Pinosuarez, en que problemas metiste a tu familia entera, al país entero, cuantos miles de personas no murieron, por ideas locas y descabelladas de que en este país, hubiera eso que los griegos y americanos llaman "democracia".


Debiste de haberte quedado en tu casa escribiendo libros, pero no de política, sino de espiritismo; hubieras incursionado con una Iglesia espiritista en tu natal Coahuila, no había necesidad de que fundaras un partido político con miras a querer cambiar este país. Que no sabes que en México existe la injusticia, el hambre, la pobreza, la corrupción; solamente hombres como tú, tienen esas ganas de cambiar lo que está mal, lo que no funciona, lo que nos lastima; hombres como tú, son locos, muy locos, y buenos y muy buenos; pero deberían estar en el cielo, en los templos y catedrales; deberían estar por siempre en los libros de historia, en el imaginario colectivo o en cualquier catecismo o calendario católico para venerarlos una vez al año con la fiesta parroquial.

Pero tu Francisco, solamente a ti se te ocurrió, ponerte a tú por tú, con un sistema político perfecto e ideal, que logró darle al país estabilidad y crecimiento económico, ¡Treinta años de buen gobierno¡; de donde sacaste tus patrañas democráticas, si cuando cursaste tus estudios en Maryland o Paris, se supone que aprendiste otras cosas; se supone que ahí te enseñaron como trabajaban las empresas, cursos de contabilidad, controles de producción; y también aprendiste nociones de agricultura; ¿No sé quien quien diablos te metió en la cabeza esas ideas descabelladas del sufragio efectivo?

No entiendo Francisco, cómo pudiste convencer al salvaje de Francisco Villa, ese roba vacas, gavillero, matón, traficante de armas; hombre salvaje e inmoral; ¿que le dijiste a ese criminal, para que te quisiera y te llorara tanto?. ¡Hay Francisco¡. …. Porque quisiste cambiar este país, que sigue todavía sin cambiar. Que no sabes que nadie te recuerda con tanto cariño, como si lo hacen con Zapata y Villa; que no sabes que tu nombre es hueco, sin chiste, que te hacen homenajes, pero que la gente por la que tu pensaste y peleaste que tenían derecho al voto, sigue sin valorar tu cruzada. ¿Qué no te acuerdas que nadie comprendió tu vocación liberal y democrática?. No recuerdas como la prensa te insultaba; Francisco acuérdate, lo que te decía tu hermano Gustavo, ese Victoriano te está engañando, no le creíste Francisco, le creíste más a ese cabrón de Victoriano Huerta, le creíste a ese viejo decrepito borracho, que a tu propio hermano y mira las consecuencias, míralas Francisco, no eres más que una de las cuatro patas de aquel mausoleo gigantesco que se llama “Monumento a la Revolución”. No eres más que un recuerdo en los libros de texto, una cita textual en el discurso de un político mexicano, un personaje de una comedia de telenovela del canal de las estrellas; no eres más que un espíritu, que añora, porque este país, la gente entienda lo que es la democracia. Como si en verdad, de eso pudiera comer la gente más jodida, a la que tanto cobijabas en tu hacienda.

Hay Francisco, Francisco, como atormentaste a José Vasconcelos, que hasta llegó a ser Rector de la Universidad de México y después Secretario de Educación Pública; bueno, hasta quiso ser como tú, Presidente de la Republica; pero a ese tampoco lo dejaron.
¡Francisco¡ ¡Francisco¡, Que no sabes, que la gente recuerda más a ese salvaje de Villa, que a ti hermano.

¡Que no sabes, que uno que otro, te recuerda y se toma el tiempo de escribirte estas líneas¡.
¿Explícame, como esta eso de la democracia y el sufragio efectivo?. ¿Como le hiciste para convertir al bandido de Villa en un ferviente revolucionario que peleo por tu causa? ¿En verdad buscaste ser el martir de la politica mexicana?. ¿En verdad creiste que el aparato porfirista iba a reconocer tu triunfo electoral?.

¿Porque en el México de hoy, son más las Carranzas y Obregones, que ambulan por la patria entera, que la gente como tu que pregona por que la Constitución se aplique realmente?. Que no sabes que es mas importante el pan que la libertad, la necesidad que la ciudadanía.

