viernes, 26 de agosto de 2011

SOÑAMOS MEXICANOS....SOÑAMOS



El “valemadrismo” es la expresión que suele utilizar el mexicano, para no asumir su responsabilidad. Es un comportamiento humano, que trata de evadir responsabilidades, abstraerse, perderse y olvidarse de las cosas, como si nada de la vida real, fuera tan importante que pudiera afectar, el sueño con el que siempre soñamos: ¡No vivir en la realidad¡.
“Valerle madre las cosas”, es simplemente, no pensar en el futuro, no tener porque preocuparse, simplemente echar relajo, reírse, coquetear, sentirse fuerte, seguro, “muy-muy”, quizás con un buen tequila, unos mariachis y un automóvil con el que uno pueda circular a un exceso de velocidad, como queriendo buscar la muerte, para demostrarla a ésta, que uno no le tiene miedo.

“Nos puede llevar la chingada”, porque ya estamos “chingados”; reímos y también lloramos de nuestra decepción, de nuestros fracasos y es tanto el dolor que acumulamos, que por eso, echamos desmadre, para olvidar las cosas, pensando en un mañana promisorio, que no existe en esta dimensión de tiempo lineal de segundo a segundo, día a día y de mes a mes, hasta olvidarnos de lo que nos ha pasado; pensamos siempre en otro espacio temporal totalmente diferente a esta “vida cruel” injusto y desigual, posiblemente en un lugar mágico, donde nuestras ilusiones puedan coexistir, sin el menor costo o sacrificio para nosotros.
Soñamos, siempre soñamos, porque “siempre nos va mal”, nuestros líderes nos han traicionado, se han vendido al mejor postor, nos han engañado, se han burlado de nosotros; quizás por eso, ante nuestra pobreza de no tener nada, ni siquiera alguna esperanza en el mundo real, somos ricos, pero muy ricos de nuestras ilusiones, soñamos con algún día ser campeones y poder tener dinero suficiente, para hacer una gran fiesta, donde podamos reír, llorar y después reír con llanto y carcajadas, como diciéndole al maldito dinero, que éste no es tan importante para hacernos la vida infelices; que nuestro orgullo, a mucha honra, es quizás lo único valioso, que no pueda medirse con dinero ; ¡orgullo, si mucho orgullo¡,  de que nos vaya mal, de nuestra pobreza, de cada una de nuestras frustraciones y también de nuestro origen; de que estamos abajo; orgullo de sentir también desprecio al hermano que nos traiciona, el que deja de ser igual a nosotros, porque crecer significa también traicionar a nuestra raza. El mexicano se mira asimismo siempre abajo, no le gusta ver arriba, siempre quiere ver a sus hermanos abajo, siempre abajo, entre más abajo mejor. Solamente así le extiende la mano para ayudarlo.


Soñamos, porque el mundo ideal es mejor que el mundo real; porque somos un pueblo espiritual, donde la madre de Dios, eligio esta tierra para cubrirnos con su manto; donde nuestra madre, aquella mujer santa, pura e inmaculada, nos cobija siempre, dándonos de comer, rezando siempre por nosotros, encubriéndonos del maldito padre que nos agandaya, el que nos amenaza, al que sin reconocerlo, en el fondo, le tenemos miedo; y que por esa razón, lo odiamos, porque no tenemos el poder chingativo que éste tiene, porque quisiéramos tenerlo, para chingar a quien se deje, pero no a nuestra madre.
Soñamos en el mundo ideal donde nuestra bandera es la mas preciosa del planeta y donde nuestro himno nacional es sacro y santo como nuestra divina madre, aunque no nos sepamos ni una estrofa completa; idealizamos nuestros tótems, nos duele cuando nos dejan solos, porque nos dejan desamparados, a la merced de una bola de cabrones que siempre nos están chingando; acumulamos odios, muchos odios, jamás olvidamos, el que no las hace, tarde o temprano nos las paga; por una sencilla razón, somos muy, ¡pero muy cabrones¡.
No le tenemos miedo a la muerte, ni a la chingada misma que es nuestra madre; mucho menos, le tenemos miedo a la policía, al gobierno, a la cárcel; somos machos, muy pero muy machos, si chillamos nos aguantamos, nuestro orgullo siempre nos levanta, podremos ser asesinos pero jamás rateros, o podemos ser ladrones, pero jamás asesinos; no las dos cosas o ninguna de ellas; porque lo único que no podemos aceptar, lo que si es digno de censurarse y reprocharse por siempre, es que seamos una bola de pendejos. ¡Perdonamos al asesino y al ratero¡. Pero jamás al pendejo.

