sábado, 24 de septiembre de 2011

REINVENTANDO LA ENSEÑANZA DEL DERECHO

(CONSTRUCTIVISMO, APRENDIZAJE SIGNIFICATIVO, SOCIODRAMA Y TECNOLOGIA JURIDICA)

El aprendizaje del Derecho, requiere de una necesaria revisión. Siempre he sostenido que el modelo tradicional equiparo a los maestros como una especie de jurisprudentes, “vacas sagradas”, maestros sábelo todos, capaces de invocar cada precepto normativo contenido en la Constitución, en algún Código o en alguna ley; hombres con la capacidad memorística, para citar frases en latín y con un amplio bagaje cultural, que hacía de sus disertaciones, verdaderas conferencias, donde nacía la interpretación del derecho. Hombres ejemplares que reencarnaban la justicia, la equidad, el conocimiento sagrado de la ley; realmente, este modelo de maestro, tiene su inspiración en los sacerdotes pontífices del derecho romano, los juristas que servían de intermediarios, entre los dioses que dictaban las leyes y los seres humanos, quienes estaban obligados a cumplir con esas leyes
Bajo este esquema, los aprendices del derecho, asumen un papel pasivo. Cada alumno por lo tanto, asume el rol de eternos oyente del conocimiento que les comparte sus maestros, los escucha, toman notas de lo que dice, les dicta, trata de asimilar las experiencias que les narra sus maestros como si fueran las suyas; acude a leer los libros escritos por su maestro, porque en él, encierra el conocimiento secreto y sagrado que éste tiene. El buen alumno del derecho, será siempre aquel, que aspire a imitar a su mejor maestro. Sin darse cuenta, cuando el alumno ejerce su carrera profesional, se convierte en lo que fue su maestro.
 