La gente como tú Francisco, termina donde se encuentran los grandes hombres.

¡En la historia….¡


sábado, 12 de noviembre de 2011

¿EN VERDAD, ESTABAMOS MEJOR CUANDO ESTABAMOS PEOR?

 

¡Es el colmo, pero como no pensarlo¡
Cuando estábamos peor, nos gobernaba una monarquía sexenal en vía transversal hereditaria, un presidencialismo exacerbado, gobernando con su aparato político, hegemónico y predominantemente único, el Partido Revolucionario Institucional, sin el contrapeso del Congreso de la Unión que no hacían más que aplaudirle a su jefe y levantar la mano; eran tiempos en que todo lo que decía el Presidente de la Republica se tenía que cumplir, porque lo decía el mismo Presidente; sobre él giraba, toda la administración pública federal, estatal y municipal; así como todos y cada uno de los cargos de elección popular, eran designados por el Presidente; incluyendo a los ministros, numerarios, supernumerarios, magistrados y jueces de todos los tribunales; en conclusión, todos los puestos, de todos los niveles, eran designados por el sumo Tlatoani. ¡La hoja de ningún árbol, se movía sin su voluntad¡.

Para la vida de cualquier mexicano, también era diferente. Los servicios educativos de salud, educación, agua, luz, transporte, entre otros, eran casi gratuitos. No había tanta inseguridad, sólo había que cuidarse de los policías, pues ellos eran los verdaderos delincuentes; al igual que los lideres charros, los porros o las madrinas, todos ellos eran orejas de Gobernación, quienes vivían para atemorizar y reprimir cualquier intento de libertad de expresión en contra del Presidente o de las instituciones republicanas “revolucionarias institucionales” compuestas de caciques que no hacían más que hablar, de las bondades de eso que llamaban “revolución mexicana”. Si los precios de los bienes y servicios aumentaban, todo se solucionaba con un decreto presidencial en el que ordenaba el aumento de salarios y si las cosas volvían a subir de precio, pues nuevamente el presidente anunciaba otro aumento de salarios y así sucesivamente, hasta que los mexicanos olvidaran los miles de pesos y empezaran a gastar en millones, volviéndose de un día para otro, en millonarios.
Hoy los tiempos son diferentes. Nos sigue gobernando, no propiamente una monarquía sexenal en vía transversal hereditaria, sino un presidente electo en condiciones “sospechosistas”, con poca legitimidad popular, y no me refiero a que si éste haya ganado las elecciones por trampa, pues hoy una organización imparcial y profesional como el Instituto Federal Electoral, es quien organiza las elecciones apoyándose de ciudadanos y de leyes electorales más claras y transparentes;  sino “sospechosista”, porque es inadmisible que en este país, alguien puede ser presidente con menos de la mitad de los electores; es decir, no gana quien obtiene la mayoría, sino el que tiene la “mejor minoría”. Seguimos entonces, viviendo en un presidencialismo, pero sin Presidente; quien gobierna o trata de gobernar en contra de todos; sindicatos, partidos políticos, sociedad civil y hasta de organizaciones criminales llamadas carteles; un Congreso sin diputados y senadores, que no hacen más que criticar por el mero arte de criticar, de asaltar tribunas e insultarse entre ellos mismos, olvidándose que todos son mexicanos; legisladores faltistas, influyentes, broncuros, peleoneros,  al menos esa ha sido su percepción. Lo que era el viejo “aparato político”, hegemónico y predominantemente único, el Partido Revolucionario Institucional, no desapareció, sino que amenaza con volver, sobrevivió en el “pacto federal”, en las gubernaturas y presidencias municipales que conforman nuestra “feudoraciòn”; ahora todo lo que decía el Presidente de la Republica se tenía que incumplir, criticar, cuestionar, mofar,  porque lo decía el mismo Presidente, a quien se le puede atribuir todos los crímenes de guerra, todas las mentiras, inclusive hasta decirle “excremento”.  La administración pública federal, estatal y municipal, sigue existiendo, pero supuestamente con servicios civiles de carrera que a nadie convencen y no llegan a instrumentarse de plano, porque los que gobiernan, no les conviene la profesionalización de los servidores públicos; y que decir los cargos de elección popular, ya no son designados por el Presidente, sino por unas corporaciones públicas que privilegian siempre a los “suyos” y no a los ciudadanos y que dicen llamarse partidos políticos, inclusive llegan a constituir “gobiernos legítimos”, cuyos presupuestos y dineros públicos que reciben, hacen que cualquier ignorante, o persona con muy buenas intenciones, tenga la sana aspiración de gobernar y legislar, ojala a favor, de lo que requiere el país. ¡Nuestros ministros¡ bien gracias. Los asuntos importantes se discuten en la Corte, pero muchas de sus resoluciones siguen siendo tan técnicas, que la inmensa mayoría de la ciudadanía sigue sin entender.