El pendejo es el pendejo. Se puede ser un ladrón, pero no un ladrón pendejo. Se puede ser un matón, pero tampoco un matón pendejo. Pendejo es el que no roba, “él que se abre”, el “que le saca”; el que se deja “atrapar o descubrir”, es también aquel que se deja violar una y otra vez más, en un lenguaje poético obsceno y homosexual, donde lo más importante es “que nos la metan”, sin darnos cuenta: el albur.
Nos gusta chingar, pero también ayudar. Por eso siempre ayudamos al que estamos chingando, siempre y cuando éste se “doble” y nos pida el “favor”. De esa manera lavamos nuestra culpa, “somos tranzas”, pero lo hacemos por ayudar. La ley, la constitución y todos los reglamentos, al que tanto culto rinden nuestros políticos, sólo sirven para dominar al pueblo de pendejos que votan por el partido que siempre les miente y también les roba; en cambio los seres humanos que representan al poder, el que tienen un “buen contacto” o una “buena palanca”, los buscamos para pedirles su protección, pues ello estarán siempre dispuestos “ayudarnos”.  
Es el país de los “poderosos”, de los “influyentes”, donde aunque digamos que seamos iguales, muy en el fondo sabemos que hay niveles. Son los “gueritos”, el “patrón”, la “niña bien”, el que nos da de comer, son gente de otro mundo, que pareciera que no mean y tampoco cagan, son tan místicos, que el dia que se mueren, también les lloramos.
En fin, esa es parte de nuestra alma. No somos buenos ni tampoco malos. Simplemente somos lo que somos. No tenemos la culpa, de que el mundo no nos entienda. Somos así, nostálgicos, recordando que todo tiempo pasado, fue siempre mejor. Rezamos, porque algún día, volverán a reencarnar nuestros muertos ha salvarnos de esta gran crisis. Lo sabemos, porque siempre estamos soñando.
¡Soñando¡ ….¡Simplemente soñando¡




sábado, 20 de agosto de 2011

JUSTICIA, CARCELES Y CORRUPCION EN EL MEXICO DE MARIANO OTERO


Mariano Otero 1817-1850
JUSTICIA, CARCELES Y CORRUPCION EN EL MEXICO DE MARIANO OTERO.[1]


Nadie mejor que el abogado Mariano Otero para describir la triste y paupérrima situación política, económica y social, del México de los tiempos del general Antonio López de Santa Anna.

En el año de 1848, después de que México perdiera en forma estrepitosa la guerra contra los Estados Unidos de América, un abogado de tan sólo treinta años de edad, pero ya con antecedentes políticos de haber sido diputado y creador de la figura jurídica denominado “Juicio de Amparo”,  Mariano Otero, publica un ensayo intitulado “Consideraciones sobre la Situación Política y Social de la República Mexicana en el año 1847”, impreso por Valdés y redondas, mediante el cual explica a la sociedad mexicana, como ésta fue derrotada por una “fuerza extraña”, totalmente desorganizada y con muy mala educación.

Mariano Otero enérgicamente califica a México como un “pueblo afeminado, y como una raza degenerada, que no ha sabido gobernarse ni defenderse. Señala también que el país, al ser víctima de su pésima educación y mala organización, ha tenido como consecuencia un pueblo dividido.

Un país poblado aproximadamente por siete millones de habitantes, cuatro millones de ellos eran indios y tres de ellos de raza europea, la mayor parte mezclada con indígenas. Al referirse de los indios, no los baja de ignorantes, de no estar enterados siquiera de la independencia de México, de ser esclavos de los hacendados, de pagar sus contribuciones forzosamente al clero, que la única aspiración que pudieran tener, sería servir de soldados.

 En oposición a ellos, la población a la que denominó como “raza blanca o mixta”, misma que se componía de militares, empleados, abogados, médicos y una multitud de holgazanes y vagabundos que abundaban en las calles de las ciudades de la República; Otero estima, que al menos una cuarta parte de esta gente, mantiene a las otras tres cuartas partes; ¡Vaya país de gente improductiva, sin oficio ni beneficio¡. 

MAPA DE MEXICO EN 1847

Respecto a la administración de justicia, señala: “nuestra legislación es un caos”, “el litigante honrado como el de mala fe puede sacar multitud de leyes diversas para hacer eterno y contencioso el asunto mas sencillo del mundo. Los procedimientos son lentos y costosos, de manera que, cualquier negocio algo difícil, puede asegurarse que no tiene fin en la vía judicial, mientras tenga dinero y ganas de gastarlo las partes contendientes. Hay expedientes en México, cuyo primer escrito tiene más de cien años de fecha, y no han sido bastantes los pasos dados ni el dinero gastado por tres generaciones seguidas, para lograr que se resuelva definitivamente el punto en cuestión”.