En el sistema tradicional del derecho, los maestros no mueren. Heredan y transmiten sus conocimientos, su forma de ser, de enseñar, de ejercer la actividad profesional, va simplemente traspasando generaciones da generaciones; finalmente el alumno convertido en maestro, es la continuación de quien fue su maestro.
El siglo XX fue el siglo de la modernidad, las ideas filosóficas tuvieron la necesidad de especializarse en algún campo de conocimiento y de demostrar, que su conocimiento especializado, era verdaderamente “científico”, autónomo, independiente de cualquier otra rama cognoscitiva. Durante años, los maestros en Derecho reencarnaban los valores de justicia y por eso, eran admirados y respetados. Sin embargo, a partir de la década de los años treinta, cuando Hans Kelsen inicia con la exposición de la Teoría Pura del Derecho, la parte “romántica” e “idealista” del Derecho se rompe; nada que no sea Derecho, es Derecho. La Teoría Pura del Derecho, es “pura”, porque este contiene en su principio científico y metodológico, excluir de su conocimiento, a cualquier otra rama del conocimiento que no sea Derecho. Es decir, la Teoría “expulsa” a la Política, a la Economía, a la Filosofía, a la Sociología, a la Biología y a otras ramas del conocimiento humano, en “aras de no contaminar el Derecho”. La necesidad de cientifizar el Derecho, hace de la Teoría Pura del Derecho, la “verdad científica” del Derecho. Lo peor ocurrió, cuando esta Teoría Pura, no solamente termina de expulsar a las otras ramas del conocimiento humano, sino que también, termina sustituyendo, el significado de Jurisprudencia por el de Derecho.
Hasta antes, los que estudiaban jurisprudencia, eran jurisconsultos y aspiraban a ser jurisprudentes, y estudiaban con maestros jurisconsultos, en las facultades de jurisprudencia. Pero cuando las teorías científicas de Kelsen son aceptadas plenamente por la comunidad científica y académica, desaparece la jurisprudencia, por contener este, ideas éticas o filosóficas, ajenas al conocimiento jurídico del Derecho, por lo tanto, desaparecieron los jurisconsultos, por profesores de derecho, las facultades de jurisprudencia cambiaron su denominación por facultades de derecho, inclusive, los títulos de Licenciado en Jurisprudencia o de Abogado, desaparecieron, por el de Licenciado en Derecho. Los profesores de Derecho Constitucional, dejaron de enseñar Política; los que enseñaban Derecho Civil o Mercantil, no enseñaban Economía; los que impartían cátedra de Derecho Procesal, Familiar o Penal, no enseñaban Psicología. El conocimiento jurídico enseñado por los maestros de derecho, se volvió especialistamente normativo. Lo único filosófico que había en sus cátedras, era encontrar la denominada “naturaleza jurídica”, pero no  profundizaba a otras ramas del conocimiento; luego entonces las facultades de derecho, se encargaron de educar a profesionales de un conocimiento, igual de secreto y sagrado, pero sumamente apartado y aislado de otros profesionistas; los egresados de las facultades de derecho, adquirieron un rango de arrogancia y soberbia intelectual, pues conocían las normas con las que se regía el Estado, sin juzgar si éstas eran de un estado autoritario y antidemocrático, si era justo o revolucionario; los abogados del siglo XX, se volvieron fríos y sumamente racionales, los principios de equidad y justicia, fueron sustituidos por el de legalidad y validez; sólo les falto cambiar la denominación de Suprema Corte de Justicia, por el de Suprema Corte de Validez.
Los tiempos cambian, el Estado de la posmodernidad que nació a partir de la revolución informática, se privatizó, el mundo se globalizó, la población a nivel mundial se triplicó, el conocimiento científico dejó de ser autónomo e interactúo con otras ramas científicas, para convertirse en mera tecnología (ciencia aplicada). La enseñanza del Derecho, requiere reinventarse. La mejor forma, es diseñar nuevos modelos que permita a nuestro conocimiento, interactuar con otras ramas del conocimiento, para poder generar así, su propia “tecnología”.
Un primer modelo, seria constructivista, es decir, hacer que el alumno asuma su propia responsabilidad de aprender, de ir construyendo su propio aprendizaje, aprovechando para ello el amplio bagaje cultural que guarda, no solamente las bibliotecas, sino el internet. Cabe señalar que si el alumno, no asume su propia responsabilidad de aprender, nadie, más que él, podrá hacerlo. Desaparece la figura del maestro jurisconsulto, por el de un alumno, interesado en aprovechar el exceso de información que ahora tiene, entre ellos, preguntarle a su “facilitador” (identificado como maestro). El alumno estudiante del derecho, no aprenderá nada, que no decida construir, con la información que este ya tiene. Quien llega a estudiar derecho, tiene una vida estudiantil de por lo menos doce años, los mismos que adquirió en la educación básica y en su bachillerato, por lo tanto, el conocimiento adquirido se enriquece con el conocimiento de las normas jurídicas. El estudiante de derecho, no se hace abogado porque tenga los mejores maestros y estudie en la mejor escuela, se hace abogado, porque decide construir su propio conocimiento.
El segundo modelo, sería el aprendizaje significativo. Es decir, el alumno que construye su propio conocimiento jurídico, debe darle un sentido al mismo, es decir, debe ser capaz para responderse “¿para que decide estudiar?”, “¿para donde?”, “¿Cuál es su misión y su visión, tanto individual como en lo colectivo?”.  Las personas que tienen sentido, tienen futuro, esperanza y trabajo. Tienen cimientos, principios, valores, hacen de la ética, su forma de vida. El alumno de derecho, debe construir su propio conocimiento de las normas jurídicas, pero también, debe crear y darle sentido a sus propias normas internas, que son las que le darán identidad, hábitos, carácter y liderazgo. Debe entender el sentido de la justicia, la legalidad, la igualdad, la libertad y la responsabilidad, entre otras más. Las palabras escritas y huecas que alguna vez leyó y escucho en la boca o en los libros de sus maestros, debe ahora aplicarlas en su propia persona y en beneficio de la sociedad.
El método para poder hacer este proceso de aprendizaje, es el sociodrama jurídico. El juego grupal en el cual, el maestro como los alumnos, aprenden y enseñan mutuamente jugando; donde cada quien asume su propio rol en el juego, así como su propia responsabilidad de aprender y de asumir sus consecuencias que el grupo social le imponga.
Se han llevado a cabo diversos sociodramas; se han hecho republicas constitucionales, operaciones jurídico comerciales de compra venta de bancas, de congresos parlamentarios; la tecnología jurídica incluye no solamente de fotografías y videos que permitan a los psicólogos, sociólogos y politólogos analizar el fenómeno grupal, sino también, de las memorias por escrito que desarrollaron cada uno de los alumnos durante el proceso del sociodrama; se han generado nuevas interrogantes para la investigación jurídica, inclusive, iniciativas de ley para presentarla a los órganos legislativos estatales. En el futuro, se harán los simulacros de juicios orales, así como brigadas de procuración de justicia y enseñanza de los derechos humanos, a las comunidades populares y más pobres del país,  tanto de la ciudad, como de las áreas rurales.
Quizás suene muy sofisticado eso de reinventar la enseñanza del derecho.  Acúseme de no tener quizás la debida claridad para poder exponer y transmitir esta idea. Lo que quiero tratar de decir, es que la enseñanza del Derecho, debe cambiar radicalmente porque el modelo tradicional en el que se imparte actualmente, ya no corresponde al tipo de vida que hoy nos enfrentamos, ni mucho menos, al que enfrentaremos en las próximas décadas. Un mundo, donde los Estados nacionales desaparecerán y actuaran como si fueran marcas comerciales, una sociedad de producción consumista, mercadológica, de tecnologías de información y comunicación de amplia difusión y uso por los sectores de la población, la cual seguirá creciendo para los próximos treinta años, al igual que el hambre, las nuevas enfermedades y la pobreza; una sociedad no solamente amenazada por la mafia global, el terrorismo, sino también por la pérdida de valores humanos y del incremento a los riesgos ambientales, de un planeta que protesta y se sacude, por el consumo excesivo e irracional de los recursos naturales.
La teoría pura del derecho debe de ser asimilada como una teoría más dentro del bagaje extenso que comprende la información; pero ya no debe regir dogmáticamente, por un minuto más, en la formación de los futuros egresados de las carreras de derecho.
La enseñanza del derecho debe ser activa, propiciar que los alumnos construyan su propio conocimiento y le den sentido al mismo, a fin de que estos, no sean en el futuro, profesionistas comprometidos, sino también, sean capaces de generar la “tecnología jurídica” que les permita solucionar el cumulo de problemas que agobian al planeta entero.
La reinvención de la enseñanza del Derecho, es una tarea ardua y compleja; que en este momento, pasa por las aulas de la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ahí las estamos definiendo.

viernes, 16 de septiembre de 2011

EL ANGEL QUE VUELA ....