Para la vida de cualquier mexicano, también las cosas son diferentes. Los servicios educativos de salud, educación, agua, luz, transporte, entre otros, ya no son gratuitos, cuestan y lo que es peor, son de muy mala calidad. Muchos ciudadanos aspiran a convertirse en ciudadanos clientes y puedan recibir mejores servicios de la nueva administración pública empresarial, pero los que no puedan adquirir la calidad política económica de ciudadano cliente, estará condenado a vivir de la dádiva y la promesa partidista de los políticos. La inseguridad impera, ahora hay que cuidarse  de todos, los delincuentes son secuestradores, narcotraficantes, misóginos, narcoguerrilleros, sicarios, “zetas” y hasta “matazetas”, quizás hasta haya grupos paramilitares, ¡bueno, hasta hay que cuidarnos de Anoymus¡. Se cuenta con toda la libertad de expresión para subir en el face book, en el twiter cualquier pendejada, inclusive hasta de escritos como éstos, se puede insultar al Presidente de la Republica, al Peje, a cualquier personaje público y no pasa nada.  La Republica transparente trata de sostener sus instituciones públicas, las cuales “mandan al diablo” y los diablos, ni siquiera pueden nombrar consejeros electorales; se habla de globalización, modernidad, de “reformas estructurales”, los más estudiados, hablan de “economías de emergencia”, pero nadie sabe eso, ni pueden explicar el nuevo contexto nacional y mundial; ya no hay comunistas ni guerra fría, sino terroristas árabes coludidos con narcotraficantes mexicanos, que quieren hacer atentados en territorio americano y uno que otro romántico izquierdizoide que idolatra a los viejitos Castro y sus pupilos Chavez. Olvidando que los tiempos cambian y existen otras nuevas alternativas. Nuestros políticos, se dicen “demócratas”, aunque su carrera política sea de antecedentes antidemocráticos, o tengan comportamientos que recuerdan más a las actitudes autoritarias, de cuando estábamos “peor”. Los precios de los bienes y servicios ya no aumentan, pero no hay dinero para comprarlos.
Y con todo eso que está pasando el país, hemos perdido nuestra capacidad de asombro. Cuando estábamos “peor”, había un 68 donde morían cientos de estudiantes, ahora que estamos deberíamos estar “mejor”, mueren entre treinta y cuarenta personas todos los días, ni más ni menos, hasta llegar a cincuenta mil almas mexicanas, que si pudiera matarlos el Presidente con piedras, lo haría.