Las cárceles, - dice Otero - llenas siempre de hombres viciosos y criminales de todas clases, que viven reunidos indistintamente, lejos de servirles de castigo o corrección, puede decirse que son verdaderas cátedras de prostitución y de maldades, pudiendo también asegurarse que el criminal novicio que entra en ellas por primera vez, al salir de allí es un consumado pícaro, que no conserva ni el mas pequeño resto de vergüenza”. …”Muy rara es la vez que se oye anunciar la muerte de un criminal por mandamiento de la justicia, al paso que todos los días se repiten los atentados contra la propiedad y aun contra la vida en los caminos y en las poblaciones”…”no existe de hecho la base fundamental de toda sociedad organizada, que es la garantía de la vida y de la propiedad. Por este motivo, México puede decirse que es el país de las transacciones, pues por evitar un pleito siempre costoso y casi nunca satisfactorio en sus resultados, se hace preciso transar con el fullero, con el estafador, con el falsario, y aun con los mismos ladrones y asesinos, … el código único de que hacen uso aquí todos los hombres prudentes, que no quieren perder su paciencia y su dinero en trámites y contestaciones, tanto mas desagradables…”


Las cosas siguen en este país sin cambiar. Otero dice también: El hacendado transa también con el bandido de camino real, albergándolo en su propia hacienda y festejándolo como a su mejor amigo, aunque lo haya robado algunas veces, sin ocurrirle jamás el mal pensamiento de denunciarlo o entregarlo a la justicia, porque es seguro que después de tenerlo algún tiempo corto en la cárcel lo pondrán en libertad, y él quedará expuesto a su venganza. Por último los arrieros y traficantes que, por su profesión tienen que vivir constantemente en los caminos, se ven también obligados a llevar amistad y buenas relaciones con los mismos ladrones, como el único medio de tener seguridad”.   Es decir, no debemos extrañarnos si el día de hoy, sigue ocurriendo lo mismo.


El México de los privilegiados, también existió en el siglo XIX, pues hace más de cien años de que existiera el sindicalismo mexicano o los nefastos burócratas mexicanos que denigran el servicio público; Otero cuando habla de éllos, los empleados al servicio del Supremo Gobierno, manifiesta:

… En el perpetuo desorden y desbarato de nuestros gobiernos, se han dado con la mayor profusión los empleos, por obsequiar la recomendación de éste o el otro personaje, o para premiar los más despreciables servicios prestados a alguno de los individuos del gobierno. Nunca, o muy raras veces, se ha consultado para dar un empleo, a la honradez o a la capacidad del agraciado pues lo que únicamente se ha visto es, que la persona que lo recomienda tenga algún influjo, en cuyo caso queda desde luego colocado el pretendiente sin más averiguación. Muchos casos ha habido también de empleos ya de alguna importancia que se han conseguido dando algunas sumas a los que se han hallado inmediatamente al gobierno y gozando de su favor.

         De esa facilidad en conceder empleos, resulta que en las oficinas de las rentas públicas hay multitud de empleados que no solamente ignoran la gramática de su propio idioma y aún la aritmética, sino que no saben ni escribir medianamente. Respecto de moralidad, son tan multiplicados como escandalosos los ejemplos de empleados que han hecho inmensas fortunas, abusando de la confianza que el gobierno depositó en ellos indebidamente. La desmoralización en esta clase está ya tan bien organizada, y tan bien recibida en la sociedad, que ya nadie se escandaliza de ver que un empleado que sólo cuenta con un sueldo de dos o tres mil pesos anuales, compra haciendas, monte su casa con los más exquisitos y costosos muebles, y sostenga a su familia con un lujo extraordinario. Nada de esto llama la atención, porque con innumerables los casos, y ya el público está acostumbrado a ver que, con muy contadas excepciones, todos los empleados que tienen algún manejo de las rentas de erario, gastan tres o cuatro veces más que su sueldo.

         A pesar de toda esa escandalosa desmoralización y de esa ineptitud de la mayor parte de los empleados, el gobierno, aunque quiera, es impotente para poner el remedio. Según las leyes que rigen en la república, el empleado que obtiene su despacho del gobierno, adquiere en el empleo que se le da una propiedad, de la cual nadie, ni aun el mismo gobierno, puede ya despojarlo sin previa formación de causa. Esta condición, en el estado que guarda la administración de justicia en el país, equivale a tanto como decir que los empelados pueden hacer todo lo que les acomode, bien seguros de que jamás han de ser despojados de sus destinos.