Observo pero no lo creó. Es el Ángel de la Independencia que se encuentra en Paseo de la Reforma en la Ciudad de México; el mismísimo monumento que inaugurara el ex Presidente General Porfirio Díaz, hace más de cien años, la majestuosa obra del Arquitecto Antonio Rivas Mercado, el mismo que fuera inaugurado en las épocas del gobierno dictatorial que motivara la Revolución Mexicana; la gran obra conmemorativa del centenario de la Independencia de nuestra Patria, la que fuera inaugurado de manera puntual, sin que se despertara los escándalos públicos de corrupción, como los monumentos del México  del 2010 que pretendieron conmemorar al triste Bicentenario y que hasta las fechas, en estas épocas de democracia y narco insurgencia, seguimos esperando su inaguración.

Pero no vengo hablar del monumento de la independencia … No expondré ningún ensayo de arquitectura, ni tampoco haré alguna remembranza histórica respecto a quien fue la modelo que inspiro la escultura de Ángel, tampoco hablare si el Ángel es un “él” o es un “ella”, finalmente en la ciudad de la biodiversidad sexual, ese debate ya lo tenemos superado; no hablaré tampoco si el Ángel se cayó en el terremoto de 1957, creó que eso todos lo sabemos; no diré nada de lo que se haya dicho antes, simplemente me limitare a observar este monumento de libertad para todos los mexicanos.

¿Ya lo notaron?....


El Ángel de la Independencia crece … como si volara y llegara alcanzar las nubes que lo contemplan.


El Ángel de la independencia, nuestro emblema que nos identifica como país libre e independiente, como ciudad democrática y promisoria para el futuro próximo, encierra un gran misterio; no son los restos de Hidalgo o de Morelos, no es que se trate de un mausoleo de los héroes de patria que sirve para conmemorar los partidos de futbol, ni tampoco para que los novios poseen en ella celebrando su matrimonio; el misterio del Ángel, es ese…¡que el Ángel crece¡.


El Ángel de la Independencia crece por una sencilla razón …

Porque la Ciudad de México, la gran Tenochtitlán; la leal e Insignia Ciudad de México como fuera llamada en el Virreinato, la “Ciudad de los Palacios” a la que se refería Humboldt; esa misma ciudad que Andrés Manuel López Obrador le llamará “La Ciudad de la Esperanza”, esa Ciudad, nuestra queridísima ciudad, ... ¡se está hundiendo …¡
Y por eso crece… Nuestra ciudad se hunde por la sobreexplotación de los mantos acuíferos, porque son mas bocas humanas las que requieren agua, porque el suelo y subsuelo lo estamos sobreexplotando para que tengamos el agua de cada día. El agua que requerimos para vivir.
No es que el Ángel crezca, simplemente, es que nos estamos hundiendo …
Estamos cayendo al fondo, por conseguir agua y más agua, mientras que contemplamos todos…como nuestro Ángel vuela …vuela y sigue volando …
En una ciudad que espero, nunca llegue a quedarse sin humanos … 

 


 

sábado, 10 de septiembre de 2011

LOS ESTUDIANTES DE DERECHO Y EL CODIGO AMBIENTAL



Estos tiempos modernos, o mejor dicho, postmodernos, nos obligan cambiar muchas cosas, empezando por nuestro pensamiento.  ¡Ya no estamos en el siglo XX¡. y lo peor de todo, es que nuestro pensamiento y forma de concebir el conocimiento, está hecha al modo del siglo XX, concretamente, al estilo de los años 70’s del siglo XX.
Lamento informar que el tiempo nos ha comido y en menos tiempo de lo planeado, estos últimos diez años se han suscitado a nivel mundial, una serie de cambios en  todos los ámbitos de la cultura humana, en la política, la económica, la sociedad, la tecnología; el mundo se transforma día a día, pero nuestras conciencias letargadas, siguen sin darse cuenta ni logra tampoco dimensionar, la continuidad de tiempos de lo que fue, es y será.
Cada quien debe sumarse en el ámbito de su respectiva trinchera a los cambios que le toca realizar. Se debe cambiar lo que no funciona y corregir al grado de mejorar y perfeccionar, lo que funciona bien. O que parece, que funciona bien.  Por nuestra parte, nos dedicamos a cambiar la educación. Por eso, promovemos el Código Ambiental.

La educación jurídica siempre ha sido solemne, formalista, memorista, conceptual; durante cientos de años los estudiantes de leyes, se formaban en las aulas universitarias, como eternos oyentes de los discursos retóricos de sus maestros, que hacían gala de sus amplios conocimientos jurídicos y quienes educaban a sus alumnos, como futuros profesionistas “codigueros”, expertos en el manejo y memorización, de cualquier precepto normativo.
Este sistema funciono bien, pero para el mundo que les toco. En una época en que la burocracia afianzó el poder soberano del Estado, se requería de profesionistas especialistas en derecho, quienes se dedicaran al funcionamiento de la administración pública, así como también, el de la procuración e impartición de justicia. ¡Cierto¡. Se requerían abogados memoristas, con una capacidad retentiva de almacenar en sus respectivos cerebros, todo el cumulo de datos, leyes y reglamentos que regulaban alguna materia en particular; saber con precisión, las jurisprudencias o tesis aisladas jurisprudenciales aplicables a los casos aplicables, para poderlos en el momento oportuno, exponer, en una dos o tres cuartillas, escritas en una máquina de escribir y presentarlos obviamente, a la autoridad competente. ¡Pero eso¡. Obviamente eran otros tiempos.