Cuando estábamos “peor”, el propio gobierno organizaba las elecciones, constituía las instancias que llevaban a cabo los procesos lectorales y hasta designaba de sus burócratas, previa invitación escrita del Presidente, quienes serían los funcionarios de casilla. El resultado de la elección se sabía desde el “destape”, las votaciones eran en paz, no había muertos y los escrutinios y cómputos, no se cuestionaban, porque ya se sabían que eran artificiales. Pero ahora que estamos o deberíamos estar “mejor”, una institución profesional, ideal, modelo a nivel mundial, lleva a cabo las elecciones federales, con cuantiosos recursos económicos que otorga a los partidos políticos para sus respectivas campañas electorales; que lleva a cabo los actos preparativos para las elecciones y que designa a los ciudadanos mediante sorteo, los que conforman las mesas directivas de casillas. Con la presencia de observadores electorales nacionales e internacionales y nada de eso vale, porque ahora, los políticos como no les convence ese sistema, prefieren creerle más a sus encuestadoras o a sus propios periodistas “líderes de opinión” que vaticinan, una guerra donde no hay adversarios y competidores políticos, sino una lucha ensangrentada por el poder mismo. Que divide y polariza la sociedad, que vuelve a sus políticos en mentirosos, estrellas de televisión, profetas mesiánicos, cuyo enseñanza a la ciudadanía, no es la cultura democrática, sino la de la desconfianza, el insulto, el odio, el rencor. ¡Y el país, bien gracias¡.
Cuando estábamos “peor”, nadie sabía en que se gastaba el dinero, o mejor dicho, si se sabía en que iba a parar ese dinero. Ilustres políticos empresarios, dueños de ranchos y caserones; pero ahora, hay transparencia, hay algo que se llama IFAI,  hoy sabemos o podemos saber, lo que cuesta el mantenimiento de una banqueta, de una luminaria, de la obra pública que se ejecuta en una escuela, el presupuesto asignado de un hospital, el salario de cualquier funcionario; pero no pasa nada, los Estados de la Federación pueden endeudarse a diestra y siniestra y no pasa nada, porque no están en Europa, porque el país, sigue teniendo tanto dinero, que a todos reparte el pastel, con diputaciones plurinominales y mejores prebendas para sus partidos políticos u organizaciones sindicales.

Estoy hasta la madre de vivir en el país de los privilegiados, de los agremiados sindicalizados, de los burócratas partidistas que suspenden elecciones porque las “tribus” que mas bien parecen “hordas”, no aprenden a vivir en democracia; estoy hasta la madre, que hoy que tenemos democracia, transparencia, que aspiramos a la rendición de cuentas, estemos inmersos en discusiones estériles y hasta pendejas, como decir si un candidato a la presidencia es “joto”, o si uno tiene su “copete envaselinado”; ¡que pobreza de discusión¡. ¿Reducir la política a pitos y a pelos¡. Es tan vulgar como lo que acabo de decir.
Y los avionazos siguen cayendo. Cuando estábamos “peor”, se había caído el avión donde viajaba el líder priista disidente Carlos Alberto Madrazo y nadas más. Ahora que estamos o deberíamos estar “mejor”, muere un Secretario de Seguridad Pública, y dos Secretarios de Gobernación, en menos de seis años. ¿Y qué pasa?. Fallas técnicas?. Parece que cuando estábamos peor, había mejores pilotos, técnicos e ingenieros.
Había mejor, proyecto de país, había reconciliación, había esperanza …

sábado, 5 de noviembre de 2011

EVOLUCION DE LA SOCIEDAD CIVIL

INTRODUCCION
El presente ensayo, tiene como objeto exponer la evolución de la sociedad civil y su discusión contemporánea. Sin embargo para lograr esta exposición, se propone hacer un repaso histórico de cómo funciono originalmente esa relación dual entre Estado y Sociedad Civil, o bien, llamado coloquialmente entre gobierno y pueblo; que visión interpretativa influyó en su cambio, hasta llegar a la época actual de la globalización, donde se especula, que fue la sociedad civil organizada en “Tercer Sector”, quien logró esa conjunción final en su escala evolutiva.
DESARROLLO
La vida social, o mejor dicho, la vida de todos los seres humanos en sociedad, no es estática, ni nunca lo ha sido; el orden social, político, económico y jurídico, se encuentra en constante movimiento; más en las últimas dos décadas, donde el viejo orden mundial fue sustituido, por este nuevo orden, que aún, al día de la fecha, no ha terminado de implementarse del todo. ¡Todo cambia¡, es cierto; y aquello que alguna vez llamaron pueblo, gobierno, soberanía y democracia, también cambió.
El siglo XX, los años de la guerra fría, de las ideologías y el avance de todas las ideas científicas y humanistas, existen dos actores políticos que interpretan un papel importante en la historia de todas y cada una de las naciones contemporáneas. Por una parte, el Gobierno, identificado coloquialmente como “Estado” quien asume la tutela y el monopolio del interés público, quien además es omnipotente y asume funciones de gran padre benefactor; y por el otro extremo, existe otro actor, que representa al pueblo, a los gobernados, al interés privado, este sujeto, le llamaremos “sociedad civil”, aunque también podemos identificarla sin el adjetivo, como “sociedad” o simplemente “pueblo”.