         Ha habido, sin embargo, algunos casos de empleados que han sido destituidos violentamente por el gobierno; pero esas destituciones han sido siempre momentáneas, y poco tiempo después se le ha repuesto en sus empleos por la debilidad que caracteriza a todos nuestro gobierno. Por otra parte, el empleado despojado, por más justos que hayan sido los motivos que tuvo el gobierno para sus despojo, es siempre bien recibido en el partido de la oposición, cuyos periódicos comienzan  desde luego a clamar contra el atentado horrible que ha cometido el gobierno atacando la propiedad de un empleado si respetar las formulas que establecen las leyes. A ese gobierno que tal hizo se le llama arbitrario, despótico, tiránico, y se emplean contra él, en fin, los más groseros epítetos y aun las calumnias más infames con el objeto de desconceptuarlo, y hacerlo aparecer como un criminal en un acto tal vez de la más rigurosa justicia. Y como el gobierno representa siempre la parte débil de la sociedad, y como nunca les falta a los individuos que lo componen algunos motivos para temer los ataques de la prensa, el único modo de acallar esa insufrible grita, es reponer en su destino al empleado agraviado, y no volver a pensar en destituirlo, aunque dé los mismos o peores motivos para ello.

         Por lo dicho parecerá que lo mejor a que puede aspirarse en México, es a ser empleado del gobierno, y en efecto, los empleados serían unas verdaderas canonjías, si no fuese porque el número excesivo de empleados ha perjudicado a la clase en general. En todos los países donde hay algún orden, no se crea más que el preciso número de empleados para el servicio de las rentas; pero en México, donde todo suele andar al revés, se crean las rentas para los empleados. El abuso de dar empleos ha sido tal, que, además del crecido número de ellos que se necesita para cada oficina por su complicado sistema de contabilidad, hay muchos destinos que cuestan al erario cuatro o cinco sueldos, pues aunque un solo individuo sirve el empleo, los otros tres o cuatro han sido declarados cesantes o jubilados con toda su paga, para colocar de este modo a algún favorito del gobierno.

En fin, Mariano Otero fue un gran jurista, cuyo reconocimiento en la historia del derecho mexicano, le ha atribuido, en demerito del exfuncionario santaannista Manuel Crescencio Rejón, haber sido el autor del juicio de amparo. ¡Ya habrá tiempo para exponer la verdadera autoría del amparo mexicano¡.

Sin embargo, Mariano Otero debería tener un lugar en la historia en el campo sociológico y hasta económico, pues sus apreciaciones en el ensayo en comento, describe como dijimos al principio, la triste y paupérrima situación del país, cuyo divisionismo y falta de educación, en el momento más difícil de su vida, hizo que se perdiera más de la mitad del territorio nacional.

No tuvo culpa alguna el clero de aquel entonces, ni tampoco el ejército nacional, corporaciones a las que también Otero destaza; ¡culpa de todos¡, de la corrupción y de los privilegios de un pequeño y minúsculo grupo de poder; culpa también de los políticos que gobernaban, que de un día para otro, eran federalistas y luego centralistas, para después ser nuevamente federalistas; como si no importara ser católico o masón, como si no hubiera diferencia entre la República y la Monarquía. “Los tiempos de atrás eran mejores”, cuando los virreyes gobernaron trescientos años, sin problema ni freno alguno.

¡México¡…¡Como te quiero y como me dueles¡. Hoy no estamos en riesgo de perder la mitad del territorio nacional, sino algo todavía peor; estamos en riesgo de perder nuestro futuro.

Y no hay nadie a quien echarle la culpa todavía, pues los privilegiados no asumen su responsabilidad y si en cambio, señalan con el dedo, quienes son los culpables, como lo hicieron hace más de ciento cincuenta años; ¡la culpa no es nuestra, la culpa es de don  Antonio López de Santa Anna¡.

¡La culpa no es nuestra, siempre fue y será de él¡.