Eran los años en el que los Estados eran soberanos y autoritarios; en la esfera internacional, cada Nación-Estado tenía el monopolio ideológico, económico y hasta violento; cada uno de ellos, asumía el papel de “padre” o “benefactor” frente a sus ciudadanos; se les conoció como “Estados del Bienestar”, una concepción racional en que el mundo parecía que había llegado a su fin, la fórmula ideal en que el Estado asumía el papel y la responsabilidad de conducir la vida de sus habitantes, proporcionarle a estos, seguridad, vivienda, empleo, salud, educación; un Estado que debía cuidarse de las amenazas imperialistas o del comunismo internacional, solamente en espera de que la tercera guerra mundial no estallara.
Entonces los estudiantes de la carrera de derecho, quienes se formaban en aquellos años, solo les bastaba terminar sus asignaturas, titularse era solo un requisito para satisfacer la vanidad; terminada la carrera, había que “tocar las puertas”, con algún personaje “influyente” que les permitiera o les diera la oportunidad de ingresar a trabajar en el gobierno. Era, lo que comúnmente se le conocía (y todavía se le sigue conociendo) como “palanca”.  Entre más alto se ingresaba en el gobierno, mayor era la palanca y mayores los privilegios, de quienes podían acceder a esa vida afortunada, donde el “papá-gobierno”, proveía de nuestras necesidades, inclusive hasta de las necesidades criminales de robar al erario público, o hacer cualquier otro desmane, amparado bajo la figura autoritaria y arbitraria, de ese gobierno represor.
Pero los tiempos cambiaron, de unos veinte años para acá, las transformaciones políticas, económicas y sociales han ido avanzando a una marcha tan veloz, como la velocidad de la luz que no logramos percibirla con nuestros sentidos.

Hoy, ya no se requieren abogados memoristas, los datos que antes acumulaban las mentes privilegiadas, ya las puede uno obtener desde su teléfono celular; las leyes, no solamente éstas, sino también hasta las tesis jurisprudenciales, pueden consultarse desde cualquier buscador de internet;  ¡Todas las normas, todas¡. Elaborar y/o redactar escritos o promociones, tampoco cuesta trabajo, los procesadores de textos han facilitado a muchos abogados y también a muchos estudiantes, a “escribir” bajo la técnica de “copiar” y “pegar”.   ¡Bendito mundo de la tecnología¡. Se pueden inclusive hasta manipular declaraciones testimoniales, desde larga distancia.  Obtener audios, videos, documentos, con esos pequeños aparatos que caben en las bolsas de nuestros pantalones.
Nadie debe pasar por alto este avance tecnológico. Pretender ignorarlo, sería como tapar el sol como un dedo.
El mundo cambia a una velocidad, mucho más rápido que la velocidad de la luz. La amenaza mundial ya no es la tercera guerra mundial, sino el calentamiento global; los enemigos ya no son los comunistas, sino los terroristas y a nivel nacional, los narcotraficantes; el mundo cambia a pasos agigantados, los gobiernos de todos los Estados se transforman también, dejando de ser paulatinamente esas burocracias jerarquizadas y disciplinadas por la autoridad normativa de su líder racional, a nuevos tipos de organización social, denominadas “gerencias públicas”, vinculadas al sector privado, en lo que importa ahora, son los resultados y los indicadores de gestión de las administraciones.
La era de la información obliga a todos también modernizarnos. Hace cuarenta años, las noticias no viajaban a esa velocidad con la que hoy estamos acostumbrados. El Estado controlaba todo, hasta nuestro pensamiento, éste decidía desde sus oficinas, desde lo que debíamos de comprar y/o vender, hasta lo que debíamos de pensar. Generaciones de abogados creyeron en los mitos de la patria y de sus héroes mártires, les enseñaron a respetar su bandera y también les inculcaron el miedo, a la inseguridad, a lo desconocido, temerle al gobierno “todo poderoso” y  sus métodos represores.
Para estudiar derecho en aquellos años, solo bastaban unas cuantas leyes y el libro del maestro que les enseñaba la materia. Eran clases aburridas, si el ponente tenía la cualidad de hacer dormir a sus alumnos; hoy en cambio, se sabe que difícilmente el cerebro puede asimilar información más de doce minutos, pero en aquellos tiempos, como ahora, siguen sin saberlo. Las clases de derecho de aquel entonces, sólo había que hacer cuatro cosas: asistir a clases, escuchar al maestro, tomar apuntes en cuadernos de papel y estudiar (es decir memorizar definiciones y disposiciones jurídicas) para presentar exámenes.
Aun no existían las teorías de las inteligencias múltiples; no se sabía nada de las distintas habilidades que pueden tener los educandos, ni tampoco, las formas en que estos aprendían; el sistema de enseñanza era Lacansteriano, premios y castigos, el premio podía ser, convertirse en “amigo” o ayudante del profesor y alcanzar con ese hecho, el primer escalón en el mundo de los privilegiados, lo que los orillaría tarde o temprano, entrar a trabajar en el gobierno; el castigo, era desde luego, reprobar la materia y por consiguiente, ser “marginado” por no ser “privilegiado”.
Cuando los estudiantes terminaban la carrera, debía uno buscar a los “cuates”, y ver, “quien se había acomodado”, para pedirle a éste trabajo. Buscar como ya dijimos, al familiar o “padrino” poderoso, si eso implicaba, afiliarse al partido y acudir a sus marchas y manifestaciones, inclusive hasta votar por ese partido político, había que hacerlo. No había confusión alguna, todo era una simulación, por la sencilla razón, de que así eran las cosas, lo importante, era vivir del presupuesto, porque vivir fuera de él, era vivir en el error.