El caso es, que en los últimos años, en esas dos décadas que podemos identificar la última del siglo XX y la primera del siglo XXI, tanto el “Estado”, como la “Sociedad Civil” se han transformado radicalmente. La tendencia será que en las próximas décadas las transformaciones políticas, sociales, económicas y culturales, sigan continuando, sin que haya retroceso alguno, al grado tal que el nuevo orden social del siglo XXI  todavía no ha llegado del todo, pues existen resistencias que pueden dilatar el proceso, como es el caso de nuestro país, ya sea por desconocimiento, inclusive hasta miedo a lo desconocido, nostalgia a los tiempos pasados o bien, mera ignorancia. Pero el cambio es y será irreversible. La nueva era está por llegar. 
El Estado y la Sociedad Civil fue la gran dicotomía de los personajes políticos que hubo en cada una de las naciones modernas. En ambos personajes, llegaron inclusive a hostilizarse el uno al otro, en aras como diría De Sousa Santos, para impulsar el cambio social, ya fuera de una revolución, o de una reforma. La Sociedad Civil busco transformar el Estado a través de la “vía revolucionaria”, mientras que el Estado, para frenar esa misma revolución, buscó transformar la sociedad a través del “reformismo”. El resultado final de las dos últimas décadas, nos ha demostrado, que ni revolución ni reforma social, simplemente, ese viejo Estado cambió, ese Estado termino por transformarse, por reformarse a sí mismo y esa “Sociedad Civil”, que alguna vez llegó a considerar al Estado como su adversario natural, como diría Dagnino, Olvera y Panfichi, terminó por convertirse ahora en aliado, cooperador, auxiliar o ayudante, de ese mismo Estado al que antes tanto combatían. ¡Son tiempos de democracia¡. Lo “Publico” dejó de ser monopolio ideológico del Estado, como también lo “Privado” dejó de serlo por la Sociedad; no es que se trate del fin de la historia, simplemente, es el comienzo de una nueva historia que contar.
El “viejo Estado”, como le llamaremos en el presente Ensayo, representa aquel ideal construido por las ideas liberales de la Ilustración, es la democracia, el poder absoluto que fuera dividido para evitar abusos y atropellos y que tuviera como principal razón de serlo y hacerlo, la misma tutela que exigían los gobernados, ese ente homogéneo llamado pueblo, pero que al componerse de individuos, había que protegerlos en su libertad. Por eso el Estado fue un ideal construido en la ideología de la democracia y la representación política de ese mismo pueblo, y su razón de ser, fue siempre proteger la libertad de los seres humanos a quien debía de preservar. El Estado debía respetar por lo tanto, la libertad de los gobernados, no solamente su libertad política y jurídica, de manifestarse y expresar sus ideas, de participar inclusive en los procesos de renovación de esos poderes políticos que lo representaban, sino también, en su libertad de celebrar los contratos que a éstos más les complaciera, para poder satisfacer así sus necesidades privadas. La Sociedad, fue entonces considerada como una entidad que gozaba y estaba protegido de su derecho más sagrado que era la libertad. 
JUAN JACOBO ROUSSEAU
Es el ideal de Rousseau, por el cual el contrato social, tuvo como objeto, precisamente proteger esa libertad de la que gozaban los individuos. El “pueblo”, siempre soberano, seria representado por personajes que elaborarían sus propias leyes, las cuales debían de “ejecutarse”, para el beneficio de ese mismo pueblo.  Esa fue la concepción originaria entre el Estado y la Sociedad, no había punto de división, el Pueblo era soberano y designaba a su gobierno quien debía de “ejecutar” su “mandato”; el gobierno era por lo tanto del pueblo, para el pueblo y del pueblo. Sin embargo, el discurso político, siempre emocional, se aleja mucho de la realidad. Esa representación política fue y hasta el día de la fecha sigue siendo cuestionada; por eso, el mismo sistema democrático, desde un principio idealizó esa representación política, al llamarle “Instituciones que ejercen el poder”, Alex Tocqueville así lo define, la democracia son los sistemas de instituciones para ejercer el poder,  surge entonces en el diccionario político esa nueva palabra de “Instituciones”, el pueblo y el gobierno, unidos por la democracia, a través de unos canales en el que se comunican, llamados “Instituciones”. John Stuart Mill termina por describir esa dualidad entre “Gobierno” y “Pueblo”, describiendo cual era la función de uno y de la otra, habla por ejemplo de que la función legislador no puede ser exclusiva del Estado, pues señala que en algunos casos deberán ser elaboradas por “comités de expertos”, sus señalamientos “reglamentan” la representación, a una cuestión de “mayorías” y “minorías”, por lo tanto, hace distinciones en que el pueblo, no es una masa homogénea, sino que en la misma existen distinciones.