Gral. Antonio López de Santa Anna Ex Presidente de México





[1] CFR. OTERO, Mariano. Obras. Recopilación, selección, comentarios y estudio preliminar de JESUS REYES HEROLES. Editorial Porrúa. México 1967.


sábado, 13 de agosto de 2011

INICIATIVA POPULAR DE CODIGO AMBIENTAL



La democracia no solamente en un discurso en el monopolio de los políticos y los demagogos; no es tampoco votar únicamente  cada tres o seis años cuando los políticos nos “invitan” hacerlo; la democracia es el ejercicio de todos los derechos que tenemos los habitantes de una región, para tomar decisiones, asumir responsabilidades, impulsar cambios, manifestar nuestro repudio o aceptación a determinados actos de gobiernos, empresas, grupos y también de los políticos mismos; la democracia es el camino para elegir mejores formas de gobierno y de porvenir para los ciudadanos, no en el discurso rencoroso e irracional, tampoco en la mentira y en el reforzamiento de los mitos supuestamente ideológicos;  no es prometer lo imposible, ni siquiera en los “mesías” o en los “Reyes Magos”, sino en verdaderas propuestas, racionales y propositivas, que salgan precisamente, de la sociedad civil.
Es hora que asumamos la responsabilidad de asumir nuestras libertades cívicas y constitucionales. No se trata de votar por un partido político o por otro, tampoco en criticar a uno u otro candidato; no se trata de echarle la culpa de nuestros errores a los políticos, ni los de antes que nos gobernaron ni los de ahora que nos gobiernan; quitémonos el pensamiento mágico de creer que el país “se jodió” por culpa de algún personaje malévolo, o por un grupúsculo de obscuros intereses; se trata de que ahora impulsemos el verdadero cambio, pero no en los políticos, sino en nosotros los ciudadanos, quienes somos la fuente de energía y de transformación social, para hacer mover la política en este país.
Los ciudadanos somos mayoría. No es que convoque a una revolución armada, ni tampoco a una manifestación pública; pero si convocamos a una revolución de las conciencias, auténtica, verdadera, democrática, basada en las armas que nos otorgan las leyes y las instituciones, teniendo como mero instrumento de ataque, la libertad de expresión y la capacidad organizativa de los hombres y mujeres comprometidos, para poner en marcha, las propuestas que pueden asumir los estudiantes de la Universidad Nacional en esta cruzada de participación civica.
 La Ciudad en la que nos encontramos, sin duda alguna, al menor en el discurso político y en los ordenamientos legales, es una de las regiones más democráticas, no solamente del país, sino del mundo; ¡es cierto¡, hay problemas, sociales, políticos, económicos, de toda índole; es normal, no hay región en éste país y en el mundo entero que no los tenga o los deje de tener; pero no va ser despotrificando contra los políticos o sus partidos, la manera que tendremos para solucionar esos problemas; es hora de que renunciemos a nuestro pensamiento mágico, porque por mas mentadas de madre que logremos juntar en el zócalo, o en alguna red social del twitter o del face, no podremos transformar a este país con “buenas intenciones”, sino que es necesario ahora, pasar de la decisión a la acción para la solución de los problemas presentes y los que se avecinan. ¡Es hora pues¡, de tomar la iniciativa. ¡Empecemos por la capital de nuestra Republica¡, ¡luego iremos por el país entero¡, vamos por el primer Código Ambiental del Distrito Federal.
El Valle Metropolitano de la Ciudad de México y la zona conurbada de los municipios del Estado de México, es el lugar geográfico donde nos tocó vivir. En ella no solamente trabajamos, estudiamos, vivimos, sino que también, respiramos, comemos, gozamos de los servicios ambientales que nos proporciona la naturaleza. Millones de seres humanos caminamos por esta ciudad, en su línea de transporte colectivo Metro, en sus microbuses y camiones; nuestros vehículos automotores transitan por la ciudad, entre avenidas congestionadas y ruidosas, difícilmente podremos hacerlo por bicicleta; transitamos diario en las terminales del metro, camiones, peceras, ya sea para cumplir con el trabajo o para buscar un trabajo; diario convivimos con miles de personas dentro de una ciudad caótica, donde hemos aprendido a desconfiar uno del otro, a vernos en forma hostil y por momentos inhumana; en una ciudad tan grande, como New York, Chicago, Los Ángeles, San Francisco, Paris, Londres, Madrid, Tokio, Begin; pero donde lamentablemente existe pobreza y también deterioro ambiental y urbano; si los ciudadanos  no hacemos nada ahora, es posible que los problemas que se avecinan terminen orillándonos, a la guerra civil como está ocurriendo ya en el país, entre el ejército y los elementos de seguridad pública federal, contra aquellos miles de mexicanos a quienes por haberle sido negadas las oportunidades a las que tenían derecho, encontraron en el crimen, lo que el Estado democrático no pudo ofrecerles.