Litigar obviamente era más fácil, todo se arreglaba con dinero o con favores, en el caso de las mujeres litigantes, bastaba con un coqueteo; no había tampoco confusión ni discusión si eso estaba bien o mal, por la sencilla razón, de que así siempre había sido. Había que buscar por lo tanto, al amigo o quizás al amigo del amigo y pedirle a éste “un favor”, para sacar adelante el juicio o asunto que uno tramitaba. Después de todo, no era importante la teoría, pues los teóricos, además de ser aburridos, se dedicaban a escribir “paja” y otros a dar clases en las universidades; cualquiera que tuviera cuates en los juzgados podía tramitar cualquier juicio, sin importar su complejidad;  inclusive, hasta uno podía obtener un título y una cedula profesional y vivir del ejercicio de la carrera, con la plena seguridad de que nunca lo descubrirían.
¡Que tiempos¡. Era un mundo como el que ahora vivimos, pero sin computadoras y con menos gente de la que hoy transita, vive, come y respira.
El cambio social se hizo, pero nuestras conciencias quedaron igual y hoy en día, los estudiantes de derecho siguen haciendo las cuatro cosas que sus antecesores hacían: asisten a clases,  escuchan al profesor, toman apuntes y estudian, memorizando conceptos. Después cuando terminan su carrera, buscan un padrino, es decir, una buena “´palanca” que les dé trabajo.
Muchos de esos estudiantes, no les han enseñado que el Estado-Nación cayó en crisis, que este se privatizó y que la tendencia en los próximos años es que lo siga haciendo. No les enseñaron tampoco, que los sistemas informativos han permitido tener y alimentar poderosas bases de datos, que pueden describir toda la información personal y profesional que uno puede tener.  Hoy más que nunca, estamos siendo espiados y hoy más que nunca, será difícil evadir el fisco o las autoridades. Nuestros ojos, huellas digitales, rostros y cualquier otro cosa que nos pertenezca o inherente a nuestro cuerpo, será más fácil de localizar. Quien pretenda falsificar una cedula profesional, debería pensarlo dos veces.
Los maestros de la carrera no se han percatado de estas transformaciones sociales, no se han dado cuenta que las leyes y las tesis jurisprudenciales pueden consultarse desde su teléfono celular; los apuntes en los cuadernos son ahora absoletos, pudiendo tener audios, videos y programas de software que les permiten hacer cuadros sinópticos o mapas mentales. El mundo cambió pero no sus conciencias, ni su forma de concebir el mundo. Siguen siendo memoristas, insistiendo en seguir viviendo en la burbuja de cristal de hace cuarenta años.