KARL MARX
Esa “sociedad democrática”, se fue alejando cada día más del Gobierno que decía representarlo. Pronto los lasallistas y marxistas se lanzaron a realizar nuevas proclamas que describieran al pueblo, identificado originalmente con la clase obrera; sus ideales, sobre todos los marxistas, se encaminaron ya no en la protección individual de cada uno de los miembros integrantes del pueblo, como concibieron los pensadores liberales; pues para los marxistas el pueblo debía ser tratado, no solamente de manera igual, sino que debía de ser igual. Nace entonces, el ideal de la igualdad. Con ello, el ideal de que el Estado debía ser auténticamente democrático, pero no con las diferencias que había hecho Stuart Mill, sino en la esfera igualitaria que proponía Karl Marx. El Estado por lo tanto, debía organizarse en comuna, siendo la ejecutora de la voluntad de la comunidad, el gobierno no debía ser por lo tanto, ajena a la voluntad de la base, los representantes de la clase obrera (antes llamada pueblo), debían reflejar esa estructura social. Mientras eso no ocurriera, entonces, no habría democracia; y entonces la ruptura entre Estado y Sociedad se dio en forma drástica. El paradigma revolucionario al que se refiere De Sousa nace; la visión marxista impera y marca profundamente esa división, un gobierno (burgués) que no representa y un pueblo (proletario e igual) que debe pelear por su emancipación. Que aspira a transformar el Estado. Las proclamas beligerantes y “revolucionarias” dan un nuevo sentido a la doctrina democrática, al grado tal, que se pone entre dicho, si en verdad pudieran ser consideradas “teorías democráticas”.
El Estado “moderno”, el Estado del siglo XX, es el Estado polarizado con esos dos personajes, el gobierno y el pueblo; lo opuesto al gobierno, le llaman “sociedad civil”, pero no con la connotación que años después le darían a dicho término, simplemente como una referencia más para diferenciar esa dicotomía. El Estado es el gobierno y el gobierno más que el ideal representativo, es una burocracia racional, que domina a la “masa”, como bien lo describiría Max Weber; las sociedades modernas contemporáneas del siglo XX, caracterizadas por el crecimiento de la población, por la complejidad de los nuevos problemas sociales del siglo XX que no existían en los siglos anteriores, transforman ese ideal democrático del gobierno o de la “representación del pueblo”, de ser una institución democrática, a una “burocrática”. La democracia, es por lo tanto, un discurso emotivo, romántico, utópico, lo real, son elecciones de dirigentes políticos, de meros aparatos burocráticos;  pero cómo describiría Joseph Alois Schumpeter, la democracia no era mas que publicidad comercial, la competencia de las elites del poder, el mercado político donde se ofertan políticos y consumidores que no son más que los votantes.
Entonces esa división entre Estado y Sociedad se afianza más, como cita Norbert Lechner; el Estado deja de representar esos ideales democráticos que enarbolaron sus ideólogos, para representar autoritarismo, intervencionismo militar, represión, una burocracia autoritaria y parasitaria, un Estado irreformable. La aparición de la globalización como fenómeno económico y mundial, revoluciona esta división, el Estado obsoleto, corrupto, autoritario, parasito, inservible, burocrático, debe ser menos Estado. Para lograr ese cambio, el Estado debe suicidarse. Debe ser el mismo quien lo debe reformar, quien debe – citando a De Sousa – “reiventarse”.
El “viejo Estado” debe dar pie, a un “nuevo Estado”. Las viejas burocracias deben modernizarse, los ideales de ese Estado, también debe renovarse. En oposición a ella, el neoliberalismo, promueve la libertad política y económica de los miembros de esas sociedades estatales y el Estado, para lograr con dicho cometido, debe reducirse y eficientizarse. El Estado burocratizado, debe emprender su reforma, al que identifican los teóricos de la administración, como la “Gerencia Publica”, la “Nueva Administración”; otros más, la identificaron como la “privatización del gobierno”, fuera lo que fuera, el “viejo Estado” aun no termina de morirse y el “nuevo Estado” aun no termina por nacer, ambas coexisten todavía y son criticadas por la resistencia natural al cambio, la una a la otra; en oposición a ella, la sociedad civil, la que se organiza bajo este esquema, adquiere también nuevas formas de existencia, adquiere un nuevo rol en esta transición mundial, el pueblo, reivindica esa necesidad democrática que siempre la acompaña, en cientos de años constituyó sistemas de gobierno y concibió la democracia, como una forma de gobernar, de representarse y gobernarse; la época global no sería la excepción, la misma sociedad civil, ejerce sus derechos democráticos, para construir un nuevo esquema de participación y representación política; una nueva forma de gobernar, en donde coexiste el Estado y el Mercado. Esa nueva modalidad, es la que Evelina Dagnino, Alberto Olvera y Aldo Panfichi, identificaron como “Tercer Sector”.