Debemos impedir que en esta ciudad, aún y con los problemas que ésta tiene, aumente la criminalidad, el desempleo, la crisis familiar, el riesgo de la muerte drástica de varios jóvenes suicidas, que no encuentren en lo que alguna vez, fue la capital de un gran imperio mexica, una región de esperanzas y futuro. La manera de hacerlo, es construyendo un sueño, diseñando el lugar donde quisiéramos vivir, donde recordemos este presente, como algo que si fue posible cambiar, gracias a la participación tuya, a tu decisión de adherirte a esta propuesta ciudadana, ofrecida por un sector universitario, estudiantes de la carrera de Derecho, que creen que si es posible, un futuro mejor, para todos nosotros y aún más, para aquellos que aún no nacen, pero que están por venir, en los próximos años y décadas.
Durante los meses de septiembre y octubre del año dos mil once, los estudiantes de la carrera de la licenciatura en derecho de la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la Universidad Nacional Autónoma de México, nos daremos la tarea de legislar un Código Ambiental.
Lo hacemos por muchos motivos. Primero, porque como estudiantes y miembros de la comunidad universitaria, nos encontramos siempre con la responsabilidad de proponer soluciones a los problemas nacionales y regionales; Segundo, porque sabemos que existe contaminación ambiental en aire, agua y suelo, pero que las acciones gubernamentales poco harán sino existe una participación ciudadana decidida a emprender esos cambios necesarios. Sabemos que al menos cuatro millones de vehículos circulan por esta ciudad y que por lo menos, somos unos nueve millones los que habitamos en el Distrito Federal, pero que en ella transitan diariamente por lo menos otros nueve millones de seres humanos más, provenientes de distintas regiones del país, principalmente de los Estados de México, Morelos, Hidalgo y Puebla, quienes se movilizan en la ciudad por razones de trabajo y quienes padecen el ajetreo de la ciudad en perjuicio de su salud y calidad de vida;  sabemos que la contaminación atmosferica ha bajado en cuanto a sus índices de medición, pero que también ha aumentado la cantidad de basura que se genera en la ciudad; las áreas naturales se han ido perdiendo cada vez más. Al igual que el espacio público, amenazado tanto por su deterioro social y ambiental. Sabemos que la población crece y con ello, debe aumentar también la capacidad de respuesta por parte de la autoridad y la sociedad civil, para darle a cada habitante, la satisfacción plena de sus necesidades para que puedan éstos ejercitar libremente sus derechos.  Sabemos también que la temperatura en la Ciudad de México aumento en cuatro grados centígrados con motivo del calentamiento global;  pero lo que mas nos duele saber, es que esta Ciudad, existió hace quinientos años un lago, donde floreció una gran cultura y un hábitat destruido, donde volaban las águilas y se arrastraban las serpientes, hoy ni los unos, ni los otros. ¡Extinguimos aquel entorno y difícilmente, lo volveremos a recuperar¡.
VALLE DE MEXICO EN 1521

Los jóvenes universitarios proponemos sintetizar todo el ordenamiento jurídico que existe en materia ambiental, en una sola ley, que sea sencilla de comprender y de observar, sin tecnicismos ni expresiones complejas, sin normas jurídicas contradictorias, ambiguas y redundantes; queremos que el primer Código Ambiental sea una obra jurídica legislativa, al mismo nivel que alguna vez llegaron a estar otras obras jurídicas y normativas codificadas como el Corpus Iuris Civilis de Justiniano, o el Código de Napoleón, o bien inclusive, que genere ese reconocimiento y prestigio como lo fue nuestra Constitución Política; queremos que nuestro Código sea un ejemplo de ley ambiental a nivel mundial, que en ella exprese el nuevo pacto social entre los ciudadanos y sus autoridades, entre la ciudad, sus habitantes y el medio ambiente; queremos que en él, se encuentren plasmados, las normas básicas que logre acercar no solamente la cultura ambiental a la ciudadanía, sino también, a que en el campo jurídico profesional, el académico, el gubernamental, conciba los derechos humanos ambientales como una cuestión fundamental para la existencia digna del género humano; que mejor hacerlo, en la Ciudad de México, que aspira a ejercer su democracia, en el campo practico y real, a través de la presente iniciativa ciudadana.
El Código Ambiental que se propone sintetiza el ordenamiento jurídico en una sola ley de fácil entendimiento; aporta a la doctrina jurídica ambientalista, los nuevos lineamientos mediante los cuales deberá estudiarse esta materia: Un Titulo Primero que abarque las generalidades, donde se expongan los principios ambientalistas, los distintos tipos de normas jurídicas ambientales, el desarrollo sustentable, las acciones de prevención e ilícitos ambientales, así como la responsabilidad en la misma; el Titulo segundo regulara las acciones de control, prevención y responsabilidad en la protección del ambiente: población y desarrollo humano, biodiversidad, agua, suelo, aire, flora y fauna silvestre, ruido, residuos sólidos, habitabilidad, movilidad, espacio público, entre otros; el Tercer Título, comprenderá los procedimientos ambientales: manifestación de impacto ambiental, información pública, verificación y auditoría ambiental, acción comunitaria, juicio de responsabilidad civil y procedimiento penal.
La propuesta se presentará ante la Asamblea Legislativa del Distrito Federal con fundamento en lo previsto por los artículos 4 fracción III, 39, 40 y 41 de la Ley de Participación Ciudadana del Distrito Federal, se requiere para ello, las firmas de por lo menos el 0.4% de los ciudadanos inscritos en la lista nominal de electores, algo así aproximadamente el aval de 31,000 ciudadanos.
La tarea será ardua, pero las batallas jurídicas de los ciudadanos por ejercer nuestros derechos democráticos ha comenzado.
¡Apóyanos con tu firma¡… ¡Cambiemos la Ciudad del futuro¡. Constrúyemos pues, el sueño de diseñar la Ciudad Ambiental del futuro. 