Los estudiantes de derecho del siglo XX aprendieron la moral kelseniana, que decía que el derecho era tan puro, pero tan puro, que había que expulsar del mismo, cualquier vestigio de moral, ética, política, economía, sociología, inclusive, podríamos decir, actualizando a kelsen, hasta de la ecología. El Derecho era una norma jurídica que se encontraba inmerso en un ordenamiento jurídico estático y dinámico, lo que obligaba y formaba a profesionistas en derecho, creyentes en ese mito. En consecuencia, se formaron abogados totalmente deshumanizados, desapegados hasta de los motivos que les impulsaron a ser: ¡La Justicia¡.
HANS KELSEN
Gracias al a Teoría Pura del Derecho, pudieron adquirir forma y legitimarse los regímenes de gobierno mas autoritarios, arbitrarios y violadores de todos los derechos humanos. El jurista del siglo XX es un técnico en la lógica jurídica, su concepción del derecho es abstracta, una mera norma que se traduce en premisa mayor, premisa menor y conclusión; dejando en manos de otros profesionistas, cualquier compromiso o promesa con la justicia, verdad y equidad. Los problemas mundiales o éticos, son cosas que no deben de importarle. Así es y así aprendieron derecho los abogados del siglo XX. Aprendieron a vivir en la simulación, en el mundo ideal de las normas jurídicas, volviéndose ciego, sordo y mudo, del mundo real, avasallado por el crimen, la mentira, la demagogia y el engaño.
Dentro unos años, el Estado recibirá fuertes presiones respecto a las necesidades sociales que le exige una población joven, deseosa de acceder a los beneficios que les han sido negados.
Hoy los abogados deben cambiar el chip de sus cerebros y darse cuenta, de su gran responsabilidad, no solamente con la sociedad, sino con el tiempo mismo. Deben tener conciencia social y ambiental, es decir, pensar en el presente y también en el futuro.
En el futuro, el Estado se reducirá burocráticamente y transformará su papel, de ser el proveedor de bienes y servicios, en un promotor contratista, en el que sus ciudadanos-clientes-votantes, realizaran los actos jurídicos y de comercio para autosatisfacer sus propias necesidades.
El Estado moderno, no desaparecerá, pero se transformara de una manera tal radical, que muchas de las funciones que hoy desempeña el Estado, por citar solo algunas, la procuración e impartición de justicia, pasaran a manos de los particulares.
No se trata de un capricho, ni de una imposición, sino de una necesidad, cada año son más los seres humanos que habitan el planeta y menos la capacidad de respuesta del Estado para cumplir con el papel que venía desempeñando hace más de veinte años.  El cumulo de problemas que se avecinan son más grandes y los futuros abogados, diseñados para el mundo ideal del siglo XX, no deben ser parte de esos mismos problemas, sino los promotores de su solución.
Veo en el futuro que los estudiantes de derecho comiencen a organizarse para crear sus propias defensorías sociales; así como alguna vez hicieron los obreros en la formación de sus sindicatos, en el futuro próximo, los estudiantes de derecho deberán crear sus organismos no gubernamentales, para proporcionar los servicios de procuración e impartición de justicia que requiere la población.
Uno, dos, tres …muchas organizaciones de abogados saldrán para convertirse en los abogados de todos aquellas personas humildes, golpeadas por la pobreza y la ignorancia, por la falta de oportunidades, que han sido discriminados y olvidados de los sectores privilegiados.
Para eso, se requieren que los próximos y futuros licenciados en derecho tengan diversas habilidades, ya no basta conocer los mitos kelsenianos de los ámbitos de validez, que claro que seguirán siendo importantes, pero requerirán también, conocimientos de software, mínimo procesadores de textos y manejos de bases de datos; requerirán también de habilidades en la comprensión y posesión de otros idiomas o lenguas indígenas, nociones de política, economía, sociología, ecología; obviamente, requerirán ser más sensibles y comprometidos, con el prójimo y el medio ambiente. Además de tener conocimientos sobre administración y habilidades financieras para la obtención de los recursos económicos de entidades tanto públicas como privadas que les permitan cumplir sus funciones, además de allegarse de una forma digna y decorosa para vivir.
Los nuevos abogados, más que ser iusperitos en el manejo de las normas jurídicas, deberán ser también, promotores de la procuración de justicia. Se requiere en este país y en el mundo entero, muchos promotores, que eduquen y procuren justicia en todos los niveles; se requiere por ende, que esos mismos promotores, no solamente enseñen el valor de los derechos humanos, sino también, el valor de la participación ciudadana y la democracia.
Por eso, en el futuro, las escuelas de derecho deberán también ser, no solamente formadoras de abogados, sino también, promotoras de leyes.
Se requieren leyes y más leyes, pero no para promover la inflación legislativa, sino para establecer los mecanismos que permitan que esas mismas leyes, sean realmente efectivas, reales, eficaces. Que la actuación del Estado, también sea por lo tanto, también sujeta a revisión y al escrutinio público.
En el futuro los nuevos profesionistas harán también lo suyo. Los que estudian administración o ciencias políticas, harán lo necesario para ser los científicos de la democracia; los que estudian economía, deberán continuar con el reto de seguir generando riqueza sustentable; los que estudien comunicación deberán aprovechar su conocimiento para incentivar los lazos de solidaridad y cooperación que deben tener los seres humanos; los que estudian medicina, ingenierías químicas o físicas, deberán hacer también lo mismo para edificar un mundo saludable, prospero, con mejor calidad de vida.
Los problemas siguen, el aumento del calor seguiría incrementándose año con año, al igual que los fríos, los maremotos, los cataclismos; el crimen organizado difícilmente podrá ser aniquilado, (nunca lo ha sido), la carestía del agua, el hambre y el aumento de la pobreza, nique decir respecto a la carestia del petróleo, el energético que si bien contamina el mundo, es el que lo mueve, quien genera la energía para que haya luz y movimiento. Todos estos retos obligan a los nuevos estudiantes de derecho, en sus respectivas trincheras, hacer algo por su presente y su futuro.

Código Ambiental, es ese el proyecto pionero que permite formar un nuevo perfil de abogado, comprometido con la democracia, el medio ambiente y la procuración de justicia.
No se trata de un proyecto prematuro o improvisado, sino que tan solo es una semilla de un árbol frondoso que crecerá y dará frutos, muchos frutos.
No se trata tampoco de un lucimiento personal, sino de un trabajo académico, que tenga como finalidad, desarrollar todas las habilidades de sus participantes, además de inculcarles a estos, la vivencia significativa de asumir una causa justa y buena, a favor de sus semejantes y del planeta.
Código Ambiental es el reto que tienen los estudiantes de derecho, de legislar por primera vez en la historia de la posmodernidad, la elaboración de una ley formada en una aula universitaria. Después vendrán otras leyes y las elaboraran otras escuelas y facultades de derecho.
Es un proyecto que tiene como finalidad principal, educar a sus participantes y  prepararlos para sumir los retos del futuro.
No sabemos, si las treinta o cuarenta mil firmas que se requieran, se podrán recabar en un plazo corto; pues el proyecto no cuenta con financiamiento público, ni mayor publicidad, que la que se pueda generar en boca de sus participantes.
Lo único que queda claro, es que el Código Ambiental, tampoco tendrá como destino quedarse encajonado y olvidado en el escritorio de algún diputado de la Asamblea Legislativa; las próximas generaciones de abogados, harán todo lo posible para hacerlo realidad y llevarlo a cabo.
Sigamos pues, sembrando nuestra semilla, que otros verán el árbol crecer y nuestros nietos, cosecharan sus frutos.
Mientras tanto: ¡Apóyanos con tu firma¡.