La evolución de la sociedad civil pasa de ser la masa homogénea gobernada por una burocracia ineficiente, cuyos líderes políticos se ofertan a través de votos, a una nueva forma de organización social y económica, donde la sociedad civil es consumidora de los bienes y servicios que ofrece un Mercado cuyos proveedores, empresas privadas, (o bien, marcas comerciales) logran tener el poder suficiente, inclusive para comprar al propio gobierno, antes considerado como omnipotente.
Así llegamos a la época actual, llena de desafíos y nuevos problemas complejos, donde las corrientes de pensamiento ideológico pudieran distorsionar la búsqueda de esa verdad democrática que los ideólogos de todos los tiempos, se han empeñado en interpretarla. El “Tercer Sector” – llamada también, “Sociedad Civil”, “Organizaciones No Gubernamentales”, aun es interpretada bajo varios concepciones ideológicas, atendiendo inclusive a la región geográfica donde este aparezca. Pudiera ser interpretada como una “empresa social” que oferta “mercancía no lucrativa”, una simple concepción posmoderna del Estado debilitado y privatizado; o bien, pudiera interpretarse, como una respuesta a las políticas económicas neoliberales que mermaron las conquistas sociales obtenidas por aquel “viejo Estado” que aun y con todas sus criticas y detractores, sirvió para garantizarlos. (o al menos, esa fue siempre su justificación).
CONCLUSION
Sea lo que fuera, quizás la conclusión prematura a la que podemos llegar en este ensayo, es que los tiempos cambian, pues nada es inmutable, el “viejo Estado” es sustituido por un “nuevo Estado” y el “tercer Sector”, juega un papel importante en esa transición del viejo al nuevo orden político estatal; quizás sea ese el punto de comunión, donde converge la libertad de los gobernados en su necesidad democrática y social de lograr su felicidad, frente a una Entidad, una institución democrática, burocrática y representativa, que sea quien garantice esas libertades. Quizás nos hemos dado cuenta, que el Estado como tal, este por desaparecer, pues el Mercado ya lo haya ofertado como mercancía política susceptible de comprarse y venderse al mejor postor, y sea ahora ese Tercer Sector, quien haya sustituido a ese “viejo Estado” en sus nobles y altruistas funciones de garantizar, preservar y difundir el interés público . No lo sé todavía, falta mucho por leer, por interpretar, por aprender, por esperar los cambios que todavía, al menos en mi país, siguen sin llegar.  
BIBLIOGRAFIA

·       DAGNINO Evelina, OLVERA Alberto y Aldo PANFICHI. La Disputa por la Construcción Democrática en América Latina.
·       DE SOUSA SANTOS, Boaventura. La Reinvención Solidaria y Participativa del Estado.
·       LECHNER, Norbert. La (problemática) Invocación de la Sociedad Civil.