PINTURA DE JOSE MARIA VELASCO
VALLE DE MEXICO EN EL SIGLO XIX (HOY CIUDAD DE MEXICO)





sábado, 6 de agosto de 2011

PENSAMIENTO MAGICO MEXICANO


Pensamiento mágico es creer en los “Reyes Magos” o en los “milagros mexicanos”; creer que va a llegar el “mesías sexenal” a liberarnos de nuestra opresión y pobreza y a quitarnos los vicios que como ciudadanos tenemos.  ¡Renunciemos a nuestras fantasías que no tienen sustento real y racional¡. Seguimos creyendo que un candidato a la presidencia es mejor que el otro, u otro partido político es mejor que el otro; seguimos creyendo en la eterna lucha de los “buenos” contra los “malos”, donde los “buenos” son el pueblo entero quien siempre pierde por los “malos” que son pocos, pero que tienen poder y dinero, y que por esa sencilla razón, siempre ganan.
No seamos ilusos, los “reyes magos” no existen, el “milagro sexenal” tampoco; dejemos de ser ilusos soñadores, pues el mexicano flojo no se convertirá en trabajador, ni el que es alcohólico, déjalo de serlo; ni que decir, de quien es ignorante déjala de serlo o el cínico padre desobligado empezara a dar dinero para el “gasto”, por el simple hecho de quien gane la presidencia en el 2012. ¡Por favor no sean ingenuos¡. ¡Lo que no hagamos por nosotros nadie lo hará¡. ¡Dejemos de creer en los Reyes Magos¡.
Cuantos mexicanos de nosotros no decimos: “Me vale madres”, “nomas tantito”, “mañana lo hare”, “no es malo”; o bien:  “pinche gobierno”;  ¡Ya chole con eso¡. La culpa no es de “ellos” quienes nos gobiernan o de quienes tienen el dinero o la fama; la culpa es nuestra, a causa de nuestra ignorancia, nuestra pereza, nuestra traición, nuestra mediocridad, nuestra falta de asumir compromisos y la responsabilidad a la que nos hemos hecho acreedores.

Nuestra ignorancia. ¡Claro que si¡. En un país donde las escuelas son gratuitas y tenemos bibliotecas, cuántos de nosotros hemos desertado de la escuela, o hemos asistido de ello, como estudiantes mediocres, pensando no pasar en forma excelente nuestras materias, sino de “panzazo”; cuántos de nosotros no copiamos en los exámenes o llegamos al extremo de rezar y decir: “Ave María dame puntería”; no nos interesa la escuela, porque no la vemos como una inversión, sino como una perdedera de tiempo y por eso, nos vendemos y compramos una y mal excusas para justificar nuestra mediocridad. ¿Por qué no decimos que somos mediocres?. ¿Por qué no aceptamos que somos flojos?. Se nos hace más fácil criticar que los niños indígenas les enseñen ingles o computación en sus escuelas, que asumir nuestra responsabilidad académica de ser o haber sido, mejores estudiantes, técnicos o profesionistas.,