sábado, 3 de septiembre de 2011

EL FUTURO DE LAS ESCUELAS DE DERECHO


EL FUTURO DE LAS ESCUELAS DE DERECHO

Todavía hasta la fecha no he realizado algún estudio profundo, confiable y valido, que me permita predecir, cual será el futuro de las Escuelas de derecho en los próximos años, más aun, en el caso particular, cual será el destino de los estudiantes de derecho que habitamos la Zona Metropolitana del Valle de México.
Tan solo pienso y los datos que obtengo, con toda la seguridad de que mi cálculo sea erróneo, producto de mi ignorancia en el tema, me permitan calcular, que al menos, cada año, salen de las Universidades Publicas, un aproximado de 1200 alumnos.
De estos 1200 alumnos, 600 sean egresados de la Facultad de Derecho, unos 300 de la FES Aragón y unos 150 de la FES Acatlàn, las tres facultades, pertenecientes a la UNAM.  A Esta cantidad, estimo que unos 100 serán egresados de la UAM y el resto, seguramente egresados de otras instituciones publicas, como el CIDE o bien, de instituciones de educación superior privadas.
Insisto las cifras antes dadas no son confiables, pues obtenerlas en forma confiable, ameritaría un trabajo de investigación hecho con una metodología confiable. Sin embargo, con los errores aritméticos que pudieran haber incurrido, estimó también que esos 1200 alumnos, que año con año salen de las universidades, no todos encuentran  trabajo, muchos de ellos, dado su condición social y el estrato social al que pertenecen, tienen como futuro seguro y garantizado, el desempleo o subempleo.
Es decir, no todos encontraran el trabajo para lo que estudiaron, y aun aquellos que encuentren trabajo, lamentablemente trabajaran en otra cosa diversa, quizás no de abogados litigantes o servidores públicos, sino  seguramente, muchos de ellos, al servicio de cualquier mafioso malandrín o bien,  se convertirán en los próximos soldados que morirán en el campo de batalla, en aquellos terrenos beligerantes donde el Estado Federal combate al crimen organizado.
Urge una profunda reflexión al respecto, pues la Universidad Nacional debe atender este problema. Las necesidades socioeconómicas del país, del que tanto hablan los políticos y tecnócratas, es que este país, tiene que ir rumbo al crecimiento; si México no emprende las reformas económicas que necesita, pronto, muy pronto, perderá competividad y tendrá como único futuro, el aumento de su pobreza, la crisis económica y social, que estallaría tarde o temprano en más violencia, como lo que ya esta ocurriendo en el país, en varios puntos del territorio nacional, hasta finalmente llegar a la capital de la Republica..
¿Para que queremos mas abogados?. ¡Vaya paradoja¡. Parece que en estos tiempos, el Estado mexicano no requiere de más abogado, pese que un o de sus principales problemas sociales, es la manifiesta desigualdad, la corrupción y el aumento de la criminalidad. ¿Para que más abogados?. Si el país, para crecer económicamente, necesita más técnicos e ingenieros, más profesionistas bilingües con conocimientos de comercio exterior, software, administración y otras carreras que logren impulsar el desarrollo económico que necesitamos.
Los abogados o los egresados de las escuelas de derecho, quizás tengan cabida, pero de soldados o policías profesionales. ¡No es malo serlo¡. Pero lo malo es, morir en un campo de batalla.

45 mil o 50 mil muertos en esta llamada “guerra”, es una cifra alarmante, como lo fue el numero de soldados americanos que murieron en la guerra de Vietnam, o los que murieron en la “guerra civil” de Salvador en tan solo diez años. ¡Finalmente que importa¡. Diez mil, vente mil, treinta mil o mas, son una cifra estadística que los libros de historia o la memoria colectiva, quizás logren borrar. ¡Que importa¡. Lo que en verdad me preocupa y por momentos me quita el sueño, es que dentro de las filas de los ejércitos que combatan el crimen, se encuentren muchos de los jóvenes que alguna vez hayan cursado en las aulas universitarias, inclusive que hayan estudiado la carrera de Derecho y que por azares del destino, ahora se encuentren combatiendo en esta guerra, esperando en cualquier momento, la tortura o la muerte provocada por el ejercito de algún narco insurgente.

Las instituciones públicas requieren de profesionistas competentes honestos y responsables; y no dudo que muchos de ellos se encuentren en la Universidad. Pero en serio, no sé si estoy en lo correcto o no, porque insisto no he hecho el estudio científico que me permita hablar en forma confiable, pero preguntome cuentos de los egresados que ha producido las universidades publicas, hayan ingresado a formar parte de los cuerpos de seguridad publica tanto a nivel federal como local, para encontrar en la policía, una forma no de vida, sino de sobrevivencia; y que de estos egresados, cuantos de ellos hayan perecido en esta guerra o están en riesgo de perecer. ¡preguntome cuantos de mis ex alumnos, no estará construyendo su patrimonio, exponiéndose todos los días, a la plata o al plomo de sus enemigos.