Nuestra pereza, claro nuestra pereza, no solamente a levantarnos temprano y trabajar más de lo que podemos dar, sino también, para cumplir con nuestros compromisos. “Haces como que trabajas”, “o ellos hacen como que te pagan”; nos vendemos y también compramos falsas ideas para justificar nuestra maldita “huevonada” que nos ha convertido en un país de huevones. “Somos simplemente  los hombre y mujeres del mañana”, y el “mañana”, es aquellos que bien podemos hacer el día de hoy, lo hacemos mañana; cuando trabajamos y aplicamos la “ley del mínimo esfuerzo”, pensamos que aquel maldito jefe “nos explota” y por eso también “trabajamos para no trabajar”, no nos interesa generar, producir o crear “riqueza”; lo que queremos es “repartir”, “robar” o “acabar” con esa riqueza que nos mantiene y satisface mediocremente en nuestras necesidades. Y por eso tenemos pensamiento mágico, creemos que la “riqueza” llegó ahí solita, que fue producto de la generación espontanea, que su aparición se dio, sin la mínima necesidad de trabajo o inteligencia aplicada. Por eso nos enojamos y desprestigiamos a quien logra obtenerla, a quien logra comprarse una mejor casa o automóvil o conseguir un ascenso en el trabajo o aperturar su pequeño negocio; se nos hace más fácil acusar a esa persona de “ratero”, “corrupto”, “mafioso”; si es mujer, le imputamos falsos como “dió las nalgas” y ante esa frustración, le reyamos el carro, le grafiteamos la casa, le hacemos burla a sus escondidas; no aceptamos, que la envidiamos; se nos hace más fácil decirle: “Se le subió”, porque no toleramos, que una persona que se encuentra abajo, como estamos ahora, llegue ascender y estar “arriba” de nosotros. Por eso decimos, se le “subió”, para no decir, te odio porque estoy abajo.

Nuestra traición, claro que nuestra traición, porque traicionar es romper el compromiso de fidelidad y lealtad que debemos tener hacia nuestra pareja, nuestros amigos y hermanos, a nuestro jefe y a nuestras instituciones; ¿Qué acaso no somos traidores?.  Cuantas veces no hemos hablado bien o mal de una persona, solo para salir del paso; cuantas veces no hemos “tomado dinero prestado”, o de plano, robado a nuestros socios. Como vamos a generar empleo y hacer aumentar la riqueza de nuestras pequeñas empresas, si nunca falta el mexicano flojo que no trabaja y el otro mexicano, que siempre está robando; somos traidores, porque traicionamos nuestras ideas; porque vendemos nuestro país y nuestra alma, al mejor postor; porque nuestra conciencia es muy barata de comprar; porque decimos “hasta que nos hizo justicia la revolución”, o bien, “a mi pónganme donde hay”, “año de Hidalgo, chin chin el que no robe algo”, “el que no tranza no avanza”; somos traidores porque odiamos al que es leal en sus compromisos y lo equiparamos como un “pendejo”, porque no robo, no mintió, no cogió, porque simplemente, es un pendejo.



Nuestra mediocridad, si porque ser mediocre es tener mentalidad de no competir, no ganar, sentirnos orgullosos o mejor dicho, estúpidamente orgullosos de nuestra forma de ser, inclusive hasta de nuestra pobreza, como si eso fuera motivo de orgullo; nos justificamos con ideas falsas para sentirnos orgullosos de nuestra mediocridad, nos decimos con mucha seriedad y sabiduría: “así somos”, “es nuestra idiosincrasia”; inclusive, llegamos al extremo de echarle la culpa a otro, ¡Si¡, a otro, menos a uno mismo.
Nuestra falta de asumir compromisos y asumir responsabilidad”, Si porque nos da flojera, porque es más fácil que otro tenga la culpa y no el otro; porque no somos leales y tenemos en nuestra sangre, el germen de la traición; porque odiamos lo que hemos renunciado a ser, porque nunca como antes, los valores como la honestidad, la lealtad, la amistad, han sido tan vituperados por nosotros mismos.
Lo peor de todo, es que hasta cínicos también somos. Porque sabiendo que efectivamente somos mediocres, perezosos y traicioneros; no hacemos nada para dejar de serlo; nos evadimos en nuestra propia irresponsabilidad, hemos decidido ahogarnos en nuestra propia mierda y no tener un cambio de actitud para salir del excusado en que nos encontramos atrapados.

La culpa es del PRI, es de Carlos Salinas de Gortari, son los partidos políticos, es la Iglesia Católica, es Televisa, es el imperialismo Yanqui y hasta del “Chupacabras”, la culpa fue de Cristóbal Colón, de Hernán Cortes y de la Malinche, fue de Santa Anna y de Carranza; como si todos y cada uno de ellos hubiera influenciado en nuestra decisión de ser mediocres, de no trabajar, de mentir, robar y traicionar cada día.
Pensamiento mágico de aquellos mexicanos que siguen creyendo en los Santos Reyes.
En que el país cambiara en el 2012 y si no fue así, lo será para el próximo sexenio.