Nuestra carrera es contradictoria. En la Zona Metropolitana del Valle de México al Norte Oriente, los que conformamos la FES Aragón podemos decir que somos de las pocas instituciones educativas a nivel superior que imparte la carrera de Licenciado en Derecho. Pues en los rumbos de Ecatepec, se encuentra el Tecnológico de Ecatepec o la Universidad Valle de Ecatepec donde se forman ingenieros; en el Municipio de Nezahualcoyotl, existe un Instituto Tecnológico e inclusive en la Delegación Gustavo A, Madero se ha construido recientemente otro Instituto, donde también se forman técnicos e ingenieros; y ninguna de esas escuelas de reciente creación, se encuentran destinadas a satisfacer la educación profesional, que imparte la carrera de Licenciado en Derecho, solamente la FES Aragón lo hace. ¿Tendrá sentido hacerlo?. ¿En verdad el país requiere técnicos e ingenieros?. Entonces porque formar mas abogados de los que ya tenemos?.
La Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal oferta cada dos años, cien plazas de Oficial Secretario. Seguramente una cantidad similar o quizás el triple, lo haga la Procuraduría General de la Republica, donde el ofrecimiento se hace obviamente a nivel nacional, como también lo hace la Policía Federal; estoy seguro, que la oferta de empleo por parte a egresados profesionistas en derecho para ingresar al servicio publico se encuentra totalmente limitada y es competitiva, pues si cada año salen 1200 alumnos, estos compiten con los otros 1200 que salieron el año pasado y con los 1200 que salieron el año antepasado y así sucesivamente, con aquellos que siguen sin encontrar el trabajo para el que estudiaron.
¡Alarmante¡. La oferta de empleo para abogados es reducida, solo basta que el egresado de la carrera lo comprueba con sus propios ojos, cuando decida buscar trabajo y darse cuenta que para un mismo puesto, encontrara una fila de por lo menos cien personas con su misma edad, perfil y conocimientos, compitiendo por la misma plaza.
Lo paradójico de todo, es que el país requiere abogados, mas abogados y mucho mas abogados, por la sencilla razón, de que hay mucha injusticia, mucha desigualdad, mucha violencia, mucha pobreza; en este momento, miles de padres no pagan alimentos a sus hijos, cientos de miles de mujeres son victimas de la violencia que les generan sus esposos o concubinos; muchos deudores dejan de pagar sus deudores y muchos cientos de miles de acreedores empobrecen, a razón de no poder rescatar los créditos que alguna vez prestaron. El país es injusto, diario, las autoridades violan los derechos humanos y miles de hombres y mujeres, recorren todas las oficinas publicas, escribiendo cartas a los funcionarios de todos los niveles, pidiendo al Estado mexicano: ¡Justicia¡.

¿Cuantos discriminados?. ¿Cuantas mujeres mancilladas y vejadas?. ¿Cuántos niños prostituidos?. ¿Cuántas personas no necesitan escriturar su casa? o llevar a cabo la repartición patrimonial que les dejo sus respectivos difuntos. ¡El país vive en la injusticia y por eso, el aumento del crimen.  El Presidente hace bien en pedir perdón a los que han muerto en esta guerra, pero debería hacerlo también para aquellos, que también mueren, por no haber encontrado en el país, las oportunidades de educación, salud y empleo, a la que tenían derecho y que les fueron negadas.
Es un país injusto, muy injusto, y donde hay injusticia, se requieren de profesionistas en derecho, con la capacidad sensible de movilizar conciencias y revolucionar el estado de cosas. Se necesitan hacer efectivos los derechos, pasar de las leyes escritas  a las acciones reales. En pocas palabras: ¡Mas ejecución y menos legislación¡.
En el futuro, la Universidad publica deberán ser pioneras de formar empresas sociales, sociedades de voluntarios, Organizaciones No Gubernamentales. Este hecho es irreversible y la universidad no emprende cambio alguno para adaptarse a esta nueva realidad. No entiende que la tendencia global es la privatización de todos los sectores económicos y también, la desburocratización del gobierno. La población seguirá creciendo y con ello, también los problemas sociales.
Y por esa razón se requieren de abogados. Futuros profesionistas que abandonen su formación enciclopedista de conocer a diestra y siniestra, toda la normatividad vigente en un estado determinado; se requieren de abogados lideres, que logren construir empresas sociales, que logren cubrir las necesidades de procuración e impartición de justicia que exige nuestra población.
Ese es el papel de las universidades publicas. Si la Universidad Privada encuentra en la globalización un campo amplio para ejercer sus conocimientos a favor de las actividades lucrativas que incrementen la riqueza; el papel de los que formamos parte de las universidades publicas, es cubrir las necesidades de educación, salud, justicia, que no son lucrativas, pero que requiere la población que aspira a vivir en un mundo de libertades y derechos reales y efectivos.
Los planes de estudio que forman profesionistas en derecho deben cambiarse radicalmente, para incorporar en ellos asignaturas que los sensibilice en su futuro papel de liderar las causas sociales que pronto abandonara el Estado, entregado este a servir al gran capital, para la obtención de la riqueza.
Los futuros abogados de Aragón y de todas las universidades publicas, no deberán ser carne de cañón en esta guerra cruenta entre la Federación- Estado de Derecho, vs. Cacicazgos y el Estado criminal.
Los futuros abogados de Aragón, deberán construir una y varias organizaciones sociales y buscaran el financiamiento publico y privado que les permita vivir dignamente, para poner sus conocimientos, al servicio de la gente que los necesita.
Es hora de formar Organizaciones No Gubernamentales, una, dos, tres y más…Es hora de que la sociedad civil tome la iniciativa para ser parte de la solución y no del problema.
Para ello se requieren profesionistas con nuevas habilidades. Con conocimientos de administración, contabilidad, liderazgo.
Se requiere en pocas palabras, que la Universidad deje de producir desempleados y produzca de una vez por todas, microempresas sociales.
Bastara que un mínimo de tres egresados de derecho logren formar su propia microempresa social, hasta ir conformando verdaderos corporativos que trabajen a favor de la justicia y la democracia, que requiere este país.
Yo sé que la Universidad Nacional lo hará primero; al menos en mi caso, yo ya empecé.